domingo, 14 de septiembre de 2008
Cumpleaños
—Gracias.
—Veintisiete años ya. Qué vieja eres, ¿no te da vergüenza?
—Oye, al menos yo no cumplo treinta la semana que viene.
—Ya, pero hoy estamos hablando de ti.
—Pues igual te ríes, pero cada vez llevo peor lo de cumplir años.
—No me sorprende nada, si cuando te conocí ya estabas preocupada por arrugas y cosas así. Con dieciséis años, ya te vale. Seguro que cuando tengas cuarenta serás cómo una vieja gloria de Hollywood y no saldrás a la calle, no tendrás espejos en casa y dirás a quien esté cerca: «¡Yo era muy grande!».
—Me estás deprimiendo.
—De eso se trata, ¿qué gracia tendría cumplir años si no fuera así?
—Bueno, de todos modos gracias por felicitarme, siempre eres el primero en hacerlo.
—Lo sé, soy el que más mola. En fin, te llamo dentro de un año. Cuídate.
sábado, 13 de septiembre de 2008
Taconeando
—Muy bien.
—¿Sí?
—Sí. ¿Quieres verme?
—Sí.
—Pero mejor desnuda, ¿no?
Se quita el vestido y el sujetador y se deja puestos el tanga, las medias y, evidentemente, los zapatos de tacón. Camina por la habitación, sale al pasillo, yo la miro atentamente. Estoy admirando el mejor culo del mundo, me digo. Luego se da la vuelta y viene hacia mí y estoy admirando las mejores tetas del mundo. Pienso durante un momento en el mito de Pigmalión, en la estatua de perfecta belleza que se convierte en mujer de carne y hueso. Entonces se detiene frente a mí y, recostada contra la pared, me dice: «ven».
viernes, 12 de septiembre de 2008
Oquedades
jueves, 11 de septiembre de 2008
Otredades
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Reclamaciones
—Nuestra publicidad no miente: la crema es efectiva en nueve de cada diez mujeres. Ha tenido usted mala suerte.
—Pues mi vecina también la ha probado y con el mismo resultado que yo. Es decir, ninguno.
—Eso es que su vecina es la que falla de otra decena.
martes, 9 de septiembre de 2008
Fiestas de cumpleaños
lunes, 8 de septiembre de 2008
El kiosquero
domingo, 7 de septiembre de 2008
Ana
sábado, 6 de septiembre de 2008
La sueca
viernes, 5 de septiembre de 2008
Una mirada singular
jueves, 4 de septiembre de 2008
Del humor en la clandestinidad
Un día estaba con mi novia en la cama, charlando después de hacer el amor, y le confesé el sueño de mi vida. Ella al principio pensó que estaba bromeando, pero al darse cuenta de que no era así se horrorizó. «Yo no pienso ser la novia de un payaso», me dijo, «¿qué va a pensar la gente de mí». «Que estás con un artista de verdad», contesté yo. Pero no sirvió de nada, fue llorando a explicarles a sus padres que su novio era un monstruo. Aquel día se acabó lo nuestro y entendí lo del payaso triste. Hice entonces lo único que se me ocurrió para levantarme el ánimo. Me puse la nariz frente al espejo y ensayé diversas muecas.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Ripios
martes, 2 de septiembre de 2008
Calor
lunes, 1 de septiembre de 2008
Whisky y cigarrillos
—Buenas tardes, el motor de mi coche hace ruidos —le dijo al joven.
—No se preocupe, voy a echarle un vistazo.
Mientras el joven hacía su trabajo, él se dedicó a mirar los calendarios de mujeres desnudas que cubrían las paredes del taller. Se imaginó estando con ellas, llevando una vida llena de peligros, whisky y cigarrillos. Sí, nena, tú sabes lo que me gusta, musitó y se dio cuenta de que el joven estaba a su lado, mirándole.
—Su coche tiene tuberculosis —anunció el mecánico.
—¿Tiene arreglo?
—Sí. Una pastilla de quinina en el radiador y listo.
—¿La quinina no es para la malaria?
—Es que también tiene malaria. ¿No se ha dado cuenta de que la pintura de la carrocería está amarillenta?
—Oiga, amigo, es el color de moda: rojo maoísta.
—No, hágame caso, es malaria.
—Me parece que me está timando usted.
—En cualquier taller le dirán lo mismo. Su coche está muy enfermo, pero tiene usted suerte, pues soy doctor en mecánica. Pero si se niega a que reciba tratamiento tengo aquí unos formularios que la ley le obliga a rellenar.
—No, está bien, soy alérgico a la burocracia. Salve a mi coche, es el único que tengo.
El mecánico le dijo que el trabajo le llevaría una hora, que había que ver cómo respondía el vehículo al tratamiento, así que el protagonista de la historia salió a dar una vuelta. Como había sido gimnasta en su juventud dio no una, sino varias vueltas de campana. Se aburrió pronto de esto y siguió caminando sin ostentaciones atléticas hasta que llegó a un riachuelo donde se bañaban unas chicas. Las chicas le saludaron con la mano y esta desacostumbrada simpatía le llenó de pasmo y fantasías pornográficas. Con una gran sonrisa les preguntó si les gustaba el whisky.
domingo, 31 de agosto de 2008
Una noche
sábado, 30 de agosto de 2008
El circo
—¿Al circo? Si eso está demodé. ¿No prefieres ir al cine y ver la nueva de Batman?
—No, yo quiero ir al circo, a ver sufrir a los artistas. ¿Los tienen en jaulas, papá?
—¿A verlos sufrir? ¿Qué clase de circo quieres ver tú?
—Mamá dice que los artistas sufren mucho. Y en el circo hay artistas, ¿no? Artistas de circo. Pues yo quiero ver si sufren o no. Si lloran y por qué. ¿Se les puede echar cacahuetes, papá? A lo mejor sufren porque tienen hambre.
—Mira, hijo, tu madre se refería a otra cosa, ella hablaba de otros artistas, de otro arte. Pero me gusta tu manera de pensar. Porque tú a tu edad no lees a Kafka, ¿verdad?
viernes, 29 de agosto de 2008
Una llamada telefónica importante
jueves, 28 de agosto de 2008
miércoles, 27 de agosto de 2008
Spirit desire
martes, 26 de agosto de 2008
Un verano
lunes, 25 de agosto de 2008
domingo, 24 de agosto de 2008
Mascaradas
sábado, 23 de agosto de 2008
La vida está en cualquier parte
viernes, 22 de agosto de 2008
Capítulo 1461
jueves, 21 de agosto de 2008
En directo
miércoles, 20 de agosto de 2008
Citas
pero llamó para avisar.
«Oye, que no», dijo.
«Vale», contesté yo.
Colgué.
Encendí la tele.
Iba a ser una tarde muy larga.
martes, 19 de agosto de 2008
La niñera
—Marta, te repito que esas tetas no son normales.
—Me da lo mismo, quiero que dejes de hacerlo o tú y yo vamos a tener problemas.
—Pero si es ella, que me provoca.
—No te provoca, lo que pasa es que eres un pervertido.
—Es que está por toda la casa con sus tetas.
—¿Y qué quieres, que las deje en el armario?
—No estaría mal, así podría examinarlas detenidamente cuando saliera a dar una vuelta.
—Eres asqueroso. Si ya me lo decía mi madre, no sé por qué no le hice caso.
—No seas injusta, Marta. Aquí no estamos hablando de unas tetas corrientes, no puedes acusarme de viejo verde. Lo que tenemos aquí, y perdona mi franqueza, es el paradigma de las tetas perfectas. Pechos que desafían toda lógica y que ponen en duda la ley de la gravedad. Tetas como zepelines orgullosos que surcan los cielos de nuestras vidas.
—La verdad es que a mí también me llaman la atención. Es muy joven para haberse operado, ¿no? ¿Tú crees que unas tetas así pueden ser naturales?
—Pueden y deben. En cualquier caso, ya he quitado el pestillo del cuarto de baño. Podemos entrar cuando se esté duchando.
—Bueno, pero sólo esta vez. Por curiosidad sana.
lunes, 18 de agosto de 2008
Absolutos
domingo, 17 de agosto de 2008
Los paraísos tardíos
sábado, 16 de agosto de 2008
Cine iraní
viernes, 15 de agosto de 2008
Esa melodía del infortunio
jueves, 14 de agosto de 2008
La épica y la hípica
—Dime, Pierre.
—¿Tú crees en Dios?
—¿Qué es eso?
—Un señor malhumorado que pretende que lo adoremos.
—¿El Presidente de la República?
—Algo así.
—No creo en él, es un tipo de mentira, con botones en lugar de ojos y sonrisa cosida a la cara. Como un oso de peluche.
—Como Teddy Roosevelt.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Recuerdo que había llegado el verano
martes, 12 de agosto de 2008
Nos recuerdan los engaños
Nos recuerdan los engaños. Mi mujer, por ejemplo, lo ha hecho esta mañana, cuando me la he encontrado desayunando en la cocina. Me ha preguntado por ti, claro: si te sigo viendo, si mantengo el contacto contigo. Yo he mentido, pero no sé si muy bien, pues me miraba con sumo odio por encima de sus cereales bajos en calorías. Cariño, eso es agua pasada y agua pasada no mueve molino, le he dicho, que sabes que soy muy aficionado a los refranes, esas pequeñas perlas de sabiduría de ancianos de pueblo español. Ella me ha contestado que no son molinos, sino gigantes. No he sabido qué responder a eso, pero he pensado en tus pechos. Creo que ella también.
Un beso.
lunes, 11 de agosto de 2008
C'est la guerre
—¿No serían zepelines, Gaston?
—A mí me han dicho que tanques.
—Será un arma secreta del Káiser.
—Dicen también que sus soldados amenazan con follarse a todas las parisinas.
—Habrá que fusilar a nuestras mujeres entonces, por si acaso.
—Eso, que aprendan lo que pasa por follar con alemanes.
—Traidoras.
—Quintacolumnistas.
domingo, 10 de agosto de 2008
Empezar de nuevo
—Qué derrotista es usted.
—Es la costumbre, nada más.
—Y exagerado.
—Tal vez. Pero a mí me gustaría pasarme la vida exagerándole al oído, señorita.
—Ahora le ha salido el galán que lleva dentro.
—Un galán derrotista, uno que bebe en todas las fiestas hasta perder el sentido. Uno que siempre tiene una cita preparada en el bolsillo.
—Me lo imagino.
—No se lo imagine: acompáñeme esta noche.
—Lo sigue intentando a pesar del derrotismo.
—Por supuesto. Derrotista siempre, pero nunca desertor.
sábado, 9 de agosto de 2008
Dobles
viernes, 8 de agosto de 2008
Soledades
jueves, 7 de agosto de 2008
Fama
miércoles, 6 de agosto de 2008
Pero ya no más amor
—¿Qué quiere?
—Dice que el divorcio.
—No puede ser, deme el teléfono. Carmen, que me dicen que quieres el divorcio.
—Y así es.
—Será una broma.
—Sí, a ti siempre te ha costado tomarme en serio.
—No empieces con los reproches, Carmen. ¿No podemos hablarlo?
—No hay nada que hablar, ya no te quiero.
—¿Así, de repente?
—Así, de repente.
—Carmen, puedo cambiar.
—Por mí como si te haces tirabuzones.
—Eres cruel de manera gratuita.
—Pues no te acostumbres, que es lo único que te va a salir gratis; ya hablará contigo mi abogado.
—Carmen, yo…
—Adiós.
—¿Qué, jefe? ¿Se ha solucionado?
—Se va a divorciar de mí. Tiene un abogado.
—Qué putada. Yo siempre he pensado que mejor viudo que divorciado.
—¿Está sugiriendo que mate a mi mujer?
—No, hombre, no sea bruto, era una forma de hablar. Otra cosa es que su mujer tuviera un accidente, pero lo malo de los accidentes es que no se pueden prever, por eso son accidentales, claro.
—Ya.
—Si fueran esenciales ya sería otra cosa. Pero la vida sería entonces invivible. O quizás no, que entenderíamos la vida como una sucesión de catástrofes y estaríamos acostumbrados. La normalidad es una mera cuestión de costumbre.
—Eso me pasa a mí, que estoy acostumbrado a una vida con Carmen.
—Bueno, la normalidad está sobrevalorada. Aquí donde me ve, yo no soy normal.
—¿No?
—No, soy de Nebulón 7.
—¿Cómo ha dicho?
—Que no soy un simple oficinista, soy un oficinista intergaláctico. Si yo he podido acostumbrarme a la vida en la Tierra, usted podrá acostumbrarse a una vida sin Carmen. Aunque le garantizo que a Carmen la va a tener presente todos los meses en forma de pensión económica.
—Lorenzo, ¿ha bebido?
—Claro que no, don Camilo. Nunca en horas de trabajo. ¿Por qué lo dice?
—Porque eso que me está contando es una locura.
—Bueno, ya sé que no es fácil de creer, pero es que le falta perspectiva. Usted no ha nacido en Nebulón 7.
—Por suerte.
—Ya veo, está usted lleno de prejuicios. ¿Qué tiene en contra de mi pueblo?
—¿A qué pueblo se refiere? ¿A los dementes?
—Me sigue usted insultando a pesar de que le estoy apoyando en este duro trance. Porque no me negará que con toda esta charla ha dejado de pensar en su mujer.
—Claro, ahora me preocupa usted.
—Mejor eso que estar deprimido, ¿no?
—No sé, supongo.
—Pues ya está. ¿Quiere que le cuente cómo son los divorcios en mi planeta?
martes, 5 de agosto de 2008
El terror
Así que reculé, me fui con los reformistas, que estaban siempre en desacuerdo con la postura oficial, fuera la que fuera, aunque la semana anterior la hubieran presentado ellos. Este dadaísmo iba más con mi carácter, que al fin y al cabo me había hecho terrorista para conocer mujeres, lo que en palabras de mis padres era una insensatez.
En las filas reformistas conocí a Martha, que el primer día desconfió de mí por ex dogmático, o eso deduje cuando me llamó «cerdo del Aparato». Al día siguiente estuvo más amable conmigo, tanto que se despidió de mí con un suave beso en los labios, lo que consideré mi primera victoria contra el Sistema. Sin embargo, a la tarde siguiente se mostró fría y distante, como si no me conociera, pero pasadas otras veinticuatro horas volvía a mostrarse amistosa. Es ciclotímica, me dije, tendría que medicarse, pero me equivocaba, simplemente era reformista, escéptica, no podía mantener siempre la misma postura, que eso conducía al inmovilismo. Intenté adaptarme a esta situación, pero a este ritmo me iba a volver loco.
Me fui entonces con los ideólogos, que se consideraban el alma del movimiento. Pero aquí no entendía nada. ¿La represión, camarada, es monista o pluralista?, me preguntaba un barbudo. ¿Te parece que la lucha armada es una acción epistemológica?, me preguntaba luego una chica de aspecto intelectual. Yo contestaba según lo que me sonara mejor, pero por las miradas que me dedicaban estaba claro que no les convencía del todo. En resumidas cuentas, tampoco aquí conseguía ligar. En un acceso de desesperación, le pregunté a uno de los ideólogos qué era lo que había que hacer para follar aquí. Él me miró muy serio y me contestó que el sexo era una actividad dialéctica sobrevalorada. Cansado de ligar sólo en el plano teórico, abandoné a los ideólogos en busca de algo de acción y me presenté voluntario a formar parte de un comando.
Entre atentado y atentado era difícil ligar, fue lo primero que aprendí. No había tiempo, la policía nos estaba buscando, etcétera. Para colmo de males en nuestro comando sólo había una mujer y estaba casada con un compañero. Era la experta en explosivos, se quedaba en el piso franco preparando las bombas y los biberones, pues tenía un niño de corta edad. Yo fantaseaba con la posibilidad de empezar una relación clandestina con ella y así no tener que esconderme sólo de la policía y el Estado, sino también del marido de mi compañera, pero ella opinaba de forma distinta, pues me rechazaba una y otra vez.
Así estábamos cuando un día la policía derribó la puerta del piso franco. La verdad es que lo esperábamos desde hacía un par de semanas, por lo que habíamos tomado la precaución de deshacernos de todo lo que pudiera incriminarnos. La policía no encontró nada en el registro, claro, pero aun así nos llevaron a comisaría para interrogarnos. Yo adopté una actitud mansa y no protesté ante el atropello que suponía aquello. Iba con la idea de mantenerme firme en el interrogatorio, pero entre los agentes que me preguntaban esto y aquello había una policía muy guapa de la que de pronto me sentí enamorado. No pude negarle nada, empecé a hablarle de todo, le dije dónde habíamos escondido las armas y nuestros próximos objetivos. Ella me dijo que si colaboraba con la policía como «topo» podría librarme de la cárcel. Yo la miré y le pregunté si convertirme en un soplón significaría verla a menudo. Ella sonrió y dijo que sí.
lunes, 4 de agosto de 2008
Una de esas mañanas de suicidio
El cielo gris de la ciudad.
La mirada ausente.
Nada que hacer.
domingo, 3 de agosto de 2008
Cortejo por sms
Ven a mi casa, que no hay nadie. Aprovechamos para hablar de lo del libro.
Viernes:
Vente, que estoy solo. No te pases todo el día pensándolo como ayer, sólo ven.
Sábado:
Hoy tampoco vengas a mi casa, que he quedado.
sábado, 2 de agosto de 2008
Pero ya no más literatura
—No hacía falta.
—Ya, pero es extraño. Sólo lo he sugerido. Entre líneas, que no entre las sábanas.
—Siempre lidiando con palabras.
—Sí.
—Complicando las cosas.
—Sí.
—Cuando todo puede ser bastante más sencillo.
—Sí. ¿Llevas algo bajo el vestido?
—Pensaba que no lo ibas a preguntar nunca.
viernes, 1 de agosto de 2008
Poètes
—Te has vuelto a retrasar con la pensión —me dijo.
—Lo sé, es que ha sido un mes difícil.
—¿Y qué le digo a Justine?
—Dile que papá la quiere mucho.
—Sí, la quiere y deja que se muera de hambre.
—No seas injusta, sabes que si pudiera te daría el dinero.
—Podrías, si buscaras un trabajo de verdad. Si dejaras de perder el tiempo con poemas y jovencitas. La otra noche te llamé a casa y no lo cogiste. Seguro que estabas por ahí con Boris, como siempre.
—No empieces, Sabine.
—Como si no te conociera. Seguro que estuviste en algún club de jazz de mala muerte. Y tu hija viviendo como si fuera huérfana. ¿Dónde estaba su padre? Con putas, gastándose con putas el dinero de su hija. ¿Y cómo le explico yo que su padre es un putero que no piensa en nadie que no sea él?
—No hay nada que explicar, no dramatices.
—Si le pusiste Justine a tu propia hija, degenerado. ¿Qué clase de persona haría eso?
—Justine es un nombre precioso. Y Los infortunios de la virtud es un clásico de la literatura.
—Un clásico de los rompeculos, que es lo que eres. Como tu amigo Boris. ¿Y todo por qué? Porque dices que eres hijo de un poeta al que ni siquiera te pareces.
—Tengo su nariz.
—Tienes una nariz de lo más vulgar, no digas tonterías.
—Pues tú tienes la nariz de la Bruja del Oeste.
—Seré una bruja, pero al menos no soy un rompeculos. Podrías hacer como tu supuesto padre y pegarte un tiro. Cabrón.
jueves, 31 de julio de 2008
El oficio de escribir
miércoles, 30 de julio de 2008
Una pensión lisboeta
La rusa era simpática o al menos lo parecía, aunque nos hablaba en un extraño inglés con tintes portugueses y con frases como «the open is door». Además nos daba las gracias en italiano. Tenía un jefe al que nunca llegamos a ver, aunque habló por teléfono con él delante de nosotros y por la voz parecía un tipo siniestro. Enseguida me puse a pensar que era de la mafia rusa y que esa noche entrarían en nuestros cuartos a extirparnos los órganos para venderlos a buen precio a ancianos ricachones que morían lentamente en sus yates de gran eslora. Aguardé un rato aquella noche, pero no pasó nada y finalmente me dormí.
Frente a la pensión había un templo evangelista con las puertas siempre cerradas. De vez en cuando, un borracho se sentaba junto a la puerta como si esperase que abrieran. Quizás se sentía el vigilante.
martes, 29 de julio de 2008
Brescia
lunes, 28 de julio de 2008
Tribulaciones
domingo, 27 de julio de 2008
Time warp (2)
-Perdona, ¿qué me has llamado?
-Abuelo. Soy Pablo, tu nieto.
-Oye, chaval, que tengo treinta años, ¿cómo vas a ser mi nieto?
-Es muy sencillo, vengo del futuro. He viajado cincuenta años atrás en el tiempo para verte.
-Eso parece harto improbable.
-Te estoy diciendo la verdad, lo puedo demostrar fácilmente. Mira, te traigo un periódico del futuro.
-Esto no prueba nada, podría ser una falsificación.
-A ver: naciste en Zamora y de pequeño te rompiste una pierna jugando al fútbol. Te casaste con Carmen, mi abuela, cuando terminaste la mili. Por cierto, que cuando murió nos confesaste que le fuiste infiel muchas veces, pero siempre con profesionales.
-¿Cómo sabes todo eso?
-Porque soy tu nieto, ya te lo he dicho.
-Mira, ahora Carmen no está, ha salido a hacer la compra, pero no le digas nada de lo de las putas, ¿vale?
-No te preocupes, sólo vengo para ver cómo estás. Me han mandado mis padres. Tu hijo y su mujer, vaya.
-Venga, siéntate y cuéntamelo todo.
Más tarde, en la calle:
-Hombre, Pablo, ¿de dónde vienes?
-De la residencia de ancianos, de ver a mi abuelo. El pobre ya no reconoce a nadie y cree que vive en la década de los cincuenta; si supieras las tonterías que tengo que decirle para que no me tome por un extraño.
sábado, 26 de julio de 2008
Time warp
-¿Nos conocemos?
-¿No me reconoces? ¿No te parecen familiares mis facciones?
-La verdad es que no.
-Soy tu abuelo.
-Perdone, pero mi abuelo es un señor de ochenta años y usted a lo sumo tiene treinta.
-No lo has entendido; soy tu abuelo, pero del pasado. He viajado cincuenta años en el tiempo para verte.
-Eso suena bastante improbable. Mi abuelo nunca nos ha hablado de esa vez que viajó al futuro...
-Es lo que os pasa siempre a los jóvenes: que no escucháis. ¿Y cuándo te vas a cortar el pelo? Así pareces una chica. Y búscate un trabajo ya, vago, más que vago.
-Vaya, ahora sí se parece a mi abuelo.
viernes, 25 de julio de 2008
Disturbios
jueves, 24 de julio de 2008
Un plagiario se declara a su amada
miércoles, 23 de julio de 2008
Lisboa
martes, 22 de julio de 2008
Volver
miércoles, 9 de julio de 2008
La chica levemente pelirroja
¿Cómo era aquello que escribiste de ti?, le pregunto. ¿Que eras levemente pelirroja y casi te podías tocar el alma con la punta de los pies? Sí, algo así, no me lo recuerdes, contesta ella haciéndose la avergonzada. Es enero, estoy en la cama con una chica de diecinueve años. Yo tengo diez más, pero se me olvida siempre cuando hablo con ella. Lo recuerdo cuando follamos, eso sí, lo que quizás suena bastante mal, pero es la verdad.
*
Hace frío en la habitación y procuramos salir lo menos posible de la cama. Me gusta tenerla cerca, acariciar su cuerpo perfecto, besarla cuando se deja. Me encantan sus cejas (sí, de nuevo los detalles originales) y ese gesto irónico que hace con la boca. Me gusta cuando se busca defectos que no tiene. Creo que no se puede ser más bonita. Me parece que se lo digo.
*
Te has acostado conmigo porque te faltaba el perdedor en tu colección, ¿verdad?, le pregunto. No, me he acostado contigo porque me faltaba el escritor de culto, contesta ella. Yo me pregunto si sería precipitado pedirle matrimonio. Si algún día publico un libro te lo voy a dedicar a ti, digo de una forma muy ingenua pero sincera. Ella sonríe.
Es ciertamente imposible tenerla desnuda al lado y no follársela. Una noche la despiertan mis manos ávidas sobre su cuerpo. Después de follar me dice: gracias por despertarme.
*
Yo te trataría con dulzura siempre. Menos en la cama, tengo que admitir que ahí no me sale. Lo que quiero entonces es poseerte como si llevara deseándote toda la vida, lo que quizá sea cierto de alguna manera. Escucharte gritar de placer tiene un efecto reparador en mí. Me olvido de todo cuando dejas que libere mis demonios, que son más de lo que me gustaría reconocer.
*
Me gusta porque lo ha leído todo y escribe como nadie. Me gusta su sentido del humor de chica guapa. Esa forma deliciosa que tiene de burlarse de todo. Esa forma de moverse en la vida. Como si supiera algo que los demás desconocemos. Como si no supiera lo peligrosa que es. O quizás precisamente como si lo supiera. Como si supiera que causa hecatombes suavemente.
*
Por la calle, de repente, me coge la mano. Yo parpadeo tres o cuatro veces (no las cuento), asombrado. Qué bonito, pienso, que soy un romántico de la vieja escuela. Vamos de la mano por la ciudad, como dos enamorados. Luego pienso que sodomizarla la noche anterior también era muy bonito, aunque las pelis de Hollywood no lo aprueben. Seguramente nunca pueda escribir de ello, a la gente no le parecería bien.
*
Si yo no me quiero ir. Si yo quiero pasar frío con ella en el salón y verla comer naranjas. Si yo quiero recitarle poemas y que me cante Le tourbillon de la vie. Si yo quiero que me hable en ruso mientras me mira a los ojos. Si yo quiero verla todas las mañanas. Y pese a todo subo al tren y me marcho.
martes, 8 de julio de 2008
La chica rubia (2)
lunes, 7 de julio de 2008
La chica rubia
domingo, 6 de julio de 2008
Fútbol (3)
sábado, 5 de julio de 2008
Noches
viernes, 4 de julio de 2008
Conceptos, procedimientos, actitudes
jueves, 3 de julio de 2008
J'ai perdu ma plume dans le jardin de ma tante
Cuando entré en la edad adulta comencé a frecuentar la tasca del pueblo, puesto que consideraba que un poeta francés maldito que se precie ha de estar al menos la mitad del día ebrio. Pedía siempre absenta, lo que provocaba que los mozos se rieran de mí y me preguntaran qué “ausencia” era ésa de la que hablaba, si es que alguien me había roto el corazón. Otras veces me servían una copa vacía diciéndome que ahí tenía la “ausencia de bebida”. Yo no me dejaba amilanar por esto y apuraba mi copa vacía con la elegancia del que se sabe más elevado que el resto de los mortales.
Un día decidí enamorarme de una chica del pueblo que, desgraciadamente, compartía con mis vecinos el defecto de no ser francesa. Se llamaba Paqui, pero yo prefería llamarla Sophie, lo que causaba que siempre estuviéramos discutiendo, pues le parecía mal que me refiriera a ella por el nombre de otra, “y además extranjera”. Lo encontraba especialmente molesto cuando estábamos en la cama en plena actividad sexual. Debido a este conflicto de nomenclaturas, rompíamos a menudo, cosa que me venía muy bien, pues siempre he pensado que la melancolía es algo muy francés. Aprovechaba esos momentos de tristeza y soledad para encerrarme en mi buhardilla de aires parisinos y escribir versos brillantes sobre las prostitutas mulatas con las que me acostaba (afortunadamente, el pueblo no tenía nada que envidiar a París en este aspecto).
En lo laboral no me iba todo lo bien que se podría desear. Intenté ganarme la vida con la poesía, pero el director del periódico local era un francófobo que se negaba a publicar una sola línea en la lengua de Molière aduciendo que nadie en el pueblo hablaba francés y que yo no era nada más que un majadero. Este aparente fracaso en realidad era favorable a mis intereses, pues todo el mundo sabe que para ser maldito no basta con acostarse con prostitutas sifilíticas, sino que es preciso también morirse de hambre. No obstante, fallecer antes de tener una obra lírica que legar a la posteridad era claramente un error, así que me obligué a subsistir en trabajos temporales, aunque siempre encontraba dificultades para que me contrataran, pues en las entrevistas de trabajo solían mirarme con suspicacia cuando llegaban a la parte de mi currículum en la que decía “poeta francés durante los últimos siete años”. Tampoco ayudaba precisamente que respondiera “en Abisinia traficando con armas” cuando me preguntaban dónde me veía en diez años.
Los años fueron pasando, mis padres fallecieron y heredé el dinero suficiente para no tener que volver a trabajar. Paqui, la Sophie de mi corazón, finalmente se casó con otro, concretamente con un primo mío, lo que me hizo muy feliz porque me permitió escribir muchos poemas de desamor. Hay quien dice que lo de ser poeta francés era una empresa descabellada desde el principio y que no estoy ahora más cerca de serlo que cuando empecé, pero yo contesto siempre que al menos es indudable que soy el más francés de los murcianos.
miércoles, 2 de julio de 2008
Apariciones
-¿Quién es usted? –inquirí reuniendo el poco valor que se tiene a oscuras.
-Soy el Espíritu Nacional.
- ¿Y se puede saber qué hace en mi habitación? Yo no le he invitado, no es usted mi tipo.
-Perdone, es que España ha ganado la Eurocopa y me ha parecido un buen momento para manifestarme.
-Pues manifiéstese en la calle, como las personas de bien.
-Ya lo hago. ¿No ha visto las banderas, el colorido? Soy yo, que inflamo los corazones. Pero no es suficiente, tengo que manifestarme también en la intimidad de cada hogar.
-¿Y tiene que ser a estas horas?
-Es que le veía sufrir con el insomnio y me he dicho: si no puede dormir, que al menos tenga Espíritu Nacional. Que sus noches en vela tengan algún sentido patriótico.
-Qué tontería, ¿no?
-No sea tan duro conmigo, usted no sabe lo triste que es manifestarse sólo de tanto en tanto, cuando algún nostálgico del régimen anterior te invoca. Es muy molesto que te invoquen cuando estás ocupado haciendo otra cosa, y encima para aparecer en el hogar de unos fanáticos. Yo me entiendo de una forma más lúdica. ¿No ha visto a los borrachos con las banderas? Así es como me veo yo. Un griterío absurdo, relajación de las costumbres, litros de alcohol corren por mis venas, mujer.
-¿Eso último no lo cantaba Ramoncín?
-Sí, es intertextualidad. Intertextualidad Nacional.
-Ya. ¿Y por qué no se va de una vez a la mierda? Mierda Nacional, claro.
-Es usted un grosero, ¿lo sabe? Ya querrá usted que venga cuando se sienta solo, ya. Pero no vendré, apátrida, que es usted un apátrida. Languidecerá en el ostracismo más absoluto y ni siquiera le servirá la idea de Nación en sus noches solitarias. Me buscará entonces y no me encontrará.
-Bueno, hay otras patrias.
-Pero peores, créame, sé de lo que hablo. Míreme a mí, soy todo alegría de vivir, sol y playa. Paella y toros. Flamenco y siesta. Si hay otra vida, yo ciertamente no quiero conocerla. Soy el Espíritu Nacional, sin mí nada merece la pena. Fíjese en usted, por ejemplo, con ese insomnio suyo que ni es Nacional ni es nada. Un insomnio particular que no se puede compartir salvo para molestar a quien duerma a su lado. Tendría que darle vergüenza.
Y desapareció.
martes, 1 de julio de 2008
Tout le monde
lunes, 30 de junio de 2008
Qué raro es todo
domingo, 29 de junio de 2008
Historias de amor
Tomates
Azúcar
Mantequilla
Huevos
Leche
Y unos cuantos alimentos más. Él se dijo: un poema dadaísta. Y con un suspiro de sincero enamorado volvió a meter la nota en el bolsillo del abrigo.
sábado, 28 de junio de 2008
Abajo la cultura malagueña
viernes, 27 de junio de 2008
Obsesión
jueves, 26 de junio de 2008
Deus ex machina
-No me interesa, gracias, ya tengo una.
-No cuelgue, no se trata de una lavadora como las demás.
-¿Y qué tiene de especial?
-Nuestra lavadora es la Dios 3000, es el mejor electrodoméstico que existe. Centrifuga como ninguna, crea universos en una semana, el Cielo y la Tierra, el día y la noche. En vez de eliminar el barro de su ropa lo convierte en una pareja de seres humanos. ¿No le parece maravilloso?
-¿Y yo para qué quiero todo eso?
-¿Y para qué queremos ipods? Piense en la envidia de sus vecinos: tendrá usted en la cocina al Creador y éste le lavará calcetines y calzoncillos. ¿No es eso la felicidad? ¿No es eso el paraíso terrenal?
-Bueno, se parece un poco.
-Hablemos entonces de modos de pago.
miércoles, 25 de junio de 2008
Calor
martes, 24 de junio de 2008
Ideas revolucionarias y veraniegas
lunes, 23 de junio de 2008
Caos
domingo, 22 de junio de 2008
La dura vida del opositor
sábado, 21 de junio de 2008
Llamadas telefónicas
-Hola, P.
-Oye, no puedo dormir. ¿Me cuentas un cuento?
-¿Te has fijado en que "me cuentas un cuento" no nos suena mal? Pero piensa si dijeras "pregúntame una pregunta".
-No sé. Bueno, ¿me lo cuentas?
-Claro, ahí va uno cortito: te quiero.
-Oh, sí, qué gracioso. Me estoy arrepintiendo de haberte llamado.
-Vale, vale. ¿Quieres que te cuente El enebro? Tiene asesinatos y canibalismo, como todo buen cuento infantil.
-Creo que no tengo el cuerpo para eso ahora.
-Te contaré entonces el de Feldespato, el chico de las piedras.
-¿Seguro que es un cuento? Parece una gilipollez de las tuyas.
-Calla y escucha. Feldespato era hijo de geólogos, de ahí su nombre, pues sus padres decidieron que querían mostrar al mundo no sólo el amor que había entre ellos, sino también el que sentían hacia las rocas, amor éste tan profundo como el magma. Feldespato creció sano y fuerte y obsesionado con los adoquines de su calle, ya que había heredado la afición de sus padres, aunque con bastante desacierto, pues llevaba una y otra vez a casa un adoquín y preguntaba: ¿Qué es esto? Un adoquín, Feldespato, le contestaban. A lo que él respondía: ¿Un adoquín o feldespato? Y se reía, que no sé si te he dicho que era un poco idiota.
-A mí lo que me parece idiota es el cuento.
-Si quieres, lo dejo aquí.
-No, venga, sigue.
-Vale. Feldespato siguió creciendo como se empeñan en hacerlo los niños y pronto entró en la adolescencia. Bueno, pronto no entró, entró al mismo tiempo que los chicos de su edad, pero ya me entiendes. Entonces empezó a relacionarse con chicas, que eran más interesantes que las piedras, aunque parecidas en lo que respecta a sentimientos humanos. Las chicas eran espeleólogas, lo comprendió enseguida, pues se interesaban por cuerpos cavernosos, cosa que le hacía muy feliz. Un día conoció a una chica especial, aunque se dice que todas las que nos gustan lo son, pero ésta ciertamente lo era. Era una chica que acababa de llegar al pueblo, se llamaba Antracita, y entre ambos surgió una pasión incontenible, una pasión que los llevaba a estar todo el santo día encamándose, y es que era natural, que los encantos de Antracita eran evidentes con esos escotes y minifaldas y Feldespato no era de piedra, aunque una parte de su anatomía sí lo parecía cuando Antracita estaba cerca. Este desenfreno en sus cuerpos juveniles parecía positivo, sobre todo para coleccionar orgasmos, que también eran más interesantes que las rocas que tanto apasionaban a los padres geólogos de Feldespato, pero resultó que éste enfermó de súbito, tan de súbito que falleció de la noche a la mañana, causando una gran consternación en el pueblo, pues Feldespato era querido por todos como buen personaje singular. La que más lloraba era Antracita, aunque algunas personas insidiosas afirmaban que era porque sabía que después de eso le iba a costar volver a tener novio, que los chicos iban a tener miedo de ella, de su vagina insaciable y mortífera. El pobre Feldespato, como buen difunto, fue sepultado bajo una losa del más fino mármol que se podía encontrar, seleccionado por sus padres. Pero fue justo en el funeral cuando se reveló la verdad de lo acontecido. Los padres de Antracita explicaron que en el pasado habían sido bacteriólogos y que en el transcurso de sus experimentos habían resultado infectados por una rara variedad de bacilo, pero que no desarrollaban la enfermedad. Esto les había sucedido estando la madre de Antracita embarazada, por lo que la chica había nacido portadora. Este bacilo, explicaron, pertenecía a la familia del "Bacillus Anthracis", que causa el carbunco, que suena a carbón pero no lo es, también conocido como ántrax. Era por eso que su hija se llamaba Antraxita, que no Antracita, se trataba todo de un error de pronunciación, un error producto de las diferencias culturales entre el pueblo y la ciudad. Esta explicación, lejos de calmar los ánimos, hizo que los asistentes al funeral reaccionaran con violencia y, a pedradas, mataran a la familia de Antracita-Antraxita, lo que se puede considerar una victoria moral de los geólogos sobre los bacteriólogos. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. ¿Oye, sigues ahí?
No contesta, pero la oigo respirar rítmicamente. Está dormida. No cuelgo y dejo el teléfono junto a la almohada, por si se despierta en mitad de la noche. Al fin y al cabo, la llamada la paga ella.
viernes, 20 de junio de 2008
Vigilia
Pienso luego en E y se me ocurre que estoy enamorado de ella, aunque no me guste admitirlo. Y que lo supe incluso antes de despedirme de ella en el andén de la estación. A pesar de todas mis precauciones. Quizás sí tengo algo de kamikaze, pero tal vez no sea tan grave enamorarse. O tal vez sí. En cualquier caso, la vida sería muy aburrida sin todo esto. Además, lo verdaderamente raro, incluso absurdo, sería no estar enamorado de ella, aunque nunca le diré algo así. Tengo ganas de escuchar tu voz, me escribió la última vez, pero me temo que las probabilidades de volver a verla son nulas. Quizás no se puede luchar contra el orden del mundo, tal vez lo único que uno puede hacer es sentarse en la terraza como un idiota y divagar (sí, también como un idiota). Y yo de idiota tengo bastante, al igual que de kamikaze. Pero la vida está para vivirla y otras frases estúpidas como "hay que vivir como se escribe". O quizás era al revés, quizás hay que escribir como se vive. No sé, ahora no me acuerdo, son ya las cinco y media de la mañana.
A estas horas no hay tráfico, pero de vez en cuando aparece en la carretera un coche solitario y me pregunto si su ocupante tendrá pensamientos como los míos. Seguramente no, aunque me gusta pensar que es un insomne que conduce en busca del sueño, como si el sueño fuera una prostituta junto a una farola o algo así. Qué tonterías pienso, yo tendría que estar pensando ahora en algo serio. En unidades didácticas, por ejemplo. En Descartes, Hegel, Kant. Tendría que llamar a E y decirle: mira, ya sé que eres una mocosa, pero estoy enamorado de ti, ¿por qué no haces algo realmente original y te fugas conmigo?
Se está bien aquí, con este silencio, disfrutando de una brisa agradable que viene del mar. Dentro de un rato me iré a la cama, aunque sé que no podré dormir. "¿Sabes?", murmuro como si no estuviera solo, "creo que, aparte de follando contigo, verte dormir es la mejor manera de pasar el insomnio".
jueves, 19 de junio de 2008
Ontología
-O que ellas nunca se enamoran del hombre equivocado.
miércoles, 18 de junio de 2008
Ficciones
martes, 17 de junio de 2008
Polaroids
-Soy yo.
-¿Tú? No te pareces.
-Han pasado muchos años, pero soy yo. O una versión anterior de mí mismo. Si tengo los mismos ojos, fíjate bien.
-¿Y la chica?
-No sé, alguna novia.
-Tampoco has tenido tantas.
-Pues sería una conocida, una amiga.
-Anda, deja de disimular. ¿Quién es? No me voy a poner celosa.
-Vale, en aquella época era el amor de mi vida.
-¿Y qué pasó?
-No me acuerdo bien.
-No mientas, no se olvida tan fácilmente al "amor de tu vida".
-En serio, no me acuerdo, supongo que decidí olvidarlo por mi propio bien.
-¿Tanto daño te hizo?
-Te he dicho que no me acuerdo.
-No te enfades. Es que me parece muy rara tu reacción.
-Ella se enamoró de otro, nada más. ¿Estás ya satisfecha?
-¿Y por qué nunca me has hablado de ella?
-Porque pienso en ella cada día aunque trato de no hacerlo. Porque recuerdo cada frase de nuestras conversaciones. Porque todavía se me encoge el corazón cuando pienso en su forma de reír. ¿Te vale eso o todavía quieres saber más?
-Eres un hijo de puta.
-Ya te dije que no quería ver los álbumes de fotos.
lunes, 16 de junio de 2008
Ficción
-Está claro: el mayordomo.
-Pero si no tenemos.
-¿No? Pues deberíamos. No sólo nos haría las tareas del hogar, sino que además sabríamos quién comete los crímenes.
-Sí, sería muy práctico, pero el caso es que no tenemos y de aquí sólo podremos salir cuando sepamos quién es el asesino.
-¿Y eso por qué?
-Porque son las normas de este tipo de literatura.
-¿Esto es literatura?
-Claro, ¿no te das cuenta?
-Pues podríamos tener mejores muebles, vaya asco de ficción.
-Los muebles no son importantes, por eso el autor apenas los ha descrito.
-Ya me parecían un tanto difusos.
-Bueno, deja de mirar los muebles y céntrate en el cadáver de la alfombra.
-¿La alfombra es persa o eso tampoco lo ha dicho el autor?
-¿Y yo qué sé? ¿Cómo se sabe si una alfombra es persa o no? ¿Por el dibujo?
-A lo mejor tiene en algún sitio una etiqueta que diga "Made in Iran".
-Olvídate de la alfombra, tenemos que averiguar quién ha matado a nuestro amigo.
-Que lo diga el autor. Todavía pretenderá que le hagamos el trabajo cuando no nos da ni muebles en condiciones.
-Buenos días, soy el inspector Cincinato. El asesino es usted, que no hace otra cosa que poner pegas a todo y distraer la atención.
-No vale, esto es Deus ex machina, es un recurso muy pobre.
-Pues presente una queja. A comisaría.
-Soy un represaliado político, se me castiga por estar en desacuerdo con la dirección artística de esta ficción.
-Eso dígaselo al juez.
domingo, 15 de junio de 2008
Capítulo 1405
-Sí, todo eso te hace encantadora y lo sabes, pero te haces la ingenua. Qué mejor desastre que tú.
-Ya sé que ahora no te lo crees, pero acaba por resultar insoportable.
-Bueno. Me gustaría cansarme de ti, y esto es más bonito de lo que parece.
-Sí, sí que lo es.
sábado, 14 de junio de 2008
La vida
viernes, 13 de junio de 2008
Comedia
jueves, 12 de junio de 2008
Rapunzel
miércoles, 11 de junio de 2008
Mariana
martes, 10 de junio de 2008
Secuestros
-Me he secuestrado. Si quiere volver a verme con vida, deposite mañana al mediodía seis mil euros en la papelera que hay junto a la fuente del parque Chaplin.
-¿García? ¿Es usted?
-Sí, señor director.
-García, cuando le dije el otro día que era usted un miembro muy valioso de nuestra empresa no me refería a esto. No vamos a pagar rescate por usted. Y mucho menos si se autosecuestra.
-Oiga, no sea inhumano, piense que soy un secuestrador muy cruel. Sólo me doy de comer una vez al día. Y no me dejo salir del zulo en ningún momento. ¡Me obligo a hacer mis necesidades en un cubo!
-Si quiere, puedo llamar a la policía.
-¡No lo haga! Mi vida está en mis manos. Si acude a la policía, me torturaré y le enviaré un dedo, una oreja, la nariz, para que vea que voy en serio.
-Francamente, García, esto me parece muy raro.
-No lo es tanto. Y demuestro iniciativa.
-Da lo mismo, no tenemos presupuesto para estas cosas. ¿No ha pensado en, digamos, pedir el rescate a su familia?
-Es que me he secuestrado en casa y mi mujer se daría cuenta de que estoy aquí.
-La solución a eso es muy sencilla: secuéstrese en un hotel, por ejemplo.
-Pues es buena idea. ¿Podría llamar usted a mi mujer para decirle que me he secuestrado y que no cenaré en casa?
-Claro, no se preocupe.
lunes, 9 de junio de 2008
Poética
-¿De qué?
-El conductor del autobús.
-¿Qué pasa con él?
-Es igualito a Pavese.
-Joder, ¿ya empiezas con tus tonterías? Estás obsesionado con la literatura, deberías ir al psicólogo.
-Oye, no te pases. Te digo que el conductor es el vivo retrato de Pavese. Seguro que hasta se llama César.
-Estás enfermo.
-Claro que sí, tengo el mal de Montano, de Enrique Vila-Matas.
-Gilipollas.
-Voy a hacer como que no te he escuchado, que estoy convencido de que ese hombre es Pavese reencarnado en esta ciudad española. Autobusero de día, poeta de noche, que suena a película mala de los setenta. Voy a preguntarle.
-Haz lo que quieras.
-Hola, ¿es usted Cesare Pavese?
-¿Es que no sabe leer? "No hablar con el conductor".
-Perdone.
-¿Qué? ¿Qué te ha dicho, listo?
-Me ha dicho que sí, pero que le guarde el secreto.
domingo, 8 de junio de 2008
Dialéctica
-Eso es totalmente imposible, yo no creo en la paternidad.
-Ya, pero follarme está muy bien, ¿verdad? En eso sí crees.
-Claro, pero es distinto, es que estás muy buena. Como comprenderás, que me guste acostarme con una chica no significa que quiera tener hijos con ella. Ni ser el padre de sus hijos tenidos con otro. Me gustas mucho, pero no puedo ver a los niños de la misma manera que a ti, me tendrían que encerrar si fuera así. La paternidad y el sexo son cosas muy distintas. No tienen nada que ver.
-Eso que acabas de decir es una tontería. El sexo y la paternidad están íntimamente relacionados, no se puede tener hijos sin tener sexo, a no ser que adoptes.
-Creo que no me estás entendiendo. El caso es que ni puedo ni quiero ser el padre de ese niño, además ya tiene padre. ¿A él le parece bien que le estés buscando un sustituto?
-Él no sabe nada, ni falta que hace. No vale como padre.
-Ni yo tampoco.
-Eso no lo sabes, yo te veo muy paternal.
-Porque tienes un complejo de Electra no superado y te recuerdo a tu padre, guapa. Por la barba, quizás.
-Lo que pasa es que eres un hijo de puta redomado. Eso es lo que pasa.
-¿Ves? No puedo ser padre, no tengo valores.
sábado, 7 de junio de 2008
Te recuerdo, Marta
viernes, 6 de junio de 2008
Susana
jueves, 5 de junio de 2008
Una mañana de junio
Entré en la caseta donde se celebraba el acto de presentación del libro de Málagacrea, donde me enteré de que me habían otorgado una mención especial por un relato que al principio se llamaba J'ai perdu ma plume dans le jardin de ma tante, pero al que luego cambié el título porque pensé que les iba a parecer poco serio, poco literario, hacer referencias a Mortadelo y Filemón. Yo es que soy poco serio, todo el mundo lo sabe. Pero no entiendo que esta vez no me avisaran, ¿quizás ya no nos dan ni una triste placa conmemorativa? Quién sabe, a lo mejor el año pasado también me dieron una mención especial y no me enteré por no acudir al acto de presentación del libro. En cualquier caso, no estuve allí ni cinco minutos, que Alba empezó a mandarme mensajes al móvil diciéndome que estaba por ahí.
Llegó con el bebé y lo primero que le dije fue: ya es casi tan alto como su padre. Nos sentamos en un banco y se puso a darle el pecho al niño. Unos sin techo la observaban ávidamente, pero no sé si era hambre o lujuria. ¿Has visto cómo se me han puesto las tetas?, me preguntó. Algo he notado, contesté. Parecen de silicona, cuando me levanto por las mañanas parezco un "travelo", dijo ella.
Estuvimos un rato en el parque contándonos nuestras vidas y luego la acompañé a su casa, que uno es un caballero a pesar de todo. Me ha gustado verte. A mí también. Y me marché pensando en literatura y mujeres, como siempre.
miércoles, 4 de junio de 2008
En una calle cualquiera
-¿Yo?
-Sí, usted, el del sombrero.
-¿En qué puedo ayudarles, caballeros?
-Documentación.
-Ah, son de la secreta.
-Ni somos ni dejamos de ser.
-Perdonen, no pretendía ser indiscreto. Aquí tienen.
-Aquí dice que es usted fresador.
-Así es.
-¿Eso es uno que cultiva fresas?
-No exactamente, es un trabajo de fábrica. Mire, consiste en...
-Da igual, está usted detenido.
-¿Detenido? ¿Pero por qué?
-Por recitar poemas.
-¿Recitar poemas? ¿Yo? ¿A mis años?
-No se haga el loco ahora, le hemos visto murmurando.
-Bueno, sí, eso es cierto, pero iba pensando en voz alta en mis cosas, en mis problemas. ¿Acaso eso es un delito?
-Pero es que iba murmurando poemas y no tiene usted carnet de poeta político.
-Le repito que no eran poemas. Yo tengo muy poco de poeta.
-No niegue lo evidente. Usted murmuraba con una cadencia precisa, pero no bailaba, así que no estaba cantando a media voz. Y tampoco rezaba, que en su documentación aparece como ateo. Ergo, recitaba poesía. Está claro.
-Esto es un atropello.
-No, señor, es un arresto. Pese a ser poeta, no es usted muy bueno con las palabras.
martes, 3 de junio de 2008
Canciones
lunes, 2 de junio de 2008
Editorial
-El protagonista es un taxista de la Ciudad Eterna, un romano que conduce con pericia su vehículo por las peligrosas calles de la capital italiana. Un día, sube a su taxi una misteriosa y bella desconocida que se dirige al aeropuerto. La lleva sin que suceda nada de relevancia, pero al regresar del aeropuerto se da cuenta de que la misteriosa desconocida ha olvidado su maletín en el taxi. Nuestro héroe, impelido por la curiosidad (y por la codicia, por qué no decirlo), lo abre. Dentro hay documentos relativos a los templarios, que existen todavía como sociedad secreta y cotizan en bolsa. El taxista decide llevar estos documentos al Vaticano, pero como no conoce a nadie allí, va a consultar antes al párroco de su pueblo. Dicho y hecho, Tom Hanks le enseña los documentos al párroco y...
-¿Tom Hanks?
-Ah, sí, perdone, estaba pensando en la adaptación cinematográfica. ¿No le parece que Dustin Hoffman sería un cura perfecto?
-Continúe con el argumento, por favor.
-De acuerdo, de acuerdo. Como iba diciendo, el taxista le enseña los documentos al párroco, que se escandaliza ante esta ominosa verdad. Hay templarios entre nosotros y nos vigilan desde las sombras, murmura una y otra vez. Es necesario informar al Santo Padre de esto, le dice al taxista y se despiden con la promesa de verse en unos días. El taxista sigue con su rutina, llevando de aquí a allá a los turistas, a borrachos de fin de semana, a prostitutas, etc. Pasan los días y, al no recibir noticias, vuelve a su pueblo y encuentra a Dust... al párroco, perdón, colgado del campanario. Aterrorizado, la primera intención del taxista es llamar a la policía, pero al volver al taxi se encuentra junto a él a la misteriosa desconocida. Ella le dice que no tenga miedo, que no le va a hacer daño, que la responsable de la muerte del párroco es la Iglesia. Soy una templaria, le dice luego meneando graciosamente su melena, igual que tú. Eso no es verdad, yo soy taxista, responde él, y de la Juventus. No, insiste ella, eres un templario perdido, lo que pasa es que no lo sabes. No le adelanto nada si le digo que acabarán enamorándose, ¿verdad? El taxista-templario y la templaria a secas se enfrentarán al poder de la iglesia católica, que pretende dominar el mundo y...
-Creo que ya he escuchado suficiente. ¿Cómo se titula su novela?
-Templarios en la noche. Templars in the night.
-Nos interesa publicarla.