domingo 29 de enero de 2012
El ultimátum sempiterno
Le dejo una carta de amor cada día en el buzón. Ella no contesta nunca, pues no sabe mi nombre, ni mi dirección, ni nada. Es una correspondencia unidireccional, aunque no es en realidad correspondencia, claro, que ella no puede responder. La vía de comunicación sólo está abierta en un sentido, que es el de declararle mi amor cada día. Es un amor desesperado, se podría decir, pero por elección. A mí me basta con dejarle ultimátums románticos, aunque esto es una forma de hablar, ya que no son ultimátums, pues a diario recibe uno nuevo, uno más. Exigencias definitivas diarias.
sábado 28 de enero de 2012
Las caras B
Me gustan tus momentos secretos —le dice ella—; son como las caras B del amor. Yo es que no comulgo con los gustos populares, que se decantan siempre por los grandes éxitos. No, a mí me gustan las rarezas, las gemas escondidas en lo que parece simple relleno, la sencillez de lo discreto.
viernes 27 de enero de 2012
Un futuro juntos
Él la mira dormir y de pronto imagina un futuro juntos. Y se asusta, pues ve robots asesinos que se hacen con el poder y exterminan a la humanidad. El fin del mundo. Y decide cortar de inmediato con ella.
jueves 26 de enero de 2012
Modelos
—Buenos días. Quiero contratar una modelo.
—Muy bien. ¿Qué es lo que busca?
—¿Las tienen a cámara lenta?
—¿Perdón?
—Ya sabe, como en las películas.
—Todas nuestras modelos se mueven a velocidad normal.
—Qué calamidad.
—Le aseguro que es de lo más práctico.
—No para mí.
—A ver, caballero, eso de la cámara lenta puede hacerlo grabando a la modelo.
—Pero es que no tengo cámara de vídeo.
—Ah. ¿Y de fotos?
—Tampoco.
—No necesita a la modelo para una campaña de publicidad, ya veo. ¿Entonces? ¿Para una presentación?
—La necesito como musa.
—Entiendo: es usted pintor y quiere retratar a una chica bonita.
— No, soy escritor. La necesito para inspirar textos desaforados.
—¿Qué?
—Hace tiempo que no me enamoro y, claro, cuesta escribir en estas condiciones. Así que me he dicho: acude a las profesionales.
—Ninguna de nuestras modelos es prostituta.
—No me refiero a eso. Hablo de profesionales de la belleza.
—Ah. Eso sí, pero no sé qué decirle. Esto es altamente irregular.
—No sea así, piense en la posteridad.
—La posteridad nos pillará muertos.
—Sí, pero dignos.
—Si usted lo dice. Bueno, supongo que esto no perjudica a nadie. ¿Qué tipo de chica tiene en mente?
—¿Tienen alguna que recite en francés?
—Muy bien. ¿Qué es lo que busca?
—¿Las tienen a cámara lenta?
—¿Perdón?
—Ya sabe, como en las películas.
—Todas nuestras modelos se mueven a velocidad normal.
—Qué calamidad.
—Le aseguro que es de lo más práctico.
—No para mí.
—A ver, caballero, eso de la cámara lenta puede hacerlo grabando a la modelo.
—Pero es que no tengo cámara de vídeo.
—Ah. ¿Y de fotos?
—Tampoco.
—No necesita a la modelo para una campaña de publicidad, ya veo. ¿Entonces? ¿Para una presentación?
—La necesito como musa.
—Entiendo: es usted pintor y quiere retratar a una chica bonita.
— No, soy escritor. La necesito para inspirar textos desaforados.
—¿Qué?
—Hace tiempo que no me enamoro y, claro, cuesta escribir en estas condiciones. Así que me he dicho: acude a las profesionales.
—Ninguna de nuestras modelos es prostituta.
—No me refiero a eso. Hablo de profesionales de la belleza.
—Ah. Eso sí, pero no sé qué decirle. Esto es altamente irregular.
—No sea así, piense en la posteridad.
—La posteridad nos pillará muertos.
—Sí, pero dignos.
—Si usted lo dice. Bueno, supongo que esto no perjudica a nadie. ¿Qué tipo de chica tiene en mente?
—¿Tienen alguna que recite en francés?
miércoles 25 de enero de 2012
Ocho años de blog
Suena el teléfono y es Jorge Herralde.
—Felicidades por los ocho años de blog, Noguera.
—Gracias. ¿Cuándo va a descubrirme?
—Eres muy mayor, ya es tarde para eso.
—Bueno, América llevaba toda la vida allí cuando fue descubierta y bien que la llaman el nuevo continente.
—¿Tienes oro y plata?
—No.
—Pues eso, Noguera, pues eso.
—Pero soy el poeta más grande de mi generación.
—Primero: eso ya lo has dicho muchas veces y ha perdido la poca gracia que tenía. Segundo: los de tu generación ya han publicado todos o, con muy buen criterio, han dejado de intentarlo.
—Mejor aún: entonces soy el gran secreto de mi generación.
—Sí, hombre, el secreto de los templarios.
—Vaya, y yo que pensaba que llamaba para nombrarme príncipe de las letras o algo así.
—Pues no. Sólo te llamo para felicitarte por el esfuerzo. El esfuerzo está bien, sobre todo si es baldío. Tiene algo de hermoso, algo de mito de Sísifo.
—Ya. ¿Sabe una cosa? Estoy pensando que podría usarle como personaje recurrente en el blog. Por ejemplo, se me ocurre que podría escribir algo en plan Qué bello es vivir: usted se presentaría como ángel salvador para indicarme cómo habría sido la literatura sin mi blog.
—Ay, Noguera, el humorismo. A ver, eso es fácil. ¿Cuántos lectores tendrá tu blog? ¿Diez? Y eso si te leen, que quizá sólo entran de vez en cuando.
—Qué deprimente está siendo esta llamada. Y eso que se suponía que era para felicitarme.
—Son las celebraciones propias del tercermundismo literario, que dirías tú.
—Supongo, sí.
—Míralo así: eres como un viejo boxeador que se niega a tirar la toalla a pesar de que las piernas casi no le sostienen. Aunque, eso sí, está solo en el cuadrilátero, las sillas del público están vacías y en realidad boxea con sus fantasmas, que van ganando.
—Creo que nunca agradeceré bastante esta llamada...
—De nada. Bueno, te voy a dejar ya.
—Vale.
—Oye.
—Dígame.
—¿Ocho años más?
—Venga, sí. Como dos legislaturas literarias.
—Y sentimentales, que no se te olvide.
—Felicidades por los ocho años de blog, Noguera.
—Gracias. ¿Cuándo va a descubrirme?
—Eres muy mayor, ya es tarde para eso.
—Bueno, América llevaba toda la vida allí cuando fue descubierta y bien que la llaman el nuevo continente.
—¿Tienes oro y plata?
—No.
—Pues eso, Noguera, pues eso.
—Pero soy el poeta más grande de mi generación.
—Primero: eso ya lo has dicho muchas veces y ha perdido la poca gracia que tenía. Segundo: los de tu generación ya han publicado todos o, con muy buen criterio, han dejado de intentarlo.
—Mejor aún: entonces soy el gran secreto de mi generación.
—Sí, hombre, el secreto de los templarios.
—Vaya, y yo que pensaba que llamaba para nombrarme príncipe de las letras o algo así.
—Pues no. Sólo te llamo para felicitarte por el esfuerzo. El esfuerzo está bien, sobre todo si es baldío. Tiene algo de hermoso, algo de mito de Sísifo.
—Ya. ¿Sabe una cosa? Estoy pensando que podría usarle como personaje recurrente en el blog. Por ejemplo, se me ocurre que podría escribir algo en plan Qué bello es vivir: usted se presentaría como ángel salvador para indicarme cómo habría sido la literatura sin mi blog.
—Ay, Noguera, el humorismo. A ver, eso es fácil. ¿Cuántos lectores tendrá tu blog? ¿Diez? Y eso si te leen, que quizá sólo entran de vez en cuando.
—Qué deprimente está siendo esta llamada. Y eso que se suponía que era para felicitarme.
—Son las celebraciones propias del tercermundismo literario, que dirías tú.
—Supongo, sí.
—Míralo así: eres como un viejo boxeador que se niega a tirar la toalla a pesar de que las piernas casi no le sostienen. Aunque, eso sí, está solo en el cuadrilátero, las sillas del público están vacías y en realidad boxea con sus fantasmas, que van ganando.
—Creo que nunca agradeceré bastante esta llamada...
—De nada. Bueno, te voy a dejar ya.
—Vale.
—Oye.
—Dígame.
—¿Ocho años más?
—Venga, sí. Como dos legislaturas literarias.
—Y sentimentales, que no se te olvide.
martes 24 de enero de 2012
It's like our visit to the moon or to that other star
—Yo quiero que mi funeral sea una gran fiesta. Y que suene Death of a ladies' man, de Leonard Cohen. La canción del álbum homónimo.
—Y vendrán todas tus ex amantes, ¿no?
—Claro, así les doy la última satisfacción.
—Y vendrán todas tus ex amantes, ¿no?
—Claro, así les doy la última satisfacción.
miércoles 18 de enero de 2012
Las palomas
«Esa paloma es antisemita», dijo un anciano en la plaza. «Pobre abuelo, ya está chocheando», pensó un hombre, pero al acercarse a la paloma descubrió que ésta tenía unas esvásticas negras en las alas. Denunció esto a la policía pensando que sería cosa de algún gamberro que se dedicaba a pintarlas, pero unos días después se anunció que estas esvásticas eran naturales y que se habían visto en otras muchas palomas de la ciudad. «Una mutación ha alterado la coloración de algunas plumas, nada más, la naturaleza es caprichosa», declaró un científico. «Caprichosa y nazi, por lo visto», respondió un ciudadano preocupado por este súbito nacionalsocialismo aviario. «Cómo vamos a salir ahora a la calle con palomas nazis sobrevolando la ciudad, como una Luftwaffe animal dispuesta a atacarnos a la menor ocasión. Bastante cagaban antes, pero ahora es inevitable pensar que lo hacen con mala idea».
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