domingo, 29 de abril de 2012

Tus besos me saben a Asperger

Tus besos me saben a Asperger, le dice ella. Ya no me haces caso, nunca estás ahí, es como si fueras una carcasa vacía, una máquina sin fantasma. Antes tus besos sabían a café y sueños, aunque esto parecía un poco contradictorio, pues poco vas a dormir si tomas mucho café. Quizá era café descafeinado, contesta él con la mirada ausente y ella sale de la habitación dando un portazo.

jueves, 26 de abril de 2012

Del ombliguismo en la literatura

Yo, damas. Yo, caballeros. Yo. Yo soy el alfa y el omega de esta breve charla en la que pongo el mundo de la literatura a los pies de los caballos del Apocalipsis. Porque yo soy el epítome de las letras universales. Fuera de mí no hay nada. No existe una historia de la literatura, a no ser que yo me la invente. No es posible el futuro si yo no lo pongo por escrito. Pero recuerden que yo no escribo para cambiar el mundo, pues el mundo soy yo y soy inmutable.

miércoles, 25 de abril de 2012

La conspiración

Odio los árboles que hay en medio de las aceras porque rompen las parejas, dijo ella mientras paseaban.

lunes, 23 de abril de 2012

Mejor que Houdini

La chica se mete en la cama y escapa de su ropa.

sábado, 21 de abril de 2012

Nota del traductor

Marta se enamoró de un traductor en un congreso de literatura y durante años compró los libros que éste traducía. Le gustaba leer las notas a pie de página para sentirse cerca de él y fantaseaba con encontrarse algún día algo así: «El autor habla de un arroz solar y juega con el parecido entre sunrice y sunrise (amanecer), algo intraducible al español. Por cierto, quiero aprovechar esta pausa para decirle a Marta que la quiero». Pero nunca sucedió.

jueves, 19 de abril de 2012

La chica de la esquina

Un hombre con insomnio sale a pasear una noche. Andando por la calle se encuentra a una chica que le pregunta si puede acompañarle un rato. Bueno, contesta él, nos haremos compañía en el insomnio. Yo hace mucho que no duermo, responde ella. Pasean en silencio durante unos minutos, hasta que ella dice:
—Cuidado, en esa esquina me maté.
—¿En la esquina? ¿Es que eras prostituta?
—Oye, fue porque la esquina estaba muy afilada y me corté. Me corté en dos, de hecho, al intentar doblar la esquina. Es lo que pasa por correr con tacones, que te caes.
—¿Y por qué corrías?
—Llegaba tarde al trabajo.
—¿De qué trabajabas?
—De prostituta, pero no tiene nada que ver con mi muerte. Le podría haber ocurrido a una bibliotecaria.
—Si no te juzgo.
—Ya, ya. Pues tienes el ceño fruncido, como si no aprobaras mi estilo de vida. O de muerte.
—Es la noche, que a todos nos da un aspecto severo.
—También a las putas.
—También.

lunes, 16 de abril de 2012

Mil años de silencio

Felicidades a nuestro rey eterno, guía de la nación, que cumple mil años de reinado gracias a las técnicas de clonación. Que el silencio caiga sobre aquellos que piden renovaciones, pues la ciencia y la tradición se han unido para darnos un gobierno estable y eficiente.

viernes, 13 de abril de 2012

La prisa

El reloj le está mirando fijamente. Le está diciendo que no confía en él, que lo deje, que ya va con retraso. Tendrías que dedicarte a otra cosa, la vida no es para ti, no se te da nada bien. Pide algo más fácil, una vida B, una vida con horarios más relajados y objetivos asequibles. Una vida sin prisa en la que puedas detenerte a tomar aire. A tomar aire durante horas sin la mirada severa del reloj.

jueves, 12 de abril de 2012

Objetos raros

Me acerco a un mercadillo a comprar artículos de nula necesidad y me encuentro allí, detrás de un puesto de objetos raros, a Herralde o un gitano que se le parece. Todo el mundo sabe que los editores de culto son seres excéntricos, así que cabe la posibilidad de que sea él de incógnito, por lo que decido arriesgarme y le digo buenos días. Reacciona como si no le hubiera reconocido y me pregunta con marcado acento andaluz si hay algo que me interese. Le guiño un ojo y contesto que sí: publicar. Él se encoge de hombros un tanto incómodo y responde que de eso no sabe nada. Yo suspiro ante la enésima negativa de un editor.

miércoles, 11 de abril de 2012

Unos amigos

Me llegó una carta de la Federación de Amigos de Gabriel Noguera en la que, de modo ceremonioso, me invitaban a una de sus «habituales reuniones». ¿Quién es esta gente y por qué son amigos míos?, me pregunté. ¿Cuánto tiempo hace que se reúnen en mi nombre? ¿Será una estafa para sacarme el dinero que no tengo? Todas estas preguntas requerían respuestas, así que me presenté allí el jueves, como pedían en la carta. La sede estaba en el tercer piso, indicaba un letrero en el portal, y subí las escaleras pensando que eran muchas molestias para secuestrarme. Llamé al timbre y abrió un señor que me abrazó antes de que pudiera impedirlo y me hizo pasar a un salón lleno de desconocidos que enseguida se levantaron de sus asientos para estrecharme la mano y darme palmaditas en la espalda. Noguera, decían, por fin estás aquí, ¿cómo va la salud? ¿Te sigues peleando con la literatura? ¿Son ya siete menciones especiales? Un hombre se presentó como presidente de la federación, me entregó las llaves del local —para que entrara y saliera cuando me apeteciera— y me pidió que dijera unas palabras a los asistentes. Atónito como me encontraba, sólo acerté a decir que aquello tenía que ser un error, que yo no les conocía de nada y que, en definitiva, mis amigos eran otros. Nada de eso, respondió el presidente, esos son tus amigos oficiosos, mientras que nosotros somos los oficiales, que para algo estamos federados; tenemos toda la documentación en regla. Yo no supe qué responder a eso, pero en ese momento alguien me dio una cerveza al tiempo que me aseguraba: bebe tranquilo, amigo, todo esto lo subvenciona el Estado.

martes, 10 de abril de 2012

La voz inoportuna

En ocasiones oigo una voz que me dice cosas. Es una voz femenina y muy sensual que me susurra obscenidades. Esto me causa muchos problemas en público, por las erecciones que tengo de pronto sin motivo aparente para los que me rodean. A veces el motivo aparente es peor, pues soy pediatra.

lunes, 9 de abril de 2012

Tú derribarás imperios

—Eres tan guapa —dice el hombre—. Tú derribarás imperios. Lo harás con un simple parpadeo, como si nada. Porque eres ese tipo de mujer que sólo puede conducir a la perdición individual y colectiva. Yo ya me he rendido, te lo entrego todo, capitulo sin condiciones.
—En este momento de mi vida no tengo tiempo para tu amor, pero habla con mi secretaria y ya te avisarán.

domingo, 8 de abril de 2012

La soledad del hombre frente al espejo

Sí, así era yo: una pura idea. Pero me he cansado. Me he aburguesado, aunque esto sea una forma de hablar, pues lo mío es más de lumpemproletariado. Me he dejado llevar por todo esto que no controlo. Han ganado otros, han tomado el mundo mientras yo me engañaba con quimeras improvisadas. Me quedan los recuerdos, dice una voz, aunque mis recuerdos son una casa embrujada en la que deambula únicamente el fantasma del hombre que ya no soy. Pero dejo ya los sueños de juventud y me voy a dormir.

sábado, 7 de abril de 2012

El plagio

Encuentra en otro blog un texto que escribió él sobre un momento concreto de su vida, un momento con una chica. «Pero esto no puede ser», piensa, «tiene que ser un error», y comenta en la entrada lo siguiente: «No, no, usted no estaba allí, que yo me acordaría de eso».

viernes, 6 de abril de 2012

La noche

Dejemos de soñar, que es tarde, y vayamos a dormir.

jueves, 5 de abril de 2012

La soledad del hombre ante el silencio

Tus silencios son cada vez más largos. No sé qué piensas. No sé qué se esconde detrás de ellos. No sé si intentas decirme algo con el silencio, pero sería mejor que me lo dijeras con palabras. Entiendo mejor las palabras. No mucho más, pero algo sí. Aunque lo importante son las cosas que no me dices, claro. Todo eso que te callas, todo eso que cada vez callas más.

miércoles, 4 de abril de 2012

La soledad del hombre en el sueño

Sueño que llega un autobús a la parada y alguien dice: ese autobús lleva a otro sueño. Me subo a él, pero el conductor me pide un dinero que no tengo. No hay problema, enseguida sueño que tengo dinero en el otro bolsillo del pantalón. Me siento junto a la ventana y veo pasar la ciudad onírica, que es en blanco y negro. Una ciudad maniquea, pienso. Y me río de esa idiotez, pero los otros pasajeros me ignoran, lo que es hasta normal, ya que no estoy seguro de que tengan rostros. Un autobús lleno de personas difuminadas que se detiene de pronto. El conductor anuncia que hemos llegado al nuevo sueño. Bajamos del autobús y estoy en un páramo. Solo, pues los otros pasajeros han desaparecido. Hace frío y echo a caminar con las manos metidas en los bolsillos. Vaya sueño desagradable, pienso. Soy, sin duda, un hombre que se ha equivocado de autobús.

martes, 3 de abril de 2012

La soledad del hombre junto al río

Voy andando junto al río fabulando, pues me aburro. Pasear en soledad es bueno para escribir, creo. Aunque al llegar a casa para apuntarlo has olvidado la mitad. Habría que pasear con un cuaderno, pero es complicado escribir y andar sin tropezar. «Se cayó al río porque iba escribiendo una novela. Murió ahogado y dejó a sus personajes huérfanos». Pero el río está seco, no hay peligro de ahogamiento, sólo de rotura de crisma. «Se abrió el cráneo por andar con la atención puesta en un capítulo importante; todos los pensamientos que tenían que haber ido a las páginas acabaron esparcidos en el suelo, con los sesos. Los peligros de la literatura».

domingo, 1 de abril de 2012

El adivino

—Buenas noches —dice el adivino de la tele—. Tiene usted un problema familiar, ¿verdad?
—Pues no —contesta la voz telefónica.
—Personal, entonces.
—Nos ha jodido. Si le parece, mis problemas son impersonales.
—No se sulfure, que yo estoy aquí para ayudarle.
—Bueno, mi duda es la siguiente: ¿qué hace en una cadena local un tipo que supuestamente adivina el futuro? No parece eso un sello de calidad, ¿no cree?
—Es un buen medio para ayudar a la gente.
—¿La escasa gente que ve esta cadena?
—La gente sencilla, la que necesita mis poderes. Yo podría estar ahora mismo ganando la lotería. Ahora mismo. Pero no, he renunciado al mal y pongo mi clarividencia al servicio de la humanidad. La humanidad que nos sigue desde las dos de la mañana hasta las tres y que está dispuesta a gastarse unos euros por conocer su futuro, que es siempre un misterio para la gente sin preparación.