jueves, 3 de agosto de 2017

Infiernos

Creo que la época más triste de mi infancia fueron los tres meses que pasé en un colegio del Opus. No recuerdo que hiciera ningún amigo (tampoco es algo que se me haya dado nunca demasiado bien) y encima nos obligaban a ir a misa y confesarnos. La sola idea de que un niño pueda tener pecados que confesar explica muy bien lo enfermos que están los miembros de esa religión.

4 comentarios:

Toy folloso dijo...

A los curas "les pone" que los críos les cuenten lo de las pajillas....

Anónimo dijo...

Mientras no hayan atacado al profe para subirlo a instagram..

Anónimo dijo...

Yo aprovechaba las confesiones para cultivar mi imaginación... no había nada de realidad en ellas.
Ahora soy bastante creativa ;)

Microalgo dijo...

Jodé.

Para haber pasado por las manos de una secta, no está Usted tan mal de la cabeza.