miércoles, 20 de agosto de 2008

Citas

Ella finalmente no vino,
pero llamó para avisar.
«Oye, que no», dijo.
«Vale», contesté yo.
Colgué.
Encendí la tele.
Iba a ser una tarde muy larga.

martes, 19 de agosto de 2008

La niñera

—¿Ya estabas otra vez espiando a la niñera?
—Marta, te repito que esas tetas no son normales.
—Me da lo mismo, quiero que dejes de hacerlo o tú y yo vamos a tener problemas.
—Pero si es ella, que me provoca.
—No te provoca, lo que pasa es que eres un pervertido.
—Es que está por toda la casa con sus tetas.
—¿Y qué quieres, que las deje en el armario?
—No estaría mal, así podría examinarlas detenidamente cuando saliera a dar una vuelta.
—Eres asqueroso. Si ya me lo decía mi madre, no sé por qué no le hice caso.
—No seas injusta, Marta. Aquí no estamos hablando de unas tetas corrientes, no puedes acusarme de viejo verde. Lo que tenemos aquí, y perdona mi franqueza, es el paradigma de las tetas perfectas. Pechos que desafían toda lógica y que ponen en duda la ley de la gravedad. Tetas como zepelines orgullosos que surcan los cielos de nuestras vidas.
—La verdad es que a mí también me llaman la atención. Es muy joven para haberse operado, ¿no? ¿Tú crees que unas tetas así pueden ser naturales?
—Pueden y deben. En cualquier caso, ya he quitado el pestillo del cuarto de baño. Podemos entrar cuando se esté duchando.
—Bueno, pero sólo esta vez. Por curiosidad sana.

lunes, 18 de agosto de 2008

Absolutos

Últimamente apenas me alimento. Llevo una vida frugal, como un monje zen. Desaparezco poco a poco, entre silencios.

domingo, 17 de agosto de 2008

Los paraísos tardíos

Sucede que la vida se va quedando pequeña y cuesta moverse en ella. Cómo estirar las extremidades en estas estrecheces, se pregunta uno. Y cómo librarse de este anhelo que consume hasta dejarte en los huesos, ya que nos hacemos preguntas. Porque las canciones siempre dan respuestas equivocadas, de nada sirve estar enamorado de la moda juvenil o que Sheena sea una punk rocker. Tampoco están las respuestas en la literatura; empezamos con las lecturas equivocadas, demasiadas novelas rusas. Las respuestas tendrían que estar en las mujeres, claro, pero se empeñan en exigir mi suicidio en vez de reclamar mi cuerpo. Mais non, para morir siempre hay tiempo, para el amor y sus sucedáneos hay cierta urgencia. Pues todavía me queda algo de juventud y apostura que malgastar en hacer reír a mujeres a las que quiero hacer llorar.

sábado, 16 de agosto de 2008

Cine iraní

Era una tarde más en la filmoteca. Apenas había gente, como siempre. La película era iraní. El protagonista era un periodista al que se le moría la mujer, lo que lo empujaba a un suicidio que nunca terminaba de consumar. Era un lento suicidio, como las tardes en la filmoteca. Entre suicidios inconclusos conocía a una chica, estudiante universitaria, con la que iniciaba un romance que, sin embargo, no le quitaba la idea de suicidio de la cabeza, lo que sin duda era injusto, pues la chica bien merecía una vida o dos. Ella a pesar de todo no le reprochaba que siguiera queriendo morir. Un encanto de chica. Finalmente acababan los dos sentados frente al mar, contemplando el Estrecho de Ormuz. Ella le decía: «yo te digo que sí a todo». Él, que ya no confiaba en nada ni nadie, le contestaba: «ya, pero como a los locos». Ella reía y lo besaba con ternura. Él la miraba con incredulidad y luego desviaba la vista al mar. El viento azotaba los cabellos de ambos. Fundido en negro. Títulos de crédito. En la filmoteca encendieron las luces.

viernes, 15 de agosto de 2008

Esa melodía del infortunio

Mírenme. Aquí donde me ven, yo no he sido siempre así. Yo estaba enamorado. Bueno, más o menos. Pero bien es cierto que pagué mis deudas. De juego, de amor, todas ellas. Y sin embargo me muevo por la vida como un intruso. Como un fugitivo. Como si me estuvieran buscando. Qué tontería, ¿verdad? Ya podría estar buscándome aquella rubia de allí.

jueves, 14 de agosto de 2008

La épica y la hípica

—Oye, Gaston.
—Dime, Pierre.
—¿Tú crees en Dios?
—¿Qué es eso?
—Un señor malhumorado que pretende que lo adoremos.
—¿El Presidente de la República?
—Algo así.
—No creo en él, es un tipo de mentira, con botones en lugar de ojos y sonrisa cosida a la cara. Como un oso de peluche.
—Como Teddy Roosevelt.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Recuerdo que había llegado el verano

Recuerdo que había llegado el verano. O quizás no, tal vez lo soñé. Recuerdo que ninguna chica era más guapa que tú y que la vida no parecía tan corta.

martes, 12 de agosto de 2008

Nos recuerdan los engaños

Querida Laura:

Nos recuerdan los engaños. Mi mujer, por ejemplo, lo ha hecho esta mañana, cuando me la he encontrado desayunando en la cocina. Me ha preguntado por ti, claro: si te sigo viendo, si mantengo el contacto contigo. Yo he mentido, pero no sé si muy bien, pues me miraba con sumo odio por encima de sus cereales bajos en calorías. Cariño, eso es agua pasada y agua pasada no mueve molino, le he dicho, que sabes que soy muy aficionado a los refranes, esas pequeñas perlas de sabiduría de ancianos de pueblo español. Ella me ha contestado que no son molinos, sino gigantes. No he sabido qué responder a eso, pero he pensado en tus pechos. Creo que ella también.

Un beso.

lunes, 11 de agosto de 2008

C'est la guerre

—Pierre, me han dicho que había tanques sobrevolando Montmartre y abriendo fuego contra los viandantes.
—¿No serían zepelines, Gaston?
—A mí me han dicho que tanques.
—Será un arma secreta del Káiser.
—Dicen también que sus soldados amenazan con follarse a todas las parisinas.
—Habrá que fusilar a nuestras mujeres entonces, por si acaso.
—Eso, que aprendan lo que pasa por follar con alemanes.
—Traidoras.
—Quintacolumnistas.

domingo, 10 de agosto de 2008

Empezar de nuevo

—Sí, empezar de nuevo, ¿por qué no? Yo siempre empiezo de cero. Cada día.
—Qué derrotista es usted.
—Es la costumbre, nada más.
—Y exagerado.
—Tal vez. Pero a mí me gustaría pasarme la vida exagerándole al oído, señorita.
—Ahora le ha salido el galán que lleva dentro.
—Un galán derrotista, uno que bebe en todas las fiestas hasta perder el sentido. Uno que siempre tiene una cita preparada en el bolsillo.
—Me lo imagino.
—No se lo imagine: acompáñeme esta noche.
—Lo sigue intentando a pesar del derrotismo.
—Por supuesto. Derrotista siempre, pero nunca desertor.

sábado, 9 de agosto de 2008

Dobles

Le enseñé una carta de una antigua novia. La leyó y me dijo: no te ofendas, pero se nota tu mano. ¿A qué te refieres?, pregunté. Pues que la carta la has escrito tú, ¿no?, respondió ella. Yo la miré con incredulidad y durante un momento me pregunté si no sería cierto, si quizás me había inventado una novia, una especie de Goliadkin femenino que había intentado acabar conmigo. Pues no lo sé, contesté.

viernes, 8 de agosto de 2008

Soledades

Primero se lo pedí a H. Le dije: oye, que me voy a quedar solo una semana, podrías venir a hacerme compañía, lo pasaremos bien, ya verás. De mi estado suicida no le dije nada, que estas cosas viene bien ocultarlas. Ella me dijo que le encantaría, pero que no tenía dinero para venir y que además yo la había dejado tirada anteriormente. Sí, es cierto, lo reconozco, pero yo quería verte, contesté, es que se complicó todo. Luego se lo pedí a P. No se lo habrás pedido a H antes, espero, me dijo. ¿Yo? ¿Por quién me has tomado?, mentí. Por ti, contestó ella. Mira, si me dices que no, sí se lo pediré a ella, repuse yo. Entonces me vino con excusas baratas, cada una peor que la anterior y yo me cansé y le dije que sí a todo, que ya habría otra ocasión. No se lo pedí a ninguna más, aunque acabé escribiéndole a A cosas como: Pásate una tarde por aquí, que hace mucho calor y estoy hablando con las plantas y el perro. Sin respuesta, claro. Y cocinar para uno y dormir solo y beber también solo y las mañanas atroces y las tardes terribles y las noches insomnes.

jueves, 7 de agosto de 2008

Fama

Una vez una chica me dijo: «yo me casaría contigo, pero te gastarías todo nuestro dinero en alcohol y libros». «Llevaríamos una vida sencilla», contesté. No la convencí.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Pero ya no más amor

—Don Camilo, su mujer.
—¿Qué quiere?
—Dice que el divorcio.
—No puede ser, deme el teléfono. Carmen, que me dicen que quieres el divorcio.
—Y así es.
—Será una broma.
—Sí, a ti siempre te ha costado tomarme en serio.
—No empieces con los reproches, Carmen. ¿No podemos hablarlo?
—No hay nada que hablar, ya no te quiero.
—¿Así, de repente?
—Así, de repente.
—Carmen, puedo cambiar.
—Por mí como si te haces tirabuzones.
—Eres cruel de manera gratuita.
—Pues no te acostumbres, que es lo único que te va a salir gratis; ya hablará contigo mi abogado.
—Carmen, yo…
—Adiós.
—¿Qué, jefe? ¿Se ha solucionado?
—Se va a divorciar de mí. Tiene un abogado.
—Qué putada. Yo siempre he pensado que mejor viudo que divorciado.
—¿Está sugiriendo que mate a mi mujer?
—No, hombre, no sea bruto, era una forma de hablar. Otra cosa es que su mujer tuviera un accidente, pero lo malo de los accidentes es que no se pueden prever, por eso son accidentales, claro.
—Ya.
—Si fueran esenciales ya sería otra cosa. Pero la vida sería entonces invivible. O quizás no, que entenderíamos la vida como una sucesión de catástrofes y estaríamos acostumbrados. La normalidad es una mera cuestión de costumbre.
—Eso me pasa a mí, que estoy acostumbrado a una vida con Carmen.
—Bueno, la normalidad está sobrevalorada. Aquí donde me ve, yo no soy normal.
—¿No?
—No, soy de Nebulón 7.
—¿Cómo ha dicho?
—Que no soy un simple oficinista, soy un oficinista intergaláctico. Si yo he podido acostumbrarme a la vida en la Tierra, usted podrá acostumbrarse a una vida sin Carmen. Aunque le garantizo que a Carmen la va a tener presente todos los meses en forma de pensión económica.
—Lorenzo, ¿ha bebido?
—Claro que no, don Camilo. Nunca en horas de trabajo. ¿Por qué lo dice?
—Porque eso que me está contando es una locura.
—Bueno, ya sé que no es fácil de creer, pero es que le falta perspectiva. Usted no ha nacido en Nebulón 7.
—Por suerte.
—Ya veo, está usted lleno de prejuicios. ¿Qué tiene en contra de mi pueblo?
—¿A qué pueblo se refiere? ¿A los dementes?
—Me sigue usted insultando a pesar de que le estoy apoyando en este duro trance. Porque no me negará que con toda esta charla ha dejado de pensar en su mujer.
—Claro, ahora me preocupa usted.
—Mejor eso que estar deprimido, ¿no?
—No sé, supongo.
—Pues ya está. ¿Quiere que le cuente cómo son los divorcios en mi planeta?

martes, 5 de agosto de 2008

El terror

Yo me metí en esto del terrorismo con la idea de ligar y hacer amigos, pues siempre me ha costado relacionarme con la gente. Al principio encajé muy bien, me recordaba mis tiempos de jugador de rol, salvo que esta vez no nos salíamos del papel en ningún momento. Se podría pensar que una banda terrorista es como una familia, pero nada más alejado de la realidad, lo cierto es que dentro había diversas facciones y camarillas. En un primer momento me pareció que lo mejor era juntarme con los dogmáticos, que eran los que llevaban el cotarro. Me dije que sin duda ser dogmático atraería a las mujeres guapas, pero resultó que no. Para empezar, las dogmáticas no eran lo que se dice las mujeres más atractivas del mundo, de hecho tenía problemas para diferenciarlas de los dogmáticos varones, lo cual siempre resultaba molesto para todos. Iba de malentendido en malentendido. Por otra parte, un dogmático no puede dudar en ningún momento y me miraban mal si preguntaba si no habíamos quedado demasiado pronto para mañana. Además, la facción dogmática era profundamente endogámica, por lo que no había posibilidad de intimar con alguna compañera de ideas no tan firmes.
Así que reculé, me fui con los reformistas, que estaban siempre en desacuerdo con la postura oficial, fuera la que fuera, aunque la semana anterior la hubieran presentado ellos. Este dadaísmo iba más con mi carácter, que al fin y al cabo me había hecho terrorista para conocer mujeres, lo que en palabras de mis padres era una insensatez.
En las filas reformistas conocí a Martha, que el primer día desconfió de mí por ex dogmático, o eso deduje cuando me llamó «cerdo del Aparato». Al día siguiente estuvo más amable conmigo, tanto que se despidió de mí con un suave beso en los labios, lo que consideré mi primera victoria contra el Sistema. Sin embargo, a la tarde siguiente se mostró fría y distante, como si no me conociera, pero pasadas otras veinticuatro horas volvía a mostrarse amistosa. Es ciclotímica, me dije, tendría que medicarse, pero me equivocaba, simplemente era reformista, escéptica, no podía mantener siempre la misma postura, que eso conducía al inmovilismo. Intenté adaptarme a esta situación, pero a este ritmo me iba a volver loco.
Me fui entonces con los ideólogos, que se consideraban el alma del movimiento. Pero aquí no entendía nada. ¿La represión, camarada, es monista o pluralista?, me preguntaba un barbudo. ¿Te parece que la lucha armada es una acción epistemológica?, me preguntaba luego una chica de aspecto intelectual. Yo contestaba según lo que me sonara mejor, pero por las miradas que me dedicaban estaba claro que no les convencía del todo. En resumidas cuentas, tampoco aquí conseguía ligar. En un acceso de desesperación, le pregunté a uno de los ideólogos qué era lo que había que hacer para follar aquí. Él me miró muy serio y me contestó que el sexo era una actividad dialéctica sobrevalorada. Cansado de ligar sólo en el plano teórico, abandoné a los ideólogos en busca de algo de acción y me presenté voluntario a formar parte de un comando.
Entre atentado y atentado era difícil ligar, fue lo primero que aprendí. No había tiempo, la policía nos estaba buscando, etcétera. Para colmo de males en nuestro comando sólo había una mujer y estaba casada con un compañero. Era la experta en explosivos, se quedaba en el piso franco preparando las bombas y los biberones, pues tenía un niño de corta edad. Yo fantaseaba con la posibilidad de empezar una relación clandestina con ella y así no tener que esconderme sólo de la policía y el Estado, sino también del marido de mi compañera, pero ella opinaba de forma distinta, pues me rechazaba una y otra vez.
Así estábamos cuando un día la policía derribó la puerta del piso franco. La verdad es que lo esperábamos desde hacía un par de semanas, por lo que habíamos tomado la precaución de deshacernos de todo lo que pudiera incriminarnos. La policía no encontró nada en el registro, claro, pero aun así nos llevaron a comisaría para interrogarnos. Yo adopté una actitud mansa y no protesté ante el atropello que suponía aquello. Iba con la idea de mantenerme firme en el interrogatorio, pero entre los agentes que me preguntaban esto y aquello había una policía muy guapa de la que de pronto me sentí enamorado. No pude negarle nada, empecé a hablarle de todo, le dije dónde habíamos escondido las armas y nuestros próximos objetivos. Ella me dijo que si colaboraba con la policía como «topo» podría librarme de la cárcel. Yo la miré y le pregunté si convertirme en un soplón significaría verla a menudo. Ella sonrió y dijo que sí.

lunes, 4 de agosto de 2008

Una de esas mañanas de suicidio

El café frío.
El cielo gris de la ciudad.
La mirada ausente.
Nada que hacer.

domingo, 3 de agosto de 2008

Cortejo por sms

Jueves:

Ven a mi casa, que no hay nadie. Aprovechamos para hablar de lo del libro.


Viernes:

Vente, que estoy solo. No te pases todo el día pensándolo como ayer, sólo ven.


Sábado:

Hoy tampoco vengas a mi casa, que he quedado.

sábado, 2 de agosto de 2008

Pero ya no más literatura

—En realidad yo nunca te he dicho directamente que te quiero.
—No hacía falta.
—Ya, pero es extraño. Sólo lo he sugerido. Entre líneas, que no entre las sábanas.
—Siempre lidiando con palabras.
—Sí.
—Complicando las cosas.
—Sí.
—Cuando todo puede ser bastante más sencillo.
—Sí. ¿Llevas algo bajo el vestido?
—Pensaba que no lo ibas a preguntar nunca.

viernes, 1 de agosto de 2008

Poètes

Soñé que era el hijo bastardo de Jacques Rigaut y que mi ex mujer estaba al teléfono.
—Te has vuelto a retrasar con la pensión —me dijo.
—Lo sé, es que ha sido un mes difícil.
—¿Y qué le digo a Justine?
—Dile que papá la quiere mucho.
—Sí, la quiere y deja que se muera de hambre.
—No seas injusta, sabes que si pudiera te daría el dinero.
—Podrías, si buscaras un trabajo de verdad. Si dejaras de perder el tiempo con poemas y jovencitas. La otra noche te llamé a casa y no lo cogiste. Seguro que estabas por ahí con Boris, como siempre.
—No empieces, Sabine.
—Como si no te conociera. Seguro que estuviste en algún club de jazz de mala muerte. Y tu hija viviendo como si fuera huérfana. ¿Dónde estaba su padre? Con putas, gastándose con putas el dinero de su hija. ¿Y cómo le explico yo que su padre es un putero que no piensa en nadie que no sea él?
—No hay nada que explicar, no dramatices.
—Si le pusiste Justine a tu propia hija, degenerado. ¿Qué clase de persona haría eso?
—Justine es un nombre precioso. Y Los infortunios de la virtud es un clásico de la literatura.
—Un clásico de los rompeculos, que es lo que eres. Como tu amigo Boris. ¿Y todo por qué? Porque dices que eres hijo de un poeta al que ni siquiera te pareces.
—Tengo su nariz.
—Tienes una nariz de lo más vulgar, no digas tonterías.
—Pues tú tienes la nariz de la Bruja del Oeste.
—Seré una bruja, pero al menos no soy un rompeculos. Podrías hacer como tu supuesto padre y pegarte un tiro. Cabrón.

jueves, 31 de julio de 2008

El oficio de escribir

«Por mi mala cabeza / yo me puse a escribir», que dijera José Agustín Goytisolo. Lo mío fue parecido, damas y caballeros, por mala cabeza, empujado por la necesidad de epatar y seducir a bellas señoritas. Pues inopinadamente decidí que las mujeres se sentían atraídas por hombres con aires literarios: bigotes proustianos, sífilis baudelaireanas, sodomías varias. Mi conversión literaria comenzó por los complementos, sí. No había escrito todavía una sola línea, pero cualquiera que me mirase no podía hacer otra cosa que pensar que se encontraba ante un verdadero autor, pues cumplía con todos los requerimientos externos. Así, era el más bullanguero de todos y un noctívago impenitente, competía en alcoholismo con el mismo Dylan Thomas y mis gustos sexuales eran tan depravados que hubieran escandalizado a Henry Miller. Fue también entonces cuando inicié el camino que conduce a la politoxicomanía, por parecerme a Burroughs, lo que era problemático, pues todo el dinero se me iba en drogas y no me llegaba para las prostitutas o el juego dostoievskiano. Por llamar la atención, por escandalizar aún más, mojaba los croissants en los charcos y luego me los comía, en imitación de Leopoldo María Panero. Nadie me había leído (principalmente porque no había escrito nada), pero la opinión popular era que mi obra tenía que ser gloriosa, pues ningún otro autor parecía tan auténtico.

miércoles, 30 de julio de 2008

Una pensión lisboeta

La pensión de la rusa no estaba mal del todo. Nuestras habitaciones daban justo a la sala de estar, donde había un televisor, unos sofás, una mesa y revistas del corazón francesas y portuguesas. El televisor estaba las veinticuatro horas del día encendido, siempre emitiendo vídeos musicales. Por las noches veía la tele con la botella de vino cerca y leía por encima las revistas (por lo visto el 45% de las francesas consideran que el sexo anal no es agradable y Sienna Miller tiene nuevo novio). Luego me iba a la cama a leer un rato a Camus, que uno es multidisciplinar.
La rusa era simpática o al menos lo parecía, aunque nos hablaba en un extraño inglés con tintes portugueses y con frases como «the open is door». Además nos daba las gracias en italiano. Tenía un jefe al que nunca llegamos a ver, aunque habló por teléfono con él delante de nosotros y por la voz parecía un tipo siniestro. Enseguida me puse a pensar que era de la mafia rusa y que esa noche entrarían en nuestros cuartos a extirparnos los órganos para venderlos a buen precio a ancianos ricachones que morían lentamente en sus yates de gran eslora. Aguardé un rato aquella noche, pero no pasó nada y finalmente me dormí.
Frente a la pensión había un templo evangelista con las puertas siempre cerradas. De vez en cuando, un borracho se sentaba junto a la puerta como si esperase que abrieran. Quizás se sentía el vigilante.

martes, 29 de julio de 2008

Brescia

Recuerdo que la habitación de hotel era barata, pero acogedora. Recuerdo la seguridad con que se desnudó, plenamente consciente de su belleza. Recuerdo que tenía un coño precioso y que se adaptaba a la perfección a mi polla, un coño dúctil que parecía responder a cada uno de mis movimientos de la forma precisa. Recuerdo que se corrió con los ojos muy abiertos, casi con expresión de sorpresa. Recuerdo que los dos temblábamos. Recuerdo que luego estuvimos hablando y riéndonos de tonterías durante una breve eternidad. Recuerdo que hizo un alegato contra el piano y que dijo que su tipo de hombre era Jesucristo «por la escualidez», y me pareció que no se podía pronunciar esa palabra —escualidez— de una forma más bonita. Recuerdo que me dio sus medias y me dijo: «así tendré unas medias de más cuando vaya a verte». Recuerdo estar luego en la calle con su regalo en el bolsillo de la chaqueta y pensar: «tengo unas medias tuyas que no vendrás a reclamar». No recuerdo nada más.

lunes, 28 de julio de 2008

Tribulaciones

Pienso en L'homme qui aimait les femmes, de Truffaut, que aquí se llamó El amante del amor. En una escena de la película el protagonista se encierra en el cuarto de baño para aislarse por completo del mundo y poder escribir sus experiencias con las mujeres. Eso tendría que hacer yo: encerrarme en el cuarto de baño, con las cucarachas. Pero no escribiría de mis experiencias con las mujeres, no, yo aprovecharía para escribir esa novela que pienso cada sábado por la noche, cuando vuelvo a casa, bastante borracho, en el último autobús. Si no lo hago es porque escribir es un poco como casarse, que se carga el amor. La idea del amor. Claro que eso no lo sabe el lector, que no imagina cuál era la idea original del autor, pero cómo puede escapar este último de los libros que le observan desde las estanterías como hijos contrahechos, experimentos fallidos de científico loco, la isla del doctor Moreau.

domingo, 27 de julio de 2008

Time warp (2)

-Hola, abuelo.
-Perdona, ¿qué me has llamado?
-Abuelo. Soy Pablo, tu nieto.
-Oye, chaval, que tengo treinta años, ¿cómo vas a ser mi nieto?
-Es muy sencillo, vengo del futuro. He viajado cincuenta años atrás en el tiempo para verte.
-Eso parece harto improbable.
-Te estoy diciendo la verdad, lo puedo demostrar fácilmente. Mira, te traigo un periódico del futuro.
-Esto no prueba nada, podría ser una falsificación.
-A ver: naciste en Zamora y de pequeño te rompiste una pierna jugando al fútbol. Te casaste con Carmen, mi abuela, cuando terminaste la mili. Por cierto, que cuando murió nos confesaste que le fuiste infiel muchas veces, pero siempre con profesionales.
-¿Cómo sabes todo eso?
-Porque soy tu nieto, ya te lo he dicho.
-Mira, ahora Carmen no está, ha salido a hacer la compra, pero no le digas nada de lo de las putas, ¿vale?
-No te preocupes, sólo vengo para ver cómo estás. Me han mandado mis padres. Tu hijo y su mujer, vaya.
-Venga, siéntate y cuéntamelo todo.

Más tarde, en la calle:
-Hombre, Pablo, ¿de dónde vienes?
-De la residencia de ancianos, de ver a mi abuelo. El pobre ya no reconoce a nadie y cree que vive en la década de los cincuenta; si supieras las tonterías que tengo que decirle para que no me tome por un extraño.

sábado, 26 de julio de 2008

Time warp

-Hola, Pablo.
-¿Nos conocemos?
-¿No me reconoces? ¿No te parecen familiares mis facciones?
-La verdad es que no.
-Soy tu abuelo.
-Perdone, pero mi abuelo es un señor de ochenta años y usted a lo sumo tiene treinta.
-No lo has entendido; soy tu abuelo, pero del pasado. He viajado cincuenta años en el tiempo para verte.
-Eso suena bastante improbable. Mi abuelo nunca nos ha hablado de esa vez que viajó al futuro...
-Es lo que os pasa siempre a los jóvenes: que no escucháis. ¿Y cuándo te vas a cortar el pelo? Así pareces una chica. Y búscate un trabajo ya, vago, más que vago.
-Vaya, ahora sí se parece a mi abuelo.

viernes, 25 de julio de 2008

Disturbios

Ella me avisó de lo que pasaría, es la verdad. No estés conmigo, me dijo, que hago daño, eso es lo que hago. Pero yo era joven y necesitaba el amor. No me importa, contesté, las profecías están para incumplirlas. Luego pasó un año, o dos, o tres, no estoy seguro, administramos fatal el tiempo cuando somos felices, y empecé a notarla distante, distinta. ¿Qué te pasa, amor? Nada, es el trabajo, estoy un poco agobiada. ¿Qué tienes, nena? Nada, mi madre, que he discutido con ella. No, venga, dime la verdad. Vale, pasa algo. ¿El qué? Que ya no estoy enamorada de ti. ¿Y cómo ha sido eso? No sé, la rutina. Vaya un motivo, guapa. Bueno, es que he conocido a alguien. Pero qué es eso de conocer a alguien mientras estoy distraído, te parecerá bonito. Ni bonito ni feo, es lo que ha pasado. ¿Y quién es él? ¿Importa acaso? Claro que sí, tendré que odiar a alguien, digo yo. Pues ódiame a mí, que soy la que te deja. Ya, pero es que eres muy bonita, es difícil odiarte. ¿Ves?, eres algo demasiado seguro para mí, se ha perdido la incertidumbre. Pues para mí está comenzando ahora mismo. Lo siento, yo nunca quise hacerte daño, pero te avisé. Sí, eso es verdad, pero pensé que te hacías la interesante. Te arriesgaste y has perdido, a veces pasa. No sé, a mí me pasa casi todo el rato.

jueves, 24 de julio de 2008

Un plagiario se declara a su amada

-Lo que siento por ti es lo que otro tipo ha escrito sobre otra chica.

miércoles, 23 de julio de 2008

Lisboa

Paseando ebrio por las calles de Lisboa, las mismas que recorría Pessoa. "Pessoando" por las calles de Lisboa. De la Praça do Comércio subimos hasta Chiado. Pasamos por A Brasileira, en Rua Garrett, el café que solía frecuentar Pessoa. Yo me acerco a su estatua, pues tienen una estatua suya frente al local, y le digo: "¿Tú entiendes algo? Porque yo no". Miramos los precios, que están imposibles estos días, y seguimos hasta la Praça de Luís de Camões, que también era escritor, donde nos sentamos. En medio de la plaza, en el suelo, que poco nos importa lo que piensen de nosotros. Yo me pregunto si sería conveniente pedir limosna, que no nos vendría nada mal. Y pronto se hace de noche, la gente nos mira, pasan tranvías de vez en cuando, habrá que ir pensando en volver a la pensión de la rusa.

martes, 22 de julio de 2008

Volver

Con la frente marchita, como dice el tango. Volver, ¿para qué? Valdría más vagar siempre, como el Judío Errante, sin detenerse nunca, que tampoco se detiene el tiempo. Valdría más no quitarse nunca las botas viejas y gastadas y caminar hasta perderse.

miércoles, 9 de julio de 2008

La chica levemente pelirroja

¿Cómo era aquello que escribiste de ti?, le pregunto. ¿Que eras levemente pelirroja y casi te podías tocar el alma con la punta de los pies? Sí, algo así, no me lo recuerdes, contesta ella haciéndose la avergonzada. Es enero, estoy en la cama con una chica de diecinueve años. Yo tengo diez más, pero se me olvida siempre cuando hablo con ella. Lo recuerdo cuando follamos, eso sí, lo que quizás suena bastante mal, pero es la verdad.

*

Hace frío en la habitación y procuramos salir lo menos posible de la cama. Me gusta tenerla cerca, acariciar su cuerpo perfecto, besarla cuando se deja. Me encantan sus cejas (sí, de nuevo los detalles originales) y ese gesto irónico que hace con la boca. Me gusta cuando se busca defectos que no tiene. Creo que no se puede ser más bonita. Me parece que se lo digo.

*

Te has acostado conmigo porque te faltaba el perdedor en tu colección, ¿verdad?, le pregunto. No, me he acostado contigo porque me faltaba el escritor de culto, contesta ella. Yo me pregunto si sería precipitado pedirle matrimonio. Si algún día publico un libro te lo voy a dedicar a ti, digo de una forma muy ingenua pero sincera. Ella sonríe.

*

Es ciertamente imposible tenerla desnuda al lado y no follársela. Una noche la despiertan mis manos ávidas sobre su cuerpo. Después de follar me dice: gracias por despertarme.

*

Yo te trataría con dulzura siempre. Menos en la cama, tengo que admitir que ahí no me sale. Lo que quiero entonces es poseerte como si llevara deseándote toda la vida, lo que quizá sea cierto de alguna manera. Escucharte gritar de placer tiene un efecto reparador en mí. Me olvido de todo cuando dejas que libere mis demonios, que son más de lo que me gustaría reconocer.

*

Me gusta porque lo ha leído todo y escribe como nadie. Me gusta su sentido del humor de chica guapa. Esa forma deliciosa que tiene de burlarse de todo. Esa forma de moverse en la vida. Como si supiera algo que los demás desconocemos. Como si no supiera lo peligrosa que es. O quizás precisamente como si lo supiera. Como si supiera que causa hecatombes suavemente.

*

Por la calle, de repente, me coge la mano. Yo parpadeo tres o cuatro veces (no las cuento), asombrado. Qué bonito, pienso, que soy un romántico de la vieja escuela. Vamos de la mano por la ciudad, como dos enamorados. Luego pienso que sodomizarla la noche anterior también era muy bonito, aunque las pelis de Hollywood no lo aprueben. Seguramente nunca pueda escribir de ello, a la gente no le parecería bien.

*

Si yo no me quiero ir. Si yo quiero pasar frío con ella en el salón y verla comer naranjas. Si yo quiero recitarle poemas y que me cante Le tourbillon de la vie. Si yo quiero que me hable en ruso mientras me mira a los ojos. Si yo quiero verla todas las mañanas. Y pese a todo subo al tren y me marcho.

martes, 8 de julio de 2008

La chica rubia (2)

Estoy en el Balneario con una chica rubia. Hace calor, el sol pega fuerte, ella se resguarda como puede porque tiene la piel delicada, el sol me da en los ojos, lagrimeo, ella sonríe, creo, me parece verlo a través de la ceguera que me estoy provocando con todo esto. Me doy cuenta de que tiene unos pies muy bonitos, pero no le digo nada, que me saldría con aquello de la golfería y lo de los detalles en los que otros hombres no reparan. Al fin y al cabo, ya me ha estado analizando un buen rato: que si se nota que a ti te gustan las chicas con el pelo largo; que si te gusta que no se maquillen; que si estás en contra de la mentira; que si te gustan todas (puede que sea verdad, pero el amor lo reservo para unas pocas). Que si eres un obseso sexual (bueno, eso me lo dirá unos días después). En un momento dado me pilla mirándole las tetas y admito que llevo toda la tarde mirándoselas. Ella ríe. Me gusta su risa, pero tampoco se lo digo. La observo atentamente cuando se levanta a comprar un helado. Me pregunto en qué categoría de boxeo pelearía, que yo siempre calculo los pesos de la gente así. ¿Peso mosca, tal vez? Vuelve con el helado. Es verano de 2008, se hace lentamente de noche, estoy sentado en un bar con una chica guapa e interesante. Nada puede salir mal.

lunes, 7 de julio de 2008

La chica rubia

Quedo con una chica rubia, lo que parece escrito por Ray Loriga, y eso que a mí no me pega nada ser escritor moderno, que lo mío es lo decimonónico. Quedo, como digo, con una chica rubia junto al mar, lo que es una agradable novedad. Trasiego cerveza mientras admiro su belleza trigueña y fantaseo con la posibilidad de que ella esté extasiada ante mi encanto afgano, aunque probablemente no ha bebido lo suficiente. Tienes cara de buena persona, me dice, y en ese momento sé que no se acostará conmigo. Yo que había ensayado las expresiones más canallas antes de salir de casa, yo que me paso toda la tarde con el ceño fruncido como si fuera el difunto Fernando Fernán Gómez, pero nada, me traiciona que la cara sea el espejo del alma. Oye, que puedo ser muy hijo de puta, estoy tentado de decirle, pero sé que no sonaría creíble. Y no me parece elegante contar que una chica me dijo una vez: "me encanta que, siendo tan bueno, puedas llegar a ser tan malo". Henry Miller se lo montaba bastante mejor que yo, pienso. Miro al mar. Todo sale mal. Nuevamente.

domingo, 6 de julio de 2008

Fútbol (3)

La realidad es opinable, la decidimos nosotros. Me suelen preguntar si fue gol o no aquella célebre parada mía en la final del 68. Yo contesto que por supuesto que no fue gol, que fue una parada de portero excepcional, lo que siempre provoca aplausos del público. Pero el caso es que fue gol. Entró, pero me apresuré a sacarla. Nadie se dio cuenta, aunque el equipo rival protestó, pero es que hay que protestar siempre, es algo que nos enseñan de juveniles. El partido lo ganamos nosotros y a la mañana siguiente se hablaba de mi parada, pues existían dudas sobre si la pelota había entrado finalmente o no, pero no había ninguna imagen concluyente. Como es lógico, los aficionados rivales decidieron que fue gol y que el árbitro les había robado el partido. Mi afición lo vio justo al revés y me encumbró como el héroe de la final. Elegimos la realidad. Incluso yo, que todos estos años he estado convencido de que soy el único que conoce la verdad. Porque quizás no fue gol, quizás el miedo me engañó y me hizo ver que había entrado. Todo pasó muy deprisa. Tal vez sí fue una parada de mérito, después de todo. Pero cómo saber la verdad.

sábado, 5 de julio de 2008

Noches

Hablar de las noches solitarias es una decisión estética, pues la soledad está presente a cualquier hora del día, pero así se puede hablar de las luces de neón, de las farolas inquietas (como si las farolas se inquietaran), de la ciudad que duerme. De tonterías, en definitiva.

viernes, 4 de julio de 2008

Conceptos, procedimientos, actitudes

El tribunal me mira, yo no miro al tribunal. Me dan ganas de dar pasos de baile, de defender la programación didáctica cantando como si esto fuera un musical. Pero no lo hago. El tribunal me mira, yo miro el techo. Suspiro. Realmente, no tengo nada que decir, pienso. Otra metáfora de mi vida.

jueves, 3 de julio de 2008

J'ai perdu ma plume dans le jardin de ma tante

Yo siempre quise ser poeta francés. Y maldito, además. Pero el destino tenía otros planes para mí y nací en un pequeño pueblo de Murcia, Pinares de Entretiempo, lo que tiene considerablemente menos glamour y dificultaba la consecución de mi objetivo. No obstante, lejos de desanimarme por esto, me esforcé con mayor ahínco aún en cumplir mi sueño. Ya en la escuela destaqué por mi perfecta dicción gala y, aunque nadie entendía lo que decía, yo me movía por la infancia con la satisfacción de quien tiene valores republicanos.
Cuando entré en la edad adulta comencé a frecuentar la tasca del pueblo, puesto que consideraba que un poeta francés maldito que se precie ha de estar al menos la mitad del día ebrio. Pedía siempre absenta, lo que provocaba que los mozos se rieran de mí y me preguntaran qué “ausencia” era ésa de la que hablaba, si es que alguien me había roto el corazón. Otras veces me servían una copa vacía diciéndome que ahí tenía la “ausencia de bebida”. Yo no me dejaba amilanar por esto y apuraba mi copa vacía con la elegancia del que se sabe más elevado que el resto de los mortales.
Un día decidí enamorarme de una chica del pueblo que, desgraciadamente, compartía con mis vecinos el defecto de no ser francesa. Se llamaba Paqui, pero yo prefería llamarla Sophie, lo que causaba que siempre estuviéramos discutiendo, pues le parecía mal que me refiriera a ella por el nombre de otra, “y además extranjera”. Lo encontraba especialmente molesto cuando estábamos en la cama en plena actividad sexual. Debido a este conflicto de nomenclaturas, rompíamos a menudo, cosa que me venía muy bien, pues siempre he pensado que la melancolía es algo muy francés. Aprovechaba esos momentos de tristeza y soledad para encerrarme en mi buhardilla de aires parisinos y escribir versos brillantes sobre las prostitutas mulatas con las que me acostaba (afortunadamente, el pueblo no tenía nada que envidiar a París en este aspecto).
En lo laboral no me iba todo lo bien que se podría desear. Intenté ganarme la vida con la poesía, pero el director del periódico local era un francófobo que se negaba a publicar una sola línea en la lengua de Molière aduciendo que nadie en el pueblo hablaba francés y que yo no era nada más que un majadero. Este aparente fracaso en realidad era favorable a mis intereses, pues todo el mundo sabe que para ser maldito no basta con acostarse con prostitutas sifilíticas, sino que es preciso también morirse de hambre. No obstante, fallecer antes de tener una obra lírica que legar a la posteridad era claramente un error, así que me obligué a subsistir en trabajos temporales, aunque siempre encontraba dificultades para que me contrataran, pues en las entrevistas de trabajo solían mirarme con suspicacia cuando llegaban a la parte de mi currículum en la que decía “poeta francés durante los últimos siete años”. Tampoco ayudaba precisamente que respondiera “en Abisinia traficando con armas” cuando me preguntaban dónde me veía en diez años.
Los años fueron pasando, mis padres fallecieron y heredé el dinero suficiente para no tener que volver a trabajar. Paqui, la Sophie de mi corazón, finalmente se casó con otro, concretamente con un primo mío, lo que me hizo muy feliz porque me permitió escribir muchos poemas de desamor. Hay quien dice que lo de ser poeta francés era una empresa descabellada desde el principio y que no estoy ahora más cerca de serlo que cuando empecé, pero yo contesto siempre que al menos es indudable que soy el más francés de los murcianos.

miércoles, 2 de julio de 2008

Apariciones

Estaba yo, como cada noche, intentando dormir y no consiguiéndolo cuando de pronto reparé en la presencia de un extraño en la habitación. Bueno, no era exactamente un extraño, había algo familiar en él. Y algo translúcido y etéreo también, pues muy corpóreo no parecía. Un fantasma, estaba claro, pues era demasiado masculino para tratarse de una aparición mariana.
-¿Quién es usted? –inquirí reuniendo el poco valor que se tiene a oscuras.
-Soy el Espíritu Nacional.
- ¿Y se puede saber qué hace en mi habitación? Yo no le he invitado, no es usted mi tipo.
-Perdone, es que España ha ganado la Eurocopa y me ha parecido un buen momento para manifestarme.
-Pues manifiéstese en la calle, como las personas de bien.
-Ya lo hago. ¿No ha visto las banderas, el colorido? Soy yo, que inflamo los corazones. Pero no es suficiente, tengo que manifestarme también en la intimidad de cada hogar.
-¿Y tiene que ser a estas horas?
-Es que le veía sufrir con el insomnio y me he dicho: si no puede dormir, que al menos tenga Espíritu Nacional. Que sus noches en vela tengan algún sentido patriótico.
-Qué tontería, ¿no?
-No sea tan duro conmigo, usted no sabe lo triste que es manifestarse sólo de tanto en tanto, cuando algún nostálgico del régimen anterior te invoca. Es muy molesto que te invoquen cuando estás ocupado haciendo otra cosa, y encima para aparecer en el hogar de unos fanáticos. Yo me entiendo de una forma más lúdica. ¿No ha visto a los borrachos con las banderas? Así es como me veo yo. Un griterío absurdo, relajación de las costumbres, litros de alcohol corren por mis venas, mujer.
-¿Eso último no lo cantaba Ramoncín?
-Sí, es intertextualidad. Intertextualidad Nacional.
-Ya. ¿Y por qué no se va de una vez a la mierda? Mierda Nacional, claro.
-Es usted un grosero, ¿lo sabe? Ya querrá usted que venga cuando se sienta solo, ya. Pero no vendré, apátrida, que es usted un apátrida. Languidecerá en el ostracismo más absoluto y ni siquiera le servirá la idea de Nación en sus noches solitarias. Me buscará entonces y no me encontrará.
-Bueno, hay otras patrias.
-Pero peores, créame, sé de lo que hablo. Míreme a mí, soy todo alegría de vivir, sol y playa. Paella y toros. Flamenco y siesta. Si hay otra vida, yo ciertamente no quiero conocerla. Soy el Espíritu Nacional, sin mí nada merece la pena. Fíjese en usted, por ejemplo, con ese insomnio suyo que ni es Nacional ni es nada. Un insomnio particular que no se puede compartir salvo para molestar a quien duerma a su lado. Tendría que darle vergüenza.
Y desapareció.

martes, 1 de julio de 2008

Tout le monde

El mayordomo, que es Jean-Luc Godard, abre la puerta. Entra Carla Bruni. Parece alterada. Le tiembla la mano que lleva al cigarrillo que sostiene entre los labios y se toca el pelo continuamente. Se sienta en el sofá, pero enseguida vuelve a levantarse. El mayordomo la mira con cierta aprensión y sale de la habitación. Al rato vuelve acompañado de Marcel Marceau, que parece ignorar que está muerto. Godard se marcha, Marceau toma asiento y con gestos le indica a Carla Bruni que se siente junto a él. Ella le hace caso, pero comienza a sollozar quedamente, con el rostro oculto entre las manos. Todo ha salido mal, repite. Marcel Marceau le ofrece un pañuelo, ella se tranquiliza un poco, abre el bolso y saca a Sarkozy de él. L'État, c'est moi, dice Sarkozy. Marcel Marceau se encoge de hombros para hacer ver que no entiende qué sucede. La Revolución, contesta Bruni, la gente ha tomado las calles de París, el Elíseo está en manos de la turba, se acabó Francia. Marceau, como mimo genial, adopta expresión de suma tristeza, seguida por una de reflexión y, después, de firme determinación. Su mirada parece decir: Venceremos, pese a todo. Entonces vuelve a entrar Godard, con té y pastas que sirve diligentemente antes de tomar la palabra: Amigos, camaradas, Francia es una idea que no puede ser pervertida por el populacho adocenado por películas burguesas, Francia es la verdad veinticuatro veces por segundo. Rojo, musita Sarkozy, pero necesita toda la ayuda que pueda conseguir, así que aplaude el discurso de Godard. Marcel Marceau, entretanto, hace como que está encerrado en una caja, lo que provoca las risas de Carla Bruni. Una vez relajado el ambiente, es más fácil trazar un plan de acción. Hay que recuperar el control del país, dice Sarkozy, al que Carla Bruni acuna amorosamente. La contrarrevolución la dirigirá Godard, añade, y la protagonizará Marcel Marceau, será una contrarrevolución silenciosa. Silenciosa y televisiva, pues quien controla la televisión controla el país. Yo podría ponerle banda sonora a la contrarrevolución, dice Bruni. Entonces no sería silenciosa, contesta Godard. Carla Bruni hace un mohín de disgusto y mira a Sarkozy, que no tiene más remedio que ceder y para contentar a todos afirma: La contrarrevolución será silenciosa, televisiva y con banda sonora; que no nos importen nuestras contradicciones, pues creemos en ellas más que el enemigo en su coherencia. Sigues siendo el hombre del que me enamoré, suspira Carla Bruni con lágrimas en los ojos. Se besan. Godard empieza a rodarlo todo mentalmente. Marcel Marceau anda hacia la puerta como si se enfrentara a un viento furioso.

lunes, 30 de junio de 2008

Qué raro es todo

Qué raro es todo, pienso de pronto ante un paso de peatones. Si yo quería una vida contigo. Si ni siquiera soy capaz de recordar cómo he llegado a esta situación. Vaya manera de despistarse. Y por seguir con la costumbre, cruzo la calle sin mirar.

domingo, 29 de junio de 2008

Historias de amor

Ella le dijo: "yo te dejaré siempre notas de amor en el bolsillo del abrigo, ya lo verás, lo nuestro será sublime sin interrupción, como le hubiera gustado a Baudelaire". Pasó el tiempo, se casaron. Él solía leer en el metro las notas que ella le escribía. Pero una mañana lo que leyó fue lo siguiente:
Tomates
Azúcar
Mantequilla
Huevos
Leche
Y unos cuantos alimentos más. Él se dijo: un poema dadaísta. Y con un suspiro de sincero enamorado volvió a meter la nota en el bolsillo del abrigo.

sábado, 28 de junio de 2008

Abajo la cultura malagueña

Esto es lo más cerca que estaré de ganar un Oscar o el galardón al actor porno de la década, pienso mientras miro el premio que tengo en la mano, una escultura que claramente es una mierda pinchada en un palo (concretamente, una boñiga). Luego recuerdo que Muhammad Ali tiró una medalla de oro al río Ohio, una medalla de oro, ¿por qué no tendré dignidad? Porque como reclamo de mujeres esto no sirve, está claro, que no se me acerca ninguna, sólo hombres, como el que me ha preguntado hace un rato si soy Guevara y al que he contestado que sí, que el Che Guevara, aunque resulta que me había confundido con otro, que enseguida me pongo a la defensiva, soy terrible. O ese que se sabe mi vida al dedillo, lo que me acojona bastante, sobre todo cuando se niega a decirme quién es. Todo esto es un error, me digo, incluso un fraude. Todas las chicas guapas están ocupadas hablando con otros y yo ni siquiera estoy borracho.

viernes, 27 de junio de 2008

Obsesión

Querida, merodeo por los alrededores de tu vida, pero nunca notas mi presencia. Te observo en el metro, invisible entre el resto de viajeros. En el supermercado, mientras simulo estar haciendo la compra. Todas las mañanas vigilo tu puerta desde el bar que está frente a tu piso; yo hago como que leo el periódico, pero en realidad estoy pendiente de todos los movimientos que se producen en la entrada de tu edificio, esperando a que salgas para seguirte al trabajo, pues te sigo a diario por las calles de esta ciudad tan absurda, también por la tarde, cuando regresas a casa después de una dura jornada laboral. Por las noches hago guardia bajo tu ventana, para que nadie se atreva a turbar tu sueño. No duermo. No como. No lo necesito.

jueves, 26 de junio de 2008

Deus ex machina

-Buenos días, le llamaba para hablarle de una fabulosa lavadora.
-No me interesa, gracias, ya tengo una.
-No cuelgue, no se trata de una lavadora como las demás.
-¿Y qué tiene de especial?
-Nuestra lavadora es la Dios 3000, es el mejor electrodoméstico que existe. Centrifuga como ninguna, crea universos en una semana, el Cielo y la Tierra, el día y la noche. En vez de eliminar el barro de su ropa lo convierte en una pareja de seres humanos. ¿No le parece maravilloso?
-¿Y yo para qué quiero todo eso?
-¿Y para qué queremos ipods? Piense en la envidia de sus vecinos: tendrá usted en la cocina al Creador y éste le lavará calcetines y calzoncillos. ¿No es eso la felicidad? ¿No es eso el paraíso terrenal?
-Bueno, se parece un poco.
-Hablemos entonces de modos de pago.

miércoles, 25 de junio de 2008

Calor

Por el calor, es por el calor que practico nudismo en casa, no por exhibirme ante mi persona, que yo no soy de admirarme desnudo, prefiero admirarlas a ellas, pero el caso es que acabo mirándome y me encuentro una cana en el vello púbico. ¿Pero cómo vas a tener canas ahí?, me digo. ¿Eso no es a los cincuenta años o así? Si tú ni siquiera has cumplido los treinta, aunque poco te falta. Si no tienes canas en la cabeza (bueno, sí, algunas, aunque te empeñes en ignorarlas). ¿Pero lo de acostarte con chicas tan jóvenes no era precisamente para evitar esto? Robarles la juventud por ósmosis, había un principio científico ahí. No, no puede ser una cana, te estás preocupando por nada, hombre, será que te estás volviendo albino. Que ganas premios de literatura joven, que eres todavía un chaval.

martes, 24 de junio de 2008

Ideas revolucionarias y veraniegas

Para acabar con el hambre en el mundo sólo habría que alimentarse de cucarachas, que nunca escasean.

lunes, 23 de junio de 2008

Caos

Hay un impulso destructivo en el hombre. Este impulso se libera con la menor excusa, incluso aprovechando una ocasión alegre, me digo mientras paseo por las calles de esta ciudad arrasada por las victorias futbolísticas.

domingo, 22 de junio de 2008

La dura vida del opositor

Crítica de la razón pura. Crítica de la razón práctica. Estudio los juicios sintéticos, los juicios analíticos, el deber, la buena voluntad. Noto que tengo una erección, aunque no sé por qué. A priori esto que estoy leyendo no parece demasiado excitante, pero a posteriori uno tiene sus dudas, a las pruebas me remito, a las erecciones kantianas. Quizás es porque Kant se llamaba Immanuel, que suena a Emmanuelle y sonrisas verticales. O porque Kant suena parecido a cunt, que es coño en inglés. No sé si me gusta más la crítica de la razón pura o la práctica, las dos tienen su atractivo. La pura es un desafío porque ha de mantenerse casta hasta el matrimonio, la práctica va a lo que va, que para algo es práctica. Pero dejo de pensar estas chorradas y procedo a masturbarme, a ver si puedo concentrarme de una vez.

sábado, 21 de junio de 2008

Llamadas telefónicas

-Hola.
-Hola, P.
-Oye, no puedo dormir. ¿Me cuentas un cuento?
-¿Te has fijado en que "me cuentas un cuento" no nos suena mal? Pero piensa si dijeras "pregúntame una pregunta".
-No sé. Bueno, ¿me lo cuentas?
-Claro, ahí va uno cortito: te quiero.
-Oh, sí, qué gracioso. Me estoy arrepintiendo de haberte llamado.
-Vale, vale. ¿Quieres que te cuente El enebro? Tiene asesinatos y canibalismo, como todo buen cuento infantil.
-Creo que no tengo el cuerpo para eso ahora.
-Te contaré entonces el de Feldespato, el chico de las piedras.
-¿Seguro que es un cuento? Parece una gilipollez de las tuyas.
-Calla y escucha. Feldespato era hijo de geólogos, de ahí su nombre, pues sus padres decidieron que querían mostrar al mundo no sólo el amor que había entre ellos, sino también el que sentían hacia las rocas, amor éste tan profundo como el magma. Feldespato creció sano y fuerte y obsesionado con los adoquines de su calle, ya que había heredado la afición de sus padres, aunque con bastante desacierto, pues llevaba una y otra vez a casa un adoquín y preguntaba: ¿Qué es esto? Un adoquín, Feldespato, le contestaban. A lo que él respondía: ¿Un adoquín o feldespato? Y se reía, que no sé si te he dicho que era un poco idiota.
-A mí lo que me parece idiota es el cuento.
-Si quieres, lo dejo aquí.
-No, venga, sigue.
-Vale. Feldespato siguió creciendo como se empeñan en hacerlo los niños y pronto entró en la adolescencia. Bueno, pronto no entró, entró al mismo tiempo que los chicos de su edad, pero ya me entiendes. Entonces empezó a relacionarse con chicas, que eran más interesantes que las piedras, aunque parecidas en lo que respecta a sentimientos humanos. Las chicas eran espeleólogas, lo comprendió enseguida, pues se interesaban por cuerpos cavernosos, cosa que le hacía muy feliz. Un día conoció a una chica especial, aunque se dice que todas las que nos gustan lo son, pero ésta ciertamente lo era. Era una chica que acababa de llegar al pueblo, se llamaba Antracita, y entre ambos surgió una pasión incontenible, una pasión que los llevaba a estar todo el santo día encamándose, y es que era natural, que los encantos de Antracita eran evidentes con esos escotes y minifaldas y Feldespato no era de piedra, aunque una parte de su anatomía sí lo parecía cuando Antracita estaba cerca. Este desenfreno en sus cuerpos juveniles parecía positivo, sobre todo para coleccionar orgasmos, que también eran más interesantes que las rocas que tanto apasionaban a los padres geólogos de Feldespato, pero resultó que éste enfermó de súbito, tan de súbito que falleció de la noche a la mañana, causando una gran consternación en el pueblo, pues Feldespato era querido por todos como buen personaje singular. La que más lloraba era Antracita, aunque algunas personas insidiosas afirmaban que era porque sabía que después de eso le iba a costar volver a tener novio, que los chicos iban a tener miedo de ella, de su vagina insaciable y mortífera. El pobre Feldespato, como buen difunto, fue sepultado bajo una losa del más fino mármol que se podía encontrar, seleccionado por sus padres. Pero fue justo en el funeral cuando se reveló la verdad de lo acontecido. Los padres de Antracita explicaron que en el pasado habían sido bacteriólogos y que en el transcurso de sus experimentos habían resultado infectados por una rara variedad de bacilo, pero que no desarrollaban la enfermedad. Esto les había sucedido estando la madre de Antracita embarazada, por lo que la chica había nacido portadora. Este bacilo, explicaron, pertenecía a la familia del "Bacillus Anthracis", que causa el carbunco, que suena a carbón pero no lo es, también conocido como ántrax. Era por eso que su hija se llamaba Antraxita, que no Antracita, se trataba todo de un error de pronunciación, un error producto de las diferencias culturales entre el pueblo y la ciudad. Esta explicación, lejos de calmar los ánimos, hizo que los asistentes al funeral reaccionaran con violencia y, a pedradas, mataran a la familia de Antracita-Antraxita, lo que se puede considerar una victoria moral de los geólogos sobre los bacteriólogos. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. ¿Oye, sigues ahí?
No contesta, pero la oigo respirar rítmicamente. Está dormida. No cuelgo y dejo el teléfono junto a la almohada, por si se despierta en mitad de la noche. Al fin y al cabo, la llamada la paga ella.

viernes, 20 de junio de 2008

Vigilia

Es de noche. Verano. Estoy sentado en la terraza contemplando las luces de la ciudad, fumando un cigarrillo imaginario, pues no fumo, pero nos han enseñado que fumar es algo cinematográfico o literario, y a mí me habría gustado llevar una vida literaria, una sin atascos a las tres de la tarde, una en la que las chicas sólo tienen ropa interior excitante (como E), una en la que, en fin, todas las noches son decisivas. Yo esta noche la dedico a fumar cigarrillos imaginarios, como si fuera idiota, que quizás lo sea, y a pensar en literatura y mujeres, como dice M que siempre hago. "Literatura y mujeres, no escribes de otra cosa", me dice. Por seguir con la tradición pienso en un poema de Leonard Cohen que empezaba así: "Me gustaría leer / uno de los poemas / que me arrastraron a la poesía. / No recuerdo ni una sola línea, / ni siquiera sé dónde buscar". Yo tampoco puedo recordar ninguno mío, me digo, pero enseguida tengo que reconocer que es mentira, que recuerdo uno que le escribí a A. Era: "Soy muy injusto contigo. / Siempre te doy / más de lo que mereces". Como poema no era gran cosa, pero como declaración de intenciones estaba bastante bien.
Pienso luego en E y se me ocurre que estoy enamorado de ella, aunque no me guste admitirlo. Y que lo supe incluso antes de despedirme de ella en el andén de la estación. A pesar de todas mis precauciones. Quizás sí tengo algo de kamikaze, pero tal vez no sea tan grave enamorarse. O tal vez sí. En cualquier caso, la vida sería muy aburrida sin todo esto. Además, lo verdaderamente raro, incluso absurdo, sería no estar enamorado de ella, aunque nunca le diré algo así. Tengo ganas de escuchar tu voz, me escribió la última vez, pero me temo que las probabilidades de volver a verla son nulas. Quizás no se puede luchar contra el orden del mundo, tal vez lo único que uno puede hacer es sentarse en la terraza como un idiota y divagar (sí, también como un idiota). Y yo de idiota tengo bastante, al igual que de kamikaze. Pero la vida está para vivirla y otras frases estúpidas como "hay que vivir como se escribe". O quizás era al revés, quizás hay que escribir como se vive. No sé, ahora no me acuerdo, son ya las cinco y media de la mañana.
A estas horas no hay tráfico, pero de vez en cuando aparece en la carretera un coche solitario y me pregunto si su ocupante tendrá pensamientos como los míos. Seguramente no, aunque me gusta pensar que es un insomne que conduce en busca del sueño, como si el sueño fuera una prostituta junto a una farola o algo así. Qué tonterías pienso, yo tendría que estar pensando ahora en algo serio. En unidades didácticas, por ejemplo. En Descartes, Hegel, Kant. Tendría que llamar a E y decirle: mira, ya sé que eres una mocosa, pero estoy enamorado de ti, ¿por qué no haces algo realmente original y te fugas conmigo?
Se está bien aquí, con este silencio, disfrutando de una brisa agradable que viene del mar. Dentro de un rato me iré a la cama, aunque sé que no podré dormir. "¿Sabes?", murmuro como si no estuviera solo, "creo que, aparte de follando contigo, verte dormir es la mejor manera de pasar el insomnio".

jueves, 19 de junio de 2008

Ontología

-Tu problema es que siempre te enamoras de la mujer equivocada.
-O que ellas nunca se enamoran del hombre equivocado.

miércoles, 18 de junio de 2008

Ficciones

Debería dejarlo todo, buscar otra cosa, ser otro. Pero qué sabría hacer yo salvo esto, piensan todos. Lo cierto es que yo también quisiera verte todas las mañanas y en vez de eso me despierto solo, despeinado y con mala cara. Pienso cómo sería escribir sólo para ti, inventarte esos juegos de ficciones en los que te conmino a disimular ante los demás, leerte por la noche mientras escenifico lo leído. No sé, yo quisiera retirarme de todo esto. Yo quisiera agarrar con las dos manos eso que, vale, quizás no sea la felicidad, pero se le parece mucho.

martes, 17 de junio de 2008

Polaroids

-¿Y este quién es?
-Soy yo.
-¿Tú? No te pareces.
-Han pasado muchos años, pero soy yo. O una versión anterior de mí mismo. Si tengo los mismos ojos, fíjate bien.
-¿Y la chica?
-No sé, alguna novia.
-Tampoco has tenido tantas.
-Pues sería una conocida, una amiga.
-Anda, deja de disimular. ¿Quién es? No me voy a poner celosa.
-Vale, en aquella época era el amor de mi vida.
-¿Y qué pasó?
-No me acuerdo bien.
-No mientas, no se olvida tan fácilmente al "amor de tu vida".
-En serio, no me acuerdo, supongo que decidí olvidarlo por mi propio bien.
-¿Tanto daño te hizo?
-Te he dicho que no me acuerdo.
-No te enfades. Es que me parece muy rara tu reacción.
-Ella se enamoró de otro, nada más. ¿Estás ya satisfecha?
-¿Y por qué nunca me has hablado de ella?
-Porque pienso en ella cada día aunque trato de no hacerlo. Porque recuerdo cada frase de nuestras conversaciones. Porque todavía se me encoge el corazón cuando pienso en su forma de reír. ¿Te vale eso o todavía quieres saber más?
-Eres un hijo de puta.
-Ya te dije que no quería ver los álbumes de fotos.

lunes, 16 de junio de 2008

Ficción

-A ver, ¿quién es el asesino?
-Está claro: el mayordomo.
-Pero si no tenemos.
-¿No? Pues deberíamos. No sólo nos haría las tareas del hogar, sino que además sabríamos quién comete los crímenes.
-Sí, sería muy práctico, pero el caso es que no tenemos y de aquí sólo podremos salir cuando sepamos quién es el asesino.
-¿Y eso por qué?
-Porque son las normas de este tipo de literatura.
-¿Esto es literatura?
-Claro, ¿no te das cuenta?
-Pues podríamos tener mejores muebles, vaya asco de ficción.
-Los muebles no son importantes, por eso el autor apenas los ha descrito.
-Ya me parecían un tanto difusos.
-Bueno, deja de mirar los muebles y céntrate en el cadáver de la alfombra.
-¿La alfombra es persa o eso tampoco lo ha dicho el autor?
-¿Y yo qué sé? ¿Cómo se sabe si una alfombra es persa o no? ¿Por el dibujo?
-A lo mejor tiene en algún sitio una etiqueta que diga "Made in Iran".
-Olvídate de la alfombra, tenemos que averiguar quién ha matado a nuestro amigo.
-Que lo diga el autor. Todavía pretenderá que le hagamos el trabajo cuando no nos da ni muebles en condiciones.
-Buenos días, soy el inspector Cincinato. El asesino es usted, que no hace otra cosa que poner pegas a todo y distraer la atención.
-No vale, esto es Deus ex machina, es un recurso muy pobre.
-Pues presente una queja. A comisaría.
-Soy un represaliado político, se me castiga por estar en desacuerdo con la dirección artística de esta ficción.
-Eso dígaselo al juez.

domingo, 15 de junio de 2008

Capítulo 1405

-Sigo siendo un completo desastre en lo demás. Mezclo colores en la lavadora, bebo la leche a morro.
-Sí, todo eso te hace encantadora y lo sabes, pero te haces la ingenua. Qué mejor desastre que tú.
-Ya sé que ahora no te lo crees, pero acaba por resultar insoportable.
-Bueno. Me gustaría cansarme de ti, y esto es más bonito de lo que parece.
-Sí, sí que lo es.

sábado, 14 de junio de 2008

La vida

Me pregunta Marina que por qué casi siempre estoy escribiendo de mí, pero no se me ocurre ninguna respuesta satisfactoria del todo. Se me ocurre que es importante saber contarse, que a veces no importa tanto la derrota si la cuentas bien, que de esa manera se convierte en una victoria estética, victoria que no sirve para absolutamente nada. Pero yo me cuento para no dejar de existir, me digo, pues siempre vivimos para traicionarnos. Que necesito un narrador para entender todo esto; otros se meten en sectas, yo me escribo. Pienso mi vida en términos de literatura y redacto mentalmente episodios así: "Yo siempre he sido un hombre de culos, aunque estuve a punto de pasarme al bando de las tetas la primera vez que vi a Babeth quitarse el sujetador, pero enseguida se dio la vuelta y entonces pensé: ¿acaso es necesario elegir?" La literatura es como el chiste de Claudia Schiffer y el náufrago, ¿de qué vale vivir si no lo puedes contar luego? Y hay tanto que contar, casi más que vivir.

viernes, 13 de junio de 2008

Comedia

Para mí la vida es una obra en la que todos conocen su papel menos yo, que me paseo de un lado a otro del escenario sin saber qué hacer, qué decir. Estoy siempre improvisando o imitando a los otros actores y me temo que no hago ninguna de las dos cosas demasiado bien. Yo no soy un personaje en busca de autor, sino un personaje en busca de guión.

jueves, 12 de junio de 2008

Rapunzel

Soñé por segunda vez que iba a verte a un edificio en el que no vives, un edificio de trece o catorce pisos, nunca está claro el número exacto. Subí por las escaleras, puesto que el ascensor no funcionaba, atravesando rellanos en penumbra hasta que llegué al decimotercer piso, el que pensaba que era el tuyo. Pero ya no vivías allí, me dijeron que te habías mudado con tu marido, aunque nadie supo decirme dónde. Bajé del torreón notando en el cogote las miradas de los vecinos y preguntándome por qué decidiste desaparecer de mi vida sin dejarme al menos una nota. Luego desperté, claro, y recordé que no vives en un edificio tan alto, aunque tu presencia en mi vida es mínima igualmente.

miércoles, 11 de junio de 2008

Mariana

Hace muchos años que conozco a Mariana, pues es la hija de los vecinos, pero hasta ahora no le había prestado mucha atención, que tiene trece años menos que yo. Pero ahora me fijo en ella y mucho, que tiene unos diecisiete años muy bien llevados, una lolita arrebatadora de faldas exiguas y físico perfecto. Hoy hemos subido juntos en el ascensor, yo pensaba si sería conveniente empotrarla en la pared y follarla sin contemplaciones, ella no sé en qué estaría pensando. El caso es que no he hecho nada, pero al salir del ascensor se ha girado y me ha dicho con una sonrisa: a ver si quedamos. A ver si quedamos, eso me ha dicho, yo la he mirado con cara de bobo y he contestado: sí, ya es hora. ¿Por qué ya es hora?, podría haberme preguntado ella, pero no lo ha hecho. Yo le habría contestado que ahora follar con ella sería una indecencia como Dios manda. Creo que le he dicho algo más, pero no estoy seguro, quizás lo he olvidado porque la memoria es sabia y elimina a la menor oportunidad cualquier recuerdo que empañe esa imagen positiva que tenemos de nosotros mismos, aunque también a veces a la memoria le da por ser masoquista y rememorar una y otra vez aquella ocasión en la que decidimos desprendernos de nuestra dignidad de la forma más ridícula, la verdad es que su sabiduría es relativa. De todos modos, ahora me pregunto si Mariana iba en serio o estaba jugando conmigo, que está en una edad muy difícil, totalmente inmersa en esa etapa de crueldad por la que pasan las mujeres, esa etapa que dura desde los trece años hasta la vejez, cuando finalmente la demencia senil se encarga de borrar incluso el deseo de maldad.

martes, 10 de junio de 2008

Secuestros

-¿Diga?
-Me he secuestrado. Si quiere volver a verme con vida, deposite mañana al mediodía seis mil euros en la papelera que hay junto a la fuente del parque Chaplin.
-¿García? ¿Es usted?
-Sí, señor director.
-García, cuando le dije el otro día que era usted un miembro muy valioso de nuestra empresa no me refería a esto. No vamos a pagar rescate por usted. Y mucho menos si se autosecuestra.
-Oiga, no sea inhumano, piense que soy un secuestrador muy cruel. Sólo me doy de comer una vez al día. Y no me dejo salir del zulo en ningún momento. ¡Me obligo a hacer mis necesidades en un cubo!
-Si quiere, puedo llamar a la policía.
-¡No lo haga! Mi vida está en mis manos. Si acude a la policía, me torturaré y le enviaré un dedo, una oreja, la nariz, para que vea que voy en serio.
-Francamente, García, esto me parece muy raro.
-No lo es tanto. Y demuestro iniciativa.
-Da lo mismo, no tenemos presupuesto para estas cosas. ¿No ha pensado en, digamos, pedir el rescate a su familia?
-Es que me he secuestrado en casa y mi mujer se daría cuenta de que estoy aquí.
-La solución a eso es muy sencilla: secuéstrese en un hotel, por ejemplo.
-Pues es buena idea. ¿Podría llamar usted a mi mujer para decirle que me he secuestrado y que no cenaré en casa?
-Claro, no se preocupe.

lunes, 9 de junio de 2008

Poética

-¿Te has dado cuenta?
-¿De qué?
-El conductor del autobús.
-¿Qué pasa con él?
-Es igualito a Pavese.
-Joder, ¿ya empiezas con tus tonterías? Estás obsesionado con la literatura, deberías ir al psicólogo.
-Oye, no te pases. Te digo que el conductor es el vivo retrato de Pavese. Seguro que hasta se llama César.
-Estás enfermo.
-Claro que sí, tengo el mal de Montano, de Enrique Vila-Matas.
-Gilipollas.
-Voy a hacer como que no te he escuchado, que estoy convencido de que ese hombre es Pavese reencarnado en esta ciudad española. Autobusero de día, poeta de noche, que suena a película mala de los setenta. Voy a preguntarle.
-Haz lo que quieras.

-Hola, ¿es usted Cesare Pavese?
-¿Es que no sabe leer? "No hablar con el conductor".
-Perdone.

-¿Qué? ¿Qué te ha dicho, listo?
-Me ha dicho que sí, pero que le guarde el secreto.

domingo, 8 de junio de 2008

Dialéctica

-Quiero que seas el padre de mi hijo.
-Eso es totalmente imposible, yo no creo en la paternidad.
-Ya, pero follarme está muy bien, ¿verdad? En eso sí crees.
-Claro, pero es distinto, es que estás muy buena. Como comprenderás, que me guste acostarme con una chica no significa que quiera tener hijos con ella. Ni ser el padre de sus hijos tenidos con otro. Me gustas mucho, pero no puedo ver a los niños de la misma manera que a ti, me tendrían que encerrar si fuera así. La paternidad y el sexo son cosas muy distintas. No tienen nada que ver.
-Eso que acabas de decir es una tontería. El sexo y la paternidad están íntimamente relacionados, no se puede tener hijos sin tener sexo, a no ser que adoptes.
-Creo que no me estás entendiendo. El caso es que ni puedo ni quiero ser el padre de ese niño, además ya tiene padre. ¿A él le parece bien que le estés buscando un sustituto?
-Él no sabe nada, ni falta que hace. No vale como padre.
-Ni yo tampoco.
-Eso no lo sabes, yo te veo muy paternal.
-Porque tienes un complejo de Electra no superado y te recuerdo a tu padre, guapa. Por la barba, quizás.
-Lo que pasa es que eres un hijo de puta redomado. Eso es lo que pasa.
-¿Ves? No puedo ser padre, no tengo valores.

sábado, 7 de junio de 2008

Te recuerdo, Marta

Te recuerdo, Marta, que no Amanda, con una sonrisa en la boca, que es una frase muy tonta, pues dónde ibas a tener la sonrisa si no era en la boca. Bueno, tal vez entre las piernas. Al fin y al cabo, tuviste las sonrisas de otros entre las piernas, eso es indudable, aunque yo entonces no lo sabía. A lo mejor, ahora que lo pienso, si sonreías tanto era por eso, porque yo no me enteraba de nada, lo que me llevaba a mí a sonreír de una forma que te parecería bobalicona. Así que nuestras sonrisas se alimentaban la una a la otra, que tu sonrisa de traición me parecía encantadora, pero porque me la tomaba como una sonrisa de felicidad, y supongo que algo de razón tenía, porque engañarme con todos esos hombres que sonreían entre tus piernas seguro que te hacía muy feliz. Aquí todos nos pasábamos la vida sonriendo, pero algunos con más motivos que otros.

viernes, 6 de junio de 2008

Susana

Yo no le quiero, pero podría haberle querido. Si hubiera sido otro, si no se hubiera movido por la vida como si ésta le debiera algo. Nunca estaba contento, nunca podría estarlo. Cuando le dejé, me escribió decenas de cartas suplicándome que volviera con él, que me amaba. No sé qué pretendía con eso. Como si un "te quiero" fuera a cambiar algo, como si eso fuera a conmoverme y hacerme cambiar de opinión. Las cosas no funcionan así, yo ya sabía que me quería, repetirlo no iba a hacer que, de pronto, le amara yo también. Creo que le quise al principio, pero no estoy segura. Lo intenté, eso sí. Me divertía mucho su derrotismo, nunca había estado con un chico así. Luego me cansé, pero nunca quise hacerle daño. Me llamó por teléfono muchas veces después de la ruptura y me preguntaba, creo que para enternecerme, si no recordaba este o aquel momento tan bonito que habíamos vivido. Claro que lo recuerdo, pero no me importa, pensaba yo. Pero eso no podía decírselo.

jueves, 5 de junio de 2008

Una mañana de junio

Ayer fui al Paseo del Parque, que bullía de actividad por lo de la Feria del Libro. Vi en una caseta a una chica guapísima, preciosa, vendiendo libros y pensé que ahí estaban reunidas mis dos aficiones favoritas: libros y chicas guapas. Quizás era una señal, quizás era la mujer de mi vida. Muy posiblemente no.
Entré en la caseta donde se celebraba el acto de presentación del libro de Málagacrea, donde me enteré de que me habían otorgado una mención especial por un relato que al principio se llamaba J'ai perdu ma plume dans le jardin de ma tante, pero al que luego cambié el título porque pensé que les iba a parecer poco serio, poco literario, hacer referencias a Mortadelo y Filemón. Yo es que soy poco serio, todo el mundo lo sabe. Pero no entiendo que esta vez no me avisaran, ¿quizás ya no nos dan ni una triste placa conmemorativa? Quién sabe, a lo mejor el año pasado también me dieron una mención especial y no me enteré por no acudir al acto de presentación del libro. En cualquier caso, no estuve allí ni cinco minutos, que Alba empezó a mandarme mensajes al móvil diciéndome que estaba por ahí.
Llegó con el bebé y lo primero que le dije fue: ya es casi tan alto como su padre. Nos sentamos en un banco y se puso a darle el pecho al niño. Unos sin techo la observaban ávidamente, pero no sé si era hambre o lujuria. ¿Has visto cómo se me han puesto las tetas?, me preguntó. Algo he notado, contesté. Parecen de silicona, cuando me levanto por las mañanas parezco un "travelo", dijo ella.
Estuvimos un rato en el parque contándonos nuestras vidas y luego la acompañé a su casa, que uno es un caballero a pesar de todo. Me ha gustado verte. A mí también. Y me marché pensando en literatura y mujeres, como siempre.

miércoles, 4 de junio de 2008

En una calle cualquiera

-Oiga, usted.
-¿Yo?
-Sí, usted, el del sombrero.
-¿En qué puedo ayudarles, caballeros?
-Documentación.
-Ah, son de la secreta.
-Ni somos ni dejamos de ser.
-Perdonen, no pretendía ser indiscreto. Aquí tienen.
-Aquí dice que es usted fresador.
-Así es.
-¿Eso es uno que cultiva fresas?
-No exactamente, es un trabajo de fábrica. Mire, consiste en...
-Da igual, está usted detenido.
-¿Detenido? ¿Pero por qué?
-Por recitar poemas.
-¿Recitar poemas? ¿Yo? ¿A mis años?
-No se haga el loco ahora, le hemos visto murmurando.
-Bueno, sí, eso es cierto, pero iba pensando en voz alta en mis cosas, en mis problemas. ¿Acaso eso es un delito?
-Pero es que iba murmurando poemas y no tiene usted carnet de poeta político.
-Le repito que no eran poemas. Yo tengo muy poco de poeta.
-No niegue lo evidente. Usted murmuraba con una cadencia precisa, pero no bailaba, así que no estaba cantando a media voz. Y tampoco rezaba, que en su documentación aparece como ateo. Ergo, recitaba poesía. Está claro.
-Esto es un atropello.
-No, señor, es un arresto. Pese a ser poeta, no es usted muy bueno con las palabras.

martes, 3 de junio de 2008

Canciones

No sentí dolor alguno cuando la volví a ver y me pregunté si la aceptación no sería eso, o quizás no aceptación sino madurez, quizás la madurez es que ya no te afecte la vida, me dije, e imaginé hordas de muertos recorriendo las calles de la ciudad. De todos modos, siempre había algo que nos separaba: otros amores (siempre de ella), hijos (siempre de ella), desencuentros (siempre provocados por ella). Pensándolo bien, lo que siempre nos separaba era ella: la bella, la traidora, que cantaba Javier Krahe versionando a Brassens, pero ella no se llamaba Marieta, sino Marina, aunque yo la llamaba Oceánica por sus delirios de grandeza. Tú también contienes multitudes como Whitman, ¿no?, le decía yo cuando discutíamos y entonces liberaba todo su odio -pues no sólo contenía multitudes- sobre mí, como un maremoto. Yo, claro está, me debatía como un náufrago entre las olas. Sin embargo, ahora parece que ambos hemos olvidado todas esas disputas y que Serrat tenía razón cuando cantaba aquello de "tus recuerdos son cada día más dulces, el olvido sólo se llevó la mitad".

lunes, 2 de junio de 2008

Editorial

-Hábleme de su novela.
-El protagonista es un taxista de la Ciudad Eterna, un romano que conduce con pericia su vehículo por las peligrosas calles de la capital italiana. Un día, sube a su taxi una misteriosa y bella desconocida que se dirige al aeropuerto. La lleva sin que suceda nada de relevancia, pero al regresar del aeropuerto se da cuenta de que la misteriosa desconocida ha olvidado su maletín en el taxi. Nuestro héroe, impelido por la curiosidad (y por la codicia, por qué no decirlo), lo abre. Dentro hay documentos relativos a los templarios, que existen todavía como sociedad secreta y cotizan en bolsa. El taxista decide llevar estos documentos al Vaticano, pero como no conoce a nadie allí, va a consultar antes al párroco de su pueblo. Dicho y hecho, Tom Hanks le enseña los documentos al párroco y...
-¿Tom Hanks?
-Ah, sí, perdone, estaba pensando en la adaptación cinematográfica. ¿No le parece que Dustin Hoffman sería un cura perfecto?
-Continúe con el argumento, por favor.
-De acuerdo, de acuerdo. Como iba diciendo, el taxista le enseña los documentos al párroco, que se escandaliza ante esta ominosa verdad. Hay templarios entre nosotros y nos vigilan desde las sombras, murmura una y otra vez. Es necesario informar al Santo Padre de esto, le dice al taxista y se despiden con la promesa de verse en unos días. El taxista sigue con su rutina, llevando de aquí a allá a los turistas, a borrachos de fin de semana, a prostitutas, etc. Pasan los días y, al no recibir noticias, vuelve a su pueblo y encuentra a Dust... al párroco, perdón, colgado del campanario. Aterrorizado, la primera intención del taxista es llamar a la policía, pero al volver al taxi se encuentra junto a él a la misteriosa desconocida. Ella le dice que no tenga miedo, que no le va a hacer daño, que la responsable de la muerte del párroco es la Iglesia. Soy una templaria, le dice luego meneando graciosamente su melena, igual que tú. Eso no es verdad, yo soy taxista, responde él, y de la Juventus. No, insiste ella, eres un templario perdido, lo que pasa es que no lo sabes. No le adelanto nada si le digo que acabarán enamorándose, ¿verdad? El taxista-templario y la templaria a secas se enfrentarán al poder de la iglesia católica, que pretende dominar el mundo y...
-Creo que ya he escuchado suficiente. ¿Cómo se titula su novela?
-Templarios en la noche. Templars in the night.
-Nos interesa publicarla.

domingo, 1 de junio de 2008

Delirios

Siempre he sabido las respuestas, pero me hacía el loco, o más bien me creía loco, lo que tal vez significa que realmente lo estaba, pues no parece que dudar de tu cordura sea una señal de buena salud mental. Claro que también se puede decir que sólo un loco confía plenamente en su cordura. En cualquier caso, loco o no, sabía las respuestas, siempre las he sabido, pero me negaba a aceptarlas.

sábado, 31 de mayo de 2008

Capítulo 1390

He ganado el primer premio en un concurso de relatos. Lo gracioso del asunto es que no sé con qué relato he ganado (presenté dos), pues no me lo han dicho y a mí se me ha olvidado preguntarlo.

viernes, 30 de mayo de 2008

12 de marzo, miércoles

Me llamó Alba. Eran las diez y media de la mañana, creo. Me dijo: "te llamo porque hace mucho tiempo que no hablamos". Yo le di la razón, pero esta vez tampoco hablamos demasiado, menos de dos minutos. Todo porque su hijo empezó a llorar, a berrear cada vez más alto, como si fuera consciente de que yo en el pasado me acostaba con su madre y quisiera interrumpir lo antes posible la conversación. Te tengo que dejar, mi hijo está llorando, dijo. Ya, lo oigo, lo oigo, contesté yo. Se llama Max, dijo de pronto, pero me pareció no haber entendido bien con tanto llanto de bebé. ¿Cómo has dicho?, pregunté. Que se llama Max. ¿Max? Eso ni siquiera es un nombre. Ya, dijo ella, tendría que ser Maximiliano, pero el nombre lo eligió José (aunque ella dijo "Jose"). Yo lo elegía si era niña, añadió, le habría puesto Adela. Maximiliano o Máximo, contesté yo, pero no le dije que lo de Adela me lo habría tomado como una traición. Un beso, Míchel, me dijo aunque casi no lo escuché, pues el niño lloraba con mucha fuerza. Adiós, Alba, dije yo y colgué.

jueves, 29 de mayo de 2008

Oficina

-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
-Yo... yo la amo, señorita.
-¿Cómo dice?
-Que la amo. Con locura, además.
-Sí, eso último es evidente. ¿Tiene usted una cita?
-¿Que si tengo una cita? ¿Para qué?
-¿Para qué va a ser? ¿Es que no ve que estoy ocupada? Usted puede perder el tiempo amándome si quiere, pero aquí estamos intentando trabajar. Esta empresa no se lleva sola, ¿sabe?
-Pero, pero, pero yo la amo, ¿acaso eso no importa?
-En un mundo ficticio no le digo que no, pero en el mundo real hay cosas más importantes. Hay que comer, por ejemplo. ¿Alimenta su amor?
-Alimenta el espíritu de ardor poético.
-Utilísimo, ya veo. Mire, si no tiene usted una cita me está haciendo perder el tiempo. Hay otros que esperan. Buenos días.
-Le pido perdón por mi comportamiento, ya no la molesto más. ¿Pero puedo pedir una cita para mañana?

miércoles, 28 de mayo de 2008

Películas baratas

Cásate conmigo, le dice él. Ella le mira a los ojos y con una media sonrisa contesta que eso es imposible, que cómo va a echarla de menos entonces, si ella lo que quiere es su anhelo. Y con un sonido de cristales rotos que podría ser la risa de ella o el corazón de él, desaparecen los amantes en un fundido en negro.

martes, 27 de mayo de 2008

Urban spaceman

Yo siempre estoy de paso, nunca me quedo mucho tiempo en el mismo lugar. Viajo ligero; lo que no me sirve lo dejo atrás y enseguida lo olvido. Si no me gusta la realidad, algo que ocurre a menudo, directamente me la invento. No me complico nada la vida, de eso ya se encargarán otras personas.

lunes, 26 de mayo de 2008

Auambabuluba

John Thompson se despertó en un pésimo estado. Se despertó en Texas. Este principio sería suficiente para colgar al autor, pero vamos a dejarlo. Como decíamos, John Thompson se despertó en Texas, lo que era sin duda un fenómeno extraordinario, pues él recordaba con claridad haberse acostado en Boston, Massachusetts, que era donde vivía. Cómo había recorrido tan larga distancia sin despertarse era un misterio para él, además de un caso extremo de sonambulismo. ¿Pero cómo sabía que estaba en Texas?, se estará preguntando el astuto lector. Muy fácil, porque la habitación en la que había despertado estaba decorada con motivos texanos. Por si esto no fuera suficiente, que ciertamente no lo era, al mirar por la ventana pudo contemplar el perfil nada familiar de Houston, que tampoco le habría servido para determinar su posición, pero sí el cartel que indicaba la distancia a San Antonio, cartel situado en la carretera y que podía también ver desde su ventana. Así, estaba en Texas o en una broma muy trabajada. Vaya calamidad, se dijo, estoy en Texas y soy votante demócrata. Inspeccionó la habitación en la que se encontraba, por si hallaba alguna pista que le aclarara cómo había llegado allí. Sentado en un rincón de la habitación había un mexicano cubierto con un gran sombrero también mexicano que no dejaba ver sus rasgos. Parecía fumar, o eso o se estaba quemando, pues del sombrero salía humo. Oye, amigo, dijo Thompson en el español paupérrimo que había aprendido escuchando a camareros. El mexicano levantó la cabeza y, además de estar efectivamente fumando, resultó ser un mexicano arquetípico, con un gran bigote a lo Emiliano Zapata. A Thompson, que era profesor en la universidad de Boston, dato que habíamos ocultado hasta ahora por irrelevante, se le pasó por la cabeza que estaba hablando con el mismo México, con la conciencia de México, que el Espíritu Guía de México era Zapata y estaba sentado en una sórdida habitación de Houston, Texas, con él, John Thompson. Era una idea muy idiota, pero fue lo que pensó. ¿Qué mamas, güey?, respondió el hombre de rasgos zapatistas. Pinche pendejo, añadió como si no se hubiera quedado a gusto. Yo mucho perdido, dijo Thompson. Yo Boston, yo no Texas. El mexicano se le quedó mirando con cara de no haber entendido nada, lo que era bastante comprensible, y volvió a cubrirse con su sombrero. Thompson reparó entonces en una posibilidad que no se le había ocurrido antes: quizás estaba secuestrado. Había sido secuestrado por un mexicano en Boston que lo había conducido, después de drogarlo, a esta siniestra habitación texana. O quizás no le había secuestrado el mexicano, tal vez se trataba sólo del guardián. ¿Pero para qué secuestrar a un profesor de didáctica comparada? ¿Lo habrían confundido con otro? ¿Habría quizás otro John Thompson, alguien importante? Sintió de pronto celos de su hipotético tocayo, por tener una vida mejor que la suya, por tratarse de alguien más importante que él a pesar de compartir el mismo nombre, lo que era claramente injusto. Se sintió robado. Luego se dio cuenta de que estaba sacando conclusiones precipitadas y se calmó un poco. Volvió a fijar la atención en el cuarto en el que estaba. Cuatro paredes, mobiliario escaso, decoración texana, una ventana, una cama, un mexicano en un rincón, ninguna puerta. Ninguna puerta, ¿cómo había entrado? ¿Lo habrían metido por la ventana? Se asomó. No parecía posible. Parecía cosa de magia, de magia negra. Quizás había muerto y el Infierno era Texas, eso explicaría muchas cosas. Amigo, volvió a decirle al mexicano, dónde es... the door. ¿The Doors, gringo?, respondió éste, pues ya no existen, órale, que Jim Morrison murió. Thompson no sabía si se estaba burlando de él, pero decidió ignorar al mexicano en lo sucesivo. Puede que esté soñando todo esto, se dijo, quizás sigo cómodamente acostado en mi cama de Boston, porque hay que admitir que la situación en su totalidad es muy extraña. ¿Qué pinta aquí el mexicano, por ejemplo? ¿Y por qué es un mexicano con sombrero típico, poncho y gran bigote? Es decir, ¿no es mucha casualidad que sea el estereotipo clásico? Apuesto cualquier cosa a que se llama Pepe. Está claro que es un producto de mi imaginación, como toda esta situación absurda. Claustrofobia, estado republicano, mexicano estereotipado en un rincón: un sueño, muy vívido, pero un sueño al fin y al cabo. Auambabuluba, dijo de pronto el mexicano, pero Thompson no le prestó atención, inmerso como estaba en sus cavilaciones. Quizás si me concentro consiga despertar, pensó. Cerró los ojos y visualizó la idea de despertar en su cama bostoniana. En casa como en ningún sitio, murmuró. Y John Thompson se despertó en un pésimo estado. Se despertó en Kansas.

domingo, 25 de mayo de 2008

Hastío

Me cansa la arbitrariedad de todo esto.

sábado, 24 de mayo de 2008

Propagande par le fait

¿Tú crees que la Baader-Meinhof tiene más carisma que nosotros?, me preguntaba a menudo Walter, que estaba al mando. Yo le respondía siempre que no, que nosotros éramos más auténticos y hacíamos la revolución como si fuéramos poetas. Decía esto intentando impresionar a Nathalie, que había leído que la poesía era un arma cargada de futuro o algo así. Nathalie era la única chica del comando, pero estaba enamorada de Walter, de la erótica del poder no nos libraba ni la acción terrorista; a pesar de ello yo intentaba impresionarla con mis maneras de joven fiel a la causa siendo el primero a la hora de cometer atentados o repartir propaganda. Sin mucho éxito, la verdad, lo que me hacía plantearme que quizás estaba atentando contra el enemigo equivocado. Pero una noche, al volver al piso franco sucedió algo. Me abrió la puerta Nathalie, me sonrió y dijo: “buen trabajo”. Buen trabajo, sólo eso. Yo venía de incendiar coches y ella me daba su aprobación. Mi corazón se inflamó entonces como los coches que venía de quemar y en ese instante abjuré de mis anteriores ideales e hice mía la causa de provocar la sonrisa de Nathalie.

viernes, 23 de mayo de 2008

Ostracismos

Nunca echo de menos a nadie, ¿sabes? Al fin y al cabo, me paso la vida solo, nunca existe la posibilidad de que me acostumbre a alguien. No están conmigo el tiempo suficiente. Así que cuando se marchan es imposible tener una sensación de pérdida. Son tan fugaces como todo lo demás.

jueves, 22 de mayo de 2008

Leyenda épica

-Tú ya has vivido momentos así, Míchel. Esto no es nuevo para ti.

Cómo decirle que mentí en todas las ocasiones anteriores.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Imitadores

No entiendo a mis plagiarios; ser yo no es precisamente una fiesta continua.

martes, 20 de mayo de 2008

El deseo de ser alcohólico (homenaje)

Si uno pudiera ser un alcohólico, siempre borracho, acodado en la barra, a través de la embriaguez, constantemente sacudido sobre el taburete estremecido, hasta arrojar las tapas, porque no hacen falta tapas, hasta arrojar los vasos, porque no hacen falta vasos, y apenas viera ante sí que la noche era eterna, habrían desaparecido las copas y la barra del bar.

lunes, 19 de mayo de 2008

Truculencias

Yo quería ser el perfecto anfitrión, pero siempre había algo que me llevaba a asesinar a mis invitados. Preguntaba al invitado de turno cuántas cucharadas de azúcar quería en el café, me contestaba que dos, pero yo acababa sirviéndoselo con dos cucharadas de cianuro. Te voy a enseñar la casa, ofrecía a otro, pero al llegar al baño invariablemente lo empujaba a la bañera y allí lo cosía a puñaladas. Dormid aquí, es tarde y habéis bebido mucho para conducir, le decía a algún matrimonio amigo, ellos me daban las gracias, me decían que no querían molestar, yo contestaba que no era ninguna molestia, que me quedaba más tranquilo así, les preparaba la habitación de invitados y, de madrugada, entraba en ella y los ahogaba con la almohada. Poco a poco me fui quedando sin amigos, a pesar de todas mis buenas intenciones.

domingo, 18 de mayo de 2008

Adagios

Basta que una mujer me diga "oye, te lo digo en serio" para que yo deje de hacerle caso.

sábado, 17 de mayo de 2008

Madrugada

"Amanece tan pronto y yo estoy tan solo", que cantaban Héroes del Silencio, que es una referencia popular, normal, que ya era hora, no todo iban a ser referencias pedantorras y de escritores muertos. Porque en mí siempre ha latido un deseo de normalidad, aparte del tan manido de inmortalidad, gloria absoluta y todo eso. Aunque no hay que confundir normalidad con vulgaridad o cutrez, que en todo hay grados; lo que yo deseo es una normalidad digna, lo que, pensándolo bien, es en realidad una normalidad bastante anormal. Pero estoy divagando, lo que en mí es normal, siempre las digresiones. Yo sólo quería decir que ya son las seis de la mañana y no he bebido lo suficiente como para disimular la soledad. Podría haberlo dicho así, pero luego me acusan de lacónico.

viernes, 16 de mayo de 2008

Repeticiones

Qué bello es escribir. Una hoja en blanco no vale apenas nada; sin embargo, cuando la llenas de palabras tuyas, qué maravilla. Eso sí, me siguen pareciendo más bellas las mujeres desnudas, quizás porque no las veo tan a menudo como las frases que garabateo. Pero qué bonito es escribir, me digo como un gilipollas.

jueves, 15 de mayo de 2008

Vendettas

Cuatro años después, volví a besarla. O más bien me besó ella a mí, que yo no lo veía como una posibilidad y no se me habría ocurrido intentarlo. Al separar su cara de la mía sólo atinó a decir: "besas de manera diferente". Yo contesté algo igual de inteligente: "tú también". Luego empezó a arrepentirse y dijo que estaba mal lo que habíamos hecho, que ambos teníamos pareja y esta actitud era imperdonable. Respondí que en teoría sí, pero que mi novia era Satanás y se merecía cualquier ofensa, por nivelar algo la balanza, a lo que ella contestó que su novio también era un ser despreciable y era perentorio traicionarle en mis brazos. Por fin estábamos de acuerdo en algo.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Búsqueda personal

A mis años, me sigo buscando. Y no me encuentro en la cama con hermosas mujeres salvo en raras ocasiones.

martes, 13 de mayo de 2008

Ficciones

Al final de la historia, todo se arregla. El protagonista aprende unas lecciones vitales de lo más valiosas y se queda con la chica. A partir de entonces las cosas siempre irán bien. Y si fueran mal nunca lo sabríamos, pues la historia termina en ese punto. Es lo más parecido a la eternidad que podemos conseguir.

lunes, 12 de mayo de 2008

Lecciones

Tardé demasiado en aprender que la vida a la que pretendía volver en realidad nunca había sido mía.

domingo, 11 de mayo de 2008

Capítulo 1370

La noche empieza con la intelligentsia de Málaga reunida en el Centro de Arte Contemporáneo. Yo también estoy, aunque no tenga nada que ver con esta gente. Mi excusa es la barra libre y que la mujer de Dani ganó el primer premio de videocreación de Málagacrea y hoy se exponen las obras ganadoras aprovechando los actos de la Noche en blanco que se han sacado de la manga por aquello de querer ser capital cultural europea en 2016. De hecho, el alcalde está presente, pero desaparece enseguida, igual que antes hizo Javier Mariscal después de dar un discurso en el que habló de cosas como que Málaga tiene playa o el carácter alegre de los malagueños y su acento. En cualquier caso, presto una mínima atención a las obras exhibidas y me alcoholizo convenientemente durante las dos horas siguientes, aunque los canapés no llego a catarlos. Acabada la barra libre, acompaño a Artevic a cambiar el coche de sitio, que ha aparcado frente a un vado, pero cuando llegamos allí decide que seguramente no le multarán, pues la calle está llena de coches mal aparcados. Vemos que hay unos coches de policía al final de la calle y unos cuantos agentes frente a un portal, a Artevic le entra curiosidad y nos acercamos a ver lo que sucede. Nos situamos en una esquina, ya que no hay cordón policial ni nada por el estilo y, no sé por qué, empezamos a hablar de Viridiana. Un policía se acerca a nosotros un par de veces, pero no nos dice nada. Al rato, no sé si molesto por nuestra conversación, nos dice con malas maneras que nos retiremos de ahí. Obedecemos: nos alejamos un poco y continuamos hablando sobre la película de Buñuel. El policía vuelve y pronuncia entonces una frase singular: "¿Quieren apartarse de la visión de lo que está pasando?" Nosotros no sabemos qué responder a eso (¿quién sabría?), así que finalmente volvemos a las puertas del CAC, donde hay una especie de espectáculo a lo Fura dels Baus para pobres.
Un poco antes de las diez sugiero que compremos alcohol en algún sitio antes de que sea demasiado tarde y acabamos yendo Artevic y yo a buscarlo. Como no encontramos ninguna tienda cerca, entramos en un locutorio a preguntar. El locutorio lo regenta un magrebí que está hablando en ese momento con un señor de luengas barbas blancas y boina carlista (es decir, una boina roja). El magrebí nos mira mal cuando le preguntamos por algún sitio donde comprar alcohol, seguramente porque somos infieles y decadentes, pero al señor de boina carlista (y luengos cabellos blancos, como la barba) se le ilumina la mirada, sobre todo cuando me mira a mí. De pronto saca un pliego de papeles no sé de dónde y me lo ofrece aduciendo "que escribe". Durante un momento pienso que estoy delante de mi futuro, luego pienso que seguramente él se ha dado cuenta de que está delante de su pasado. Acepto el texto que me ofrece, como no puede ser de otra manera, y él dice algo que suena a sentencia, bueno, en realidad a perogrullada: "las cosas suceden y esto ha sucedido". Después afirma que su escrito es muy inteligente, lo que me parece una forma muy tonta de defenderlo, pero no digo nada, sonrío como un idiota y le doy las gracias. Todos los locos me toman por su hermano, me digo cuando salimos del locutorio. A todo esto, ya son las diez y tenemos que volver con las manos vacías.
Más tarde estamos cenando en un kebab lleno de merdellones y Dani y Artevic empiezan a discutir sobre el arte sacro. El lugar no me parece adecuado para la discusión o viceversa, pero está claro que la noche en blanco malagueña está siendo una experiencia netamente surrealista. Después, en un bar, a una afirmación mía sobre un tema que no recuerdo, Dani, que lleva toda la noche buscándome las cosquillas, me pregunta con sorna si hay algo de lo que no sepa. Yo prefiero contestar con diplomacia que muchas cosas, que, por ejemplo, todavía no sé nada del amor.
Y no pasa mucho más, nos cansamos pronto y nos despedimos. En el autobús de vuelta a casa leo por encima el texto del señor de boina carlista. Efectivamente, es una mierda.

sábado, 10 de mayo de 2008

El cinismo es un humanismo

P no me hace caso porque, según ella, soy un mujeriego, lo que es una excusa bastante ridícula. Es cierto que me paso el día con otras, pero cómo va a pretender que le sea fiel cuando se niega a tener algo conmigo. Mujeres, siempre dándole la vuelta a todo. Aunque tengo que reconocer que no sé si saldría ahora de esta dinámica de enredarme con todas. Quizás sí, si todo fuera diferente, porque a veces me gusta pensar que sigo siendo el mismo romántico de siempre y que para mí sólo hay una mujer, aunque todo sea imposible. O quizás precisamente por eso.

viernes, 9 de mayo de 2008

Conversaciones

-Tú eres un egoísta y eso te honra.
-Creo que es la primera vez que me llaman egoísta, pero es un universo que me encantaría explorar.
-Tú dices que amas a las mujeres, pero yo creo que lo que quieres de ellas es que te amen a ti.
-Sí, es que amar es más cansado. Ser egoísta es bueno.
-Por eso lo soy.
-Yo estoy en ello, que todavía soy un kantiano de mierda.

jueves, 8 de mayo de 2008

Conversaciones de cama

-Yo necesito un hermano mayor que cuide de mí.
-Un hermano incestuoso, espero.
-Sí, un hermanastro.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Las razones del loco

Yo quería ser imprescindible, pero nunca supe cómo hacerlo. Pensaba que bastaba con remover algo de literatura, dedicarme en cuerpo y alma a escribir a las chicas de turno. Siempre querían algo más, claro, querían que yo no las necesitara en absoluto para entonces necesitarme ellas, en esa extraña lógica femenina. Pero lo cierto es que yo en realidad no he necesitado a casi nadie. A Alba sí, demasiado, quizás porque era la chica más guapa de Málaga y yo, con mis delirios de grandeza, tenía que estar con la más guapa que pudiera encontrar. El caso es que ella buscaba a alguien que le diera mala vida, no a un poeta trasnochado que le escribiera cuentos y poemas. De todos modos, yo de Pessoa sólo tengo su apellido materno. Lo mío es narrar derrotas que nadie leerá a pesar del afán de victoria que me consume por las noches.

martes, 6 de mayo de 2008

Locamente enamorado

Tú no lo entiendes, pero tienes que ser mía. Me lo dicen todas las noches unas voces en mi cabeza. Mi psiquiatra dice que es esquizofrenia, pero qué sabrá él de romanticismo; yo creo que escuchar voces en mitad de la noche ha de tener una explicación menos prosaica que una enfermedad mental. Es el amor, querida, que me susurra tu nombre cuando me meto en la cama y no me deja dormir. Bueno, en realidad, el amor, el destino, el Olimpo entero, todos ellos se reúnen en mi dormitorio cuando cae la noche y, con un alboroto tremendo, exigen que seas mía. Sigo el designio de fuerzas más poderosas que la voluntad de los hombres, ¿quién soy yo para oponerme? Podrías facilitar las cosas, hacer como que tú también escuchas las voces y ser mía. Aunque sólo sea para que pueda dormir.

lunes, 5 de mayo de 2008

Capítulo 1364

Fundan las musas mis derrotas y otros versos. Bueno, no es que mis derrotas sean muy poéticas, al menos cuando tienes que vivirlas, pero supongo que como espectáculo están muy bien. Así, de lejos. Y se leen en cinco minutos. Pensándolo bien, son victorias. O eso dicen.

domingo, 4 de mayo de 2008

Noche en la Tierra

Salí del bar, bastante ebrio. Eran las tres y media de la mañana. Me puse la chaqueta, pues hacía algo de frío. Me crucé con tres chicas que me dijeron "hasta luego", cosa que achaqué a que me habrían confundido con otro. Por si acaso, miré si llevaba la bragueta abierta. No era así. Crucé la plaza de la Merced y me metí en el callejón que hay junto al Albéniz, para mear. Caminé tranquilamente por calles vacías. Al llegar a un parque me dio por mirar la hora: quedaban cinco minutos para que saliera el próximo autobús. Eché a correr sintiéndome algo Antoine Doinel. Dos chicas que estaban sentadas en un banco empezaron a animarme a gritos: "corre, corre". Una de ellas me dijo "guapo". Yo saludé con la mano mientras seguía mi carrera. Cuando me había alejado de ellas un poco comprobé de nuevo si llevaba la bragueta abierta. Me planteé que estaba en un episodio de The twilight zone, que del bar había salido a una dimensión en la que las desconocidas me hablaban. Me pasó por la cabeza volver al banco donde estaban sentadas aquellas dos, que eran muy guapas, pero seguí corriendo en dirección a la parada de autobús. En un paso de peatones me animaron otras, yo volví a saludar. Subí al autobús y ya no me crucé con más mujeres.

sábado, 3 de mayo de 2008

La memoria

Apenas la recuerdo ya. Cuando intento pensar en ella me parece que estoy recordando una idea para un relato que nunca escribí. Los diálogos, las situaciones que conservo en la memoria, todo me parece absurdo, ficticio. Y sin embargo de vez en cuando me encuentro con ella en la calle. Entonces me asaltan las ganas de preguntarle qué recuerda ella, si acaso tuvo una idea para un relato que luego, por las cosas de la vida, nunca se sentó a escribir.

viernes, 2 de mayo de 2008

La juventud

Yo quería ser un enfant terrible, pero una mañana, frente al espejo, me di cuenta de que había envejecido prematuramente. Nadie iba a tomarme en serio ya, todos mis actos de terrorismo social estaban condenados a pasar desapercibidos, pues tenía más aspecto de viejo cascarrabias que no sabe cómo llamar la atención que de joven promesa de la literatura que escandaliza a propios y extraños.

jueves, 1 de mayo de 2008

A la deriva

Hoy estuve haciendo limpieza, inventario, o qué sé yo. Encontré un dibujo de mi primera novia en el que ella había escrito nuestros nombres con un corazón en medio. Leí viejas cartas, proyectos de relatos, poemas. Me pareció estar rebuscando entre los papeles de un extraño.