jueves, 24 de febrero de 2011

La renuncia

En realidad, renunciar a algo que no se puede tener es un gesto absurdo. Digamos que renuncio a la Luna. Digamos que renuncio a ser campeón olímpico. Digamos que renuncio a vivir mil años. La diferencia, por supuesto, es que uno a veces cree en ello y se aferra a la idea. Como me pasaba contigo. Porque estaba loco, supongo. Así que renunciar a la idea de ti es renunciar a la locura.

5 comentarios:

Ro dijo...

Cuando uno renuncia, pero se mantiene vivo con la indemnización ¿Puede realmente volverse cuerdo?

María dijo...

¿Renunciar a la locura es bueno? No!
Pues como casi no había inventado motivos para no olvidar... ya tengo uno más.
Mierda de jueves.

Microalgo dijo...

Una cosa es "renunciar a" y otra cosa es "renunciar a intentarlo".

Todo es una mera cuestión de balance energético. Si nos merece la pena enloquecer, enloquezcamos, qué coño.

Si no, pa qué.

Golfo dijo...

Renunciar a la locura o al dolor.

Renunciar al dolor que alguien puede hacerte es una de las definiciones del perdón. Hasta ahora la única que más me le hace a uno revalorizarlo en su interior.

Golfo dijo...

ups, perdón... "hasta ahora la que más le haca a uno..."