lunes, 27 de diciembre de 2010

Los amores envenenados

Una casa de la alta burguesía. En el sofá está sentado el SEÑOR PASCUAL. Entra el señor PICAPORTE.
PICAPORTE: Buenas tardes, señor Pascual.
SEÑOR PASCUAL: Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle?
PICAPORTE: Soy Picaporte Pretaporter y he venido a pedir la mano de su hija Ana.
SEÑOR PASCUAL: ¿Cuál es Ana? Tengo tres hijas y mi memoria ya no es la que era.
PICAPORTE: Es la más joven y pizpireta.
SEÑOR PASCUAL: Ah, sí, buena elección. ¿A qué se dedica usted, caballero?
PICAPORTE: Soy francés.
SEÑOR PASCUAL: ¿Eso está bien pagado?
PICAPORTE: Más que ser español, pero menos que ser alemán.
SEÑOR PASCUAL: ¿Y hay posibilidades de ascenso?
PICAPORTE: No tengo parientes alemanes.
SEÑOR PASCUAL: Vaya. Entenderá usted que no puedo dejar que mi hija se case con el primer buscavidas que llama a la puerta, ¿verdad? Tengo un imperio que proteger aquí: el negocio familiar que levantó mi abuelo, que era ebanista. Mire qué muebles. Un hombre se define por los muebles que tiene, decía mi abuelo.
PICAPORTE: La verdad es que no entiendo mucho de muebles.
SEÑOR PASCUAL: Muy mal: un hombre sin muebles es un hombre sin raíces, siempre a la fuga. Hacen falta muebles para asentarse.
PICAPORTE: Me compraré un armario ropero hoy mismo.
SEÑOR PASCUAL: Los tenemos a muy buen precio. Siéntese aquí, que voy a traer el catálogo.
El SEÑOR PASCUAL sale, PICAPORTE se sienta en el sofá. Entra ANA.
ANA: ¡Picaporte!
PICAPORTE: ¡Ana!
Se miran, sin saber qué más decirse. Pasan cinco minutos. El público se impacienta.
ANA: ¿Qué haces aquí?
PICAPORTE: Voy a comprarle un armario a tu padre.
ANA: ¿De verdad has venido para eso?
PICAPORTE: Y para pedir tu mano.
ANA: Eres un machista, le das más importancia a la adquisición de un objeto que a mí.
PICAPORTE: Es tu padre, que me pone nervioso.
ANA: No le hagas caso, sólo piensa en muebles y en casarnos con potentados a las tres.
PICAPORTE: ¿A las tres de la tarde?
ANA: ¡A las tres hermanas!
PICAPORTE: Ah, ya decía yo. Le he contado que soy francés, pero creo que no le ha impresionado.
ANA: Mi padre sabe que no es una profesión seria. ¿Y si Alemania os invade de nuevo? Demasiados riesgos. ¿Por qué no le has dicho, por ejemplo, que eres suizo?
PICAPORTE: Me he dejado llevar por el patriotismo.
ANA: Un momento de patriotismo y me quedo soltera de por vida.
PICAPORTE: No dramatices, algo se podrá hacer. Seguro que puedo convencer a tu padre con mi magnetismo natural.
ANA: Mi padre no cree en el mesmerismo.
PICAPORTE: ¿Y si huimos juntos?
ANA: Sería inútil, mi padre nos perseguiría por todo el mundo como si fuéramos muebles fugados. No, la única alternativa que tenemos es asesinarlo.
PICAPORTE: ¿Seguro que es la única? Me parece algo drástico.
ANA: ¿Es que acaso no me amas?
PICAPORTE: Claro que te amo.
ANA: ¿No matarías por mí?
PICAPORTE: Supongo que sí...
ANA: Bien, está decidido. Lo haremos así: os traeré unos cafés. No te eches azúcar, que estará envenenado.
PICAPORTE: Te pones muy guapa cuando conspiras.
Sale ANA. Entra el SEÑOR PASCUAL, con el catálogo en la mano.
SEÑOR PASCUAL: Creo que tengo justo lo que necesita: un armario elegante a la par que urbano. Madera de fresno. Huele al Canadá.
PICAPORTE: ¿Urbano y canadiense?
SEÑOR PASCUAL: ¿Ve? Será como tener Montreal en casa. O mejor: cada vez que abra el armario, será como asomarse a Montreal. Seguro que le gusta. Ya sabe, allí también hablan francés.
PICAPORTE: ¿Y es muy caro?
SEÑOR PASCUAL: Seguro que podemos llegar a un acuerdo. Ya me entiende.
Entra ANA, con una bandeja. En ella lleva dos humeantes tazas de café y un azucarero. Deja la bandeja sobre la mesita y sale.
SEÑOR PASCUAL: ¿Cuántas cucharadas de azúcar?
PICAPORTE: Ninguna, gracias, me gustan las cosas amargas.
SEÑOR PASCUAL: Claro, como mayo y junio de 1940. No sea soso, ¿cuántas cucharadas quiere?
PICAPORTE: Es que soy diabético.
SEÑOR PASCUAL: Francés y diabético, ¿no? Perdone mi insolencia, ¿pero qué pensaba usted aportar al matrimonio con mi hija Ana?
PICAPORTE: Enséñeme cómo toma el café un verdadero hombre, por favor.
El SEÑOR PASCUAL se echa siete cucharadas de azúcar, para impresionar a PICAPORTE. Ambos beben con cara de asco, pero no dicen nada.
SEÑOR PASCUAL (hablando con dificultad): Yo necesito... que mi hija se case... con alguien que sepa... llevar el negocio. Un sueco... por ejemplo... que también... entienden de muebles.
El SEÑOR PASCUAL intenta levantarse del sofá, pero se desploma en la mesa, muerto. Entra ANA.
ANA: ¡La bruja ha muerto!
PICAPORTE: ¿Qué?
ANA: Perdona, siempre he querido decir eso, desde niña.
PICAPORTE: No importa. El plan ha funcionado, querida, somos libres.
ANA: Libres y con un negocio boyante de fabricación y exportación de muebles.
PICAPORTE: Yo no entiendo nada de muebles.
ANA: Ya aprenderás, mi amor, ya aprenderás.
El telón empieza a bajar, pero se queda a medio camino. Entra un GUARDIA CIVIL.
GUARDIA CIVIL: ¡Quieto todo el mundo!
PICAPORTE: ¿Qué sucede?
GUARDIA CIVIL: Quedan ustedes detenidos por asesinato.
ANA: Tiene que ser un error. ¡No hemos cometido ningún crimen!
GUARDIA CIVIL: Ahí hay un cadáver.
ANA: Sí, mi pobre padre. Estaba mal del corazón y le ha dado un ataque.
GUARDIA CIVIL: No me mienta, lo hemos escuchado todo. Tenemos micrófonos por todo el teatro. Hemos venido lo antes posible, pero hemos llegado tarde, está claro.
ANA: ¡Ha sido Picaporte, él me obligó!
PICAPORTE: ¡Ana!
ANA: ¡Y además es extranjero!
GUARDIA CIVIL: Todo eso díganselo al juez.
Entran dos guardias civiles y se llevan a ANA y PICAPORTE. El GUARDIA CIVIL habla ahora al público.
GUARDIA CIVIL: En cuanto a ustedes, lo han visto todo y no han hecho nada para evitarlo. Se han limitado a estar ahí sentados en silencio. Son cómplices de asesinato.
Entran más agentes de la Guardia Civil y detienen al público.

5 comentarios:

A. Sanabria dijo...

Verdad, así pasa en la vida muchos son solo mirones en el teatro..y ni siquiera tienden la mano, a quien lo necesita, por eso aumenta el costo de la muerte y sube el costo de la vida...la gente no se entiende...que desgracia...

José Antonio Fernández dijo...

Muy buenos dialogos. Por cierto, estoy buscando una tienda de muebles, no sé si sabrás,..

Anónimo dijo...

Me parece gracioso e ingenioso lo que escribes y admiro tu constancia. Suelo entrar, pero nunca me habia animado a comentar y creo que ya iba siendo hora. ¡Feliz año!

Gabriel Noguera dijo...

Gracias.

Fx. dijo...

Esto esta siendo muy entretenido.
Encima, creo que tengo blog para rato.
Creo que aún me sigo rieeeeeeeeeeeendo :D
me ha encantado, Sr Gabriel