lunes, 21 de febrero de 2011

Lao-Tsé y su fabuloso búfalo

Me despierto tarde, agotado por el insomnio. Tendido todavía en la cama, me acuerdo de pronto de una cosa. Me acuerdo de un día que me levanté tarde con ella, y es un recuerdo claro, como si hubiera pasado ayer y no hace tres años. Ella llevaba sólo un camisón negro, nos tumbamos en el sofá después de comer y cogí un libro que había sobre la mesa. Era el Tao Te Ching (de uno de sus compañeros de piso). Me puse a leer en voz alta varias cosas del prólogo y ella se reía, sobre todo con una frase que hablaba de «Lao-Tsé y su fabuloso búfalo». Y no sé por qué me acuerdo de repente de todo esto. ¿Será la falta de sueño, que me devuelve recuerdos? Porque luego me acuerdo con nitidez de un beso que me dio cerca de su casa. Ella, que siempre alegaba no saber besar bien. Y me levanto de la cama porque pensar en todo esto me está haciendo un daño terrible.
Luego, por la tarde, me empiezan a llegar mensajes al móvil. Son de ella, pero los mensajes están en blanco. Su móvil se ha vuelto loco, pienso. O será que el Tao trata de decirme algo.

3 comentarios:

María dijo...

Ojalá el movil que me olvidó hace 16 meses se volviera así de loco al menos tendría un mensaje aunque fuera en blanco. Nada es menos.

La Tarda dijo...

Será que, en verdad, no la has olvidado.

Microalgo dijo...

Hay cosas que son peores que nada, Dama María.