domingo, 14 de noviembre de 2010

La infinitud

El soldado entra en su casa, que en realidad es un decorado. Su mujer, que en realidad es una actriz, le besa con pasión. Él le toca el culo, aunque en realidad no estaba en el guión. El tramoyista, que en realidad es el novio de la actriz, en venganza ilumina mal al soldado a partir de este momento.
SOLDADO: Cariño, traigo un hambre atroz.
Abre el macuto, saca el hambre y la deposita en la mesa.
MUJER: ¿Qué demonios es esto?
SOLDADO: Un hambre atroz.
El hambre lanza dentelladas a diestro y siniestro. La mujer, temerosa, se aparta de la mesa.
MUJER: Enseguida traigo algo de comer.
El soldado, en una demostración gratuita de los hábitos machistas, se repantiga en una silla mientras su mujer se afana en la cocina. Fuma tres cigarrillos en cada mano. Pone las botas embarradas sobre la mesa (pero lejos del hambre, que sigue mordiendo el aire). Canta a eructos la Marsellesa. Por fin, antes de que el público abandone la sala, viene la mujer con una olla, que pone ante él.
SOLDADO: ¿Qué es?
MUJER: Es un estofado infinito, como en los cuentos.
SOLDADO: Eso no puede ser, va contra las leyes de la física.
MUJER: Te equivocas. La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. En este caso, se transforma en estofado.
SOLDADO: Eso es una tontería.
MUJER: Calla y come.
El soldado come a dos carrillos. El hambre va encogiéndose cada vez más en la mesa, boqueando con dificultad, hasta desaparecer cuando el soldado queda saciado.
SOLDADO: Mujer, es increíble: sigue habiendo la misma cantidad de estofado. Es un milagro.
MUJER: No, es pura física.
Por un agujero en el espacio-tiempo, entra un funcionario.
FUNCIONARIO: Buenas tardes. ¿Qué contiene esa olla?
SOLDADO: Estofado.
MUJER: Nada.
FUNCIONARIO: ¿En qué quedamos? ¿Estofado o nada? Tiene que ser una cosa u otra. A no ser que se trate de un delicioso estofado de nada, como el que preparaba mi difunta madre.
MUJER: Qué miedo.
FUNCIONARIO: Lo preparaba antes de ser difunta.
MUJER: Ah.
FUNCIONARIO: No intenten liarme. ¿Qué hay en la olla?
SOLDADO: Es un delicioso estofado. Mire.
FUNCIONARIO: Ya veo. No será un estofado infinito, ¿verdad?
MUJER: Por supuesto que no; somos gente sencilla.
FUNCIONARIO: Eso está bien. Porque saben ustedes que está prohibido usar alimentos infinitos, ¿no? Sólo está permitido en los cuentos.
SOLDADO: No conocemos las leyes, pero las obedecemos.
FUNCIONARIO: Bien. Supongo entonces que no les importará que pruebe el estofado. Sólo para cerciorarme.
El soldado y su mujer se miran, nerviosos.
SOLDADO: Claro, siéntese, está usted en su casa.
El funcionario se sienta a la mesa, saca una cuchara del bolsillo y prueba el estofado. De pronto, se le ilumina el rostro (mérito del tramoyista).
FUNCIONARIO: Sabe... sabe a infinito.
Se levanta y vuelca la olla, vertiendo su contenido en el suelo. Como se trata de un estofado infinito, pronto la habitación se llena de caldo, patatas, carne, verduras. Los personajes desaparecen para siempre en el estofado, pero antes se escucha de nuevo la voz ominosa del funcionario.
FUNCIONARIO: Esto es un uso ilegal de la ficción.

7 comentarios:

Caos dijo...

Genial. Debe costarte horrores adaptarte a la realidad, porque tú imaginación no tiene limites.

Anónimo dijo...

¡MUy bueno!. Le aplaudo a seis manos. (Sí, soy mutante).

Alton Benes dijo...

La última frase la dice Graham Chapman vestido de militar, espero...

X dijo...

Y así Boris Vian se ganó parte de su vida. Con bastante menos gracia que usted, por cierto.

Sencillamente genial.

María Mercromina dijo...

Para acosar sexualmente al autor
Si es usted mujer, mande aquí sus proposiciones indecentes y fotos eróticas
...
jajajajaj qué grande eres jajaja

María Mercromina dijo...

Para acosar sexualmente al autor
Si es usted mujer, mande aquí sus proposiciones indecentes y fotos eróticas
...
jajajajaj qué grande eres jajaja

Microalgo dijo...

Uh. El problema de este pasaje, de ser representado en un teatro, sería técnico. Me refiero a los efectos especiales...