jueves, 17 de noviembre de 2011

Sociedades secretas

—Buenos días, quiero apuntarme a una sociedad secreta.
—¿Cómo dice?
—¿No se ha enterado? Se han puesto de moda.
—¿No es eso contradictorio?
—Tal vez. Pero lo importante es que no se conozca cómo funcionan.
—Entonces no se apunte a una o se enterará.
—No, no. No me entiende usted: lo interesante es el sentimiento de pertenencia. Ir por la calle sin que la gente sospeche que perteneces a una misteriosa sociedad secreta. Cruzarte con otro miembro y hacer un gesto de complicidad.
—Eso suena un poco homosexual.
—No, hombre. Se trata de una complicidad criminal.
—Ah. De todos modos, no puedo ayudarle, no tenemos un registro de las sociedades secretas. Me parece que eso iría contra el espíritu de las mismas.
—Qué calamidad. ¿Qué hago ahora?
—No sé. Podría poner un anuncio en el periódico.
—No creo que eso sea muy secreto.
—¿Y si lo escribe en clave?
—¡Entonces no lo entenderá nadie!
—¿Y qué más secreto que eso?
—Tiene usted razón. Sería como formar mi propia sociedad secreta, tan secreta que sólo la conozco yo.
—Y yo.
—Sí, vale, usted también, pero sólo sabe que existe. No sabe nada de nuestros oscuros propósitos ni de nuestras reuniones.
—Sé que son reuniones minoritarias.
—Porque somos una sociedad secreta exclusiva, amigo. ¿Piensa que aceptamos a cualquiera?
—No sé, ¿cuál es el criterio de selección?
—¿Lo ve? No sabe nada de nosotros.
—Es complicado estar al día con tanta nueva sociedad secreta.

3 comentarios:

Microalgo dijo...

Creo que fue Ben Franklin el que dijo que tres personas pueden guardar un secreto si dos de ellas están muertas.

De todas maneras, empezar una sociedad secreta con dos no está mal. Es poco fiable, pero no está mal.

sergio dijo...

GRANDIOSO, FANTÁSTICO
te sumerges en estas lineas que nos muestra con ironía la hipocresía y falsedad de nuestro mundo

JuanRa Diablo dijo...

Encontrar un nuevo blog y que lo primero que leas sea esto!
Sublime :)