¿Está el hombre solo en el universo o mal acompañado? ¿Y si Hitler hubiera sido decorador de interiores?




:::jueves, enero 07, 2010:::
La cucaracha
 
Me encontré una cucaracha en el teclado del ordenador. Qué hacer, pensé. Podría coger la zapatilla y aplastarla con ella, pero de esa forma las teclas también corrían peligro. Otra idea sería coger el spray anticucarachas y gasearla convenientemente, pero de ese modo el veneno quedaría en las teclas y se me adheriría luego a los dedos cuando escribiera. Bastaría que me llevara un dedo a la boca para envenenarme a mí mismo.
Al final, me pareció que lo mejor era esperar a que la cucaracha terminara de escribir lo que estuviera escribiendo.



:::miércoles, enero 06, 2010:::
Desaparecer
 
Hay que desaparecer, eso sin duda. Se dice de escapistas que han desaparecido dentro del abrigo, en el metro, aprovechando el barullo, dejando luego sólo esa prenda como testimonio. También sé del caso de un hombre que introdujo la mano en el bolsillo del pantalón para buscar las llaves y, al no encontrarlas, siguió metiendo el brazo, de manera que acabó con el cuerpo entero dentro del bolsillo. Nunca se le volvió a ver. Dónde estarán ahora estas personas, se pregunta uno; será que ciertas oquedades son puertas a otras dimensiones. Un amigo me contaba que, a veces, al penetrar a su mujer se preguntaba si su pene no estaría siendo admirado en ese momento por seres de otro mundo que contemplaban el horizonte.



:::martes, enero 05, 2010:::
Diario
 
Por la mañana, me suicidé. Después ya no hice nada más.



:::lunes, enero 04, 2010:::
Tocata y fuga
 
Frau Dulenta, la artista transconceptual austriaca, abre la ventana. Esto lo hace por un motivo tan prosaico como es el de airear la habitación. Efectuada esta aburrida acción, sonríe a las baldosas, que se muestran relucientes e inanimadas.
Entra Judas, que viene de vender al líder de su secta por treinta euros y busca una habitación en la que esconderse de las autoridades.
—Buenos días, venía por el anuncio. ¿Es aquí?
—¿Qué anuncio? —dice muy coqueta Frau Dulenta, que también ha puesto uno en la sección de contactos.
—Pues el de la habitación. Me gustaría alquilarla.
—¿La habitación?
—Claro, ¿qué otra cosa podría querer alquilar?
—No, nada. Pues serían treinta euros al mes, porque es una habitación con vistas a la nada.
—¿A la nada? —pregunta Judas.
—A la nada. Es un poco aburrida, siempre es lo mismo. A algunos inquilinos les da miedo mirarla, pero nunca hace nada.
—No ladrará por las noches, espero.
—No, es muy silenciosa. Pensará usted que no hay nada.
—Ya veo. ¿Y puedo fumar en la habitación?
—Puede. El humo y la nada. Suena a novela existencialista.
—Si usted lo dice. Voy a dejar las maletas en la habitación, si no le importa. Si viene alguien buscándome, no estoy.
—¿Y dónde estará? —pregunta ella.
—¿Cómo dice?
—Si no está en la habitación, es que está en otro sitio. ¿Dónde?
—Usted no lo sabe.
—¿Que no lo sé? ¿Y entonces cómo puedo estar segura de que no está en la habitación?
—Da igual, se trata de que diga sólo que no estoy en la habitación.
—¿Puedo decir entonces que está en el rellano?
—¿Por qué iba a decir eso?
—¿Y por qué no? Es improvisar, método Stanislavski.
—No, no, usted tiene que simular desconocimiento, no afirmar cosas falsas, que eso siempre lo enreda todo. Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.
—Eso no es verdad —responde Frau Dulenta.
—¿Qué?
—No se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Mi tío Karl perdió una pierna en la guerra y nunca consiguió clasificarse entre los diez primeros de la Maratón de Viena. Mi padre, por el contrario, fue campeón varias veces. Y era concejal.
—Como quiera. Diga sólo que no estoy aquí y todo irá bien.
—¿Y quién vendrá a buscarle?
—La Guardia Civil.
—No será usted un inmigrante ilegal, ¿verdad? O peor: un narcotraficante ilegal.
—Nada de eso. Yo he llevado a cabo una transacción dentro de la legalidad vigente. Un líder de secta nuevo por treinta euros para el Sanedrín. No se aceptan devoluciones.
—¿Y entonces por qué le busca la Guardia Civil? —pregunta ella.
—Dicen que he traicionado al hijo de Dios.
—Vaya, parece un crimen muy serio.
—Sí.
—Si le declararan culpable, como mínimo le condenarían a muerte, ¿no?
—Como mínimo.



:::domingo, enero 03, 2010:::
Atajos
 
La chica era bonita, escribió. Ahora bien, ¿bonita cómo? ¿Bonita como una tragedia griega? ¿O tenía una belleza tranquila y serena como una mañana de verano? Hay muchos tipos de belleza. El Gran Cañón del Colorado también es bonito, pero puede ser peligroso asomarse.
Quizá lo mejor era limitarse a decir que era rubia. Pero hay muchos tipos de rubias. Y no sólo está el tono del color: también el corte de pelo, si es liso o rizado, etc. ¿Y los ojos? ¿Y la nariz? ¿Y la boca? Tantas cosas por describir minuciosamente.
La chica se parecía a Jean Seberg en Al final de la escapada, escribió finalmente. Y quien no se la imaginara, que viera la película.



:::sábado, enero 02, 2010:::
Melancolía cruel
 
—¿Recuerdas cuando nos íbamos a comer el mundo? Éramos tan jóvenes entonces.
—No lo recuerdo, sería con otra.
—Ya, pero es que ella no está aquí y tú sí.



:::viernes, enero 01, 2010:::
Medicina espiritual
 
«Cuando mi fe flaquea, me trato con una transfusión de sangre de Cristo», dijo el párroco abriendo la botella de vino.