jueves, 31 de diciembre de 2009
Reinicio
Metí en la maleta el pasado, el presente y el futuro; luego la dejé olvidada debajo de la cama. Salí a esperar la vida, pero ya no pasaba por aquí. Borré mis huellas, aunque ya eran de otro. Tenía mis historias. Ya no las tengo. Pero todo cambia para que todo siga igual, que decía alguien.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
El teléfono
Sonó el teléfono.
—¿Sí?
—Hola, soy yo —respondió una voz.
Un escalofrío en la espalda.
—El número que ha marcado no existe —dije sin convicción.
—Cariño, soy yo, ¿es que no me recuerdas? He pensado tanto en ti.
—El número que ha marcado no existe —repetí con un hilo de voz.
Luego colgué y desconecté el teléfono. Lo dejé así toda la noche.
—¿Sí?
—Hola, soy yo —respondió una voz.
Un escalofrío en la espalda.
—El número que ha marcado no existe —dije sin convicción.
—Cariño, soy yo, ¿es que no me recuerdas? He pensado tanto en ti.
—El número que ha marcado no existe —repetí con un hilo de voz.
Luego colgué y desconecté el teléfono. Lo dejé así toda la noche.
martes, 29 de diciembre de 2009
Momentos importantes
En la cocina, recuperando fuerzas.
—A mí no me parece que estés lleno de odio —dice ella.
—Eso es porque ahora me estoy follando a una chica preciosa. Pero tendrías que verme en días normales.
Y ella tiene la sonrisa más bonita del mundo, piensa él.
—A mí no me parece que estés lleno de odio —dice ella.
—Eso es porque ahora me estoy follando a una chica preciosa. Pero tendrías que verme en días normales.
Y ella tiene la sonrisa más bonita del mundo, piensa él.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Malentendidos
Ella se despertó después de soñar que se acababa el mundo. Alterada, despeinada, con los ojos muy abiertos. ¿Es verdad?, preguntaba, ¿es verdad que ya no queda nada?
Yo pensé que hablaba de nosotros.
Yo pensé que hablaba de nosotros.
domingo, 27 de diciembre de 2009
sábado, 26 de diciembre de 2009
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Poemas en morse para marineros solitarios, era el título, un tanto homosexual, del primer poemario del marino Benicio Castrales. Siempre le había gustado la poesía, pero en un mundo tan rudo y tan propenso a la sodomía como la marina mercante era difícil admitirlo. Tuvo su epifanía poética cuando unos piratas somalíes secuestraron el barco. Pensó: «se cierra el círculo: Rimbaud dejó la poesía y vino a esta parte del mundo a vender armas; yo ahora escribiré poemas».
Pero qué sabía él en realidad de versos, pensó al volver a puerto. Qué sabía él de métrica, de rimas asonantes y consonantes. Todo era tan complicado y había ya tantos poetas dando la lata en los bares. ¿Cómo ser distinto y a la vez poeta universal? La solución no la encontró en el alcohol, pero casi: fue en una camarera, que le guiñaba siempre «fóllame» en morse. Eso es, se dijo, poesía en morse, que es mucho mejor que escribir en esperanto. Mensajes cifrados para enamorados. Poesía secreta escrita en puntos y rayas que puede ser taconeada en público o pestañeada a alcohólicos por una bella camarera. .--. .- .-. .- / -. .- -.. .. . / -.-- / .--. .- .-. .- / - --- -.. --- ... .-.-.-
Pero qué sabía él en realidad de versos, pensó al volver a puerto. Qué sabía él de métrica, de rimas asonantes y consonantes. Todo era tan complicado y había ya tantos poetas dando la lata en los bares. ¿Cómo ser distinto y a la vez poeta universal? La solución no la encontró en el alcohol, pero casi: fue en una camarera, que le guiñaba siempre «fóllame» en morse. Eso es, se dijo, poesía en morse, que es mucho mejor que escribir en esperanto. Mensajes cifrados para enamorados. Poesía secreta escrita en puntos y rayas que puede ser taconeada en público o pestañeada a alcohólicos por una bella camarera. .--. .- .-. .- / -. .- -.. .. . / -.-- / .--. .- .-. .- / - --- -.. --- ... .-.-.-
viernes, 25 de diciembre de 2009
La cartera
Saca la cartera del bolsillo, la abre, mira el documento de identidad. Quién es este hombre, se pregunta. No soy yo, piensa. ¿O quizá sí? Si hubiera aquí un espejo en el que mirarse y comprobarlo. Pero tal vez no sea amnesia, tal vez no he olvidado ser este hombre, sino que sencillamente antes no lo era y ahora sí. Puede que me haya convertido en esta persona y tenga que acostumbrarme a esta cara y este nombre. Si hubiera aquí un espejo en el que mirarse, vuelve a pensar. Aunque la explicación podría ser mucho más sencilla, quizá soy un simple carterista y ya robo incluso con los ojos cerrados.
Luego descubre que la cartera está repleta de dinero y se olvida de todas estas cuestiones.
Luego descubre que la cartera está repleta de dinero y se olvida de todas estas cuestiones.
jueves, 24 de diciembre de 2009
Acotando
Míchel, recomiéndame un libro. Pero que el autor no sea español. Ni latinoamericano. Y que no esté vivo. Que no sea moderno. Y que el libro sea novela, no ensayo ni relatos. Y que sea cortito. Algo ligerito, nada denso. Pero que tampoco sea una tontería.
Oye, guapa, ¿por qué no te recomienda un libro tu padre?
Oye, guapa, ¿por qué no te recomienda un libro tu padre?
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Y otros souvenirs del pasado
Y podríamos volver ahora a todo lo que no puede ser recuperado, a un pasado que fue de otros, a otro comienzo, y la vida podría ser lo que quisiéramos que fuera y cambiar de opinión cada día si nos apeteciera, y podríamos llevar el viejo amor y otros souvenirs del pasado y dejar pistas para nunca perder el camino, y olvidarnos de este futuro que sólo fue una falsa alarma, una broma pesada y nada más.
martes, 22 de diciembre de 2009
Nada
Y qué si estamos vivos —dice—, hay tantas razones para morir que uno no sabe ni por dónde empezar.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Conflictos cotidianos
—¿Entonces no crees que hay amor? —pregunta ella.
—Si lo hay, es mentira —contesta él.
—Siempre tan negativo. Incapaz de confiar.
—Antes te gustaba eso de mí.
—Y me gusta. A veces. Bueno, no sé.
—Claro, te contradices porque eres amplia y contienes multitudes.
—¿Me estás llamando gorda?
—No, joder, estaba parafraseando a Whitman, nada más.
—A mí no me cites autores muertos, que te la ganas.
—¿Y autores vivos?
—Tampoco.
—Si lo hay, es mentira —contesta él.
—Siempre tan negativo. Incapaz de confiar.
—Antes te gustaba eso de mí.
—Y me gusta. A veces. Bueno, no sé.
—Claro, te contradices porque eres amplia y contienes multitudes.
—¿Me estás llamando gorda?
—No, joder, estaba parafraseando a Whitman, nada más.
—A mí no me cites autores muertos, que te la ganas.
—¿Y autores vivos?
—Tampoco.
domingo, 20 de diciembre de 2009
Bailes de salón
Cómo vamos a bailar un vals, si sólo tienes una pierna, le dice la bailarina al soldadito del cuento de Andersen. El soldadito clava en ella su mirada de plomo y contesta que es un soldado poeta, que es como Rimbaud (cojo) y que ha visto la verdad detrás del velo que es el mundo. Ella dice: eso no contesta a mi pregunta. Bueno, suspira el soldadito, puedo girar sobre mi única pierna, como una peonza, y tú abrazarte a mí. Como un tiovivo, dice la bailarina. Y bailan abrazados en el centro del mundo y el soldadito de plomo piensa: qué bonita sonrisa tiene dibujada en la cara (claro, es una muñeca).
sábado, 19 de diciembre de 2009
Agentes
—Ya está, te he conseguido editor; ahora tendrás que dedicarme la novela.
—No sé, eso de dedicársela a otro hombre queda un poco gay.
—Bueno, pues dame entonces el diez por ciento de lo que te paguen.
—Vale, te dedico el libro.
—No sé, eso de dedicársela a otro hombre queda un poco gay.
—Bueno, pues dame entonces el diez por ciento de lo que te paguen.
—Vale, te dedico el libro.
viernes, 18 de diciembre de 2009
Episodios nocturnos
Por la noche, ebrio en alguna calle. Me llega un mensaje al móvil: «he conocido a la chica de tus sueños». Qué estará maquinando ahora esta tía, me pregunto yo. De mujeres oníricas ya he tenido bastante, donde esté lo tangible... Aunque podría ser peor, claro, podría haber conocido a la chica de mis pesadillas o a la de mis desvelos e intentar presentármela. Como si a mí no se me diera lo bastante bien tirar la vida por la borda. Es tan sencilla la autodestrucción, es algo innato. Quizá por eso le pregunto cómo se llama la susodicha mientras observo mi reflejo en el escaparate de una tienda de vestidos de novia, lo que es un detalle tan ridículo que parece sacado de una peli mala de Hollywood.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Objetos perdidos
Pensando en la pérdida. Son las siete de la tarde, una hora menos en Canarias. Mi mujer está en el otro cuarto, al teléfono, contándole mentiras a su madre. Mi marido es un enfermo, imagino que le dice. No es verdad, su marido sólo es diferente. Sucede que a veces pierdo el contacto con la realidad, pero no es tan grave. No es tan grave perder la vida como quien pierde la maleta en un aeropuerto. Porque siempre la vuelvo a encontrar luego, aunque sea en Singapur. Siempre recupero la vida, aunque de vez en cuando me la deje olvidada en la barra de un bar.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Cuentos para niños
Va Caperucita Roja por el bosque con la sana intención de llevar a su abuela diversas viandas y medicamentos, cuando se encuentra con el Lobo.
—Caperucita, ¿dónde vas? —pregunta éste.
—Pues le llevo comida a mi abuela, que está impedida.
—¿Y a pesar de eso vive en medio del bosque?
—Es que tiene una cabaña de renta antigua.
—Entiendo. Oye, tira por este otro camino, que es más seguro y además ahorrarás tiempo.
—No sé si fiarme de un lobo.
—Piensa que estoy emparentado con el perro, el mejor amigo del hombre.
—Es verdad, tienes razón —responde la pizpireta Caperucita antes de desaparecer por el camino que lleva fuera del cuento.
El Lobo corre por el otro camino y llega a la cabaña en un periquete. Llama a la puerta y al momento se escucha la voz de una anciana diciendo: «adelante». El Lobo entra y descubre a la abuela cocinando a Hansel y Gretel. Perdone, creo que me he equivocado de cuento, balbucea el Lobo. Pero ya es tarde, la bruja no tiene intención de dejarle escapar y con un hábil sortilegio lo desuella. Ya era hora de tener una nueva alfombra, dice.
—Caperucita, ¿dónde vas? —pregunta éste.
—Pues le llevo comida a mi abuela, que está impedida.
—¿Y a pesar de eso vive en medio del bosque?
—Es que tiene una cabaña de renta antigua.
—Entiendo. Oye, tira por este otro camino, que es más seguro y además ahorrarás tiempo.
—No sé si fiarme de un lobo.
—Piensa que estoy emparentado con el perro, el mejor amigo del hombre.
—Es verdad, tienes razón —responde la pizpireta Caperucita antes de desaparecer por el camino que lleva fuera del cuento.
El Lobo corre por el otro camino y llega a la cabaña en un periquete. Llama a la puerta y al momento se escucha la voz de una anciana diciendo: «adelante». El Lobo entra y descubre a la abuela cocinando a Hansel y Gretel. Perdone, creo que me he equivocado de cuento, balbucea el Lobo. Pero ya es tarde, la bruja no tiene intención de dejarle escapar y con un hábil sortilegio lo desuella. Ya era hora de tener una nueva alfombra, dice.
martes, 15 de diciembre de 2009
Los símbolos
En los campeonatos de póquer de los Panteras Negras, tener un trío de reyes podía considerarse alta traición.
lunes, 14 de diciembre de 2009
El pesar de los días
Uno se levanta cada mañana para luchar contra el mundo, esperando encontrarlo por fin con la guardia baja. Pero el mundo está siempre preparado, nunca deja de aguardar tus movimientos.
Quizá mañana, quizá mañana sea diferente, piensas cada noche cuando te metes en la cama.
Quizá mañana, quizá mañana sea diferente, piensas cada noche cuando te metes en la cama.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Triángulos imperfectos
Menudo dilema —piensa el joven enamorado—; no sé elegir entre dos mujeres que no me quieren.
sábado, 12 de diciembre de 2009
Poetas anónimos
—Hola, me llamo Juan y soy poeta.
—Hola, Juan —dicen todos.
—Hace tres meses que no hago poesía —los asistentes aplauden—. Pero me cuesta. Siempre está la tentación de la palabra. Me levanto cada mañana temiendo que se me ocurra un verso. No le digo nada a mi mujer, claro, no quiero que se preocupe. Simulo ser fuerte. Es un esfuerzo diario, una lucha que no cesa. Pero es necesario: hay que ser prosaico, me digo. Centrarse en las cosas sencillas y cotidianas de la vida. El ladrido incesante de un perro en la noche, por ejemplo. La luna, que vela todos los sueños que ya no puedo tener. El llanto inconsolable de la mujer que te quiere. El dolor, el dolor, el dolor.
La sala se sume en el silencio. Todos miran a Juan con pena.
—Vale —dice éste—, acabo de recaer, ¿verdad?
—Hola, Juan —dicen todos.
—Hace tres meses que no hago poesía —los asistentes aplauden—. Pero me cuesta. Siempre está la tentación de la palabra. Me levanto cada mañana temiendo que se me ocurra un verso. No le digo nada a mi mujer, claro, no quiero que se preocupe. Simulo ser fuerte. Es un esfuerzo diario, una lucha que no cesa. Pero es necesario: hay que ser prosaico, me digo. Centrarse en las cosas sencillas y cotidianas de la vida. El ladrido incesante de un perro en la noche, por ejemplo. La luna, que vela todos los sueños que ya no puedo tener. El llanto inconsolable de la mujer que te quiere. El dolor, el dolor, el dolor.
La sala se sume en el silencio. Todos miran a Juan con pena.
—Vale —dice éste—, acabo de recaer, ¿verdad?
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