domingo, 17 de abril de 2011

El destino manifiesto

No hay que fiarse de los impulsos, sobre todo cuando toda pulsión erótica esconde una pulsión de muerte. Claro que la gente normal no tiene este problema. Las personas normales no tienen que contenerse, ya vienen civilizados de casa. Yo en cambio estoy majareta y tengo que pararme a analizar si lo que quiero hacer va a alguna parte o es ese instinto suicida animándome de nuevo.

8 comentarios:

María dijo...

Las personas normales? No existen y tampoco creo que nadie sepa si lo que quiere hacer va a alguna parte, no?
Vale, es verdad, estamos majaretas, al menos sabemos algo.

Gerardo Sanhueza dijo...

Hey, no puedes fallar siempre, no importa cuanto lo intentes.

Anónimo dijo...

¿Inspiración lorquiana?

Gabriel Noguera dijo...

Uf, quite, quite.

Microalgo dijo...

(Sí que se puede, Maese Sanhueza. Pero bueno, lo que no puede es no intentarse, en eso sí estamos de acuerdo).

Golfo dijo...

Una pulsión erótica tiene siempre una pulsión de muerte, como la mierda bajo las uñas que es imposible no llevarse cuando juegas con el barro.

Niha dijo...

¿Pero eso son todas las pulsiones eróticas o sólo las que tenía Freud?

Verónica dijo...

Después de 35 años creo que puedo decir que lo único verdadero son los impulsos, aunque sean para morir.