viernes, 22 de febrero de 2013

El hombre que creía ser Paul Auster (5)

Esta semana recibí una postal de Siri. Estaba sin firmar, pero sabía que era de ella, pues el motivo gráfico de la postal era una foto de los glaciares derritiéndose. Era su manera de recordarme que estaba haciendo el mal por el mundo (de inmediato, me la imaginé en Groenlandia derritiendo hielo con un secador de pelo). Fue por esto por lo que acepté participar un par de días después en un coloquio acerca del calentamiento global. Mi intervención consistió en señalar el peligro de las mujeres que abandonan a sus maridos para hacer el mal por el mundo y colaborar en el cambio climático. El público pensó que bromeaba y recibió mis, pensaba yo, atinados comentarios con risas. Había una hippie (¿todavía hay hippies?, le pregunté a micrófono cerrado al moderador) que quiso impugnar mi presencia allí: dijo que yo no era el más indicado para hablar de ecología, pues cuántas hectáreas de la selva amazónica se habrán perdido en la confección de mis libros. Durante un momento pensé en decir que la materia no se destruye, sino que se transforma: en este caso, los árboles se habían convertido en geniales novelas. Pero me callé, no era el público apropiado para este tipo de bromas. Como seguían esperando una respuesta, salí del trance agradeciendo que se me inquiriera al respecto y acto seguido expliqué que en mi próxima novela, que se publicaría sólo como libro electrónico, hablaba de este tipo de aparentes paradojas y que harían bien en adquirirla en cuanto saliera al mercado.

3 comentarios:

Sergio Rioja dijo...

el hippie compra fijo

Anónimo dijo...

Un buen recurso, me gustaría oírte en radios a ver qué tal sales de los entuertos sin tiempo para pensar las palabras jajaja. Si tuvieras una oportunidad en un programa ... de qué hablaría? lecturas? noticiario surrealista? o mejor de guionista si acaso? ;)

Gabriel Noguera dijo...

Guionista, que mi voz no es nada radiable.