miércoles, 19 de abril de 2017

Diario de un poeta acabado

Tengo cuatro días para pagar el alquiler antes de que me echen, pero eso no es lo que más me preocupa ahora mismo, sino el hecho de que hace meses que no escribo un solo poema. Me paso casi todo el día tirado en la cama con la vista fija en el techo sin hacer nada. Ni siquiera pienso. De algún modo curioso me doy cuenta de que mi vida se consume lentamente en la nada. Y creo que mi talento ha desaparecido del mismo modo. Debería sentirme preocupado, pero lo cierto es que no.
No sé cuántos días llevo sin comer. Creo que muchos. Desde un punto de vista científico me pregunto si faltará mucho para que mi cuerpo empiece a consumir mis órganos con el fin de paliar la falta de alimento. Sé que aún es pronto para que se inicie ese proceso, pero me divierte (o me entretiene) pensar en esa posibilidad.
Esta mañana estuve observando la calle por la ventana. Pasaron siete chicas rubias, posiblemente todas naturales, y diecinueve morenas. A cada una de las rubias le puse el nombre de una estrella de cine. Brigitte es la más joven de todas, apenas tendrá dieciocho años. Es hermosa y despreocupada. Andaba por el centro de la calle como si el mundo le perteneciera. La observé largamente, como un pervertido. También están Melanie, Marylin, Grace, Kim, Catherine y Traci, pero Brigitte es sin duda mi favorita. Parece como si el mundo no la hubiera tocado aún con su mano cruel. Me gustaría escribirle un largo poema de amor, a pesar de que no la conozco. Pensaría que estoy loco, lo que no me disgusta ya que hay serias posibilidades de que sea cierto.
Luego pensé en salir a dar una vuelta, pero no me apetecía enfrentarme a las sonrisas de la gente. Podría haber paseado junto al río o haberme sentado en el parque a contemplar a las palomas. Las palomas son animales realmente estúpidos. Incluso más que los hombres, pero no tanto como las ovejas. A pesar de su estupidez, son muy rápidas. Sé de lo que estoy hablando, probad a coger una cuando tengáis hambre. Además, la gente te mira con mala cara cuando persigues a las palomas. Por alguna razón, está bien visto que lo hagan los niños, pero no que lo hagan los adultos. Y siempre llaman a un policía, que se acerca a ti y te pregunta con voz severa si tienes algún problema. Así que esa noche también te quedas sin cenar.

1 comentario:

Toy folloso dijo...

A mi también me ocurre eso. Cuando manejaba algún dinerillo tenía la inspiración mucho más "a la que salta" que ahora....