sábado, 11 de diciembre de 2010

Alba

Hoy Alba y yo haríamos diez años. Esto de las efemérides es un poco idiota, que nos quedamos con ciertas cifras por significativas cuando en realidad es un convencionalismo. ¿Por qué es más importante diez años que nueve? O que once. Cifras redondas para aceptar el paso del tiempo. Para llevarte la mano a la frente de forma efectista y decir: es increíble. Efemérides como memento mori.
Pero es cierto que es muchísimo tiempo. Es como si hubiera pasado en la vida de otro. O como si fuera una novela que leí hace mucho y que no recuerdo bien. No consigo recordar quién era yo entonces, cómo era la vida con menos cinismo. No recuerdo quién era yo, pero sí me acuerdo de muchas cosas con ella. Esa sensación tonta de felicidad sólo de verla, por ejemplo. Esas conversaciones delirantes en el tren. Esas tardes en la playa. Escribir para ella. Cuando íbamos al laboratorio de su facultad a revelar fotos y yo sólo quería meterle mano. Que empezara a leer En busca del tiempo perdido porque escribí un relato en el que una chica leía a Proust en el desayuno. Aquello de «yo ladro». Cuando le decía que me enseñara las bragas. Cuando cumplió veinte años, que se quejaba en broma de que los atentados del 11 de septiembre le habían robado protagonismo. Aquellas veces que follamos sin que se quitara el sujetador porque le había dejado los pezones irritados y no se fiaba de mí.
A veces también me acuerdo de cuando me porté mal con ella. De veces que hice que llorara por tonterías. Como una vez, al principio, cuando ella acababa de cortar con su anterior novio (para estar conmigo) y lo nuestro lo manteníamos en secreto. Recuerdo que estábamos hablando por teléfono y me dijo que al día siguiente iría con su madre a no sé dónde, a lo que le propuse vernos justo después para ir juntos a la universidad. Ella me dijo que no por temor a ser descubierta por su madre y yo me enfadé por orgullo idiota y me mostré muy frío el resto de la conversación. Luego me arrepentí, la llamé de nuevo y estaba llorando (aunque al final quedamos al día siguiente a la hora que yo quería, así que la moraleja es que hay que tratar mal a las mujeres). Discusiones idiotas que uno ahora no entiende.
En realidad, la presencia de Alba en mi vida es menos importante que su ausencia. Al fin y al cabo, sólo estuvimos juntos dos años y pico. Luego decidió irse siete años con otro y tener un hijo con él. Yo con ella sólo tuve esos dos años y la mitología que construí en soledad. Mitología de la que forman parte cosas como la primera vez que la vi: llevaba una falda ajustada con la que se veía obligada a subir los peldaños a saltitos (creo que ella tenía quince años). O las conversaciones de película de Woody Allen después de la ruptura, como aquella vez que íbamos por la calle y me dijo: «aunque ahora esté con otro, tengo muy claro que voy a acabar contigo». Y yo le contesté: «no, si yo también tengo claro que vas a acabar conmigo, guapa».
Qué sé yo. Madurar es aprender. Aprender que el pasado es una historia que ya no te sirve para nada.

10 comentarios:

Alive dijo...

Me encanta Alba. Yo tambien me enamoré de una parecida, pero ella, maltratada por su novio, prefería a estar con el aunque me deseara a mi. La trate muy bien, quizás por eso nunca quiso estar conmigo.

diezveintiuno dijo...

auch.

Anónimo dijo...

Y las reincidencias sexuales de hace unos meses...?? Queremos sangre!!

Anónimo dijo...

Qué bien has sabido expresarlo todo. Quizás por eso a mi me has puesto triste.

Anónimo dijo...

yo también tengo una persona así en mi vida. Más tiempo sin él que con él, pero una huella que dura siempre

Microalgo dijo...

Nada del pasado es absolutamente inútil. Como poco, sirve de mal ejemplo.

No cre oque sea tan facil acabar con Su Gracia Imperial, Maese Noguera. Herirse es fácil. Morirse, no tanto.

Josué dijo...

Me veo escribiendo cosas como estas en unos años.

Gabriel Noguera dijo...

¡No!

antero dijo...

pero qué bien cuentas, qué bien dialogas, qué bien estructuras los relatos, qué bien dosificas el ingenio, la hostia, qué descubrimiento has sido.

un abrazo, tio.


Anónimo dijo...

me mataste acá.