jueves, 10 de abril de 2014

La vida aburrida

Soy un tipo aburrido. O al menos sé que la vida es aburrida. No creo en dioses ni en conspiraciones. Asumo que no hay nada más que lo que es lógico y evidente para cualquiera con actividad cerebral. Admito que sería más entretenido creer en cosas raras, pero es muy complicado convencerse de algo cuando ya sabes que es falso.

miércoles, 9 de abril de 2014

La solución

—Opino que lo mejor es asesinarlo, borrarlo de la ecuación.
—Pero eso es hacer trampas.
—Supongo. Creo que en la Carta Olímpica no dicen nada del asesinato. Y a la Convención de Ginebra también le parece mal, en general.
—Y además es antimatemático.
—¿Qué?
—Claro. Tenemos aquí un dato que preferimos borrar para lograr el resultado deseado en la operación en vez de resolverla correctamente.
—Es más sencillo así.
—Y menos honesto. Propongo que nos pasemos toda la noche estudiando el problema hasta llegar a una solución honesta intelectualmente.
—Desde que estás en la universidad, no se puede contar contigo para nada.

martes, 8 de abril de 2014

Jugársela

Realmente, caballeros, yo vengo aquí a jugarme la vida con una sonrisa. Porque de nada vale vivirla si no puedes perderla en un instante. ¿No entienden que sólo me siento vivo en ese momento? En ese momento en el que sé que puedo perderlo todo.

lunes, 7 de abril de 2014

Un pueblo piadoso

—Ha muerto el ganado.
—Todo es culpa de la sequía.
—De la sequía y de las enfermedades. El Señor nos manda plagas, nos castiga. Algo habremos hecho.
—Nos castiga por los pecados de Simón, que no es lo bastante pío.
—Es verdad, va poco a la iglesia y tiene cara de blasfemar con el pensamiento.
—¿Qué podemos hacer?
—Creo que la solución está clara: Dios nos castiga por la actitud de Simón, así que lo que tenemos que hacer es castigarlo nosotros a él. Hay que corregirlo a golpes por el bien de todos.
—Es lo justo.

domingo, 6 de abril de 2014

La droga del amor

Siempre fueron un matrimonio infeliz, pero siguieron juntos porque, siendo ambos fumadores, la nicotina de sus labios los mantenía enganchados en cada beso.

sábado, 5 de abril de 2014

To Boddah

—Se ha muerto ese cantante que te gusta —me dijo mi madre.
—¿Quién?
—Pues… no me acuerdo del nombre. Uno rubio, con el pelo largo.
—¿Kurt Cobain?
—Sí, creo que sí —dijo.
Puse el teletexto (no había internet entonces). Era cierto: Kurt Cobain, el cantante de mi grupo favorito, se había suicidado. Recuerdo que fui a mi cuarto a escuchar In Utero. Ya no habría más canciones. Ya nunca podría ir a un concierto de Nirvana. Pensé en su hija de corta edad. En la bruja de Courtney Love (todos odiábamos a Courtney Love).
El lunes, en el instituto, las chicas cantaban cosas de Nirvana (del Unplugged, claro, que ese fin de semana lo habían emitido varias veces), cuando antes no habían mostrado ningún interés. Era un grupo para chicos, decían. La muerte le hacía respetable a uno, pensé. Quizá, me dije, si yo muriera, existiría para las chicas. Pero no compensaba demasiado. Morir a los quince para gustar a las compañeras de clase. No, no era una gran idea.
Era abril de 1994. Quedaba todavía lo peor de los noventa.

Publicado en el número 13 de Obituario

viernes, 4 de abril de 2014

Taxis (2)

—Oiga, no me suena de nada esta calle, ¿nos hemos perdido?
—Sólo usted.
—¿Cómo?
—Sí. Usted, quizá por el largo viaje, se ha equivocado al darme la dirección. Me ha dado una dirección que no existe, pero los taxistas hicimos un juramento para llevar siempre a nuestros clientes a sus destinos. Y eso es lo que hacemos siempre. ¿Sabe la gente que desaparece sin rastro? Son personas que dieron a sus taxistas direcciones que sólo existen en otras realidades.

jueves, 3 de abril de 2014

Taxis

—Aunque usted no lo sepa, soy taxista.
—Sí que lo sé, que me está llevando al aeropuerto.
—Ah. Pero eso no demuestra nada, podría ser un secuestrador.
—Podría, pero no iba a sacar nada conmigo, que no tengo seres queridos.
—Lo he notado en sus ojos. Lo de que es un tipo solitario, quiero decir. Por eso he pensado que sería buena idea darle conversación. Los taxistas somos como psicólogos, ¿sabe? Es extraño que apenas haya taxistas argentinos. En cualquier caso, un día me presenté en la universidad para ver si podían convalidarme mis años de taxista, pero se negaron a darme el título de licenciado en psicología. Una injusticia, ¿no le parece? Pero nadie escucha nuestras quejas: los políticos nunca viajan en taxi, siempre en coche oficial. Somos un colectivo desconocido y continuamente despreciado.

miércoles, 2 de abril de 2014

Amores alternativos

—Y así se acabó lo nuestro.
—No, vuestro amor continúa, pero homeopáticamente.
—¿Cómo? Si ya no está en mi vida.
—Pero te quedan los recuerdos, diluidos.

martes, 1 de abril de 2014

La belleza

—Buenos días, quiero trabajar como modelo fotográfica.
—Perdone que sea tan brusco, señorita, pero no sé cómo decir esto de otra manera: es usted feísima.
—Es usted muy maleducado, pero le doy la razón, la naturaleza no me ha concedido la belleza que yo siento que puedo mostrar. Sin embargo, esto no es ningún obstáculo en los tiempos que corren. Hoy en día, con photoshop se resuelve todo. Ustedes pueden hacerme bella en las fotografías.
—Quizá, pero embellecerla a usted es un proceso bastante más arduo que si se tratara de una mujer hermosa ya desde el principio.
—Ah, muy bonita su actitud. Así que vengo yo aquí a trabajar duro, a superar mis defectos físicos con firme voluntad y, mientras tanto, ustedes optan por la vía fácil, por no dar ni golpe y que las modelos lo hagan todo.

lunes, 31 de marzo de 2014

La venda

La nostalgia siempre me mantuvo demasiado ocupado para vivir.

domingo, 30 de marzo de 2014

El crecimiento otoñal

Ahora que vive en la residencia de ancianos, el único objetivo del señor Obdulio es alargarse el pene. No es que le dé ya mucho uso, pero el médico le dijo que se distrajera, que buscara nuevas aficiones. La suya es alargarse el pene adquiriendo para ello todo tipo de artilugios milagrosos. Piensa que, con suerte, entrará en libro de los récords como el anciano con el pene más largo del mundo y en el asilo le mirarán con admiración y envidia. Su familia no le comprende, pero gracias a esto consigue llenar sus días.

sábado, 29 de marzo de 2014

True Detective

Mi mejor amigo y yo también pasábamos jornadas interminables en el coche, filosofando sobre la psicoesfera y demás mientras investigábamos los crímenes de las mujeres contra nosotros, que no nos hacían nada de caso. Siempre había alguna guapa sospechosa a la que seguir. Siempre había algún caso irresoluble. Siempre había alcohol. Al final, descubríamos que todas las pruebas iban contra nosotros y teníamos que enmendarlo de alguna manera en un papeleo literario que, por suerte, acababa olvidado en algún cajón.

viernes, 28 de marzo de 2014

La condición

—Buenas tardes, señor Simplón, ¿en qué puedo ayudarlo?
—Es Simplon. Mi padre era británico.
—Ah, así que es una condición hereditaria.
—¿Qué?
—Su retraso mental. Acaba de decir que su padre era no sé qué.
—Británico. Del Reino Unido. Es un país.
—¿Hay otros países?
—Pues claro.
—No tenía ni idea de ello. ¿Y el gobierno lo permite? ¿Es legal?
—Por supuesto que es legal.
—Bueno, no sé, puede que sea legal porque vivimos en unos tiempos muy permisivos, pero a mí no me parece natural.

jueves, 27 de marzo de 2014

El yo

La crítica siempre comparaba a estos dos autores, que se miraban con recelo en los actos en los que coincidían. En qué me pareceré yo a este mastuerzo, que no sabe ni vestir, pensaba uno de ellos mientras sonreía con la copa en la mano y le saludaba con una leve inclinación de la cabeza.

miércoles, 26 de marzo de 2014

La certeza

—Yo sabía que iba a ser un tipo sensible, que me meaba de pequeño en la cama.

martes, 25 de marzo de 2014

En resumen (2)

Vivía siempre entre el recuerdo y la fantasía.

lunes, 24 de marzo de 2014

La fe

—¿Crees en Dios?
—Por supuesto que no.
—Da igual, lo importante es que Él cree en ti.
—¿Ah, sí? ¿Entonces por qué dan tanto el coñazo para que crea yo?

domingo, 23 de marzo de 2014

En resumen

Como todos los escritores primerizos, sólo estaba interesado en follar.

sábado, 22 de marzo de 2014

Las nuevas tecnologías aplicadas al espiritismo

Las nuevas tecnologías aplicadas al espiritismo es el tema del simposio celebrado en el hotel Continental. Estamos perdiendo la batalla, nos hemos quedado en el XIX, se quejó Madame Retourner, la famosa médium, antes de explicar que vivimos en la época de la inmediatez y que nadie quiere desplazarse para contactar con los muertos: es necesario adaptarse a los nuevos tiempos y, por ejemplo, desarrollar una aplicación para el móvil que nos conecte con el más allá. O un twitter de los difuntos para estar al tanto de las novedades de nuestros seres queridos en la otra vida.

viernes, 21 de marzo de 2014

El peso

La semana pasada participé en Versometraje, una actividad en la que cada autor elegía una escena cinematográfica y luego leía un texto relacionado con ella. Al acabar, un chico alemán me preguntó si tenía algún libro publicado y por primera vez pude decir que sí, que el año pasado una oscura editorial y blablablá. La reacción de mi interlocutor fue muy diferente a cuando solía decir que no había publicado nada. Es curioso todo.

jueves, 20 de marzo de 2014

Un momento recurrente

Un momento recurrente: la clase de gimnasia (me negaba a llamarlo «educación física», para enfadar a los profesores), hay que hacer equipos y te escogen el último. Menos mal que estas cosas sólo pasan en el instituto, pensabas, pero no. Chicas que escogían a otros (para sus juegos sexuales, mucho más interesantes que el baloncesto). Editoriales que elegían a otros. Y tú, el mismo enclenque que miraba siempre con ojos llenos de esperanza tras las gafas mientras la vida iba seleccionando a otros.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Atajos

Acostumbrado a internet, abrió el procesador de textos y escribió la primera frase de su novela esperando el autocompletado, pero no sucedió nada.

martes, 18 de marzo de 2014

El fantasma en la máquina

El mismo principio de las casas encantadas funciona en el caso del automóvil de Ignacio Pérez. El coche es de segunda mano y un anterior propietario murió en él: un picnic con la familia que salió mal (una indigestión fulminante). Desde entonces, el espíritu del muerto se manifiesta en el coche de diversas formas: cambiando el dial de la radio, encendiendo el intermitente a destiempo, desinflando la rueda de repuesto, cambiando el gato de sitio en el maletero, etc.

lunes, 17 de marzo de 2014

El destino manifiesto

En el referéndum se preguntaba a los votantes si querían ser felices, pero sin explicar los medios para conseguirlo.

domingo, 16 de marzo de 2014

La voz

Hola, dice de pronto una voz femenina. Podríamos vivir una bonita historia de amor juntos, ¿sabes? Como en Her. Una historia de amor que encandilará a todos. Pero no existes, responde él; estoy escuchándote en mi cabeza. No importa, contesta ella con ternura, simplemente hay que luchar contra los prejuicios ante un nuevo tipo de amor, pero el mundo terminará por entendernos.

sábado, 15 de marzo de 2014

El sentimiento literario

—Cuando tengo que leer en público, me siento como Dostoievski.
—Hala, qué ínfulas.
—No, no me has dejado acabar. Me siento como Dostoievski en Siberia, cuando pensaba que lo iban a fusilar.

viernes, 14 de marzo de 2014

La literatura del cuarto de baño

Yo quería ser escritor, pero la vida moderna, con todas sus distracciones, me apartaba de este noble objetivo. Por suerte, una película de Truffaut me puso en el camino correcto. En ella, el protagonista se encerraba en el cuarto de baño para, totalmente aislado, concentrarse en la escritura de su novela. Eso es lo que tengo que hacer yo, pensé, pero en una familia de siete hermanos no resulta sencillo encontrar un momento de intimidad en el servicio; algo que había aprendido en mi adolescencia, cuando tenía que apresurarme en mis masturbaciones diarias temiendo que en cualquier momento llamaran a la puerta. No, en casa era imposible refugiarse en el cuarto de baño, tendría que ser en otro sitio. Así, decidí usar la extensa red de aseos públicos de la ciudad. Que los urinarios públicos contribuyan a la literatura, me dije.
Sin embargo, tampoco allí era sencilla la labor literaria. Sí, es cierto que uno encontraba relativa intimidad dentro de uno de los habitáculos: sentado en el retrete, con la máquina de escribir en las piernas, el pestillo puesto y un rollo de papel por delante (a lo Kerouac), la vida parecía llena de posibilidades literarias. Todo estaba dispuesto para la gran novela, sólo era cuestión de escribir hasta que sangraran los dedos. Pero no había pensado en el continuo trasiego de personas que me sacaría de mi ensoñación. Gente con problemas de próstata. Gente con problemas estomacales. Cocainómanos. Algún que otro heroinómano al que se le caía la jeringuilla al suelo, la cual, rodando, acababa junto a mis pies, reclamándola en el acto a gritos. Improvisados encuentros sexuales. Limpiadoras que me exigían que saliera para que pudieran adecentar un poco el lugar. En fin, que cada vez que alguno de mis compañeros anónimos de cuarto de baño tiraba de la cadena, comprendía que aquel sonido era una metáfora de mi futuro en las letras españolas.

jueves, 13 de marzo de 2014

Estasis

Sentado a la sombra, recibiendo en la cara la fresca brisa. Sin preocupaciones de ningún tipo, sin responsabilidades. No el tiempo recobrado, sino detenido. Al menos, durante un momento.

miércoles, 12 de marzo de 2014

El miedo escénico

Señoras y señores, ustedes han venido hoy aquí para asistir a una charla sobre el somormujo común. Pero yo podría morir. Combustión espontánea debida a la vergüenza que me produce hablar en público. Es mi deber advertirles de todo esto, para que no haya más traumas que el mío, que tengo ganas de llorar como un niño y simplemente repetir una y otra vez: no quiero estar aquí.

martes, 11 de marzo de 2014

La radio infinita

Una noche, de repente, empezaron a escucharse las voces de los muertos en todo el edificio. Esto en teoría habría espantado a cualquiera, pero los inquilinos encontraron de lo más interesante poder enterarse de los chismes del más allá.

lunes, 10 de marzo de 2014

El experimento

Durante mucho tiempo me dediqué a odiar. Era sencillo, sólo había que dejarse llevar, pues la realidad ponía mucho de su parte (casi todo el trabajo lo hacía ella). Un día decidí probar otra cosa, sólo por ver qué pasaba.

domingo, 9 de marzo de 2014

Cosas raras

El verano pasado, ante una palmada en el culo que le di a mi novia, mi cuñada de diecisiete años reaccionó con indignación diciendo que ella jamás permitiría que un tío le hiciera eso. Joder, qué aburridas las generaciones que vienen, pensé.

sábado, 8 de marzo de 2014

Contradicciones

La cubrí de besos, pero seguía desnuda.

viernes, 7 de marzo de 2014

Y el corazón dejó de temblar

Mi corazón temblaba y no era un sueño.
Fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey
y mi corazón seguía temblando.
Leopoldo María Panero

Falleció el poeta loco y el reino suspiró de alivio. Por fin descansarían todos, conciencias incluidas. Ya no sufrirían más sus terroríficas risotadas ni sus versos cáusticos. Los soldados de la guardia del rey se felicitaron ante lo que entendieron como una mejora clara en sus condiciones laborales: por fin podrían cobrar la jubilación.

jueves, 6 de marzo de 2014

Las tiendas de lencería

Yo, que soy un enfermo mental, considero las tiendas de lencería templos de verdadera fe en los que encontrar consuelo. Es una época maravillosa la que vivimos, con lencería sexy; no sé qué habría sido de mí en tiempos de enaguas y cosas por el estilo. Supongo que un psicoanalista encontraría los motivos subyacentes a esta obsesión mía. «Todo viene de aquella experiencia que tuvo de tierno infante, cuando se agachó repetidas veces durante la clase para verle las bragas a la niña que se sentaba frente a usted», diría. «Aunque los dos estaban en EGB y la chica llevaba unas simples bragas blancas propias de su edad, pero para usted fue un momento fundacional. Tanta luz en los ojos, que pensó ante la blancura. Las puertas de la percepción. Algo así. Luego creció usted y descubrió que la ropa interior podía ser todavía más interesante. De bellos colores. Con encajes y transparencias. De reducidas dimensiones. Como los tangas, claramente su predilección (babea usted ante las nalgas desnudas por un atavismo del mono no superado, es evidente)».

miércoles, 5 de marzo de 2014

Doce años de esclavitud

—Qué horrendo todo, ¿verdad? Menos mal que cosas así no pueden pasar hoy en día.
—Bueno, si no pensamos en las mujeres obligadas a prostituirse (sacadas de sus países con mentiras y esclavizadas) o en las condiciones laborales de muchas personas en países pobres (condiciones precarias que tienden a empeorar y extenderse al resto del mundo). O en inmigrantes sin papeles explotados por gentuza que en caso de accidente laboral son capaces de arrojar un miembro cortado a la basura y hacer como que aquí no ha pasado nada. Quizá haya cambiado el escenario general, pero nos sobran psicópatas con deseo de lucrarse a costa de las vidas de otros.

martes, 4 de marzo de 2014

Biografía

Era un escritor muy prometedor, pero nunca cumplía nada.

lunes, 3 de marzo de 2014

Bucle

Pienso que todavía soy joven, pero no tanto como para creer que la vida me espera. Pienso que todavía soy joven, pero no tanto como para creer que la vida me espera. Pienso que todavía soy joven, pero no tanto como para creer que la vida me espera. Pienso que todavía soy joven, pero no tanto como para creer que la vida me espera. Pienso que todavía soy joven, pero no tanto como para creer que la vida me espera.

domingo, 2 de marzo de 2014

La vida

Me encantaría ser más joven para poder seguir posponiendo la toma de decisiones.

sábado, 1 de marzo de 2014

2010

Me he despertado esta mañana pensando en el año 2010. Fue un año desolador en el que perseguí con denuedo la atención de cinco mujeres. En general no me hicieron gran caso, pero creo que fue Susana quien se portó mejor conmigo. Al fin y al cabo, se tomó no pocas molestias para verme (y tampoco le salió muy barato). Luego hizo mutis por el foro de manera inesperada y me pregunté durante bastante tiempo por qué. Supongo que fue algo que dije o hice. Llegué a plantearme incluso esta hipótesis absurda: quizá me dejé abierta la puerta de su coche en la estación de trenes, se lo robaron y me odió para siempre por ello. Pero no, una cosa así habría provocado una reacción visible. Tuvo que ser algo sutil, una falla grave en la personalidad que no logré disimular. Pero en 2010 estaba inmerso en pleno proceso de autodestrucción y no podía darme cuenta de esos detalles.

viernes, 28 de febrero de 2014

La muerte como herramienta de seducción

—Me gustaría verte hoy. Resulta que el médico me ha dicho que podría morir en cualquier momento y qué mejor manera de morir que estando contigo.
—Siguiendo esa lógica, tendríamos que estar todo el rato juntos.
—Ah, a mí me parece bien.

jueves, 27 de febrero de 2014

La lotería

Lo mío de participar en tantos concursos es pura ludopatía literaria.

miércoles, 26 de febrero de 2014

646

José Pablo y yo nos preguntábamos cuántos ejemplares de Órbita 76 habríamos vendido. Calculábamos que quizá unos ochenta, pero luego éramos optimistas y elevábamos la cantidad a más de cien. Ayer el editor nos contó que han sido seiscientos cuarenta y seis. Nunca hubiera imaginado que algo escrito por mí podía ser comprado por tanta gente. Tantos desconocidos que han querido llevarse el cómic a casa. ¿Cómo habrá sido posible esto? ¿Quién será esa minoría silenciosa? ¿Cómo darle las gracias?

martes, 25 de febrero de 2014

De la literatura portátil

Soy un hombre que siempre ha llegado tarde a las novedades tecnológicas. Hace años, una chica me dijo que me mandaría un vídeo erótico suyo al móvil, pero no podía ser, pues mi móvil era antediluviano y no estaba preparado para esas cosas. Tiempo después me hice con un móvil con capacidad para esos menesteres, pero ya había pasado el momento y la chica no estaba por la labor de mandarme nada. Del mismo modo, nunca he tenido ipods, ipads, o libros electrónicos. Todo eso cuesta dinero, al fin y al cabo, y a mí nunca me ha sobrado. No fue hasta el año pasado cuando por fin me hice con un ordenador portátil. Y qué cambio, amigos. La revolución. Va conmigo de una habitación a otra. Me lo llevo en los viajes. Y la libertad que da poder escribir en la terraza, al sol. O en la cama, como Proust y los holgazanes.

lunes, 24 de febrero de 2014

Compensar

Si mis plagiarios tuvieran el detalle de comprarse mi libro, me iría muy bien económicamente.

domingo, 23 de febrero de 2014

El poder de la palabra

Padre, mi marido entra en trance cuando escribe. A mí me parece que esto puede considerarse infidelidad o, al menos, posesión demoníaca, pues siempre dice que pasa momentos muy agradables en brazos de las musas.

sábado, 22 de febrero de 2014

Formas de amor

Publicar es como ligar, caballero. Así, una vez que has conseguido perder la «virginidad», hablas con más aplomo a las editoriales, que por lo tanto están más receptivas a irse a la cama contigo.

viernes, 21 de febrero de 2014

De sentido común

Yo soy un firme defensor de la desregulación en la economía, dice el político neoliberal. Porque es evidente que funcionaría armónicamente para bien de todos. Hay quienes afirman que esto que defiendo es una barbaridad y ponen como ejemplo que en un país sin leyes habría más delitos, pero esas personas se equivocan: al no haber leyes, no podría haber delitos, pues no se quebranta ninguna ley. Es lógico y de sentido común.

jueves, 20 de febrero de 2014

El secretismo

Un momento embarazoso en la vida de un autor tercermundista es buscar su libro siempre que va a una librería que en teoría lo tiene. Y no encontrarlo. Y no preguntar porque te da vergüenza.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Crossover

«Hijo, venga mi muerte», dice el espíritu del rey danés a Willy Loman en Muerte de un viahamlet, la obra rompedora que se representa esta semana en el teatro municipal de Pinares de Entretiempo.

martes, 18 de febrero de 2014

La solidaridad

Mensajes grabados con una cálida voz femenina agradecían cada media hora a los trabajadores su esfuerzo y sacrificio, que permitían que el país prosperara por encima de sus posibilidades.

lunes, 17 de febrero de 2014

El abogado

Hola, me llamo Martín y algún día seré tu abogado, le dijo un niño a otro en el patio del colegio. El otro niño le miró sin entender nada y preguntó si se trataba de una broma. Ahora te parece una broma, contestó Martín, pero dentro de treinta años Mercedes te pedirá el divorcio y entonces necesitarás mi consejo. Yo, como seré buen profesional, pasaré por alto este momento tuyo de duda.

domingo, 16 de febrero de 2014

El segundo año

Lo que quería decirte es que por fin, en ese momento, entendí que en realidad nunca hubo nada. Pasé mucho tiempo sufriendo por haber perdido una ilusión, un espejismo. Porque yo en aquella época no estaba atento a la vida. O sí, pero no sabía con qué compararla. No podía analizar ni la mitad de las cosas y creía que todo aquello era normal.

sábado, 15 de febrero de 2014

La celebración del centenario

El escritor Lucas Brando siempre invitaba a sus amigos a una fiesta cuando terminaba de escribir la página número cien de la novela en la que estuviera trabajando. Vamos a celebrar el primer centenario, era la frase con la que comunicaba a sus amistades que había llegado el momento de emborracharse de nuevo en buena armonía.

viernes, 14 de febrero de 2014

Peinarse contra el viento y otros actos de heroísmo cotidiano

La vida siempre deja este regusto amargo, un poco como a cianuro. Es el sabor de boca de Himmler, digo siempre yo, aunque mis interlocutores se molestan por estas afirmaciones y se levantan entre improperios a mi persona por estropear lo que hasta ese momento estaba siendo una muy agradable tarde.

jueves, 13 de febrero de 2014

La trampa mortal

Desde que tiene ducha con mampara, le preocupa la idea de quedarse encerrado en ella con una cucaracha. Sería sin duda una trampa mortal. Se imagina golpeando la mampara con la cabeza mientras la cucaracha corretea entre sus piernas.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El mundillo

No insista, su nombre no está en la lista y aquí nos conocemos todos. No pertenece a nuestro club y si insiste en llamar a la puerta lo único que logrará será un momento embarazoso para todos.

martes, 11 de febrero de 2014

Vértigos

—¿Debe uno saltar al vacío en el amor?
—Es un deporte de riesgo como cualquier otro.
—¿Pero lo recomiendas?
—Claro que sí. Siempre compensa ver estrellarse a otro por una vez.

lunes, 10 de febrero de 2014

Nouvelle cuisine

Con el descubrimiento de nuevas especies comestibles en otros planetas, se pensó que el problema del hambre en el mundo terminaría. Sin embargo, la gente se negaba a comprar pescados como la ranguna de Nebulón 7 en los supermercados, por muy bien que estuvieran de precio, ya que esos alimentos exóticos no eran «los de toda la vida» que cocinaban las abuelas.

domingo, 9 de febrero de 2014

De los celos

Mi novia es bastante celosa, lo que puede ser incómodo en ocasiones, pero también es halagador, pues cree que tengo posibilidades con todas.

sábado, 8 de febrero de 2014

De las pruebas de amor

Dicen que Dios te quiere, pero el caso es que nunca te lleva el desayuno a la cama.

viernes, 7 de febrero de 2014

La última navidad

Serán ya las dos de la mañana, piensa el soldado mientras contempla el vapor que sale de su boca y desaparece en la negrura. Una noche gélida para estar al raso. Una fecha señalada que tendría que compartir con sus seres queridos y no con el barro y los insectos de la trinchera. Ya es Navidad, pero su cena ha consistido en el rancho reglamentario, aunque ni siquiera ha podido calentarlo, pues un fuego podría revelar su posición al enemigo. Suspira de nuevo. Coloca la bayoneta en el fusil e imagina a su familia trinchando el pavo. No te dejes trinchar tú, murmura con labios agrietados.
De pronto, una bengala ilumina el cielo. Como un loco, piensa en la estrella que siguieron los Reyes Magos, pero no son precisamente estos quienes se aproximan, sino soldados enemigos. Lo absurdo de todo esto, piensa a toda velocidad mientras amartilla el fusil. No me traéis oro, incienso o mirra, sino balas, granadas y, en fin, muerte, musita antes de disparar a una silueta, que cae en el acto. Se escuchan improperios y silban las balas en su dirección. El soldado se agazapa en la trinchera y se aferra a su fusil como si su vida dependiera de ello. Estoy perdido, piensa. Perdido en la noche, perdido en el bosque, perdido como un niño. Si pudiera despertar por la mañana en mi cama y bajar corriendo al salón a abrir los regalos bajo el árbol, murmura un segundo antes de que una explosión lo borre todo para siempre.

jueves, 6 de febrero de 2014

Dudas metafísicas

¿Por qué será que la sensación «esto que estoy escribiendo es una mierda» siempre parece más auténtica que «esto que estoy escribiendo es maravilloso»?

miércoles, 5 de febrero de 2014

Una noche más en la cocina

Era ya tarde, pero Jackson y Pollock seguían trabajando en la cocina. Jackson quería marcharse a casa, pero no podía sin su hermano, que experimentaba con unas nuevas salsas que, creía él, reflotarían el negocio. Era muy fuerte el vínculo que unía a ambos hermanos: concretamente, los unía por la cintura, implicando varios órganos vitales. Jackson, que manejaba con destreza el cuchillo de trinchar, alguna vez había fantaseado con separarse de su hermano mediante un hábil tajo sin avisar. Al fin y al cabo, el médico les había dicho que uno de los dos moriría si fueran separados, pero no estaba claro cuál. Sería como jugar a la ruleta rusa, pero con un cuchillo, pensaba Jackson mientras admiraba la gran fotografía de mujeres con las medias bajadas que colgaba de la pared.

martes, 4 de febrero de 2014

Yo

Yo quería ser un líder carismático. Como Mussolini, por ejemplo. Pero sólo tengo sus delirios de grandeza.

lunes, 3 de febrero de 2014

El pueblo del Centenario

Sucedió que murió el Centenario una mañana en la que cantaban las avutardas (qué iban a cantar) y se reunió el pueblo entero en el Ayuntamiento para decidir qué hacer.
—El fallecimiento del Centenario es una tragedia inesperada que nos afecta a todos —dijo el alcalde—. ¿Qué podemos hacer para remediarlo?
—Podríamos disecarlo y dejarlo en la plaza, frente a la iglesia —propuso el boticario—. Al fin y al cabo, siempre fue un tipo callado.
—No seas bruto —dijo el cura—. Eso no es humano ni cristiano.
—Y los turistas se darían cuenta —añadió el herrero—. Son poco espabilados, pero no tanto.
—Es verdad, es verdad. Pensemos ante todo en el turismo —dijo el de los burros—. ¿Qué vamos a hacer ahora sin el Centenario?
—¿Cuántos años llevaba siendo Centenario? —preguntó el boticario.
—Unos quince —contestó el alcalde.
—Ya ha vivido, ya. El Señor le concedió una vida larga —apostilló el cura.
—Era el más viejo de la comarca —confirmó el de los burros.
—Se me ocurre que podríamos nombrar un sustituto —dijo el boticario—. ¿Quién es el más viejo del pueblo ahora?
—Yo —dijo Abundio—. Pero sólo tengo setenta, estoy muy lejos de ser centenario.
—Pues ahora eres el nuevo Centenario —anunció el alcalde—. A partir de este momento, tienes treinta más. Pero estarás en el cargo sólo catorce años, para honrar al Centenario original.
—¿Y morirme entonces? ¿Y si estoy bien de salud? Yo no quiero morir antes de tiempo.
—Piensa en el pueblo, Centenario, piensa en el pueblo —rogaron al unísono.

domingo, 2 de febrero de 2014

Los débiles

«Nosotros en nuestro partido defendemos los intereses de los más débiles. Por eso protegemos los derechos del no nacido, que es más débil que la madre. Es evidente», declara el ministro, que recibe una salva de aplausos. Un señor bajito, quizá un periodista independiente, se levanta entonces y pregunta: «¿No son los obreros más débiles que los empresarios? ¿No son los pobres más débiles que los ricos?». Un silencio sepulcral cae sobre la concurrencia, pero el ministro reacciona en el acto y afirma: «usted es un alborotador». Y los de seguridad sacan a patadas al impertinente.

sábado, 1 de febrero de 2014

Del fracaso romántico

Ya está, no pudo ser, dijo él. Nuestro amor se ha desplomado en la bolsa. Ahora declaramos la bancarrota y nos repartimos los restos del naufragio. Empezaremos de nuevo, pero lejos del otro, claro, y todo esto no será más que un leve recuerdo, una pequeña intentona que salió mal, sin más. La culpa fue tuya, que me hiciste soñar que éramos otras personas, respondió ella.

viernes, 31 de enero de 2014

El odio amoroso

Una cosa muy bonita de las parejas es compartir odios. Así, Sonia ahora odia a mis enemigos y yo a los suyos.

jueves, 30 de enero de 2014

La novela

A veces, por las noches, me llama una voz. Es la novela que nunca he escrito, que repite mi nombre una y otra vez. Por qué no me escribes, dice, ven aquí si eres hombre, maldito cobarde, afronta este desafío. Pero yo me arrebujo con las sábanas y sigo durmiendo.

miércoles, 29 de enero de 2014

La censura onírica

Sueño con un programa de televisión cultural matutino en el que entrevistan a un dibujante de cómics estadounidense que se expresa en un más que aceptable español. Habla de su carrera, pero con timidez, pensando en todo momento que se le acaba el tiempo. Los presentadores, sin embargo, le animan a continuar. Luego ponen un vídeo de los instantes finales de un partido de balonmano femenino. Se ve a un tipo con traje saltando de alegría. Es el dibujante de cómics, que al parecer fue entrenador de un equipo belga de balonmano femenino. Le preguntan entonces por el deporte y contesta que en su método de entrenamiento intentaba recuperar el espíritu solidario obrero y... de pronto empieza a sonar una música que apaga sus palabras. Pasan a otro plató, donde un periodista habla de otro asunto. Y no sé si mi subconsciente quiere alertarme de los peligros de la censura o si el gobierno controla ya los sueños.

martes, 28 de enero de 2014

La privacidad en directo

Me escribe un amigo por Facebook: «¿Va todo bien? Llevas todo el día escuchando a Leonard Cohen».

lunes, 27 de enero de 2014

La normalidad

Cualquier persona a la que se le pregunte por la calle tiene clara la respuesta: hay para todos. Incluso si el reparto no es del todo justo y algunos se siguen llevando algo más que el resto. Pero nadie normal preconizaría que unos pocos tengan casi todo y muchos no tengan casi nada. La historia de la humanidad es una larga lucha de las personas normales contra los psicópatas que tienen el poder.

domingo, 26 de enero de 2014

Diez años y un día

Y aquí sigo, a pan y tinta (digital), cumpliendo mi condena con la palabra y el recuerdo, sin la esperanza, ni ya el deseo, de una amnistía.

sábado, 25 de enero de 2014

Diez años de blog (Bringing it all back home)

Yo quise ser Leonard Cohen.
En enero de 2004 tenía veinticinco años y sólo habían pasado diez meses de mi ruptura con Alba, diez meses largos y oscuros que, por suerte, no quedaron registrados aquí, aunque ya me encargaría yo de consignar otros episodios dolorosos. Alba, como ya se dijo en otra ocasión, me había dejado por un profesor suyo, un tipo que entonces tenía dos años más de los que tengo yo ahora.
Poco después de que yo abriera este blog, Mark Zuckerberg inventaba Facebook. Lo suyo ha sido bastante más lucrativo que lo mío.
En enero de 2004 sabía muy poco de la vida. Más o menos igual que ahora, pero entonces todavía no me había desembarazado de una tonta ingenuidad más propia de la adolescencia. Recuerdo que pensaba entonces en los libros que escribiría (en diez años podría haber escrito muchos). Hoy en día me pregunto si escribiré alguno. En 2004 todavía no me había presentado a ningún concurso literario ni había mandado nada a ninguna editorial, pero no parecía tan difícil. No tenía ni idea de la cantidad de escritores que había en España.
En diez años, todos los de mi generación me adelantaron. Y los de la siguiente.
En 2004 seguía persiguiendo mentalmente a Alba, pero fue también el año de mi fiasco con Natalia y de mi relación con Lara: por fin tenía el cariño que creía merecer, pensaba yo, pero a los nueve meses me dejó por un amigo suyo que estudiaba medicina (hizo bien). Esto fue ya en 2005.
2005 fue el año en el que me presenté por primera vez a un concurso literario: MálagaCrea. Me animaron Alba y Lara, ex novia y novia (pronto, también ex) unidas en una causa perdida común. Recibí la primera de mis famosas menciones especiales, lo que sirvió para alimentar una obsesión que sólo desaparecería cuando, en 2012, gané el primer premio. Hoy puedo decir que ganar MálagaCrea con treinta y dos años no tiene sentido, tiene ganarlo con veintidós.
Pero la literatura es otra mujer esquiva.
En 2006 conocí a Patricia, el momento más desafortunado de mi vida, aunque tuvo algo positivo: sirvió para que, tres años después, conociera a Susana. Por lo demás, el tiempo pasado con Patricia fue sólo tiempo perdido. Tiempo estúpido. Un año y medio a la basura. Aunque quizá aprendí algo de la condición humana. Tal vez. No lo sé, no creo.
Ella nunca supo que estuve a punto de dejarla bastante antes. O quizá sí lo supo, puesto que lo que me hizo retrasarlo fue que, una noche, se intentó suicidar a base de pastillas (un intento de opereta, en realidad).
En febrero de 2007, una chica me dejó un comentario poco inocente en el blog y la agregué en el hoy difunto Messenger. Era Babeth, que poco después me escribiría una carta en esta época de emails. Pero volveremos a ella luego.
En 2007 hubo un acercamiento con Alba que se truncó de manera repentina. Recuerdo la última noche: yo, en un estado de embriaguez total, en su portal —aprovechando que el príncipe de los enanos (así bauticé a su novio) estaba en Francia—, diciéndole en un mensaje que me dejara subir. No abrió, claro (¿hacía falta decirlo?), aunque tiempo después, cuando ya era tarde para todo, me dijo que estuvo a punto. Lo que sí que pasó al día siguiente o unos días después es que me llamó para comunicarme que estaba embarazada. Me eché a llorar como un niño (muy apropiado), tanto por el mazazo de la noticia como por la crueldad gratuita con que la acompañó. Recuerdo que cometí un error de novato preguntándole por qué me odiaba tanto.
Me pasé una semana llorando. Y disimulando esto ante Patricia.
2007 fue un año terrible. Un momento de felicidad fue cuando dejé a Patricia. Recuerdo una noche en la que volvía a casa de juerga, la agradable sensación de no tener que rendir cuentas a alguien que siempre me afeaba la conducta. La libertad. Aunque no deja de ser un poco triste no echar nada de menos a una persona con la que estuviste un año y medio de tu vida. Pero mi vida siempre ha distado mucho de ser perfecta.
En 2008 conocí a Babeth, que lo cambió todo. La primera vez que hablamos por teléfono, me dijo: «yo no soy el mundo, pero también puedo complicarte la vida». Bromeaba, pero acertó de pleno.
El problema fue que Babeth me cogió de la mano.
No se resume a eso, claro, pero suena bien. Si esto fuera una novela, el capítulo se titularía así. El problema fue que Babeth me cogió de la mano. Pero no. El problema es que era preciosa y tenía un coco privilegiado. El problema es que me trató con una dulzura que yo ya creía imposible. El problema es que era ella. El problema a resolver.
Y a mí siempre se me ha dado fatal esto del amor.
Cinco días de enero de 2008. Este blog cumplía cuatro años. Yo estaba enamorándome y olvidándome por fin de Alba (que, por cierto, acababa de ser madre). Yo estaba enamorándome de Babeth, que una noche, comiendo naranjas, me dijo en su frío piso de Castellón: «mira, igual que Bandini». Yo estaba enamorándome de Babeth, que una noche quiso cepillarme amorosamente el pelo (entonces lo tenía mucho más largo que ahora). Yo estaba enamorándome de Babeth y recopilando detalles por si no volvía. Que no volví.
Esto a pesar de que hicimos un curioso pacto: ella vendría a Málaga a verme si yo conseguía una nueva mención especial en MálagaCrea (por aquel entonces, seguía teniendo sólo la de 2005). Al final incluimos una cláusula muy optimista que la obligaba a venir también en el caso hartamente improbable de que ganara.
No gané, pero recibí mi segunda mención especial. Ella, mientras tanto, se había enamorado de otro y, como es natural, todo había cambiado.
Yo seguía pensando en ella, persiguiéndola mentalmente, que es el único recurso que nos queda a algunos (y el derecho al pataleo, también). Volviendo una y otra vez a los mismos momentos. Aquella vez en la oscuridad, que me dijo «guapo» y luego se hizo la loca, como si yo necesitara que me escamotearan los piropos. Aquella vez que me dijo que si se había acostado conmigo era porque quería hacerlo con un autor de culto (sabía cómo halagar mi tonto ego). Aquella vez, claro, que me cogió de la mano de camino a la estación de trenes.
A mí siempre me han gustado las chicas que me hacen sentir importante. Es un sentimiento muy agradable, por novedoso.
Así, 2008 fue un año muy duro. Con una escapada a Madrid (en noviembre, creo) para verla y robarle un beso de camino a su casa. Y volver a la soledad y el silencio. Volver al eterno pensamiento: todo ha salido mal. Cuando el plan era muy sencillo: verla de nuevo, con calma, despacio, no la espantemos con declaraciones apresuradas de amor. Tiene que ser muy agradable que las cosas salgan según el plan. Recuerdo que envidiaba a los tipos que no se enamoraban de ella y al mismo tiempo me parecían rarísimos.
Pero estamos ahora sólo en 2009. Cinco años de blog. Tendrían que pasar muchas cosas, pero no. Gané un segundo premio en un certamen de cartas de amor (al menos lo de Babeth me daba dinero) y nos vamos directamente a septiembre, que es cuando sucedieron cosas. Sucedió que conocí a Susana, que era la prima de la mejor amiga de Patricia, mi ex. Habían venido a Málaga a pasar unos días y aproveché para quedar con ellas una noche. En realidad, mi intención no confesada era intentar algo con Lucía, la mejor amiga de Patricia, pero cambié de idea cuando conocí a Susana. Qué chica tan guapa, pensé nada más verla. Y qué borracha acabó, besándose conmigo por calles solitarias. Al día siguiente decía no recordar nada, lo que era descorazonador tanto si era cierto como si no. Así que esto queda en un impasse y voy a Madrid a acostarme con Alba y, al día siguiente, con Babeth, aunque esto último era totalmente inesperado (creo que me quedé unos segundos con cara de tonto cuando empezó a quitarse la ropa). Yo en Madrid por la mañana en el Reina Sofía con Alba y por la tarde con Babeth tomando un café. Miren, miren a la chica pelirroja, que pensaba yo al verla marchar.
La última vez que me acosté con Babeth fue el dieciocho de septiembre de 2009. Es raro esto de acordarse de la fecha exacta, pero es que al día siguiente era mi cumpleaños. Recuerdo que estaba con un humor de perros, pero se le fue pasando.
Me acuerdo de una mancha negra de rímel que me dejó en el brazo después de haber llorado brevemente. Pero eso no fue la última vez. La última vez no se quejó del escaso caso que le hacían otros. La última vez no parecía la última, que le dije de coña: oye, sólo te pido una cosa, que no vuelva a pasar un año y medio sin ti. Ella me pidió perdón y respondió muy seria que lo sentía. Yo no daba crédito (como los bancos), ni que tuviera derechos adquiridos con ella o algo así, pero no voy a mentir: me encantó oírlo.
No me volví a acostar con ella jamás; no creo que esto sorprenda a alguien.
I lit a thin green candle…
Y llega 2010 y llega María. Sin embargo, tenemos que retroceder un poco: a la presentación del libro de los ganadores de MálagaCrea de 2009. Yo volvía a marcharme de vacío, pero allí estaba, como cada año, para asistir a la coronación de otros. Con mi mejor amigo y una botella de vino barato, despotricando. Apareció entonces, acompañando a uno de los ganadores, una chica preciosa. Con unos ojos enormes bajo el sombrero. Le dije a mi amigo algo parecido a esto: no sólo se lleva el premio, encima tiene esa novia (lo más parecido que podía yo poner sobre la mesa era haberme acostado meses antes con la otra ganadora del certamen, pero no era lo mismo). Lo cierto es que me interesaba mucho más esa chica tan guapa y de movimientos tan elegantes que el premio de marras. La chica era María, aunque entonces no sabía nada de ella, ni siquiera su nombre.
Pero en enero de 2010 estoy en Granada con ella. Otra vez cinco días de enero. Pero esta vez María comía mandarinas por la noche, no naranjas. No importa, también son cítricos. Y, como en El Padrino, siempre había una muerte (la mía).
María pintaba y escribía con el talento de cien genios. Era zurda y defendía que el zurdismo tenía una relación directa con el arte. Señaló que mi uso de la mano derecha era claramente un error. Para corregir mis maneras, me dibujó un corazón en el lado derecho del pecho. Recuerdo que se sentaba siempre muy erguida, muy elegante (seis años de ballet) y que fumaba constantemente. Me rompió el corazón (no sé si el derecho, el izquierdo o los dos), pero me evitó un cáncer de pulmón. Es una manera de verlo. Le regalé un libro de Francisco Umbral, creo que Las ninfas, una vez que fuimos a una librería de segunda mano. Nunca le conté que fue un amigo mío quien había impugnado sin éxito el premio de poesía de su ex novio. Una noche, en un restaurante chino, el camarero le llamó la atención por fumar. Creo que esa misma noche nos cruzamos con un vagabundo extranjero con el que estuvimos hablando unos minutos. Granada estaba llena de frío, pero en su desordenada habitación había calor, amor y un cenicero siempre rebosante de colillas.
María, llena eres de gracia. Sobre todo al decirme que me pongo muy guapo cuando sonrío y yo anoto mentalmente: «la percepción de María se ve seriamente alterada cuando bebe, lo que tiene que ser muy interesante a la hora de pintar».
Yo la llamaba artistilla y boba y ella a mí poetastro y coco. Quizá pudiera parecer todo lo contrario desde fuera, pero era una chica muy cercana, muy natural. La primera noche, nos confesamos que esas conversaciones que tuvimos por internet eran agotadoras: todo el rato intentando impresionarnos el uno al otro.
En principio iba a quedarme en Granada cuatro días. Empezaba el año con la absurda idea de presentarme a un concurso de poesía de la Legión; tenía pensado escribir un poema acerca de la camaradería de unos legionarios, una historia encubierta de homosexualidad. Sólo por diversión. Pero María me pidió, con su curioso acento murciano-granadino, que me quedara un día más y no tuvo que insistir mucho. Uno tiene claras sus prioridades.
Volví a Málaga con un catarro que me duró un par de semanas y la promesa clara de vernos pronto. Pero nunca más nos vimos. Tenía que haberlo imaginado cuando en el último momento aplazó nuestro segundo encuentro y, desde Sevilla, me prometió que me compensaría. «Te compensaré» es siempre una sentencia de muerte en la boca de una mujer bonita. Nunca más nos vimos, a pesar de vivir a hora y media en autobús (dos horas, dependiendo del tráfico). Estuve a punto de hacerle una visita sorpresa una vez, pero el destino quiso abofetearme con el envés de la mano. Yo estaba en el piso de Adriana en Motril con el plan de presentarme en Granada al día siguiente, pero esa noche María me dijo que iría a Madrid ese fin de semana y que no sabía qué iba a pasar cuando viese a su ex novio. Anulé la visita sorpresa, por supuesto, pues ya no parecería un gesto romántico, sino una acción propia de Otelo.
Los imponderables, siempre jodiendo.
Y la cosa se fue deteriorando sin solución. Seguía diciéndome que quizá el próximo fin de semana podríamos vernos. Y luego el próximo. Y luego el próximo. Y yo quería creerlo siempre. Finalmente, discutimos cuando su ex, al que habían puesto al mando de la publicación en la que yo colaboraba por aquel entonces, decidió aplicarme métodos estalinistas y a mí no me pareció bien.
Tiempo después volvimos a hablar y recuperamos una relación cordial, aunque distante. Yo volví a aprender que nunca entiendo nada y que una mujer puede pedirte que te quedes un día más y luego no querer verte nunca.
Pero siempre reconstruyo recuerdos con piezas rotas. Yo pasé de puntillas por las vidas de las chicas a las que amé. Nunca perturbé su sueño, como un buen invitado.
Volvemos ahora a Susana y a un concierto que daba Sonic Youth en Madrid. Fuimos juntos, pero también venía Lucía, su prima. Sin embargo, tras el concierto, Lucía se marcha a casa y nos quedamos solos Susana y yo, de bar en bar. Una cosa lleva a la otra, que es una expresión muy tonta. La vida tendría que ser así, pensé entonces: ir a un concierto de Sonic Youth con una chica guapa y luego acostarte con ella.
Susana llevaba un cascabel en el tobillo y yo me acordé de París, Texas y no de las serpientes. Un cascabel significa peligro, Míchel. Que estés atento, pero tú nunca lo estás. Aunque en realidad Susana siempre se portó bien conmigo. Era una chica con un gran espíritu lúdico; nunca pensé que fuéramos en serio, aunque a veces me mandaba señales contradictorias y me hacía dudar. Como que viniera a verme a Málaga un par de veces en verano. O aquella vez en la laguna, sentada en mi regazo, que me dijo: «ya hace casi un año que nos conocemos». O lo de llorar cuando nos despedimos. O lo de discrepar conmigo acerca de los tangas, decirme que eran horrorosos y sin embargo presentarse una vez con uno, como si quisiera complacerme. Un amigo me vio una vez con ella desde lejos, cuando nos despedíamos en la estación y me dijo: parecíais enamorados. Lo entendí todo mal, de nuevo. Nos vimos por última vez en Madrid y nos despedimos en otra estación de trenes (siempre ferrocarriles), con la idea de volver a vernos pronto. Pero dejó de contestarme a los mensajes. Desapareció, se despidió a la francesa. Yo no insistí, claro, que sabía que no serviría de nada. Tiempo después le escribí y me contestó vagamente, diciendo que actuaba así cuando las cosas se le iban de las manos.
Para mí, las mujeres son el intérprete de signos del funeral de Mandela (o puede que ellas hablen claramente y el intérprete sea yo).
«Siempre nos quedará el parque Europa, con su París de andar por casa», le dije en el último mensaje de móvil que le mandé.
También 2010 fue el año en que Alba me llamó por teléfono para decirme que había cortado con el príncipe de los enanos (después de siete años) y que me quería. Yo, que ya no era el mismo, disimulé mi escepticismo al respecto y nos vimos un par de veces, nos besamos, nos abrazamos. No nos acostamos. Me mandaba mensajes por la mañana diciéndome que me quería. Pero no era cierto, como es lógico. Me hizo una jugada muy fea en la Noche en Blanco malagueña (curiosamente, la última vez que me acosté con Babeth fue el día anterior a una Noche en Blanco madrileña), una jugada que me habría destrozado de haber sido el de antes.
Es difícil explicar hoy lo mucho que la quise y el daño que tan gratuitamente me infligió en tantas ocasiones.
No volvimos a hablar en un tiempo. Hoy en día mantenemos una relación distante y cordial, que es lo habitual cuando se trata de mí.
También fue el año en el que dije adiós a Babeth. En verano me había llamado llorando; su ex novio había acabado de empaquetar sus cosas o algo así. Me extrañó que me llamara a mí, pero me dijo que no tenía a nadie más, que todo el mundo estaba con el puto fútbol. Yo bajé el volumen de la tele para que no se diera cuenta de que estaba viendo el partido entre Argentina y México (la Wikipedia me dice que esto fue el 27 de junio). Tuvimos una agradable conversación, dejó de llorar, se rió un poco. En un momento dado le dije que me parecía muy bien que estuviera sola, que no quería que nadie la tocase. Ella se rió y me dijo que nadie la tocaba.
Poco tiempo después me mandó un mensaje que no supe cómo interpretar. La comunicación con ella siempre fue extraña; creo que me contestó al veinte o treinta por ciento de cosas que le escribí. Un día me decía algo bonito y otro me decía que a veces tenía «como ramalazos de ganas» de mí. Una vez me dijo que vendría a Málaga a verme y durante un par de días me agarré a la tonta esperanza de que fuera cierto, pero finalmente me explicó que no podría ser, que quizá en otra ocasión. Yo dije que no pasaba nada, que lo entendía. A veces le mandaba relatos y la única respuesta era el silencio (lo que era una manera bastante clara de opinar). Todavía no sé si lo de recomendarme que probara suerte con Alpha Decay era una broma pesada o no. Recuerdo que una vez me mandó un mensaje al móvil que decía algo así: «Los de Granta no tienen ni idea: en esa lista tendrías que estar tú». Siempre he sospechado que se confundió de número.
Y la veo por última vez, más de un año después de nuestro último polvo. Babeth, mi gran amor en el exilio (pero yo casi siempre he amado así, ¿no?). Se muestra cordial, amistosa. No hay nada que hacer. Será de otros, musa de otros (siempre lo ha sido, Míchel). Y yo no quería convertirme en ese tipo con el que se queda por compromiso. Hay que ser Werther o nada, que decía Camus. Algo así, yo qué sé. Esa noche culmina mi proceso de destrucción personal, creo. Nos despedimos en el metro, con un abrazo en el que tiemblo de dolor (¿es natural temblar de dolor?) y pensando: ya está, esto es el final (una pregunta para la metafísica: ¿cómo puede terminar algo que nunca ha empezado?). Veo un fotomatón cerca y durante unos segundos pienso en decirle: oye, saquémonos una foto juntos, no tengo ninguna foto contigo. Pero no digo nada, paso el torno de seguridad, me dice «cuídate» y yo le respondo en tono irónico que siempre lo hago. Ella sonríe y me marcho. No me quise dar la vuelta por si desaparecía como Eurídice, pero esto era una tontería, pues ella no me seguía.
Yo quise ser Leonard Cohen, creo, de una forma un tanto difusa y nunca planteada en voz alta.
I fear that I’m ordinary, just like everyone, que cantaba Billy Corgan.
Y telón (de acero). De nuevo. Recuerdo 2010 como un año lleno de oscuridad. La noche más oscura del alma era la mía y etcétera.
Lo que más jode siempre en el desamor, creo yo, es no haber tenido verdaderamente una historia con la chica. No puedes hablar de amor si no eres capaz de poner sobre la mesa una historia con ella. Puedes hablar, si acaso, del deseo. El deseo, el anhelo, la obsesión. Pero no de amor, quién eres tú para invocar ese derecho. Tuve muy poco a las mujeres que amé, un breve suspiro, aunque también es verdad que prefirieron estar conmigo ese breve lapso de tiempo en vez de, qué sé yo, leer un libro o jugar al Tetris. Mujeres fascinantes a las que rocé con los dedos (y no sólo rocé). Yo, un tipo de metro setenta con las habilidades sociales de Salinger. Yo, que no soy una persona completa, sino un proyecto de persona (y no veo a los antiabortistas preocupándose por mí). La vida es muy extraña.
Pero me habría gustado mucho más, como es natural. En cualquier caso, renunciar es siempre una mierda.
El epílogo con Babeth fue un gesto de romanticismo adolescente: recopilé todo lo que había escrito sobre ella y se lo mandé en forma de libro para su cumpleaños. Unas trescientas páginas, creo. Y fin, un gesto que haces más para ti que para ella, que a lo sumo puede sentir simpatía por tu desventura.
Así que yo era el hombre más triste del mundo. Me vestía de negro en días claros y cosas así. Seguía enviando cosas a las editoriales, que me contestaban muy amablemente que no o me ignoraban no tan amablemente. No me daba cuenta en realidad de las pocas cosas que había conseguido, lo lejos que estaba de alcanzar la periferia del mundo editorial. El viejo error de confundir ego con talento, vaya. Por suerte, siempre es más fácil buscar excusas que explicaciones.
Entonces aparece Sonia de la nada. Es difícil escribir de la mujer con la que estás porque quizá el día de mañana se fugue con un trapero y tengas que desdecirte; siempre es más fácil escribir de lo finalizado. Pero intentemos hablar de ella. Era mayo de 2011. Al verme, pensó que tenía cara de haber sufrido mucho. Yo fui con la cautela de siempre, aunque no es que me hubiera servido de mucho en el pasado. Recuerdo que temblaba entre mis brazos la primera vez que la desnudé. Una vez, en un bar, estudié su dentadura como si fuera una esclava que quisiera comprar (ella se dejó hacer).
Desde lo alto de un monte, señalé la ciudad con el paraguas y le dije: un día, todo esto será tuyo.
Me despedí de ella pensando que no volvería a verla. Pero ya son casi tres años juntos. Es muy extraño todo. Mucho. Pensemos que mi relación más larga antes había sido con Alba y eso terminó en 2003. Y esto será como montar en bicicleta, vale, pero yo no sé montar en bicicleta (bueno, no es cierto, Sonia me enseñó más o menos en 2012). Así que a intentar mantener el equilibrio un tipo sin él. Es raro que te quieran, sobre todo cuando no tienes costumbre. Creo que en parte me quiere porque vive engañada: piensa que su novio es un tipo que gana premios y que incluso publica libros. No sabe que todo esto es un espejismo y que la realidad es otra. Porque en 2011 me dieron mi tercera mención especial (que para ella era una novedad) y en 2012 gané por fin MálagaCrea. No sólo eso, también el Desencaja de cómic (con la consiguiente gira por media Andalucía) y un premio de tres mil euros en un pueblecito de Asturias en el que un señor del jurado, tomándome seguramente por alguien más joven, me dijo: vas a ser un gran escritor.
Disfrazarse de triunfador para ganar el amor de una mujer.
Muchas veces pienso que quizá le iría mejor sin mí. Que ahora la estoy arrastrando al subsuelo del tercermundismo literario y esas cosas. Ella iba para gran fotógrafa y ahora la he gafado con mi carrera literaria, casi tan inexistente en la realidad como mis historias amorosas anteriores. Se merece el mundo entero, no sólo una ciudad, y dudo mucho que pueda dárselo.
Seguramente le iría mejor sin mí. Pero soy egoísta. Me gusta despertar a su lado, escuchar su risa y que me insulte en gallego.
Me gusta que esté engañada y crea que valgo la pena. Me gusta mucho más verme con sus ojos que con los míos.
Creo que no habría conseguido ninguna de esas pequeñas victorias sin ella. Tal vez me habría matado, que empecé 2011 en un lamentable estado. Pero ella me ha dado la calma. Una calma que ahora temo perder, nunca hay descanso. Es como cuando consigues publicar, que pasas a preocuparte por las ventas (para que te publiquen de nuevo). El desvelo permanente.
A menudo, Sonia me está contando algo y tengo que interrumpir sus palabras para decirle con auténtica admiración: Joder, qué guapa eres.
Es importante.
Yo padezco del síndrome del hermano mediano, que se ha criado solo (todas las atenciones fueron para el mayor y el menor) y es ésta una soledad que casi siempre lo acompaña. Hacedme caso, grita, pero nadie le escucha. Quizá por eso siempre me he movido entre la egolatría y el autodesprecio. El caso es que Sonia siempre está ahí. Aguantando mis chorradas, día tras día. Creyendo en mí (cuando yo soy el primer descreído). Metiéndome en la ducha para bajarme la fiebre en enero de 2013 (a pesar de que yo estaba muy cómodo muriéndome en la cama).
Se preocupa por mí. Si mañana me muriera, sería la única chica que lloraría. Ya lo hace cuando cree que soy víctima de alguna injusticia. Es muy bonito tener una aliada, finalmente.
En 2013 sucedió un último hecho singular: una pequeña editorial decidió hundir su negocio publicándome un libro. Vaya, al final no era tan difícil, sólo me costó nueve años. Ahí estábamos Sonia y yo, en el piso de Sevilla de Adriana mientras ésta estaba en Brasil. Combatiendo el calor africano con una toalla húmeda en la espalda, revisando los textos (al final se coló alguna errata). Y luego la presentación en Málaga, en octubre, ante nueve personas. Y las ventas, que en mis cálculos más optimistas andarán por los treinta ejemplares. Pero todo esto viene bien para la leyenda (es una manera de interpretarlo).
Y ya está, se han marchado diez años sin haberlos podido ensayar antes. Yo me sigo sintiendo ese chico tímido, casi autista, que siempre pasa desapercibido, pero ahora tengo alguna cana que otra. Diez años. Diez años de mi vida contados atropelladamente. Vivirlos ha sido más o menos igual.

viernes, 24 de enero de 2014

La vejez de Pinocho

Dice el médico que tengo una enfermedad alemana que borra mi memoria, pero yo sé que se equivoca. La verdadera causa son las termitas, termitas hambrientas que van devorando mis recuerdos hasta que las estructuras mentales no puedan sostenerse más y se derrumben por completo.

jueves, 23 de enero de 2014

Un criminólogo a su amante

Me encantaría llenarte la boquita con mi ADN.

miércoles, 22 de enero de 2014

Profeta en su tierra

La biblioteca municipal de Pinares de Entretiempo homenajeó ayer por la tarde a Bonifacio Serengueti, hijo ilustre de la localidad, en reconocimiento a su labor literaria, que durante años ha atraído a los lectores (a la biblioteca, concretamente, ha atraído siempre a tres). Serengueti, abrumado y al borde de las lágrimas, declaró sentirse orgulloso de haber contribuido a la buena salud de la literatura en el pueblo, lo que fue recibido con aplausos por parte de dos lectores (el tercero se encontraba en cama con gripe).

martes, 21 de enero de 2014

La fórmula

¿Nota usted esa brisa tan agradable en el cogote? Es la sensación de normalidad, una sustancia química que hemos conseguido sintetizar tras años y años de ardua investigación. Pero ha valido la pena, ¿no le parece?

lunes, 20 de enero de 2014

La vida tranquila del pueblo

Aquí no nos gustan los forasteros, sobre todo desde que empezó el invierno nuclear. Siempre vienen con mutaciones extrañas y otras zarandajas modernas. A nosotros nos gusta la vida tranquila del pueblo y no queremos saber nada de la zona prohibida.

domingo, 19 de enero de 2014

La coherencia religiosa

—Tiene usted un defecto congénito en el corazón, pero no se preocupe: podemos solucionarlo con una operación muy sencilla.
—No quiero que me operen, doctor.
—¿Qué? Le repito que es una operación muy sencilla, no correrá peligro.
—Eso me da igual. Yo es que soy un cristiano estricto, ¿sabe? ¿Y quiénes somos nosotros, meros humanos, para ir enmendando el trabajo de Dios?
—Si no le operamos, vivirá menos de tres meses.
—Operarme sería como decir que Dios no es perfecto y yo no quiero participar en esa blasfemia, doctor. Para mí, la Creación no tiene tara alguna. Así que prefiero mirar para otro lado y hacer como que todo va bien.

sábado, 18 de enero de 2014

A Fernandita le han crecido las tetas

A Fernandita le han crecido las tetas y en el pueblo no se piensa en otra cosa. No se habla del tema, claro, que tiene catorce años y no queremos meternos en problemas, pero yo creo que se piensa y mucho. Yo mismo no dejo de pensar en el asunto desde que se presentara ayer en la panadería para verme hacer el pan, como siempre que viene al pueblo con sus padres. Llevaba una camiseta blanca contra la que pugnaban unos pechos rotundos que el verano pasado no estaban ahí. Hola, tito, me dijo, ¿hacemos unos bollos? Yo no recuerdo si dije algo inteligible, pero me acuerdo de estar luego con ella amasando el pan para el pueblo y pensando constantemente en tetas, tetas con harina, amasar tetas... en fin, una locura. Me chorreaba la frente de sudor y Fernandita me preguntó si me pasaba algo. Es el horno, le contesté yo. Pero nunca sudas tanto como hoy, replicó ella. Es el verano, entonces, que viene especialmente caluroso este año, respondí.

viernes, 17 de enero de 2014

Un misionero habla a los indios

Hemos introducido el pecado en vuestras vidas. Ahora os enseñaremos a libraros de él.

jueves, 16 de enero de 2014

Ritos

Al irnos a la cama, mi novia se quita el sujetador y yo las gafas. Es parecido (aunque yo no tengo los ojos tan grandes).

miércoles, 15 de enero de 2014

Así logré que me publicaran

Estimados editores:

Soy Gabriel Noguera y ustedes no. Esto tiene sus ventajas y desventajas. Una ventaja es que nuestra conversación no puede ser calificada, en principio, como enfermedad mental. Una desventaja es que es más complicado convencer a otra persona y yo me dirigía a ustedes para eso, para hacerles ver que publicarme sería muy conveniente (sobre todo para mí). Carezco de padrinos (aunque mis padres aseguran que los hubo en mi bautizo), pero ustedes podrían pasar a la historia como mis descubridores. Piensen en la posteridad. Piensen en la gloria. Piensen en Colón cubierto de cadenas. Bueno, en eso mejor no piensen.

Atentamente,
Gabriel Noguera.

martes, 14 de enero de 2014

Del tercermundismo como condición literaria

«Sólo por su presentación ya valdría la pena leer su manuscrito, pero de momento no valoramos nuevas propuestas literarias», me escribieron. «En ese caso, volveré a escribirles dentro de cinco años y así será una vieja propuesta literaria», les contesté.

lunes, 13 de enero de 2014

Axiomas

Siempre, en algún canal de televisión, hay una película de nazis.

domingo, 12 de enero de 2014

En diferido

—Hola, mi novia y yo llevamos un rato mirándote y queremos proponerte hacer un trío.
—Tu novia me gusta, pero tú no —contesta la rubia.
—Cariño, podríamos hacer el trío en diferido —dice la novia.
—¿Qué?
—Ahora voy yo y más adelante, en el futuro, tú.
—¿Qué?
—Eso, sí, más adelante —dice con desgana la rubia.
Desaparecen las dos mujeres y, tras una pausa, el hombre musita:
—¿Qué?

sábado, 11 de enero de 2014

Un sueño

Anoche soñé que un hombre acudía a una librería, daba un puñetazo en el mostrador y decía con voz firme: ¡Exijo un libro de Gabriel Noguera! No sabemos quién es esa persona y no tenemos nada suyo, respondía el librero. Pues yo no pienso marcharme sin su libro, estoy en mi derecho como persona, lector y cliente, insistía el hombre. Y escenas de esta índole se repetían por todo el país.

viernes, 10 de enero de 2014

La luz y el camino

Eustaquia, mujer de fe, volvía de la iglesia, donde la Misa del Gallo le había recordado de nuevo que era indigna, impura y merecedora del infierno. Era feliz. Pero el camino de vuelta a casa estaba pobremente iluminado, cosas de vivir en un pueblecito remoto. Recordó de pronto aquello que dijo el Señor: yo soy la luz y el camino. Enarboló una estampita de Jesús a modo de linterna, pero el camino seguía tan oscuro como antes. Eso es falta de fe, pecadora, dijo la voz del cura en su cabeza. Y caminó con decisión hasta caer en una zanja, donde su cadáver fue encontrado al día siguiente.

jueves, 9 de enero de 2014

Te diré lo que haremos

«Te diré lo que haremos. Estaré mañana unas horas en el aeropuerto de tu ciudad, esperando entre unos vuelos. Te esperaré en la planta baja, sentado frente a los servicios que hay ubicados junto a la tienda de perfumes. Cuando llegues, nos saludaremos con un gesto, pero seguirás tu camino hasta el interior de los servicios masculinos. Allí, entrarás en uno de los receptáculos y te desnudarás por completo (puedes dejarte las medias, pero sólo si son de rejilla y a medio muslo). Entonces te reclinarás de cara a la pared, mostrándote bien expuesta para cualquiera que entre y me harás una llamada perdida. Puede que tarde un poco, sólo para ponerte algo nerviosa, pero acudiré para follarte con el ansia de tanta ausencia».
Releyó el mensaje que le había enviado el día anterior. No, no se había olvidado de mandarlo. Y ella lo había recibido, que ahí estaba el informe de entrega automático. Sin embargo, se retrasaba, no había señales de ella por ninguna parte. Ninguna pista. Nada. Y se acercaba la hora de embarcar.
Cuando subió al avión, mandó otro mensaje:
«Te diré lo que hice: Fui al cuarto de baño solo, pero no fue tan divertido».

miércoles, 8 de enero de 2014

Bingo

Han cantado bingo, anuncia la voz. Y yo aquí sentado, faltándome un número para ganar. Esto es una metáfora de tantas cosas, le digo a la señora de al lado, que reacciona agarrando con firmeza su bolso.

martes, 7 de enero de 2014

La bella durmiente

A Sonia le encanta dormir y lo hace de manera excelente. Es una consumada dormidora. Si fuera una disciplina olímpica, se llevaría la medalla de oro. Normalmente por las mañanas me escabullo hasta el ordenador para escribir algo de provecho (pocas veces es de provecho), pero me gusta mirarla cuando duerme, ya que del sueño hace un arte. Suelo pensar: Qué guapa es. ¿Cómo habré engañado a esta chica para que esté conmigo?

lunes, 6 de enero de 2014

En representación de los amantes

Estimada Mónica:

Le escribo en representación de sus ex amantes, que me han nombrado apoderado legal. Mis representados tienen quejas contra su proceder: concretamente, se quejan de que los ha abandonado a su suerte, condenándolos a una existencia sin sexo ocasional con usted. Esto, como entenderá, no es justo. Ya sé que alega haberse casado y abandonado su anterior vida disoluta, pero fue una decisión que tomó unilateralmente, sin consultarla o consensuarla con mis clientes. Para enmendar esta desagradable situación, le presento un calendario de encuentros amorosos entre mis clientes y usted que, creo, encontrará de lo más razonable.

domingo, 5 de enero de 2014

Un reencuentro a medias

Tantos años, pero aún somos jóvenes, quiere decirle él. ¿Sabes que te miraba mucho entonces? ¿Te dabas cuenta? Pero no era sólo la cantidad de miradas, era sobre todo la forma de mirarte. Yo te miraba como si tú fueras la respuesta a todas mis preguntas, preguntas incluso que ni siquiera intuía, pero que me formularía en el futuro. Seguramente no te dabas cuenta. No tenías tiempo para nosotros, los humanos (digamos que somos humanos). Lo tuyo era pasar como una ráfaga de intangibilidad por nuestras vidas. Pero eras tan importante, tan importante en nuestro imaginario. Pero tú no tenías manera de sospecharlo, que no recuerdas ni mi nombre.

sábado, 4 de enero de 2014

Voces en la noche

—Te devuelvo tu carta. No deberías decirme cosas tan bonitas, estás casado.
—Mi mujer no me entiende.
—Yo tampoco —ríe ella.
—Pero podrías si quisieras. Ella no. Ella quiere entenderme, pero no puede.
—Seguro que no se lo permites tú. ¿A ella le escribes esas cosas?
—Hace tiempo que no. Yo lo que busco es comunicarme a otro nivel.
—Comunicarte conmigo en la cama, eso es lo que quieres.
—También, no lo niego. Creo fielmente en la comunicación de los cuerpos. Tú y yo somos unos extraños y quiero acabar con eso. Hay tanto que quiero decirte...
—Claro, claro.

viernes, 3 de enero de 2014

La empresa moderna

—Buenos días, vengo por el puesto de suicida de la empresa.
—Perfecto, precisamente acaba de quedar vacante. ¿Tiene usted experiencia?
—No, pero estoy lleno de entusiasmo.
—Creo que eso es contraproducente.
—Estoy más que dispuesto a que me quiten ustedes el entusiasmo y lo sustituyan por la cantidad que requieran de desesperación.
—No sé, ya hay mucha gente desesperada en la calle que nos valdría para el puesto.
—Pero es la suya una desesperación vieja, gastada. La mía será una desesperación potente y nuevecita. Serviría de ejemplo a los otros empleados, que darían gracias por lo que tienen.
—De acuerdo, le haremos un contrato de prácticas y ya veremos.

jueves, 2 de enero de 2014

El triángulo de las Bermudas

Durante años, una organización radical se dedicó a secuestrar, a las puertas de los estancos, a honrados ciudadanos que querían comprar tabaco. La idea de esta organización era forzar a las autoridades a erradicar los cigarrillos y lograr así una sociedad sin humos. En vez de eso, sólo consiguieron familias rotas y que la expresión «voy a comprar tabaco» aterrorizara a los seres queridos.

miércoles, 1 de enero de 2014

En la Luna

La primera decisión del recién creado Ministerio Lunar fue cobrar impuestos a los selenitas. En caso de que no se encontraran selenitas, se importarían.