sábado, 21 de marzo de 2009

Las cosas

Qué poco soporto a esta mujer. Pero están los niños, claro, que digo yo que serán míos aunque no hayan salido albinos como su padre. An albino, a mosquito, que cantaba Nirvana cuando era joven y todo parecía más fácil, cuando nos poníamos camisas a cuadros y creíamos que no había futuro, que era algo que ya habían pensando antes los punkis y no les salió nada bien. Pero tenía veinte años, qué iba a saber yo, me creía más listo que los demás. Yo esquivaré al destino, pensaba, no habrá idus de marzo para mí.
Una mañana me desperté y ya no tenía veinte años.
Bah, seguro que es una broma, esto no me puede estar pasando a mí, pensaba al principio. ¿Que me he casado con Elena? Imposible, si es una chica tontísima, si lo primero que me dijo al conocerme fue que le encantaba lo bien que me había decolorado el pelo. En su defensa hay que decir que iba bastante drogada cuando dijo eso, pero yo también lo estaba y aún así me pareció una tontería como una catedral. En cualquier caso, acabé en la cama con ella y luego nos fuimos juntos a Londres y unos cuantos años después yo estaba casado con una tonta y ella con un albino.
A veces las cosas simplemente suceden, sin explicación alguna.
«Me tratas como si fuera idiota», sigue diciendo ella desde el dormitorio. Yo termino de anudarme los cordones pensando: «es que lo eres, joder», pero contesto: «qué cosas tienes, cariño». Cuánto detesto a esta mujer, pero hay que disimularlo todo. Por los niños, me digo, que lo harán mejor que yo.

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