Habitualmente, los dos pilares que sostienen una relación están formados por la admiración que cada uno siente por el otro. En nuestro caso, uno de los pilares era mi admiración por ella y el otro era el agrado que mi admiración le causaba.
Amparado por la noche, se sentaba al escritorio a garrapatear sinsentidos que, a pesar de sus deseos y, sin embargo, por fortuna para él, nadie leería.
Piensas que lo que te está sucediendo es especial precisamente porque eres parte interesada. Experimentas tu vida todo el rato, desde que te levantas hasta que te acuestas. Incluso las partes aburridas consideras que tienen sentido narrativo; eres el héroe que lucha contra el tedio. ¿Cómo no querer comentarle esto al mundo? Sin obviar ningún detalle. ¿Por qué no se dan cuenta de lo importante que es?