sábado, 15 de abril de 2017

El segundo sexo

—¿Es verdad que seducía a sus alumnas y luego las compartía con su pareja, el señor Sartre?
—Lo dice usted como si la seducción fuera un tipo de hipnosis, como si Jean-Paul y yo fuéramos dos vampiros que anulaban la voluntad de las jovencitas para que se entregaran a nosotros. ¿Por qué no hablamos mejor de atracción entre seres humanos libres?
—Usted partía de una situación de poder.
—Al igual que usted ahora, si es por eso.
—La diferencia es que ambos somos adultos, señora Beauvoir.
—¡Precisamente! ¿Y la influencia que he supuesto para ellas? ¿Acaso eso no cuenta? Usted dice que yo me he aprovechado de su juventud, pero también podría interpretarse que ellas se nutrieron de mi experiencia. Recuerdo por ejemplo una vez que Nathalie me dijo riendo: «hacerlo con Jean-Paul es como hacerlo con un camaleón». Lo decía en broma, pero de todos modos la reprendí para que valorara la suerte que tenía. «Ese camaleón un día ganará el Nobel, muchacha», le dije. Si de algo se me puede acusar es de haber instruido a estas chicas no sólo en las aulas, sino también en la vida.

Publicado en el número 49 de Obituario.

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