domingo, 8 de octubre de 2017
El sistema
Se miró en el espejo, que le devolvió la nada. Por fin había dejado de tener rostro. Se había vuelto anónimo, como pedía el gobierno. Sólo un engranaje más de la maquinaria, para que el sistema pudiera funcionar correctamente.
sábado, 7 de octubre de 2017
La buena noticia
«Creo que eres el escritor con menos contactos del mundillo editorial en Facebook que conozco», me dijeron allá por 2011. La buena noticia es que por mí no pasan los años.
viernes, 6 de octubre de 2017
Desaceleración
Nada es urgente ya. Hubo un tiempo en que sí, pero ahora es tarde para corregir el rumbo, ¿qué importancia tienen las decisiones que tome uno en esa situación? De alguna manera es liberador. Sólo hay que sentarse y esperar a que el barco se vaya a pique.
jueves, 5 de octubre de 2017
Soñando
Soñé que Sonia y yo íbamos juntos al instituto, pero ya no era el mismo de mi adolescencia, ahora los pasillos parecían estar excavados en la roca o quizá las paredes estaban recubiertas de hormigón. Era difícil de determinar, la materia en los sueños a veces se presenta de forma poco clara. En cualquier caso, allí estábamos y ella tenía que acudir a clase de historia del arte, que por algún extraño motivo la impartía mi profesor de estética de la facultad, un tipo severo y antipático, pero no tenía el libro de la asignatura y, claro, esto podía provocarle problemas. No te preocupes, le dije, creo que en casa de mis padres todavía está el mío. Corte (y confección) y de pronto estoy en mi vieja habitación, buscando entre los libros de texto. Veo el de filosofía, el de inglés, pero no aparece el de historia del arte. Cuando por fin lo encuentro, se materializa de pronto en la habitación una bruja vestida de negro y terrorífica como en las peores pesadillas. Me dice que desista de mi empeño, que Sonia nunca tendrá este libro, suspenderá la asignatura y llevará una vida de penurias y frustraciones. De eso nada, vieja puta, dije yo y empezamos a forcejear por el libro. Me desperté sin entender el simbolismo de todo esto, si es que hay alguno.
miércoles, 4 de octubre de 2017
De la contabilidad
El dos de octubre de 2013 presenté en Málaga mi primer libro. Cuatro años ya y he vendido sesenta ejemplares, a quince por año. Me queda uno de contrato y cuarenta ejemplares por vender. Pero yo me metí en esto porque soy de letras, no de ciencias.
martes, 3 de octubre de 2017
lunes, 2 de octubre de 2017
domingo, 1 de octubre de 2017
La tradición
Paseando por un bosque, me encuentro una casa de madera que anda con patas gigantes de pollo. Lo que podría hacer aquí el coronel Sanders, pienso. La cabaña, que se balanceaba levemente, de pronto se sienta y de la puerta sale Baba Yaga.
—Esto de la homosexualidad no es propio de Rusia —me dice la vieja bruja—. Es influencia extranjera. Peor aún: extranjerizante. El país ha de mantenerse fiel a sus costumbres y tradiciones.
—Pero en Rusia siempre ha habido homosexuales, como en todas partes.
—Hum. Vale, puede ser, pero ahora lo muestran abiertamente. Y eso es un insulto. En Rusia respetamos al diferente, siempre que no se comporte como tal.
—¿Y qué pasa con las brujas?
—Las brujas nos escondemos en los bosques, joven, y somos diferentes en la intimidad. Nos atenemos a lo que hay y no tratamos de cambiar nada. Somos fieles a la tradición, a la Madre Rusia. ¿Por qué cambiar las cosas?
—Pero el mundo cambia; también Rusia. Ya no hay esclavos (más o menos), las mujeres pueden votar (en casi todos los países), se ha erradicado la viruela…
—Todas esas cosas son moderneces extranjeras. A mí me gustaría un país inmutable por los siglos de los siglos, anclado en un pasado sosegado y, lo más importante, conocido. ¡Cuesta tanto adaptarse a los cambios! Yo quiero un país antiguo y cómodo.
—Cómodo sólo para algunos.
—Yo quiero un país a mi medida, joven —sentencia la anciana señalándome, amenazadora, con su huesuda mano—, no a la medida de todo el mundo.
—Esto de la homosexualidad no es propio de Rusia —me dice la vieja bruja—. Es influencia extranjera. Peor aún: extranjerizante. El país ha de mantenerse fiel a sus costumbres y tradiciones.
—Pero en Rusia siempre ha habido homosexuales, como en todas partes.
—Hum. Vale, puede ser, pero ahora lo muestran abiertamente. Y eso es un insulto. En Rusia respetamos al diferente, siempre que no se comporte como tal.
—¿Y qué pasa con las brujas?
—Las brujas nos escondemos en los bosques, joven, y somos diferentes en la intimidad. Nos atenemos a lo que hay y no tratamos de cambiar nada. Somos fieles a la tradición, a la Madre Rusia. ¿Por qué cambiar las cosas?
—Pero el mundo cambia; también Rusia. Ya no hay esclavos (más o menos), las mujeres pueden votar (en casi todos los países), se ha erradicado la viruela…
—Todas esas cosas son moderneces extranjeras. A mí me gustaría un país inmutable por los siglos de los siglos, anclado en un pasado sosegado y, lo más importante, conocido. ¡Cuesta tanto adaptarse a los cambios! Yo quiero un país antiguo y cómodo.
—Cómodo sólo para algunos.
—Yo quiero un país a mi medida, joven —sentencia la anciana señalándome, amenazadora, con su huesuda mano—, no a la medida de todo el mundo.
sábado, 30 de septiembre de 2017
Pornoterrorismo
Leo en el periódico que David Cameron, el primer ministro británico, le ha declarado la guerra al porno. Al parecer, el hombre quiere que en los hogares británicos esté vetado el porno por internet a no ser que el pater familias, por ejemplo, se declare pornófilo (supuestamente, en listas secretas, aunque nunca se sabe). Sólo entonces podrá conectarse ese hogar libremente a la red y ver qué novedades hay en el mundo de la pornografía. No se ha dicho nada de que te manden un cura (o rabino o sacerdote equivalente) para convencerte de que abandones tus ideas desviadas, pero quién sabe, quizá esté en la letra pequeña de la ley. La excusa para todo esto, como es habitual, es proteger a los niños. Los niños, que son ingenuos e inocentes y a los que el porno corrompe. Instauremos una ley seca de porno y las risas candorosas de los niños nos acompañarán al cielo. Cameron tuvo una adolescencia muy rara si no se da cuenta de que lo prohibido le da mejor sabor al asunto. Yo, cuando tenía trece, catorce, quince años sólo accedía a la pornografía de forma clandestina. Qué momentos de rebuscar en las cintas VHS de mi padre en busca de la última de Canal Plus. Ay, Ashlyn Gere, aquel momento en que tú y yo nos conocimos. Y comentarlo luego con los amigos en el recreo. Había uno que decía que coleccionaba películas de Rocco Siffredi, lo que a mí me parecía muy raro, ¿qué interés había en seguir las andanzas follatorias de otro hombre? Pero el caso es que el porno era maravilloso, el porno era un arte y había que ingeniárselas mucho para conseguir acceder a él. Cuarenta años en el desierto para alcanzar la Tierra Prometida y masturbarse con fruición con todos los sentidos en alerta, no fuera que apareciera tu madre para preguntarte si querías merendar algo. Luego uno se hizo mayor y llegó internet y todo el asunto fue más sencillo: todo quedó al alcance de la mano, y nunca mejor dicho. Los chavales de hoy en día no saben lo afortunados que son y me maravilla que consigan aprobar alguna asignatura. Ahora Cameron pretende que el Reino Unido regrese a una época más oscura, pero el porno es una fuerza vital de lo más poderosa. Seguramente se creen redes mafiosas de tráfico pornográfico en los centros de enseñanza. Circularán de mano en mano pendrives cargados de los mejores vídeos que se pueden descargar en, por ejemplo, Irlanda, que Tim ha estado una semana allí. Esto, como siempre, beneficiará sobre todo a las clases altas, con capacidad económica para salir del país y volver con alijos de porno que luego venderán por altas sumas a los chavales de familias trabajadoras. Otra forma más de opresión, como era de esperar de un gobierno de derechas.
Escrito hace unos años para El mirador de Torremolinos, una web que ya no existe.
viernes, 29 de septiembre de 2017
Los patriotas
El español medio asiste casi a diario a los discursos de los patriotas y no entiende nada. Porque uno pensaría que el sueño de un patriota es que su país sea un modelo a imitar y envidia del resto del mundo. Pensaría, por tanto, que el patriota está interesado en mejorar su patria y quiere que sus conciudadanos vivan bien, ya que forman parte de ese país que tanto dice amar él. Lo lógico es pensar que le interesa que España sea un estado moderno, vaya. Pero esto sería la teoría, claro, porque luego muchos españoles ven al patriota bajarle los pantalones al país cuando viene un magnate a exigir que se cambie la legislación para que instale aquí sus casinos. A lo mejor es que el patriota es sólo patriota de su bolsillo y España, ese concepto del que tanto habla, no es más que un solar a vender o alquilar, piensa el mal español. Porque el buen español no duda. El buen español ignora la realidad y acepta la versión oficial. Poco importa que en el exterior se dé imagen de país de pandereta y que no se beneficie en nada a la sociedad española. La duda es antipatriótica. ¿Que se favorece a un magnate extranjero? Pues eso será, señor mío, porque el magnate extranjero en realidad es español, aunque no lo sepa. De hecho, es más español que los españoles y por eso se le da más. ¿Que se desahucia a españoles? Pues eso será porque en realidad no lo son aunque ellos crean que sí. Haber puesto un casino en vez de pedir una hipoteca, hombre, eso le pasa por egoísta.
jueves, 28 de septiembre de 2017
El tamaño importa
—¿Cómo puedes llamarte escritor cuando el número de tus lectores es incluso menor al de la gente que vive en tu calle?
—Oye, piensa también que al menos supero a los municipios menos habitados de España.
—Oye, piensa también que al menos supero a los municipios menos habitados de España.
miércoles, 27 de septiembre de 2017
Muertes dignas
Leo en el periódico que un turista británico murió en Sri Lanka al ser atacado por un cocodrilo. Al parecer, el hombre se acercó al río para lavarse las manos después de cagar. Qué pasaría por la cabeza de ese hombre en esos breves últimos segundos. Quizá que la naturaleza no entiende de dignidad.
martes, 26 de septiembre de 2017
La propia piel
Hay gente que está encantada de conocerse a sí misma y otros, en cambio, no nos perdonamos ni una. Tiene que ser genial sentirse siempre acertado, perfecto en cada situación. Yo vivo con mi personalidad como alguien que ha de vestir siempre un traje incómodo y ni siquiera puede acostumbrarse con el tiempo. El traje no da de sí, la incomodidad nunca deja de estar presente.
lunes, 25 de septiembre de 2017
Los evangelios perdidos
Jesús era Dios y hombre. Por lo tanto, parece razonable pensar que se masturbó en alguna ocasión. Los cristianos dirán que no porque esto sería pecaminoso y blablablá. Pero alguna polución nocturna tendría, que ya hemos establecido que era hombre y la naturaleza manda. Imaginemos ahora a la Virgen María lavando la sábana que el adolescente Jesús ha manchado de semen. Una secreción divina que no podría eliminar (sobre todo con los detergentes de la época). ¿Dónde están los adoradores de esta otra Sábana Santa?
domingo, 24 de septiembre de 2017
La venda en los ojos
Cruzo un paso de peatones y me percato de que en un coche, sentada junto al conductor, hay una chica con una venda cubriéndole los ojos. Por un momento pienso que se trata de un secuestro, pero se muestra demasiado serena. ¿Quizá se sacrifica por un ser querido? Parece improbable, ha de ser ese típico numerito romántico de las películas. El conductor es seguramente su pareja y le quiere dar una sorpresa, de ahí la necesidad de que no contemple el trayecto. ¿Cómo sabríamos vivir si no fuera por las películas?
sábado, 23 de septiembre de 2017
Los rostros de la editorial
Hay una editorial que, para valorar manuscritos, exige que el autor envíe también una foto reciente. Uno se pregunta por qué será esto. ¿Querrán comprobar que los aspirantes tienen aspecto de escritores? ¿En qué consiste una cara publicable? ¿Buscarán sólo autores guapos y glamurosos? Es todo muy extraño.
viernes, 22 de septiembre de 2017
Otra retrospectiva
Leo un correo electrónico que envié hace diez años: «Querida Elisabeth, te escribo con ánimo redentor de todas mis faltas, que no son pocas. Hoy es 24 de agosto de 2007 y apenas luce el sol. Leo compulsivamente, quizás para olvidar que no vivo, aunque cada vez que paso una página del libro de turno tengo la sensación de estar pasando otra página no vivida. No sé. Posiblemente la vida es sencillísima, pero un impulso trágico lleva a complicarla. ¿Qué mérito tendría vivirla si no fuera así? Y otras frases tontas». Reconozco la misma angustia, la misma ingenuidad, pienso. Pero no es verdad. No es la misma ingenuidad, pues entonces todavía esperaba cosas de la vida que ahora ya sé imposibles. Sigo intentándolas porque es demasiado tarde para corregir el rumbo. Mejor un impacto directo para que nos vayamos a pique rápidamente.
jueves, 21 de septiembre de 2017
miércoles, 20 de septiembre de 2017
Las expectativas
Lo peor de envejecer es que te quedas sin tiempo para convertirte en un joven exitoso.
martes, 19 de septiembre de 2017
Minutos de la basura
Treinta y nueve años ya. Me acerco de manera inexorable a los cuarenta y sigo sin ser lo bastante buen escritor. No creo que vaya a serlo nunca. Me equivoqué de vocación, un error trágico con el que tendré que convivir el resto de mi vida (de la que cada vez queda menos).
lunes, 18 de septiembre de 2017
La pausa
Por la mañana, sentado en el sillón, leyendo. Reina el silencio. Podría no existir nada más en el mundo. Nadie sabe que estoy aquí. Un momento de paz y tranquilidad antes del desastre.
domingo, 17 de septiembre de 2017
Favoritismos
Hace un par de meses ayudé a una vecina de cierta edad a subir el carrito de la compra por las escaleras, dado que el ascensor estaba estropeado. Me dio las gracias y ahí acabo el asunto. En principio, pues el otro día volvió a averiarse el ascensor, pero en esta ocasión fue mi compañero de piso quien la ayudó. Para mi sorpresa, a los pocos minutos, la señora llamó a nuestra puerta para hacerle entrega de una lata de cerveza como agradecimiento. Estuve tentado de reclamarle a la vieja bruja mi cerveza por los servicios prestados, pero supuse que no habría quedado elegante.
sábado, 16 de septiembre de 2017
viernes, 15 de septiembre de 2017
El anhelo
Son maravillosos los planes que uno puede hacer mientras no se impone la triste realidad. Hay que atesorar esos momentos, esos momentos en los que los sueños parecen aún posibles.
jueves, 14 de septiembre de 2017
miércoles, 13 de septiembre de 2017
Aquellas relaciones
Creo que en Bored to death decían algo así: «Primero las enamoramos y después las decepcionamos». Mi caso era parecido, pero sin pasar por la primera fase.
martes, 12 de septiembre de 2017
Ensayos y errores
Bebía con la idea de infundirme valor para hablar, pero luego sólo decía tonterías por culpa del alcohol. Opté finalmente por regresar al silencio.
lunes, 11 de septiembre de 2017
domingo, 10 de septiembre de 2017
Internet
—No me gustan los problemas, nunca antes me había peleado con alguien por email.
—Yo no sé en qué mundo vives, si internet es porno y discutir con desconocidos.
—Yo no sé en qué mundo vives, si internet es porno y discutir con desconocidos.
sábado, 9 de septiembre de 2017
El Nobel
—Podemos tener un hijo si ganas algún premio que conceda mucho dinero.
—Eso va a ser imposible, que cuando me den el Nobel con ochenta y nueve años ya tendré los testículos marchitos.
—Has dicho: «cuando me den el Nobel». Vamos, que lo ves factible.
—Claro, porque tengo cincuenta años para ello y en medio siglo todo es posible. Cuando queden diez años de plazo, ya te diré que no.
—Eso va a ser imposible, que cuando me den el Nobel con ochenta y nueve años ya tendré los testículos marchitos.
—Has dicho: «cuando me den el Nobel». Vamos, que lo ves factible.
—Claro, porque tengo cincuenta años para ello y en medio siglo todo es posible. Cuando queden diez años de plazo, ya te diré que no.
viernes, 8 de septiembre de 2017
Disyuntivas
Imaginemos que tuviéramos que elegir entre Hitler y Stalin para compañero de piso. Creo que Hitler sería mejor, pues bastaría con darle una habitación con vistas al este para que no reclamara más espacio vital. Además, al ser abstemio, no te robaría las cervezas del frigorífico. Y no fuma. Eso sí, estaría todo el día dándote el coñazo con que si los judíos esto y los judíos aquello.
jueves, 7 de septiembre de 2017
Un premio importante
«¿Te imaginas que ganaras tú?», me pregunta Sonia. «Sería tan bonito. Cambiaría tu vida para siempre y podrías dejar todos estos problemas atrás». Sí, pienso yo, precisamente por eso es imposible.
miércoles, 6 de septiembre de 2017
De los errores inevitables
Uno quisiera corregir todas las erratas que se dejó en el pasado, pero es imposible. A lo sumo, puedes escribir una nueva versión y ver si cuela entre tus allegados, lo que es un plan absurdo. Ya conocen la versión anterior, ¿cómo vas a convencerlos ahora de que aquello no era válido? Haría falta un poder de convicción del que careces.
martes, 5 de septiembre de 2017
Volver al silencio
Septiembre. Ya no queda tiempo material para publicar este año. Saqué Historia de la literatura secreta en 2013 y Fuera de trama en 2015, así que tocaba de nuevo este 2017, pero ya no podrá ser. Dos años sin publicar. Tengo terminados una novela y un conjunto de relatos, pero ninguna garantía de que en el futuro tendrán forma de libros. Publicar de nuevo antes de 2020 es mi próximo objetivo, puesto que lograrlo antes de los cuarenta está muy difícil.
lunes, 4 de septiembre de 2017
Errores sin importancia
—Qué bonito nombre el tuyo. Es de ninfómana, ¿verdad?
—¿Perdona?
—Ya sabes, de la mitología griega.
—Ah, de ninfa, joder, de ninfa.
—¿Perdona?
—Ya sabes, de la mitología griega.
—Ah, de ninfa, joder, de ninfa.
domingo, 3 de septiembre de 2017
Cerrojos
Cerrar cada noche la puerta con llave y, con este sencillo gesto de magia, dejar el mundo fuera. Al menos, hasta la mañana siguiente.
sábado, 2 de septiembre de 2017
Las duras verdades
Ella se quejaba una y otra vez de su novio y yo pensaba: aun así, lo prefiere a él.
viernes, 1 de septiembre de 2017
El masturbador nostálgico
Se sigue masturbando con la vieja pornografía de su juventud, como si no hubiera pasado el tiempo. Ninguna importancia le da al hecho de que esas chicas sean ahora mujeres casadas y con hijos o a las variaciones estéticas entre décadas. No, es mejor así, se dice. Pues si tuviera que recurrir a pornografía actual se sentiría culpable por la diferencia de edad entre las chicas y él, mientras que de esta manera todos están congelados en el ayer.
jueves, 31 de agosto de 2017
Los esfuerzos baldíos
Hace mucho que no sé por qué hago estas cosas. Creo que siempre actúo más o menos igual, sin un objetivo claro. Sin un plan. Ni siquiera con una mínima esperanza. Simplemente porque sí, porque en algo habrá que invertir el tiempo mientras esperamos la muerte.
miércoles, 30 de agosto de 2017
Viejas pasiones
No recuerdo cuándo compré un libro por última vez, seguramente fue alguno de segunda mano, pero es lo que tiene la precariedad, que ni siquiera dispones de dinero para los pequeños placeres. Acudo con frecuencia a la biblioteca para saciar mi sed de lecturas, aunque esto no me permite atesorar los libros, que era algo que me encantaba. Pero supongo que la vida es dejar cosas atrás.
martes, 29 de agosto de 2017
A vuelapluma
Vivo en una casa junto al mar y los delfines me dejan el correo en la terraza. Vale, es mentira. En realidad vivo cerca del río sin agua de Málaga, donde los gitanos juegan al fútbol en su lecho de cemento y, por suerte, no vienen a dejarme nada (además, no tengo terraza). Es verano, pero esto es así en todo el hemisferio norte, no tiene nada de especial.
lunes, 28 de agosto de 2017
Las leyes de la atracción
No es posible recuperar el interés de una persona, es una inversión perdida. La única manera sería siendo otro, lo cual es imposible. Además, ya no sería recuperar el interés, sino ganarlo por primera vez.
domingo, 27 de agosto de 2017
Los foros de internet
Qué de horas invertía a principios del milenio en debatir con desconocidos en foros, que supongo ahora pasados de moda. Eran muy prácticos para encontrar un contacto humano manejable y limitado, sin exagerar. Nada de vernos las caras y someternos a incómodos silencios, era mejor charlar a distancia de tanto en tanto, en los raros momentos que uno pasaba en la red sin buscar porno.
sábado, 26 de agosto de 2017
Dudas razonables
Creo que la pregunta más tonta que he hecho en mi vida fue una vez en la oficina de empleo, que me dieron cita para la semana siguiente a las cuatro y dije: ¿De la tarde?
viernes, 25 de agosto de 2017
La calle M
No hay apenas turistas en calle M. Quizá ni siquiera aparezca en las guías. No queremos espantar a los visitantes con la realidad de esta ciudad. Podrían no volver. Y lo son todo para nosotros. Mucho más importantes que los residentes en calle M.
jueves, 24 de agosto de 2017
A ultranza
Llega un momento en el que por fin comprendes que nunca te llamarán, pero hay que seguir intentándolo. No sabes muy bien por qué, puesto que con otras cosas te dirían que lo dejaras ya, que no tiene sentido continuar. Intentar ligarte a una chica, por ejemplo. Pero esto es distinto, aquí no estás molestando a nadie. Sólo a la lógica, pero ésta nunca tuvo mucho que ver con los sueños o las esperanzas.
miércoles, 23 de agosto de 2017
Los contactos
—Usted necesita contactos para publicar. Amistades editoriales.
—No sé, me parece poco ético.
—Usted verá, pero póngase en el lugar de un editor. Puesto que los autores desconocidos van a vender más o menos lo mismo, ¿no sería mejor publicar a los amigos?
—No sé, me parece poco ético.
—Usted verá, pero póngase en el lugar de un editor. Puesto que los autores desconocidos van a vender más o menos lo mismo, ¿no sería mejor publicar a los amigos?
martes, 22 de agosto de 2017
De nuevo el gesto estético
Hay ocasiones en las que dices lo que piensas no porque esperes que vaya a cambiar algo, sino simplemente por el gesto estético. No es que importe demasiado, pero en realidad lo haces por ti.
lunes, 21 de agosto de 2017
Los hijos
Una madre con cuatro hijos de corta edad que chillan y corretean. Les va entregando la merienda. Se me ocurre que salir de casa con niños es como ocuparte de la intendencia de un ejército. Un ejército formado por soldados alocados a los que además tienes que vigilar en todo momento porque pueden hacerse daño con facilidad o ser secuestrados por un enemigo invisible en esa guerra de guerrillas tan estresante que es la vida con niños.
domingo, 20 de agosto de 2017
Centros comerciales
Se puede aprender mucho de los seres humanos en un centro comercial. Muchas cosas deprimentes. Pero el saber no ocupa lugar y todo eso.
sábado, 19 de agosto de 2017
La heladería
Abajo han abierto una heladería. Durante dos meses nos han deleitado a los vecinos con la sinfonía de ruidos propios de las obras, pero no han sido éstas las únicas molestias: nos hicieron accidentalmente dos agujeros en la pared mientras montaban un tubo en el exterior del edificio y sólo repararon los desperfectos un par de semanas después; cortaron la luz una tarde sin avisar; nos dejaron sin ascensor una semana entera. Pensamos: bueno, invitarán a los vecinos a un helado cuando inauguren para compensarnos. Pero no. Abrieron con nocturnidad y alevosía (vale, tal vez no con nocturnidad, que seguro que abrieron de día). Qué menos que un helado a cambio de gentrificarte más la calle y marearte durante meses, este capitalismo insensible va a acabar con todos nosotros.
viernes, 18 de agosto de 2017
Problemas reales de occidental frustrado
—En caso de guerra, ¿se quejaría usted de la timidez o de no saber cómo funciona la vida?
—No sé, supongo que moriría antes de que pudiera quejarme de algo.
—Opta por el humor como respuesta cobarde, ya veo.
—Supongo que busca otro tipo de contestación. Que le diga que mis problemas son absurdos y que espabilaría en una situación de vida o muerte. Pero lo cierto es que dudo mucho que fuera así. Si sucumbo a mis problemas ahora, ¿qué posibilidades tendría si la supervivencia estuviera en juego?
—No sé, supongo que moriría antes de que pudiera quejarme de algo.
—Opta por el humor como respuesta cobarde, ya veo.
—Supongo que busca otro tipo de contestación. Que le diga que mis problemas son absurdos y que espabilaría en una situación de vida o muerte. Pero lo cierto es que dudo mucho que fuera así. Si sucumbo a mis problemas ahora, ¿qué posibilidades tendría si la supervivencia estuviera en juego?
jueves, 17 de agosto de 2017
Recursos lingüísticos
El personaje barrió con la mirada la habitación, lo que era mucho más práctico que hacerlo con una escoba.
miércoles, 16 de agosto de 2017
Fontanería
Limpio las tuberías del cuarto de baño, que están atascadas. Extraigo de ellas una materia repugnante y pútrida que invita a la náusea. En la ciudad arrecia la feria y yo desatasco cañerías. La vida, me digo. Como si significara algo.
martes, 15 de agosto de 2017
lunes, 14 de agosto de 2017
De la naturaleza (2)
—Estoy en contra de la homosexualidad porque no es natural.
—No sé qué decirte, está claro que la polio es natural y no veo que ésta te parezca bien.
—No sé qué decirte, está claro que la polio es natural y no veo que ésta te parezca bien.
domingo, 13 de agosto de 2017
De la naturaleza
—Estoy en contra de la homosexualidad porque no es natural.
—Vale, digamos que no lo es. ¿Y el aire acondicionado?
—Vale, digamos que no lo es. ¿Y el aire acondicionado?
sábado, 12 de agosto de 2017
viernes, 11 de agosto de 2017
De los miedos escénicos absurdos
El miedo del escritor primerizo es: «ahora todo el mundo va a leer mi novela y descubrir sus múltiples fallos». Cuando tendría que estar tranquilo, pues en realidad nadie va a leerla.
jueves, 10 de agosto de 2017
Apariencias
—Oye, a casa de tu madre no vas con esa barba, tienes que afeitarte.
—No te preocupes, mi madre ya sabe que soy un desastre.
—Precisamente, la idea es que crea que he conseguido reformarte.
—No te preocupes, mi madre ya sabe que soy un desastre.
—Precisamente, la idea es que crea que he conseguido reformarte.
miércoles, 9 de agosto de 2017
El momento
Celebran los nombres de otros mientras yo acumulo años. ¿Llegará algún día mi momento? Mientras tanto, hago culpable al mundo de las promesas que me hice yo mismo.
martes, 8 de agosto de 2017
Las editoriales
—Te deseamos mucha suerte en tu carrera literaria, a la que no queremos contribuir de ninguna manera.
lunes, 7 de agosto de 2017
Tierra de nadie
Ser demasiado inteligente para creerte rollos de autoayuda, pero no lo bastante para solucionar tus problemas.
domingo, 6 de agosto de 2017
De la literatura deficitaria
Que la literatura es un negocio ruinoso lo he dicho mucho en este blog, pero es dolorosamente cierto. Digamos que escribes una novela, la presentas a un concurso y ganas un premio de seis mil euros. Un millón de pesetas, en principio está bien. Luego haces unos simples cálculos y descubres que es como si hubieras trabajado ocho meses por el sueldo mínimo (setecientos euros ahora mismo). Sale rentable si has tardado menos de ese tiempo en escribirla, pero si te ha llevado más... Un capitalista diría que tienes que aumentar el ritmo de producción, aunque entonces puede que se resienta la calidad y la idea es que te premie un jurado (estamos aquí teorizando sobre concursos limpios). No parece que se pueda vivir de los concursos, por tanto. Quedan los lectores, pero en España no lee casi nadie de forma habitual. A veces se produce algún fenómeno literario que vende cientos de miles de ejemplares, quizá habría que dedicar tres meses de cada año a intentar escribir algo así (con seudónimo) y los nueve meses restantes entregarte a la literatura deficitaria que tanto te gusta.
sábado, 5 de agosto de 2017
Últimas voluntades
—Cuando te mueras, ¿cómo quieres que hagamos?
—Quiero que en mi funeral haya plañideras de diecinueve años. Con minifaldas negras y medias de rejilla.
—Me refiero a si quieres entierro o incineración.
—Ah.
—Quiero que en mi funeral haya plañideras de diecinueve años. Con minifaldas negras y medias de rejilla.
—Me refiero a si quieres entierro o incineración.
—Ah.
viernes, 4 de agosto de 2017
Un lugar en la memoria
¿Se acordarán de mí mis compañeros de clase? Si es así, ¿qué recuerdo tendrán? Seguramente será uno difuso y nada positivo, como históricamente ha sido en mi vida. Me pregunto qué habrá que hacer para ganarse la nostalgia de alguien, qué arcanos pasos dar.
jueves, 3 de agosto de 2017
Infiernos
Creo que la época más triste de mi infancia fueron los tres meses que pasé en un colegio del Opus. No recuerdo que hiciera ningún amigo (tampoco es algo que se me haya dado nunca demasiado bien) y encima nos obligaban a ir a misa y confesarnos. La sola idea de que un niño pueda tener pecados que confesar explica muy bien lo enfermos que están los miembros de esa religión.
miércoles, 2 de agosto de 2017
De pelo en pecho
Recuerdo que a principios de siglo leía en las revistas que ya habían pasado los tiempos de los hombres peludos como osos y que las mujeres del nuevo milenio querían hombres sin pelo en el pecho y pensaba: «por fin tengo una ventaja evolutiva sobre los demás, bendito Darwin». Pero luego mis novias y amantes ponían cara de decepción ante mi torso lampiño y decían: «A mí me gustan los hombres machotes, viriles, que hayan estado en una guerra o dos, tengan cicatrices que lo prueben y que desnudos parezca que llevan puesto un jersey de angora».
martes, 1 de agosto de 2017
La negritud
De niño, mi madre me llamaba negro zumbón cuando se enfadaba conmigo. Se me ocurre ahora que acabar de negro literario sería cerrar el círculo.
lunes, 31 de julio de 2017
Lectura rápida
Sabes que es una carta de rechazo nada más leer: «En primer lugar, gracias por contactar con nosotros».
domingo, 30 de julio de 2017
Querido Leonard
Querido Leonard:
La primera vez que oí tu nombre fue hace más de veinte años, cuando aún era un adolescente ignorante, en una canción de Nirvana. Give me a Leonard Cohen afterworld, pedía Kurt Cobain. Quién será este Leonard Cohen, me pregunté yo. Entonces no había internet en el que realizar una sencilla búsqueda para averiguarlo y mis padres tampoco te conocían, pues nunca prestaron demasiada atención a músicos extranjeros, exceptuando a los Beatles y a ABBA. Sin ninguna duda, el mundo parecía un lugar enorme y desconocido en Málaga a principios de los noventa. Sobre todo si eras un muchacho triste y solitario.
Unos años después, ojeando en una librería, hallé un pequeño poemario de color negro titulado La energía de los esclavos. En la cubierta aparecía también tu nombre, que aún recordaba, y tu rostro, que veía por primera vez, enjuto y en blanco y negro, casi camuflado entre las sombras. Me llevé el libro a casa, por supuesto, y leerlo hizo que mi universo se expandiera de manera repentina. Podría decirse que tus palabras fueron mi Big Bang y a partir de ese momento ya nunca sería el mismo, aunque creo que entonces no me di cuenta de que se trataba de un instante fundacional de mi vida. Me impactó sobre todo un poema que decía así: «Muero / porque tú no has / muerto por mí, / y aun así / el mundo te ama. // Escribo esto porque sé / que tus besos / nacen ciegos / de las canciones que te emocionan. // No quiero que haya finalidad / en tu vida. / Quiero perderme entre / tus pensamientos, // igual que uno escucha a la ciudad de Nueva York / cuando se duerme».
Internet era todavía un lugar en construcción, poco habitado y donde abundaban las avenidas vacías, pero de todos modos conseguí encontrar información sobre ti en Altavista o alguno de aquellos buscadores rudimentarios de los inicios de la red. Eras un cantante canadiense, pero antes habías sido poeta y novelista y lo último que se sabía de ti era que te habías retirado a vivir en un monasterio budista. No sé por qué, pero me pareció que lo más adecuado era introducirme en tus discos de manera cronológica, como si hubiera sido un joven en la década de los sesenta y no treinta años después. Comencé de inmediato la lenta tarea de descargar tus álbumes mediante Napster. Canción a canción, poco a poco a causa de las deficientes conexiones de la época. Tu primer disco llevaba el sencillo título de Songs of Leonard Cohen y la primera canción se llamaba Suzanne. En cuanto sonaron los acordes iniciales, esos acordes que me han acompañado toda mi vida, me vi llevado a la casa de Suzanne junto al río. Ella estaba medio loca, decías, pero por eso querías estar allí y te ofrecía té y naranjas que venían de China.
Hablabas para mí. En Winter lady, en Hey, that’s no way to say goodbye, en One of us cannot be wrong (¿puede haber forma más poderosa de acabar un disco?). En So long, Marianne, por supuesto. Yo en aquella época creía haber encontrado a mi Marianne, con la diferencia importante de que ella no me hacía el menor caso a mí, pero no importaba: la sensación de ausencia sempiterna me ayudaba a sentirme identificado con tu despedida en forma de canción. Pues ¿qué era mi vida amorosa sino una constante despedida? Pero a través de la soledad y el tormento encontré tu voz y ya nunca me abandonaste. En los días oscuros tu música fue siempre la grieta por la que se coló la luz, como dirías tú.
Con el paso de los años fui adquiriendo todos tus libros y discos. El juego favorito se convirtió en una de mis novelas predilectas y en numerosas ocasiones volví a pisar las calles de Montreal junto a Breavman y Krantz y las de Nueva York con Shell. Recuerdo que en el libro de poemas que equivocadamente tradujeron como La muerte de un mujeriego escribías una de las mejores declaraciones de amor que he leído nunca: «Exceptuando el miedo a perderla, no tengo ninguna queja». Quién no habrá sentido eso alguna vez.
Sobre ti edifiqué mi religión. Siempre dije a la gente: yo sólo rezo a las mujeres y a Leonard Cohen. Y a todas las mujeres de mi vida intenté convertirlas a esta fe en ti, pero creo que nunca entendieron mi obsesión por la obra de un señor judío de Canadá. Pensaban, supongo, que yo estaba un poco loco, que no era para tanto. ¿Cómo hacerles comprender lo que significaban las eternas horas de soledad? ¿Cómo explicarles lo que habías hecho por mí? ¿Cómo encontrar las palabras adecuadas? Tendría que haber sido tú para lograrlo.
En enero de 2008 anunciaste tu primera gira en quince años, una gira mundial. Yo tenía veintinueve años y amaba a otra mujer que no me correspondía. Me acordaba de un corto y jocoso poema tuyo en el que decías: Marita, / please find me. / I’m almost thirty. «Marita, por favor encuéntrame. Tengo casi treinta años». No dejaba de pensar que resulta adecuado que en inglés a las palabras thirty (treinta) y thirsty (sediento) sólo las separe una letra, pues yo me moría de sed de amor y vida mientras me consumía de soledad a orillas de la treintena. Pero de pronto la posibilidad de verte en concierto llenaba de ilusión mis días. Qué regalo para todos nosotros que abandonaras tu retiro, aunque tuviera que ser a costa de tus ahorros. Dicen algunos cristianos que en realidad Judas no fue más que el instrumento de Dios para que Cristo cumpliera su cometido de sacrificarse por los pecados del mundo. Me gusta pensar que tu agente nos hizo a todos un servicio similar al robarte todo tu dinero y obligarte a volver a dar conciertos, aunque seguro que tú no compartirías mi análisis.
Diecinueve de julio de 2008. Justo dos meses antes de mi trigésimo cumpleaños. Los fieles aguardábamos junto a la puerta del recinto donde se celebraría tu concierto de Lisboa. Así empiezan las religiones, pensé. Con una peregrinación. Con una prueba de resistencia bajo el sol veraniego, también. Llegó un minibús y la gente saludó con gran revuelo a sus ocupantes. Yo les dije a mis amigos: «sólo son los músicos, qué reacción tan exagerada». Pero nada más terminar la frase vi que tú también nos saludabas desde uno de los asientos. Qué estúpido por mi parte, ¿cómo no ibas a ir con los músicos como uno más? Me levanté de un salto con una gran sonrisa bobalicona y agitando la mano como un demente. «Era Leonard Cohen», dije a mi amigo y su novia cuando el minibús se introdujo en el recinto vallado y desapareció de nuestra vista. «Era Leonard Cohen», repetí como si ellos no hubieran estado presentes, como si el momento hubiera sido sólo para mí.
Recuerdo bien la carrera cuando abrieron las puertas, el ansia por alcanzar la primera fila, la suerte de lograrlo, el casi desfallecimiento por el calor y el esfuerzo físico, el apretar los dientes para no echar a perder lo logrado. No, llevaba años esperando este momento y no iba a permitir que mi cuerpo me traicionara ahora con algo tan prosaico como un golpe de calor. Cerré los ojos, bebí agua, me aferré a cada bocanada de aire y aguanté.
El sol se escondía en el horizonte cuando apareciste en el escenario con una amplia sonrisa y tu coro de ángeles empezó a tararear. Dance me to the end of love. «Baila conmigo hasta el fin del amor». Qué aplauso atronador recorrió el público. Tres horas de gracia, elegancia y belleza nos concediste esa noche en la que vertimos lágrimas de felicidad. Señalabas la luna lisboeta mientras nos cantabas que eras nuestro hombre y una mujer del público respondió con espontaneidad: yes, you are. Nos guiabas con una señal en el cielo.
Magic is alive, God is afoot, escribiste una vez. «La magia está viva, Dios está en marcha». Y Dios eras tú.
En 2009 volví a acudir a tu llamamiento, esta vez en Granada, a mediados de septiembre. Había hablado con mi ex novia A. sobre ir juntos y compré para tal fin dos entradas, pero a la hora de la verdad se echó atrás y me dijo que aquello nunca había ido en serio, que ella lo que quería decir es que habría sido bonito ir juntos si las circunstancias hubieran sido otras, pero no lo eran. Como siempre, yo no entendía nada. Así que me vi con dos entradas para un concierto de Leonard Cohen y sin acompañante. Me gustaría decirte que supe resolver el problema como en alguna comedia romántica, pero te estaría mintiendo. Le propuse a B. ir juntos, pero ella tampoco podía. Probé con otras, hasta con L. Y con un buen amigo, pero también le era imposible. Al final fui solo, claro, con las dos entradas en el bolsillo. Sopesé la posibilidad de revenderla frente a la plaza de toros donde ibas a tocar, pero nunca he sabido muy bien cómo funcionan estas cosas.
En El juego favorito, Lawrence Breavman le decía a una chica que quería acostarse con ella «porque una vez nos cogimos de la mano». Mis motivos para invitar a esas chicas eran parecidos, me temo. Porque una vez nos cogimos de la mano. No sé si muchas personas irán solas a los conciertos, pero quizá fuera mejor así. A fin de cuentas, era como volver a escucharte en la soledad de mi cuarto. Qué importaban las miles de personas que me rodeaban.
En octubre de 2012 te vi por última vez. En Madrid. Entonces no lo sabíamos, pero era tu gira final. Esta vez, sin embargo, me acompañaba una chica que además me quería. Yo no sabía que tú y yo nos estábamos despidiendo, pero creo que ésta sí era una manera de decir adiós. Ahora pienso que era como si te estuviera diciendo: Mira, Leonard, lo he conseguido. Lo hemos conseguido. Y Sonia se emocionó tanto como yo. «Es el mejor concierto en el que he estado», me diría después. Gracias también por esto, Leonard.
El año pasado, cuando falleció Marianne, tu amor de los tiempos de Hidra, me dije que era muy extraño que las musas fueran también mortales. Los medios publicaron que te habías despedido de ella en una emotiva carta en la que afirmabas que la seguirías pronto. Quise pensar que con «pronto» te referías a unos años, no a unos meses, pero poco después el New York Times publicó un artículo sobre ti en el que declarabas que estabas preparado para morir. Me negué a aceptarlo. Tú tenías que llegar a los ciento siete años de edad, como Roshi, tu maestro budista. El secreto tenía que estar en la meditación zen.
Luego presentaste You want it darker, tu último álbum, y con tu estilo socarrón dijiste que habías exagerado con lo de que estabas preparado para morir. Que pensabas vivir para siempre, afirmación que despertó la risa de los periodistas. Siempre supiste ganarte al público. Nos engañaste a todos para que no sufriéramos. Y te creímos a pesar de tu aspecto frágil. ¿Qué había sido de aquel anciano jovial que no hacía tanto brincaba y danzaba por el escenario? ¿Cuándo te había alcanzado finalmente la vejez? Sí, quizá ya no pudieras dar conciertos, pero nos aseguraste que seguías trabajando. Habría nuevos poemas, nuevas canciones. Seguirías con nosotros mucho tiempo.
El diez de noviembre de 2016 por la mañana tenía un mensaje de voz en el teléfono móvil. Me lo mandaba un amigo desde Colombia. Yo dormía y él leía que habías muerto. De inmediato lo comprobé en distintos medios digitales, como si buscara que el siguiente desmintiera a los anteriores.
Miré por la ventana. La vida seguía como si nada aunque había muerto Leonard Cohen. Y repetí estas cuatro terribles palabras como si así pudiera deshacerlas: Ha muerto Leonard Cohen. No me avergüenza confesar que lloré. Lloré porque se me había ido un amigo muy querido. Intenté razonarlo, decirme que habías habitado el mundo ochenta y dos años y eso estaba muy bien. Pero no podía evitar sentir dolor. Love itself was gone, como cantabas tú.
Magic is alive, God is afoot. Ya no sé si la magia está viva. Ahora que ya no estás.
Nunca sabrás todo lo que hiciste por mí, las veces que me salvaste. Me enseñaste a ser elegante en la derrota. Me gustaba pensar que un día tendría la fortuna de conocerte y podría contarte la influencia decisiva que has ejercido en mi vida. Ya nunca podrá ser. Gracias por todo, Leonard. Por tu presencia constante. Por tu voz, por tus palabras. Hasta siempre, viejo amigo. Me quedo sobre todo con estos versos tuyos de La energía de los esclavos: «Tu belleza está en todas partes, / la que destilamos juntos / de los tiempos difíciles».
La primera vez que oí tu nombre fue hace más de veinte años, cuando aún era un adolescente ignorante, en una canción de Nirvana. Give me a Leonard Cohen afterworld, pedía Kurt Cobain. Quién será este Leonard Cohen, me pregunté yo. Entonces no había internet en el que realizar una sencilla búsqueda para averiguarlo y mis padres tampoco te conocían, pues nunca prestaron demasiada atención a músicos extranjeros, exceptuando a los Beatles y a ABBA. Sin ninguna duda, el mundo parecía un lugar enorme y desconocido en Málaga a principios de los noventa. Sobre todo si eras un muchacho triste y solitario.
Unos años después, ojeando en una librería, hallé un pequeño poemario de color negro titulado La energía de los esclavos. En la cubierta aparecía también tu nombre, que aún recordaba, y tu rostro, que veía por primera vez, enjuto y en blanco y negro, casi camuflado entre las sombras. Me llevé el libro a casa, por supuesto, y leerlo hizo que mi universo se expandiera de manera repentina. Podría decirse que tus palabras fueron mi Big Bang y a partir de ese momento ya nunca sería el mismo, aunque creo que entonces no me di cuenta de que se trataba de un instante fundacional de mi vida. Me impactó sobre todo un poema que decía así: «Muero / porque tú no has / muerto por mí, / y aun así / el mundo te ama. // Escribo esto porque sé / que tus besos / nacen ciegos / de las canciones que te emocionan. // No quiero que haya finalidad / en tu vida. / Quiero perderme entre / tus pensamientos, // igual que uno escucha a la ciudad de Nueva York / cuando se duerme».
Internet era todavía un lugar en construcción, poco habitado y donde abundaban las avenidas vacías, pero de todos modos conseguí encontrar información sobre ti en Altavista o alguno de aquellos buscadores rudimentarios de los inicios de la red. Eras un cantante canadiense, pero antes habías sido poeta y novelista y lo último que se sabía de ti era que te habías retirado a vivir en un monasterio budista. No sé por qué, pero me pareció que lo más adecuado era introducirme en tus discos de manera cronológica, como si hubiera sido un joven en la década de los sesenta y no treinta años después. Comencé de inmediato la lenta tarea de descargar tus álbumes mediante Napster. Canción a canción, poco a poco a causa de las deficientes conexiones de la época. Tu primer disco llevaba el sencillo título de Songs of Leonard Cohen y la primera canción se llamaba Suzanne. En cuanto sonaron los acordes iniciales, esos acordes que me han acompañado toda mi vida, me vi llevado a la casa de Suzanne junto al río. Ella estaba medio loca, decías, pero por eso querías estar allí y te ofrecía té y naranjas que venían de China.
Hablabas para mí. En Winter lady, en Hey, that’s no way to say goodbye, en One of us cannot be wrong (¿puede haber forma más poderosa de acabar un disco?). En So long, Marianne, por supuesto. Yo en aquella época creía haber encontrado a mi Marianne, con la diferencia importante de que ella no me hacía el menor caso a mí, pero no importaba: la sensación de ausencia sempiterna me ayudaba a sentirme identificado con tu despedida en forma de canción. Pues ¿qué era mi vida amorosa sino una constante despedida? Pero a través de la soledad y el tormento encontré tu voz y ya nunca me abandonaste. En los días oscuros tu música fue siempre la grieta por la que se coló la luz, como dirías tú.
Con el paso de los años fui adquiriendo todos tus libros y discos. El juego favorito se convirtió en una de mis novelas predilectas y en numerosas ocasiones volví a pisar las calles de Montreal junto a Breavman y Krantz y las de Nueva York con Shell. Recuerdo que en el libro de poemas que equivocadamente tradujeron como La muerte de un mujeriego escribías una de las mejores declaraciones de amor que he leído nunca: «Exceptuando el miedo a perderla, no tengo ninguna queja». Quién no habrá sentido eso alguna vez.
Sobre ti edifiqué mi religión. Siempre dije a la gente: yo sólo rezo a las mujeres y a Leonard Cohen. Y a todas las mujeres de mi vida intenté convertirlas a esta fe en ti, pero creo que nunca entendieron mi obsesión por la obra de un señor judío de Canadá. Pensaban, supongo, que yo estaba un poco loco, que no era para tanto. ¿Cómo hacerles comprender lo que significaban las eternas horas de soledad? ¿Cómo explicarles lo que habías hecho por mí? ¿Cómo encontrar las palabras adecuadas? Tendría que haber sido tú para lograrlo.
En enero de 2008 anunciaste tu primera gira en quince años, una gira mundial. Yo tenía veintinueve años y amaba a otra mujer que no me correspondía. Me acordaba de un corto y jocoso poema tuyo en el que decías: Marita, / please find me. / I’m almost thirty. «Marita, por favor encuéntrame. Tengo casi treinta años». No dejaba de pensar que resulta adecuado que en inglés a las palabras thirty (treinta) y thirsty (sediento) sólo las separe una letra, pues yo me moría de sed de amor y vida mientras me consumía de soledad a orillas de la treintena. Pero de pronto la posibilidad de verte en concierto llenaba de ilusión mis días. Qué regalo para todos nosotros que abandonaras tu retiro, aunque tuviera que ser a costa de tus ahorros. Dicen algunos cristianos que en realidad Judas no fue más que el instrumento de Dios para que Cristo cumpliera su cometido de sacrificarse por los pecados del mundo. Me gusta pensar que tu agente nos hizo a todos un servicio similar al robarte todo tu dinero y obligarte a volver a dar conciertos, aunque seguro que tú no compartirías mi análisis.
Diecinueve de julio de 2008. Justo dos meses antes de mi trigésimo cumpleaños. Los fieles aguardábamos junto a la puerta del recinto donde se celebraría tu concierto de Lisboa. Así empiezan las religiones, pensé. Con una peregrinación. Con una prueba de resistencia bajo el sol veraniego, también. Llegó un minibús y la gente saludó con gran revuelo a sus ocupantes. Yo les dije a mis amigos: «sólo son los músicos, qué reacción tan exagerada». Pero nada más terminar la frase vi que tú también nos saludabas desde uno de los asientos. Qué estúpido por mi parte, ¿cómo no ibas a ir con los músicos como uno más? Me levanté de un salto con una gran sonrisa bobalicona y agitando la mano como un demente. «Era Leonard Cohen», dije a mi amigo y su novia cuando el minibús se introdujo en el recinto vallado y desapareció de nuestra vista. «Era Leonard Cohen», repetí como si ellos no hubieran estado presentes, como si el momento hubiera sido sólo para mí.
Recuerdo bien la carrera cuando abrieron las puertas, el ansia por alcanzar la primera fila, la suerte de lograrlo, el casi desfallecimiento por el calor y el esfuerzo físico, el apretar los dientes para no echar a perder lo logrado. No, llevaba años esperando este momento y no iba a permitir que mi cuerpo me traicionara ahora con algo tan prosaico como un golpe de calor. Cerré los ojos, bebí agua, me aferré a cada bocanada de aire y aguanté.
El sol se escondía en el horizonte cuando apareciste en el escenario con una amplia sonrisa y tu coro de ángeles empezó a tararear. Dance me to the end of love. «Baila conmigo hasta el fin del amor». Qué aplauso atronador recorrió el público. Tres horas de gracia, elegancia y belleza nos concediste esa noche en la que vertimos lágrimas de felicidad. Señalabas la luna lisboeta mientras nos cantabas que eras nuestro hombre y una mujer del público respondió con espontaneidad: yes, you are. Nos guiabas con una señal en el cielo.
Magic is alive, God is afoot, escribiste una vez. «La magia está viva, Dios está en marcha». Y Dios eras tú.
En 2009 volví a acudir a tu llamamiento, esta vez en Granada, a mediados de septiembre. Había hablado con mi ex novia A. sobre ir juntos y compré para tal fin dos entradas, pero a la hora de la verdad se echó atrás y me dijo que aquello nunca había ido en serio, que ella lo que quería decir es que habría sido bonito ir juntos si las circunstancias hubieran sido otras, pero no lo eran. Como siempre, yo no entendía nada. Así que me vi con dos entradas para un concierto de Leonard Cohen y sin acompañante. Me gustaría decirte que supe resolver el problema como en alguna comedia romántica, pero te estaría mintiendo. Le propuse a B. ir juntos, pero ella tampoco podía. Probé con otras, hasta con L. Y con un buen amigo, pero también le era imposible. Al final fui solo, claro, con las dos entradas en el bolsillo. Sopesé la posibilidad de revenderla frente a la plaza de toros donde ibas a tocar, pero nunca he sabido muy bien cómo funcionan estas cosas.
En El juego favorito, Lawrence Breavman le decía a una chica que quería acostarse con ella «porque una vez nos cogimos de la mano». Mis motivos para invitar a esas chicas eran parecidos, me temo. Porque una vez nos cogimos de la mano. No sé si muchas personas irán solas a los conciertos, pero quizá fuera mejor así. A fin de cuentas, era como volver a escucharte en la soledad de mi cuarto. Qué importaban las miles de personas que me rodeaban.
En octubre de 2012 te vi por última vez. En Madrid. Entonces no lo sabíamos, pero era tu gira final. Esta vez, sin embargo, me acompañaba una chica que además me quería. Yo no sabía que tú y yo nos estábamos despidiendo, pero creo que ésta sí era una manera de decir adiós. Ahora pienso que era como si te estuviera diciendo: Mira, Leonard, lo he conseguido. Lo hemos conseguido. Y Sonia se emocionó tanto como yo. «Es el mejor concierto en el que he estado», me diría después. Gracias también por esto, Leonard.
El año pasado, cuando falleció Marianne, tu amor de los tiempos de Hidra, me dije que era muy extraño que las musas fueran también mortales. Los medios publicaron que te habías despedido de ella en una emotiva carta en la que afirmabas que la seguirías pronto. Quise pensar que con «pronto» te referías a unos años, no a unos meses, pero poco después el New York Times publicó un artículo sobre ti en el que declarabas que estabas preparado para morir. Me negué a aceptarlo. Tú tenías que llegar a los ciento siete años de edad, como Roshi, tu maestro budista. El secreto tenía que estar en la meditación zen.
Luego presentaste You want it darker, tu último álbum, y con tu estilo socarrón dijiste que habías exagerado con lo de que estabas preparado para morir. Que pensabas vivir para siempre, afirmación que despertó la risa de los periodistas. Siempre supiste ganarte al público. Nos engañaste a todos para que no sufriéramos. Y te creímos a pesar de tu aspecto frágil. ¿Qué había sido de aquel anciano jovial que no hacía tanto brincaba y danzaba por el escenario? ¿Cuándo te había alcanzado finalmente la vejez? Sí, quizá ya no pudieras dar conciertos, pero nos aseguraste que seguías trabajando. Habría nuevos poemas, nuevas canciones. Seguirías con nosotros mucho tiempo.
El diez de noviembre de 2016 por la mañana tenía un mensaje de voz en el teléfono móvil. Me lo mandaba un amigo desde Colombia. Yo dormía y él leía que habías muerto. De inmediato lo comprobé en distintos medios digitales, como si buscara que el siguiente desmintiera a los anteriores.
Miré por la ventana. La vida seguía como si nada aunque había muerto Leonard Cohen. Y repetí estas cuatro terribles palabras como si así pudiera deshacerlas: Ha muerto Leonard Cohen. No me avergüenza confesar que lloré. Lloré porque se me había ido un amigo muy querido. Intenté razonarlo, decirme que habías habitado el mundo ochenta y dos años y eso estaba muy bien. Pero no podía evitar sentir dolor. Love itself was gone, como cantabas tú.
Magic is alive, God is afoot. Ya no sé si la magia está viva. Ahora que ya no estás.
Nunca sabrás todo lo que hiciste por mí, las veces que me salvaste. Me enseñaste a ser elegante en la derrota. Me gustaba pensar que un día tendría la fortuna de conocerte y podría contarte la influencia decisiva que has ejercido en mi vida. Ya nunca podrá ser. Gracias por todo, Leonard. Por tu presencia constante. Por tu voz, por tus palabras. Hasta siempre, viejo amigo. Me quedo sobre todo con estos versos tuyos de La energía de los esclavos: «Tu belleza está en todas partes, / la que destilamos juntos / de los tiempos difíciles».
sábado, 29 de julio de 2017
Los plagiarios
Me sigue maravillando la gente que plagia anécdotas reales. Haciendo un esfuerzo grande, soy capaz de entender el mecanismo mental que lleva a esos enfermos a plagiar un texto ficticio, pues siempre pueden alegar que quién sabe lo que sucede en la cabeza de cada uno, pero asegurar a la gente que han hecho algo que nunca ha ocurrido... Supongo que se atreven a mentir de esa manera sobre su vida porque no tienen ningún amigo que pueda señalar la falsedad del asunto. Es bastante triste, pero no me da ninguna pena que libremente acepten ser tan patéticos.
viernes, 28 de julio de 2017
La entrevista de trabajo
Entre mayo y junio envié el currículum a más de trescientos centros privados y concertados de Andalucía. Me contestó sólo uno hace unas semanas para hacerme una entrevista de trabajo. «Oh, dinero, a tus amantísimos brazos acudo», pensé. Pero todavía no me habían contratado, antes tenía que seducirlos con mis supuestas habilidades didácticas. Sabía que el directo perjudicaba mis posibilidades, pero no tenía otra opción, pues un profesor, en principio, ha de estar de forma física frente a los alumnos. Así que allí fui, a un flamante centro de nueva construcción. «Desengáñate, no van a contratar a un muerto de hambre, la imagen es muy importante en estos ambientes», me dije, pero ya era tarde para volverme atrás. Resultó que conocía al director. Habíamos estudiado juntos en el instituto (en clase de francés) y después en la carrera. Pero nuestros caminos en la vida habían sido muy diferentes. Él había encontrado a Jesús y ahora estaba casado (por el rito católico, claro), tenía hijos y era director de un centro privado de enseñanza. A mí se me había muerto Leonard Cohen, no tenía descendencia por ahí y malvivía de la literatura y sucedáneos. Al menos tenía novia, que ya era una mejora desde el instituto, pero no lo comenté porque la idea era parecer una persona normal. Nos saludamos afectuosamente y solté mi rollo. Fueron todos muy amables. Como era de esperar, no me contrataron.
jueves, 27 de julio de 2017
Dinero
Necesitas dinero y, sobre todo, que te lo den otros, pues ponerte a falsificar billetes en casa es un delito. Ahora bien, ¿cómo convencer a la gente de lo idóneo que resulta que te den su dinero? Aquí el capitalismo dice que tienes que ofrecer un producto atractivo, pero hay otros factores. Por ejemplo, la publicidad. De nada te sirve que tengas un gran producto si no lo conoce nadie. ¿Cómo darlo a conocer? Pues para esto ayudaría mucho tener dinero.
miércoles, 26 de julio de 2017
martes, 25 de julio de 2017
Las metas
La verdad es que, poco a poco, y sin darme cuenta, he logrado muchas de mis metas. Lo que ocurre es que mis metas eran bastante pobres y pasaban, sobre todo, por tener algún libro publicado. Más o menos me imaginaba mi vida así: en Málaga, con una economía precaria, sin ningún futuro, y algún ejemplar que otro con mi nombre en librerías que olvidan devolver a las editoriales lo que no se vende de ninguna manera.
lunes, 24 de julio de 2017
Teoría
La industria del entretenimiento nos quiere infelices, pues de otro modo no íbamos a necesitar escapismo.
domingo, 23 de julio de 2017
sábado, 22 de julio de 2017
Planes de futuro
El objetivo es poder algún día hablar de asuntos normales, como las personas de esa misma condición. En principio, esto parece poner el listón bastante bajo, lo cual hace que todo sea aún más deprimente.
viernes, 21 de julio de 2017
El rechazo cortés.
Me dijeron que no contaban conmigo, pero me deseaban mucha suerte en todos los proyectos que emprendiera. Lejos de ellos, les faltó añadir.
jueves, 20 de julio de 2017
miércoles, 19 de julio de 2017
TIC
—¿Podría darnos un ejemplo del uso de las nuevas tecnologías en su labor docente?
—Fácil: cuando los alumnos me agredan, lo graben con el móvil y lo suban a instagram.
—Fácil: cuando los alumnos me agredan, lo graben con el móvil y lo suban a instagram.
martes, 18 de julio de 2017
Los dos patitos del Apocalipsis
Si yo creyera en la numerología y cosas por el estilo, pensaría sin duda que el veintidós es un número importante en mi vida. Por ejemplo, tenía veintidós años cuando Alba y yo empezamos, la misma edad que tendría luego ella cuando pasamos por última vez un cumpleaños mío juntos (yo cumplía veinticinco). Babeth tenía veintidós la última vez que la vi. María también. Los mismos años que tenía Patricia cuando la dejé, aunque esto iría sin ninguna duda en la lista de los momentos felices. Son curiosas las casualidades, tantos momentos congelados en los veintidós. Como si tuviera algún significado. Quizá tendría que salir a comprar lotería.
lunes, 17 de julio de 2017
domingo, 16 de julio de 2017
sábado, 15 de julio de 2017
viernes, 14 de julio de 2017
El kamikaze
Durante muchos años me ha costado admitir que me desprecio y que creo que no merezco nada. Me marco objetivos inalcanzables sólo para poder fracasar, como si pensara que el fracaso es mi estado natural. Puede que lo haya intentando siempre con las chicas más guapas por asegurarme el rechazo. Aunque a veces me han hecho caso, quizá sorprendidas por mi audacia (que nunca ha sido nada más que pulsión de muerte).
jueves, 13 de julio de 2017
El escapismo
Ah, la lucidez previa al desastre. Qué de teorías científicas y filosóficas podrían enunciarse un momento antes de que todo se vaya al garete.
miércoles, 12 de julio de 2017
Beberse la vida
Pocas cosas he hecho yo con entusiasmo en la vida. Quizá follar (por lo inesperado).
martes, 11 de julio de 2017
Horror vacui
La capacidad de rellenar los silencios nunca ha sido lo mío. Es natural, cómo voy a saber yo hacer eso cuando ni siquiera soy capaz de tapar el vacío que hay dentro de mí. Se me da mucho mejor escuchar e intervenir sólo de vez en cuando con algún comentario sarcástico que no aporta nada útil.
lunes, 10 de julio de 2017
Capítulo 4500
Un buen remedio para superar la timidez era el alcohol. Digo «era» porque de un tiempo a esta parte me noto torpe e incoherente cuando hablo en estado de embriaguez. Usted dirá: «claro, es normal que la coordinación mental le falle a uno a causa de la bebida». Sin duda, pero la idea era no notarlo y creerme elocuente y atinado, como los borrachos normales.
domingo, 9 de julio de 2017
Don de lenguas
¿Cómo no parecer gilipollas hablando en otro idioma? Quizá la solución más relajante sea pensar que ya lo pareces en el tuyo.
sábado, 8 de julio de 2017
viernes, 7 de julio de 2017
Los amigos
La familia no se elige, pero los amigos sí. Así que elige a alguien que pueda enchufarte en algún puesto bien pagado.
jueves, 6 de julio de 2017
Del éxito, el fracaso y la felicidad
Una chica de familia adinerada da lecciones vitales en su instagram. Lo único importante es tener una actitud positiva, dice. Se me ocurre que podríamos probar lo siguiente: manteniendo nuestras respectivas actitudes ante la vida, intercambiar nuestras situaciones económicas y ver qué pasa. Pero seguro que esto le parecería un experimento de lo más negativo.
miércoles, 5 de julio de 2017
S
Yo quería ser imprescindible, escribí una vez. Y lo cierto es que tú eres la única persona que me hace sentir que lo soy.
martes, 4 de julio de 2017
Madurar
¿Es hacerse mayor sólo envejecer o también se aprende algo? Porque a menudo la capacidad de aprendizaje parece muy limitada y ocurre que te ves obligado a abandonar las viejas obsesiones por agotamiento, no porque seas más sabio.
lunes, 3 de julio de 2017
Una historia de amor
—Te dejo.
—¿Cancelas nuestro amor después de sólo dos temporadas? ¿Y qué pasa con todos nuestros planes? Nuestras líneas argumentales abiertas.
—¿Qué? Esto no es una serie de televisión, es que ya no te quiero.
—Me parece una decisión horrible. Nuestro amor puede que no goce del favor del público, pero ¿qué pasa con su inherente valor artístico?
—¿Cancelas nuestro amor después de sólo dos temporadas? ¿Y qué pasa con todos nuestros planes? Nuestras líneas argumentales abiertas.
—¿Qué? Esto no es una serie de televisión, es que ya no te quiero.
—Me parece una decisión horrible. Nuestro amor puede que no goce del favor del público, pero ¿qué pasa con su inherente valor artístico?
domingo, 2 de julio de 2017
Tiempo de descuento
—Si pudieras, ¿volverías atrás?
—Creo que sí, pero lo triste del asunto es que no lo haría para idear un plan diferente, sino para volver a tener tiempo por delante.
—Creo que sí, pero lo triste del asunto es que no lo haría para idear un plan diferente, sino para volver a tener tiempo por delante.
sábado, 1 de julio de 2017
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