jueves, 6 de diciembre de 2012

El señor Segundo

—Que pase el siguiente.
—Buenos días.
—¿Nombre?
—Francisco Segundo.
—¿Cómo dice? ¿Es que es usted rey o Papa?
—No, es mi apellido. Soy el señor Segundo.
—Pues hoy han venido unos cuantos señores antes que usted. A lo sumo, será el señor vigésimo.
—¿Lo ve? Toda mi vida he tenido que aguantar bromas así. Y lo peor es que mi apellido hace que siempre me releguen de forma inconsciente. ¿Cómo va a ser primero Segundo? Por eso nunca ascendí en las empresas que me contrataron. Por eso nunca he ganado una carrera. Siempre Segundo.
—Bueno, los segundos serán los primeros, decía Jesucristo.
—Los últimos, no los segundos.
—Es parecido, ¿no?
—En realidad, sí.
—Oiga, ¿ y por qué no se cambia el apellido? Hoy la ciencia ha avanzado mucho y lo permite.
—Lo he pensado alguna vez, pero es el apellido familiar. ¿Qué pensaría mi difunto padre?
—La verdad es que enfoca usted el problema de forma incorrecta. Podría decir que Segundo se refiere a una unidad de tiempo y que es usted el hombre más rápido del oeste. Sin embargo, permite que piensen que su apellido se refiere a su posición en la vida.
—No se me había ocurrido.
—Naturalmente: a usted no le pagan para pensar, pero a mí sí.
—Entonces, ¿podría presentarme a la gente como una especie de Flash?
—Tampoco nos precipitemos.

2 comentarios:

Martin Wittford dijo...

me encantó lo de que la ciencia ha avanzado mucho... jeje

Microalgo dijo...

El tercer hombre se ha ganado el sueldo, desde luego...