sábado, 3 de septiembre de 2005

Ser yo hoy en día

Cuando hemos enumerado todos los hombres que hay en el mundo no queda nada de lo que podamos decir "esto es un hombre, y no solamente eso, sino que es el 'un hombre', la entidad quintaesencial que es precisamente un hombre indefinido sin ser nadie en particular."

(Bertrand Russell)

Estos dos últimos días, gente de diverso pelaje y condición me ha dicho "¡pero tú eres Míchel!" en algún momento de la conversación con la intención de comunicarme algo con eso (que en realidad ya estaría comunicado de antemano, puesto que yo soy Míchel y debería saber lo que ello significa, pero organizo mi vida de tal manera que así estoy). Todo esto que estoy diciendo está muy bien, ya que así lo relaciono con la cita de Russell, importante filósofo del lenguaje, aunque mi idea original era bromear con lo de "hombre indefinido sin ser nadie en particular" y decir algo como "se nota que el señor Russell no me conocía".

Ser Míchel tiene muchos inconvenientes y escasas ventajas. Deberían hacerme descuentos en los comercios para compensar, o pasarme una pensión, o qué sé yo. Qué pena que no existan más ciudadanos que sean yo mismo, así podríamos presionar al gobierno.

viernes, 2 de septiembre de 2005

Festival del humor

jueves, 1 de septiembre de 2005

Septiembre llega como si nada

Y aquí estoy yo, estudiando las conclusiones a las que llegó Adorno después de leer el horóscopo del Los Angeles Times durante tres meses...

miércoles, 31 de agosto de 2005

Descuentos de ocasión

Anoche soñé que estaba en una fiesta pasándolo relativamente bien cuando se me acercó Benedicto XVI, que casualmente estaba también allí, para presentarme a una chica preciosa. Yo desconfié, ya que el Papa y yo tenemos nuestras discrepancias y además vete tú a saber si la chica no era una beatilla que iba a rezar por mí por mirarle las tetas más de lo estipulado, pero resultó que era muy simpática y agradable y hablaba con auténtica pasión acerca de las ventajas de arrancarme la ropa. Entonces aparecieron Sacco y Vanzetti para que intercediera por ellos intentando convencerme de lo perjudicial que sería para su causa que me acostara con la chica en cuestión, pero repliqué que mi compromiso con el anarquismo se acababa en cuanto entraba en conflicto con mi compromiso con el sexo. Se marcharon enfadados, el Papa me susurró: "Descuentos de ocasión" y me desperté.

martes, 30 de agosto de 2005

Querida Adela (9)

Oh, Satanás, yo intento renunciar a todas tus obras, pero es que no me dejas...

lunes, 29 de agosto de 2005

Anecdotario

En cierta ocasión, el profesor de Filosofía de la mente preguntó en clase a los alumnos: "¿cuál os parece el mejor filósofo del siglo XX?". Sorprendentemente para mí, nadie respondió: "usted".

domingo, 28 de agosto de 2005

Para cambiar

Vino Stan el viernes para que le diera unos apuntes, pero eso sólo nos ocupó cinco minutos y el resto del tiempo lo dedicamos a pontificar sobre la vida, el amor, el sexo, la locura, y otros temas igualmente interesantes. Al final acabamos hablando de cómo seremos dentro de 10 años, qué estaremos haciendo y qué habremos conseguido. En ese momento Stan dijo: "seguro que tú seguirás escribiéndole a Alba, aunque ella ya tendrá niños y todo". Nos reímos y yo repliqué con voz de tonto como si estuviera hablando con ella: "Alba, deja a tu marido por mí, por favor" (lo que, por cierto, me recordó un relato que escribí hace un montón de años). Luego nos imaginamos siendo cuarentones calvos y saltando en conciertos de rock sin sentido del ridículo alguno, malviviendo y, en definitiva, perdiendo el tiempo como siempre. Estuvo bien reírse del futuro antes de que él se ría de nosotros.

sábado, 27 de agosto de 2005

Notas de diario

Hay que sobrevivir, me dice A. No quiero sobrevivir, que sobrevivan otros. Maldita economía de subsistencia. Yo quería beber champán de los pechos de Afrodita y que Apolo cantara mis gestas.

viernes, 26 de agosto de 2005

Para cambiar lo que no se puede cambiar

El miércoles quedé con un amigo para que me dejara unos apuntes (era el que terminó la carrera en tres años y enderezó su vida con mano firme, por cierto) y resulta que estábamos comentando banalidades cuando de pronto me dice "en octubre me caso". De repente, el peso de los años cayó sobre mí con diabólica crueldad y reparé en mis ojos nublados, mi pelo blanco, mis manos temblorosas y arrugadas... Bueno, vale, por un momento me sentí viejo, pero no fue eso lo que me afectó.

Veamos: no es que quiera casarme ni nada de eso, además de que casarse con 25 años -que es la edad que tiene- me parece precipitarse bastante, pero allá cada cual con sus posturas en la cama, como dijo Jesús. No, no se trata de eso, es el concepto: que él sea un ciudadano ejemplar que va por la vida como quien va de la cama hasta el frigorífico a por un batido, una cerveza u ofertas equivalentes, mientras que yo sigo siendo el eterno adolescente y además no tengo pareja ni conozco mujeres lo suficientemente enloquecidas como para casarse conmigo. Todos han encontrado su camino, yo sigo perdido en el bosque o sentado en un banco esperando el autobús, a Godot, a la lluvia radiactiva, o qué sé yo. Esperando, en definitiva, que algo o alguien pase en mi vida. Y qué vacíos están los caminos y el bosque está lleno de lobos...

jueves, 25 de agosto de 2005

Para cambiar la vida

El lunes, Alba se sentaba de manera que le veía continuamente las bragas, y yo pensaba: "hace 5 años también estaba aquí sentado mirándole las bragas, ¿será esto el eterno retorno?". De todos modos, hay que reconocer que como déjà vu es de los mejores.

miércoles, 24 de agosto de 2005

Para cambiar el humor

- Creo que eres muy gracioso.
- Y eso que no me has visto desnudo.

martes, 23 de agosto de 2005

Para cambiar el amor

Ayer por la mañana fui a casa de Alba y pasó una cosa muy curiosa. Me sacó una foto y tuvimos la siguiente conversación:

- Así puedes ponerla en tu fotolog y decir que te la ha hecho tu novia.
- Será "ex novia", ¿no?
- Ah, es verdad.

lunes, 22 de agosto de 2005

Revolución empresarial

(Publicado también en El Otro Diario, cuando lo publiquen)

Un día, sin motivo aparente, los empresarios y banqueros del país abandonaron sus oficinas al grito de “no me pase llamadas, señorita” y se encaminaron a las obras más cercanas que pudieron encontrar donde, ante el pasmo de capataces y obreros, exigieron que se les pusiera a trabajar de inmediato en el noble arte de juntar ladrillos con otros para construir edificios. Los albañiles reaccionaron con violencia frente a lo que consideraron recochineo por parte del gran capital, pero la actitud pasiva de los empresarios ante los golpes que recibían convenció a los primeros de la sinceridad de sus intenciones. Por raro que pareciera, todos los empresarios de España querían ser albañiles.

Pronto la noticia corrió como un reguero de pólvora por las redacciones y agencias de prensa de todo el país. Las cadenas de televisión interrumpieron su programación para ofrecer un avance especial de lo que estaba ocurriendo. Se decía que Emilio Botín había sido visto cargando una carretilla llena de ladrillos sin que nadie le obligara a ello. El Ministro de Trabajo anunció que el Gobierno no tenía nada que ver con esta invasión y que los puestos de trabajo de los albañiles serían respetados. Mariano Rajoy declaró ante los medios que los empresarios eran libres de albañilear todo lo que quisieran y que el Gobierno no respetaba sus derechos y los marginaba frente a otros grupos como el lobby gay. CC.OO. criticó que los nuevos aspirantes a albañiles no estuvieran sindicados.

Y, de pronto, llegó el escándalo. Una cadena de televisión conectó en directo con una obra de Madrid y millones de españoles pudieron contemplar cómo José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero mezclaban cemento en vaqueros y camiseta imperio. La epidemia había llegado hasta las más altas alturas. Los albañiles reaccionaron organizando manifestaciones masivas cada 15 minutos para protestar por la invasión de sus puestos de trabajo por parte de obreros no especializados. “ZP, quiero un albañil”, “Por la albañilería, por la libertad”, “Carod al paredón (pero paredón levantado por albañiles)”, rezaban las diversas pancartas.

Los días pasaban y la crisis no se solucionaba, lo que llenaba de inquietud a empresarios, albañiles y gobernantes del resto de la Unión Europea, quienes temían que el fenómeno se extendiera por sus países. Chirac propuso cerrar la frontera con España no sin antes arrojar al asfalto las fresas que transportasen los camiones españoles. Berlusconi le pidió a Blair que la policía inglesa disparara contra él si le veían acercarse a un ladrillo. Schoder declaró que era tiempo de cohesión europea, no de disensión, pero nadie le hizo caso, ya que se empeñaba en hablar en alemán. En Estados Unidos trascendió que Bush había decidido no bombardear España tras preguntarle a Condolezza Rice por sus yacimientos petrolíferos.

Cuando la situación se hacía insostenible en España por la escasez de cemento y ladrillos y la edificación indiscriminada en mitad de las carreteras, playas, campos de fútbol y de golf, el Papa Benedicto XVI anunció al mundo que construir edificios con las propias manos era bueno, católico y heterosexual, y que él mismo iba a dar ejemplo levantando un edificio de apartamentos en plena Plaza de San Pedro, tras lo cual se puso su casco de obrero, enarboló su paleta de albañil y empezó a trabajar ante la mirada atenta de los fieles, que aplaudieron con alegría.

domingo, 21 de agosto de 2005

Para cambiar el lenguaje

- ¿Crees que soy bonita?

Ayer me vino esa frase a la cabeza. No, no para ir diciéndosela yo por ahí a los marineros, sino que me la imaginé en boca de una mujer hermosa y me di cuenta de que, en realidad, ya nadie habla así. Suena a película de los 60 o algo parecido, mientras que ahora, en el 95% de los casos, dirían "guapa", claro. Y el caso es que, no sé por qué, ahora me parece que "¿crees que soy bonita?" es mucho más encantador que "¿crees que soy guapa?". Y más glamouroso, incluso. El cine, por supuesto, que nubla mi entendimiento.

sábado, 20 de agosto de 2005

Para cambiar la historia

Sería interesante viajar atrás en el tiempo y conseguir que aceptaran a Hitler en la Academia de Bellas Artes de Viena. ¿Se habría evitado así la Segunda Guerra Mundial? Tal vez. Al fin y al cabo, si Hitler acabó en política fue porque nunca quiso trabajar, sino vivir del cuento. De hecho, si Hitler viviera hoy, seguramente sería concursante de Operación Triunfo. O su creador.

viernes, 19 de agosto de 2005

De nombres

Llevo como un año buscando un buen seudónimo y no lo encuentro. Puede parecer una tarea fácil, pero no lo es. Un buen seudónimo encaja contigo o con la personalidad que quieres tener. Yo no tengo muy clara la personalidad que me gustaría ni el seudónimo que va bien conmigo ni los fines que tendrá mi seudónimo, pero sé que necesito tenerlo y que, cuando lo encuentre, lo utilizaré a menudo. Ahora mismo no sé para qué, pero ya se verá.

Pienso que si no consigo encontrarlo es porque tengo problemas para ser otra persona. Stanley Illis no tuvo problemas para encontrar su nombre. Adela tampoco. Lo gracioso del tema es que tampoco se me da muy bien ser yo...

jueves, 18 de agosto de 2005

El estigma del perdedor

Me llama anoche a las cuatro de la mañana Stanley Illis desde un pueblo perdido de Segovia para contarme:

1) Que está borracho.
2) Que se ha ligado a una chica de 19 turgentes primaveras, muy pija y bastante tonta, en sus propias palabras (menos lo de turgentes primaveras, eso es mío).
3) Que un advenedizo le está levantando a la chica de mala manera, y que eso es doblemente injusto, ya que ese tío tiene novia (ingenuidad encantadora de borracho).

Mientras me lo cuenta se va encendiendo cada vez más y acaba gritando que le dan ganas de irse a casa "para perder porque quiero, no porque tenga que perder".

Consigo tranquilizarle y, al rato, el advenedizo abandona el local, dejando a la chica solita. Nos despedimos y Stan vuelve a la carga.

miércoles, 17 de agosto de 2005

Un día más

Escucho una canción, observo por la ventana a la gente paseando y de algún modo logro convencerme de que el tiempo no corre en mi contra. Luego hablo por teléfono con un amigo y me doy cuenta de que organizo mi vida tan bien como un pollo descabezado que corre por el pasillo salpicando de sangre las paredes. Pero la música suena y vuelvo a olvidarme de mis problemas. Un día más.

martes, 16 de agosto de 2005

Acerca de la madurez

A veces me pongo a pensar en mis amigos o conocidos y me parece que todos ellos evolucionan, crecen, o maduran -elijan el término que prefieran-, mientras que yo no lo hago. Tengo la sensación de ser el mismo de siempre, de no haber cambiado en todos estos años. Por el contrario, ellos han hecho algo con su vida. Lo cual no siempre es necesariamente bueno, claro. Hablemos de dos personas en concreto: una de ellas era el típico chico marginado al que alegremente extorsionaban los matones del instituto y al que las chicas ignoraban (si eran simpáticas) o despreciaban (si eran antipáticas). Vamos, que era como yo, pero más alto. Al ir a la universidad perdimos el contacto, pero las veces que lo vi me lo encontré muy cambiado: ya no llevaba gafas, vestía y actuaba como un chulo putas, fumaba (aunque lo de empezar a fumar con 20 años me parece bastante tonto) y me dio la impresión de que se había transformado en un triunfador o, al menos, en un vividor, que siempre es una buena opción. Sin embargo, una vez me confesó que seguía siendo virgen, que nunca había tenido una relación que durase más de un besuqueo y que las mujeres se le seguían dando fatal. Así, resultó que seguía siendo aquel chico marginado, sólo que disimulaba. Y además seguía siendo más alto que yo.

La otra persona era el típico bala perdida que no tenía más objetivos en la vida que divertirse. Hasta que conoció a una chica extremadamente religiosa. Entonces cambió, encontró a Jesús y pasó a ser un hombre serio y formal que da charlas sobre la Biblia a jóvenes descarriados (me gustaría estar inventándomelo, pero no es así) y bebe cerveza sin alcohol. Terminó la carrera en sólo 3 años. Lo último que supe de él es que estaba valorando la opción de entrar en el seminario y servir a Dios. Creo que la novia le animaba.

lunes, 15 de agosto de 2005

Leyendas urbanas que todo el mundo cree ciertas

- En el epitafio de Groucho Marx puede leerse: "Perdone que no me levante". Yo mismo lo creí durante años, pero es falso, aunque sería muy bonito. En el sencillo nicho de Groucho sólo pone: "Groucho Marx 1890 - 1977" (y aporto prueba). Sin embargo, sí que quiso hacer algo especial, como cuenta Arthur Marx, hijo de Groucho, en su libro "Mi vida con Groucho": Unos días después de la incineración y el entierro de sus cenizas en el cementerio Malinov & Silverman en el Valle de San Fernando, se encontró entre sus efectos personales una carta dirigida a mí. En ella decía que no quería ser incinerado. Prefería que lo enterraran en el Westwood Cemetery junto al cuerpo de Marilyn Monroe. He oído que el nicho que está junto al de Marilyn Monroe lo ha comprado Hugh Hefner, dueño de Playboy, pero desconozco si es también una leyenda urbana.

- La canción que suena al comienzo de cada episodio de Los Soprano la canta Leonard Cohen. Me gustaría saber quién se ha inventado esto, principalmente para darle un par de hostias, y es que no se entiende. Es algo que se encuentra en multitud de foros de internet, y lo peor es lo extendido que está. Cada vez que se hable de la canción de Los Soprano, el 60% de los participantes de la discusión dirán que la canción es de Leonard Cohen. Lo gracioso del tema es que quienes lo aseguran no han escuchado en su vida a Leonard Cohen y por lo tanto no pueden ni comparar (ya que las voces ni se parecen), pero afirman que es suya sin rubor alguno. La canción, "Woke up this morning" es de "Alabama 3", un grupo del que sólo conozco dicha canción, tengo que admitirlo. Una variante que me encontré recientemente era: "la canción es de Leonard Cohen y lo de Alabama 3 es una versión; por cierto, muy parecida". Y tan parecida, seguramente ha escuchado la misma canción dos veces... Otra variante aún más delirante que he descubierto hace poco es: "la canción la canta Bob Dylan". Por raro que parezca, no es una leyenda urbana autóctona, sino que es importada.

- En "Casablanca" alguien, posiblemente Humphrey Bogart, dice "tócala otra vez, Sam". Pues no lo dice ni una sola vez en toda la película. Ingrid Bergman tampoco. Sí que dicen "tócala, Sam", pero nunca añaden "otra vez". Curiosamente, esta idea está tan extendida que la obra de teatro, y posterior película, que escribió Woody Allen sobre un pobre diablo al que se le presenta Bogart para aconsejarle en cuestiones de mujeres se llama "Play it again, Sam". Donde sí dicen "tócala otra vez, Sam" es en "Una noche en Casablanca", de los Hermanos Marx, rodada 4 años después de "Casablanca".

- Las mujeres no se masturban. Sí, y los niños vienen de París.