Yo siempre he vivido instalado en la esperanza, pero lo cierto es que nunca me ha querido en ella. Doy mala imagen, prefiere al resto de inquilinos, ha intentado desahuciarme una y otra vez (he pasado temporadas terribles en la calle), pero he regresado invariablemente a ella y me he colado en su portal cuando nadie vigilaba y okupado de nuevo alguna de sus innumerables viviendas vacías.
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