jueves, 28 de abril de 2011

La mente

Cuando llega a casa, descubre que no lleva encima el cuaderno en el que apunta las ideas. Se palpa cuidadosamente por todo el cuerpo, como si el cuaderno hubiera podido desplazarse desde el bolsillo de la chaqueta hasta algún lugar indeterminado de su anatomía, pero es inútil: no lo tiene. Lo ha perdido. Peor aún: se lo han robado. ¿Porque de qué manera podría haberlo perdido? No lo ha sacado en ningún momento del bolsillo, puesto que hoy no se le ha ocurrido nada que apuntar (hoy apenas ha pensado, podría decir). Así que se lo ha robado alguien, alguien que ha pensado que era la cartera y que en lugar de un botín económico se ha llevado lo más valioso que tenía: sus pensamientos. Un completo desconocido tiene acceso a sus reflexiones más íntimas, a sus ideas sobre esto y aquello. Un desconocido que quizá ahora mismo le lee la mente en el metro o en el autobús. «Alguien va por ahí con mis pensamientos», murmura. «Y con mi novia, que siempre está en ellos», añade en un acceso de celos bastante absurdo.

2 comentarios:

Microalgo dijo...

Un espía aponé (del Apón), seguro. Y escribirá un best-seller con sus ideas si no espabila usted...

María dijo...

Dejarán de ser tus pensamientos, se introduciran en las mentes de otros y llegará un momento que incluso los hagan suyos pero jamás serán capaces de sentir lo que tú porque esa persona de la que tanto hablas está en ti y no en tus escritos pensados.
Muá