Anidan en mí todos los futuros truncados, que es como decir nada. ¿Se puede hablar de futuros que no fueron? Parece una incorrección. Más bien habría que referirse a pasados irredentos. Toda imaginación lo es, al fin y al cabo. Yo iba a cambiar el mundo, claro, como todos los jóvenes. Como no pude, me mantuve puro de espíritu, es decir, infantil, mientras mi aspecto físico cambiaba y me presentaba ante todos como un hombre maduro. Aunque en mi interior siguiera pensando en todos los futuros truncados al alcance de los dedos.
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