Tendía a pensar que, si seguía los pasos adecuados, lograría alcanzar el amor. Como si se tratara de una fórmula matemática o un experimento de química. En realidad, era más un acto de magia; hacía movimientos concretos con las manos y pronunciaba unas palabras determinadas, pero no solía suceder nada (y si sucedía, sin duda podía achacarse a la mera casualidad).
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