(Esto lo escribí para Pezespada)
—No sabes lo que he echado de menos este lunar —digo besando el que tiene junto al pezón—. No le he hablado de él a nadie, para que sea algo que sólo sé yo. Bueno, y las hordas de hombres con que has estado, claro.
—¿Cómo que hordas de hombres? —se queja ella—. Eso suena fatal.
Yo me río y admiro su espléndida desnudez. Me gusta tanto esta chica. No sólo por su cuerpo perfecto, es que además tomarle el pelo es una delicia. Es la segunda cosa que más me gusta hacer en la vida.
La primera, por supuesto, es acostarme con ella.
lunes, 26 de julio de 2010
domingo, 25 de julio de 2010
sábado, 24 de julio de 2010
Bebés perfectamente etiquetados
En la fábrica de bebés, donde a diario se producen de todos los tamaños, tipos y colores (y quizá también sabores, pero no nos atrevemos a preguntar). Llévese un bebé recién terminado, con ese característico olor a nuevo (también puede usted adquirir un ambientador si no está conforme con esto). Algunos modelos se hacen todavía de un modo artesanal y por lo tanto el parto dura más que en los nacimientos en cadena: hasta veinte horas, en algunos casos. Incluso más. Pero el resultado merece la pena, afirman todos con aire satisfecho cuando ven aparecer al bebé en brazos de la enfermera.
viernes, 23 de julio de 2010
Telegrama
Por lo que a mí respecta, os podéis quedar con el mundo. Podéis jugar con él o bien quemarlo. En cualquier caso, no me llaméis.
jueves, 22 de julio de 2010
miércoles, 21 de julio de 2010
Alles ist hin
—Parece que es verdad —dice él.
—¿El qué? —dice ella levantando la vista del plato.
—Que te quiero.
—Ah.
—Y mira que me pesa.
—No exageres. ¿Y qué vas a hacer?
—No sé. Supongo que nada. Todo está perdido. Alles ist hin, que diría yo si fuera un personaje de Kundera.
—Eso lo suele hacer el mismo Kundera, no sus personajes.
—¿Seguro?
—Sí. Interviene para soltar alguna frase pedante en alemán o bien dice cosas como: «veo de pronto a Clara cuando era niña y jugaba al escondite con su hermana; todavía siguen jugando, pero ahora se esconden de los hombres, que nunca las encontrarán aunque ellos crean que sí».
—Es verdad, me molesta cuando hace eso. Es un narrador metomentodo.
Y así, mientras la tarde se va apagando lentamente, ya no hablan más de amor, sino del autor checo. Los veo sentados junto a la ventana, discutiendo de literatura, habiendo olvidado ya lo importante. Y los recuerdo hace diez años, cuando la vida estaba llena de las promesas que me inventé para ellos. Sic transit gloria mundi, aunque sea latín y no alemán.
—¿El qué? —dice ella levantando la vista del plato.
—Que te quiero.
—Ah.
—Y mira que me pesa.
—No exageres. ¿Y qué vas a hacer?
—No sé. Supongo que nada. Todo está perdido. Alles ist hin, que diría yo si fuera un personaje de Kundera.
—Eso lo suele hacer el mismo Kundera, no sus personajes.
—¿Seguro?
—Sí. Interviene para soltar alguna frase pedante en alemán o bien dice cosas como: «veo de pronto a Clara cuando era niña y jugaba al escondite con su hermana; todavía siguen jugando, pero ahora se esconden de los hombres, que nunca las encontrarán aunque ellos crean que sí».
—Es verdad, me molesta cuando hace eso. Es un narrador metomentodo.
Y así, mientras la tarde se va apagando lentamente, ya no hablan más de amor, sino del autor checo. Los veo sentados junto a la ventana, discutiendo de literatura, habiendo olvidado ya lo importante. Y los recuerdo hace diez años, cuando la vida estaba llena de las promesas que me inventé para ellos. Sic transit gloria mundi, aunque sea latín y no alemán.
martes, 20 de julio de 2010
Un punto en el espacio
Me quedo de pronto abstraído mirando el techo del cuarto de baño, mientras lejos suena Moonshiner, de Cat Power. Ese punto en el espacio soy yo, pienso. Es el planeta Tierra orbitando en la inmensidad de la galaxia. Bueno, en el techo del cuarto de baño. Y no soy yo, claro, yo soy sólo uno más entre los seis mil millones y pico de seres que se agolpan en él persiguiendo vete a saber qué. El amor, quizá, aunque sea un engaño. Yo lo sé bien, que me dedicaba a escribirlo por las noches. Con letra Courier, como los modernos. Y todo para qué. Para nada. Para que todo esto siga siendo arbitrario. Y yo aquí mirando el techo. Como si estuviera loco y contemplara ahora mismo el universo entero. Y qué sucio está el universo del cuarto de baño.
lunes, 19 de julio de 2010
Porno
—Hoy he visto un bukkake.
Yo estoy junto a la ventana cuando me dice esto. Mirando las piscinas que hay ahí abajo, en este entorno setentero de Torremolinos.
—¿A ti te gustan los bukkakes? —me pregunta.
—No sé, no he participado en ninguno —contesto mientras pasa el gato por la puerta.
—¿Y verlos?
—No especialmente.
El gato vuelve a pasar. Tiene una mancha negra en el hocico, como si fuera un medio bigote de Groucho Marx. Durante un breve momento nos mira, quizá pensando si merece la pena nuestra conversación.
—¿Por qué no? —insiste ella.
—No sé. Demasiadas pollas, supongo.
Hace tanto calor. Abajo, un hombre chapotea en una piscina como si se fuera a ahogar. También se ve el mar desde aquí. Hay barcos en el mar, aunque pensarlo así sea un poco tonto.
—Al final, la chica se tragaba todo lo que había ido recogiendo en una copa.
El gato parece asentir a esto.
Yo estoy junto a la ventana cuando me dice esto. Mirando las piscinas que hay ahí abajo, en este entorno setentero de Torremolinos.
—¿A ti te gustan los bukkakes? —me pregunta.
—No sé, no he participado en ninguno —contesto mientras pasa el gato por la puerta.
—¿Y verlos?
—No especialmente.
El gato vuelve a pasar. Tiene una mancha negra en el hocico, como si fuera un medio bigote de Groucho Marx. Durante un breve momento nos mira, quizá pensando si merece la pena nuestra conversación.
—¿Por qué no? —insiste ella.
—No sé. Demasiadas pollas, supongo.
Hace tanto calor. Abajo, un hombre chapotea en una piscina como si se fuera a ahogar. También se ve el mar desde aquí. Hay barcos en el mar, aunque pensarlo así sea un poco tonto.
—Al final, la chica se tragaba todo lo que había ido recogiendo en una copa.
El gato parece asentir a esto.
domingo, 18 de julio de 2010
sábado, 17 de julio de 2010
Un hombre ebrio
Las cuatro de la mañana, una brisa viene del mar. Se está muy bien en la calle. Una cucaracha de tamaño familiar cruza la carretera, como si viniera a pedirme fuego o a preguntarme la hora. Yo no me quedo a esperarla en la acera y sigo mi camino, que a estas horas no tengo muy claro cuál es.
viernes, 16 de julio de 2010
Una chica
Con diecinueve años, me enamoré de una chica que sólo sabía complicarme la vida. Pero la quise porque nadie me la complicaba mejor que ella.
jueves, 15 de julio de 2010
Castigo y crimen
Taburete pasea por Doquier, su pueblo natal. Es taxidermista, sobre todo por las tardes, pues es de natural perezoso y siempre se le acumula el trabajo. Su distraído paseo se ve de pronto interrumpido por la aparición de Escarlatina, su casera, que surge de detrás de una esquina afilada. La casera está furiosa y le exige el pago del alquiler. Él alega desconocimiento del idioma, pero Escarlatina sabe que Taburete no es extranjero, puesto que lo había visto por el pueblo cuando era niño.
—Comprenda mi situación, señora Escarlatina —aduce finalmente Taburete—; la taxidermia está demodé. Nadie quiere disecar a sus animales. Y prefieren enterrar a sus familiares. O incinerarlos. Ya no hay romanticismo.
—Señorita —se limita a decir Escarlatina con sonrisa que pretende ser coqueta.
Taburete traga saliva. ¿Vale la pena seducir a la vieja bruja para no pagar el alquiler? ¿No es un precio demasiado elevado? Al fin y al cabo, no vive en un palacio.
—Las hortensias, por otra parte, están preciosas en esta época del año —dice para cambiar de tema.
—¿Cómo sabías que mi segundo nombre es Hortensia? Estás hecho un truhán, Taburete —contesta la casera rompiendo a reír. Y su risa es como los lamentos de gatos agonizantes.
Taburete empieza a sudar de forma copiosa y sonríe como el que sonríe ante un pelotón de fusilamiento. Al menos la vieja ya no piensa en el alquiler, se dice para consolarse (la taxidermia le ha enseñado a ver la vida con optimismo).
—Oye, qué mala cara, ¿tienes fiebre? —dice Escarlatina alargando la mano para tocarle la frente, pero Taburete se aparta con rapidez, como si temiera que la vieja le contagie la muerte.
—No, no, estoy bien, me habrá sentado mal algo que he comido.
—Tú lo que necesitas es una buena mujer que te cuide.
—Me gusta la soledad.
—Una mujer que tenga un buen capital y así tengas sólo que preocuparte de tu arte. Porque la taxidermia es una forma de escultura, ¿no?
—Yo me considero un simple artesano.
—Tonterías. Un sobrino mío tiene una mofeta que le disecaste y es una figura muy estética.
—No sé qué decirle, Escarlatina. A lo sumo, la taxidermia sería un arte de lo estático, más que de lo estético.
—Que no, tú eres un artista, hazme caso. Por eso no me pagas el alquiler. Los artistas sois así. Menos mal que estoy aquí para ocuparme de poner algo de orden en tu vida disoluta. Vamos, ven conmigo, te voy a preparar un caldo.
—Tengo cosas que hacer —murmura Taburete.
—Nada bueno, seguro: estar en bares hasta altas horas de la noche; reunirte con tus amigos taxidermistas; relacionarte con mujerzuelas; llevar una mala vida, en definitiva. Y tú necesitas descansar, que parece que te vayas a desmayar.
—Pero yo...
—Pero nada. Yo tengo mucho que ofrecerte, ¿sabes?
—Sí, tiene una piel muy disecable —murmura él, pero ella no le oye.
—Comprenda mi situación, señora Escarlatina —aduce finalmente Taburete—; la taxidermia está demodé. Nadie quiere disecar a sus animales. Y prefieren enterrar a sus familiares. O incinerarlos. Ya no hay romanticismo.
—Señorita —se limita a decir Escarlatina con sonrisa que pretende ser coqueta.
Taburete traga saliva. ¿Vale la pena seducir a la vieja bruja para no pagar el alquiler? ¿No es un precio demasiado elevado? Al fin y al cabo, no vive en un palacio.
—Las hortensias, por otra parte, están preciosas en esta época del año —dice para cambiar de tema.
—¿Cómo sabías que mi segundo nombre es Hortensia? Estás hecho un truhán, Taburete —contesta la casera rompiendo a reír. Y su risa es como los lamentos de gatos agonizantes.
Taburete empieza a sudar de forma copiosa y sonríe como el que sonríe ante un pelotón de fusilamiento. Al menos la vieja ya no piensa en el alquiler, se dice para consolarse (la taxidermia le ha enseñado a ver la vida con optimismo).
—Oye, qué mala cara, ¿tienes fiebre? —dice Escarlatina alargando la mano para tocarle la frente, pero Taburete se aparta con rapidez, como si temiera que la vieja le contagie la muerte.
—No, no, estoy bien, me habrá sentado mal algo que he comido.
—Tú lo que necesitas es una buena mujer que te cuide.
—Me gusta la soledad.
—Una mujer que tenga un buen capital y así tengas sólo que preocuparte de tu arte. Porque la taxidermia es una forma de escultura, ¿no?
—Yo me considero un simple artesano.
—Tonterías. Un sobrino mío tiene una mofeta que le disecaste y es una figura muy estética.
—No sé qué decirle, Escarlatina. A lo sumo, la taxidermia sería un arte de lo estático, más que de lo estético.
—Que no, tú eres un artista, hazme caso. Por eso no me pagas el alquiler. Los artistas sois así. Menos mal que estoy aquí para ocuparme de poner algo de orden en tu vida disoluta. Vamos, ven conmigo, te voy a preparar un caldo.
—Tengo cosas que hacer —murmura Taburete.
—Nada bueno, seguro: estar en bares hasta altas horas de la noche; reunirte con tus amigos taxidermistas; relacionarte con mujerzuelas; llevar una mala vida, en definitiva. Y tú necesitas descansar, que parece que te vayas a desmayar.
—Pero yo...
—Pero nada. Yo tengo mucho que ofrecerte, ¿sabes?
—Sí, tiene una piel muy disecable —murmura él, pero ella no le oye.
miércoles, 14 de julio de 2010
El beso
—¿No te parece precioso el beso de Casillas?
—Sí, pero es que él es millonario y famoso y se puede permitir ser romántico.
—Sí, pero es que él es millonario y famoso y se puede permitir ser romántico.
martes, 13 de julio de 2010
Un momento de debilidad
Y qué larga es la noche, aunque sea una noche de victoria, cuando es sin ti.
lunes, 12 de julio de 2010
El mundo
Así que ya somos campeones del mundo y hordas eufóricas toman la ciudad. Ha caído el dragón. La bruja ha muerto. Ya somos libres. Algo así, no sé, pero sienta muy bien, lo cual es una excelente novedad.
domingo, 11 de julio de 2010
Hablar del tiempo
—Señorita, llevo un rato mirándola y ya no puedo más: tengo unas preposiciones deshonestas.
—Serán «proposiciones».
—No, no, son preposiciones. Estaba ahora pensando en tener su cuerpo bajo el mío, en follarla contra la pared, en estar entre sus piernas durante horas. Cosas así.
—¿Le parece bonito abordar a las desconocidas de esta forma?
—No es culpa mía: mi corazón está lleno de barro.
—Sí, ha llovido mucho este año.
—Eso es. Y yo sigo calado hasta los huesos.
—Pobrecito. Suerte tiene de que sea una buena samaritana. ¿Por qué no viene a mi casa a calentarse un rato?
—¿Sólo un rato?
—O dos.
—Serán «proposiciones».
—No, no, son preposiciones. Estaba ahora pensando en tener su cuerpo bajo el mío, en follarla contra la pared, en estar entre sus piernas durante horas. Cosas así.
—¿Le parece bonito abordar a las desconocidas de esta forma?
—No es culpa mía: mi corazón está lleno de barro.
—Sí, ha llovido mucho este año.
—Eso es. Y yo sigo calado hasta los huesos.
—Pobrecito. Suerte tiene de que sea una buena samaritana. ¿Por qué no viene a mi casa a calentarse un rato?
—¿Sólo un rato?
—O dos.
sábado, 10 de julio de 2010
La tormenta
Primer plano de la chica. Desde lo alto de su nariz, veinte años de pecas nos contemplan. Está enfadada. Muy enfadada. Sus ojos brillan verdes de envidia. O quizá es que son verdes a secas. Será eso.
Primer plano del hombre. El hombre sonríe. Como si se dedicara a ello profesionalmente. Es decir, como si le pagaran por ello, que resulta que es el caso, pues se trata de un actor. El actor sonríe de una forma un tanto bobalicona, como si hubiera hecho una gracia que desconocemos. O simplemente como si fuera idiota.
La chica insulta al hombre. Improvisa graves insultos. Plano de la taza de café. El café no sonríe ni dice nada. Permanece negro y líquido. Sin embargo, vemos la superficie del café mientras resuenan los insultos de la chica. Una retahíla de improperios y una negrura insondable. Como si fuera una metáfora de algo importante, pero sólo es una taza de café.
La chica toma aire. Suena una canción de Buddy Holly, pero como si viniera de muy lejos.
Primer plano del hombre. El hombre sonríe. Como si se dedicara a ello profesionalmente. Es decir, como si le pagaran por ello, que resulta que es el caso, pues se trata de un actor. El actor sonríe de una forma un tanto bobalicona, como si hubiera hecho una gracia que desconocemos. O simplemente como si fuera idiota.
La chica insulta al hombre. Improvisa graves insultos. Plano de la taza de café. El café no sonríe ni dice nada. Permanece negro y líquido. Sin embargo, vemos la superficie del café mientras resuenan los insultos de la chica. Una retahíla de improperios y una negrura insondable. Como si fuera una metáfora de algo importante, pero sólo es una taza de café.
La chica toma aire. Suena una canción de Buddy Holly, pero como si viniera de muy lejos.
viernes, 9 de julio de 2010
A media voz
No, no se lo digo a nadie, pero recuerdo muchas veces esa noche de enero, cuando te metiste en la cama y las manos te olían a naranjas (a verano, quizá).
jueves, 8 de julio de 2010
Y yo recuerdo que la vida era esto
Y yo recuerdo que la vida era esto. Este despertar a tu lado. Este lento paso del tiempo, que de pronto es un aliado. Esta alegría tan poco precavida. Estos días dedicados a nosotros.
miércoles, 7 de julio de 2010
Las malaventuras
Volvería a casa paseando junto al río, pero no hay río, aunque sería un buen recurso literario. Volvería, si pudiera, en tren y observaría el paisaje apocalíptico que separa la ciudad de los pueblos, pero no hay trenes por la noche. Trenes que desaparecen en la noche (o algo así). Volvería, quizá, caminando junto a la costa, contando los guijarros del suelo como si fueran estrellas en el cielo o contando los guijarros del cielo como si fueran estrellas en el suelo o qué sé yo. Y me cruzaría con personas cansadas que me mirarían con desconfianza de siglos. Y yo iría pensando en arrojar una nueva botella al mar, aunque no tengo claro si importa que lleve mensaje o no.
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