domingo, 15 de enero de 2012
La urgencia
Yo en la vida estoy de paso, dice el hombre. No he venido para quedarme, eso se lo dejo a otros, a otros con más tiempo. Yo tengo prisa.
sábado, 14 de enero de 2012
El cuerpo
Señoría, el cuerpo no ha aparecido porque no hay cadáver. Mi cliente asegura que esto es porque esa persona nunca existió. No se puede asesinar a alguien que no existe, es evidente. El abogado defensor, claro está, me acusará ahora de metafísico, pero no es así. Soy meticuloso y creo que no es exagerado pedir que se investigue exhaustivamente, incluso si requiere años, si la supuesta víctima realmente existía o bien sus familiares y amigos han sido todos estos años víctimas de una alucinación colectiva.
viernes, 13 de enero de 2012
La espera
Esto ya es definitivo. Pero disimulas. Siempre se te ha dado bien. Ignorar la realidad, inventarte otra. No es ganar tiempo, es tomarlo prestado, arañarlo. Hace mucho que estás en números rojos, pero sigues acumulando deudas. Porque ya es imposible, porque ya no importa.
jueves, 12 de enero de 2012
De espaldas
De espaldas no estás nada mal. Pareces misteriosa, podrías ser cualquier chica. No es que tú no estés bien, que lo estás, pero eres una mujer concreta, lo que es menos interesante que una mujer indeterminada, imaginaria. Hay tantas posibilidades cuando estás de espaldas. Y no lo digo por tu culo, aunque también.
miércoles, 11 de enero de 2012
Qué tetas te hace esa blusa
«Son las cuatro de la tarde / y me presento a ustedes, / pero enseguida me marcho, / que he quedado» son los versos con los que Jimbo S. Fuller abre su nuevo poemario: Qué tetas te hace esa blusa, publicado por Ediciones Guacamole. Fuller confiesa que tiene que pagar muchas facturas y que una buena manera de hacerlo es con poesía, pero sus acreedores no aceptan la poesía como moneda de curso legal, así que ha decidido apelar al dinero de los lectores. Los audaces que adquieran el libro descubrirán una poesía fresca y desenfadada, que son dos adjetivos que se utilizan para vender algo. Poesía fresca, desenfadada, nueva y mejorada. Ya en librerías, sólo siete euros.
martes, 10 de enero de 2012
La costumbre
—No se puede tener detalles continuos con vosotras. Por ejemplo, esto de llevarte un zumo de naranja a la cama sólo puedo hacerlo de vez en cuando. Imagina que fuera una costumbre diaria y algún día no cumpliera con ella. Seguro que te enfadarías, ya que lo considerarías mi obligación.
—No, pero me preocuparía; pensaría que pasa algo malo.
—¿Ves? No se os puede acostumbrar a nada bueno.
—No, pero me preocuparía; pensaría que pasa algo malo.
—¿Ves? No se os puede acostumbrar a nada bueno.
lunes, 9 de enero de 2012
Teología total
—Porque nuestro Señor Jesucristo se sacrificó en la cruz por nuestros pecados.
—Perdone, pero Jesús hizo trampa.
—¿Cómo dice?
—Pues que hizo trampa. ¿Dónde está el sacrificio si sabía que iba a resucitar? Así no tiene mérito sacrificarse, con un as en la manga.
—No, no, no. Él sufrió en la cruz. Por nosotros. Sufrió un dolor indecible, lo que ningún otro ser humano.
—¿Y los otros crucificados?
—¿Qué?
—La crucifixión era un método habitual de ejecución en aquellos tiempos. Los mismos seguidores de Espartaco, por ejemplo, fueron crucificados. ¿Y qué pasa con los ladrones que crucificaron con Jesús? ¿Es que sufrieron menos que él?
—Pero él lo hizo por nuestros pecados. Se sacrificó por nosotros.
—¿No se supone que el suicidio es pecado?
—Pero no fue un suicidio, sino una ejecución.
—Formaba parte del plan divino, ¿no? Se cumplía la voluntad del Señor.
—Sí.
—Eutanasia, entonces.
—Perdone, pero Jesús hizo trampa.
—¿Cómo dice?
—Pues que hizo trampa. ¿Dónde está el sacrificio si sabía que iba a resucitar? Así no tiene mérito sacrificarse, con un as en la manga.
—No, no, no. Él sufrió en la cruz. Por nosotros. Sufrió un dolor indecible, lo que ningún otro ser humano.
—¿Y los otros crucificados?
—¿Qué?
—La crucifixión era un método habitual de ejecución en aquellos tiempos. Los mismos seguidores de Espartaco, por ejemplo, fueron crucificados. ¿Y qué pasa con los ladrones que crucificaron con Jesús? ¿Es que sufrieron menos que él?
—Pero él lo hizo por nuestros pecados. Se sacrificó por nosotros.
—¿No se supone que el suicidio es pecado?
—Pero no fue un suicidio, sino una ejecución.
—Formaba parte del plan divino, ¿no? Se cumplía la voluntad del Señor.
—Sí.
—Eutanasia, entonces.
domingo, 8 de enero de 2012
Vieja propaganda
Ahí, escondido entre los árboles, hay un cartel electoral olvidado. La cara del político se ha difuminado, así como el eslogan, pero queda la sensación de promesas ya imposibles por caducas. «Nada de esto importaba realmente», podría ser el eslogan.
sábado, 7 de enero de 2012
Nacht und Nebel
Así se llamaba el decreto nazi para la eliminación de los oponentes al régimen. Noche y niebla. Lo que demuestra que la poesía puede ser terrible en las manos equivocadas.
jueves, 29 de diciembre de 2011
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Los caracoles
La última exposición de Jakob Jakob, el genial fotógrafo anacoreta, está centrada en los caracoles, como las anteriores. Cuando se le ha preguntado por esto, el autor se ha limitado a encogerse de hombros con aire distraído antes de responder: «los caracoles posan mejor que las cucarachas».
martes, 27 de diciembre de 2011
El desencuentro
La realidad y yo estamos peleados, pero empezó ella. Yo soy un tipo razonable, pero sé cuándo no soy bienvenido y tengo mi dignidad. Para hacer las paces, ella tendrá que dar el primer paso. Mientras tanto, seguiremos ignorándonos.
lunes, 26 de diciembre de 2011
El orden cínico de las cosas
Yo entiendo el amor como una confesión, dice el poeta Goran Tevic, pero no como una confesión que haces a la persona amada o al mundo —aunque también—, sino como una fe. Una manera de estar en la vida. Pero esto de la fe funciona así: si son muchos, es una religión; si son pocos, es una secta; si es sólo uno, es un romántico trasnochado. Yo me niego a aceptar el orden cínico de las cosas. Por eso decido ir a otra ciudad a buscar a una chica en un concierto multitudinario. Sólo porque vi una foto suya y me enamoré. Como Dante de Beatriz. La destrucción fue mi Beatriz, que decía Mallarmé. El amor es mi Beatriz, digo yo. Un ideal. Un ideal basado en una realidad difusa que no conozco, pero que cobra sentido a través de ese ideal que he inventado yo.
domingo, 25 de diciembre de 2011
Una mina de jardín
El señor Finisterre está en su jardín regando las gardenias. Mientras hace esto, piensa en Virtudes, su vecina. Las tetas altas de Virtudes. Las virtudes de Virtudes. Ensimismado, da unos pasos sin mirar dónde pisa, deteniéndose cuando oye un súbito chasquido. Qué habrá pisado, se pregunta, no ha sonado como una rama. Baja la mirada y descubre que tiene el pie encima de una mina. Traga saliva, pero con cuidado, para no moverse. ¿Cómo ha llegado esto aquí?, piensa. Una mina de jardín. Quizá es que hay una guerrilla de los jardines que combate al gobierno, una especie de Viet Cong oculto entre rosas, margaritas y tulipanes; insurgentes entre las flores. Pero no, esto no tiene sentido, él no ha visto que el gobierno bombardee con napalm las zonas residenciales. Tal vez la mina de su jardín es una reliquia de alguna guerra olvidada. Tal vez ha ido desenterrándose poco a poco, con la lluvia. O con el agua con la que, alargando el brazo, sigue regando las gardenias en un intento de aparentar normalidad, como si la mina fuera a desaparecer por ignorarla.
sábado, 24 de diciembre de 2011
El dinero y el amor
—Ya tengo decidido qué te voy a regalar para tu cumpleaños.
—Si no te cuesta dinero, vale.
—Tengo que comprarlo en una tienda, no es una manualidad casera.
—No quiero que gastes dinero, tienes que ahorrar.
—Pero es que yo quiero regalarte eso. Es el regalo perfecto.
—Prefiero que no. Quiero que ahorres, es importante.
—Me caes fatal.
—Pues déjame.
—Es tu solución para todo. «Tengo frío. Pues déjame».
—No digas tonterías.
—Que sepas que no voy a ahorrar: pienso gastarme todo el dinero en cosas superfluas.
—Gilipollas.
—Bruja.
—Si no te cuesta dinero, vale.
—Tengo que comprarlo en una tienda, no es una manualidad casera.
—No quiero que gastes dinero, tienes que ahorrar.
—Pero es que yo quiero regalarte eso. Es el regalo perfecto.
—Prefiero que no. Quiero que ahorres, es importante.
—Me caes fatal.
—Pues déjame.
—Es tu solución para todo. «Tengo frío. Pues déjame».
—No digas tonterías.
—Que sepas que no voy a ahorrar: pienso gastarme todo el dinero en cosas superfluas.
—Gilipollas.
—Bruja.
viernes, 23 de diciembre de 2011
El Cuarto Reich
Madame Retourner, la famosa médium, entra en trance con facilidad debido a que tiene la tensión baja. Esto le viene de perlas para desempeñar su actividad, aunque tiene sus inconvenientes cuando está dando un paseo.
—Yo quería hablar con Hitler —interrumpe un personaje al narrador.
—¿Con Hitler? —pregunta ella en un alarde de redundancia.
—Con Hitler —contesta él subiendo la apuesta.
—Pero es que yo no hablo alemán.
—Pues vaya una mierda de médium.
—Oiga, sin faltar.
—Perdone, estaba pensando en voz alta. Yo es que creía que los muertos se comunicaban con usted en un idioma universal. La lengua de los muertos o algo así.
—Pues no. Cada uno habla la lengua que hablaba en vida.
—¿Y los sordomudos?
—¿Qué?
—Los muertos sordomudos, ¿en qué idioma hablan?
—A ver, se comunican conmigo con sus pensamientos, no es que escuche voces. ¡Ni que fuera una esquizofrénica!
—Claro, tiene sentido. Pero los pensamientos pueden ser imágenes, más que palabras.
—Sí.
—Pues eso, que quiero hablar con Hitler. Llámelo y que le dé imágenes.
—Como quiera.
Madame Retourner cierra los ojos e inspira profundamente. Está abierta la comunicación. Es como una telefonista que contacta con el número adecuado.
—Que se ponga ya Hitler —vuelve a interrumpir el hombre.
—Veo las paredes de un búnker —anuncia Madame Retourner.
—¿Está Eva Braun ahí?
—Sí. La veo. Está aquí, a la derecha, sentada en un sofá.
—Bien. ¿Qué lleva puesto?
—Yo quería hablar con Hitler —interrumpe un personaje al narrador.
—¿Con Hitler? —pregunta ella en un alarde de redundancia.
—Con Hitler —contesta él subiendo la apuesta.
—Pero es que yo no hablo alemán.
—Pues vaya una mierda de médium.
—Oiga, sin faltar.
—Perdone, estaba pensando en voz alta. Yo es que creía que los muertos se comunicaban con usted en un idioma universal. La lengua de los muertos o algo así.
—Pues no. Cada uno habla la lengua que hablaba en vida.
—¿Y los sordomudos?
—¿Qué?
—Los muertos sordomudos, ¿en qué idioma hablan?
—A ver, se comunican conmigo con sus pensamientos, no es que escuche voces. ¡Ni que fuera una esquizofrénica!
—Claro, tiene sentido. Pero los pensamientos pueden ser imágenes, más que palabras.
—Sí.
—Pues eso, que quiero hablar con Hitler. Llámelo y que le dé imágenes.
—Como quiera.
Madame Retourner cierra los ojos e inspira profundamente. Está abierta la comunicación. Es como una telefonista que contacta con el número adecuado.
—Que se ponga ya Hitler —vuelve a interrumpir el hombre.
—Veo las paredes de un búnker —anuncia Madame Retourner.
—¿Está Eva Braun ahí?
—Sí. La veo. Está aquí, a la derecha, sentada en un sofá.
—Bien. ¿Qué lleva puesto?
jueves, 22 de diciembre de 2011
El Gran Líder
—El Gran Líder ha muerto.
—Imposible, eso es contrarrevolucionario.
—Ya lo sé. He hecho fusilar a los médicos.
—¿Y bien?
—El estado del Gran Líder no ha mejorado: sigue muerto.
—Eso es que elige voluntariamente la muerte. ¿Qué crees que significa?
—Igual es su manera de decirnos que ya estamos preparados para conducir el país sin él.
—No sé, es mucha responsabilidad.
—Motivo de más para estar orgullosos de que nos haya elegido. ¡Somos dignos a ojos del Gran Líder!
—Sí, no lo había pensado. Además, quizá vuelva si lo hacemos mal.
—Eso comunicaremos al pueblo, para que no haya revueltas.
—Imposible, eso es contrarrevolucionario.
—Ya lo sé. He hecho fusilar a los médicos.
—¿Y bien?
—El estado del Gran Líder no ha mejorado: sigue muerto.
—Eso es que elige voluntariamente la muerte. ¿Qué crees que significa?
—Igual es su manera de decirnos que ya estamos preparados para conducir el país sin él.
—No sé, es mucha responsabilidad.
—Motivo de más para estar orgullosos de que nos haya elegido. ¡Somos dignos a ojos del Gran Líder!
—Sí, no lo había pensado. Además, quizá vuelva si lo hacemos mal.
—Eso comunicaremos al pueblo, para que no haya revueltas.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
El remedio
Doctor, estoy estresado, no puedo con mis problemas, le dijo a su médico. Usted encójase de hombros, contestó éste. ¿Y ya está?, preguntó el paciente. Ya está, con eso será suficiente, que es un gesto literario y práctico a la vez: ya verá qué bien le sienta al cuello. El paciente, ante esta sugerencia tan poco común, se encogió de hombros por primera vez. Era verdad que sentía alivio, pensó. E indiferencia. De pronto, era como si nada pudiese afectarle. Era invulnerable. Por muy terrible que fuera la dificultad con la que se encontrase, podía superarla con un simple gesto.
martes, 20 de diciembre de 2011
La mirada
A mí es que me gusta mirarte, le dice él con la convicción de quien no tiene que justificar sus actos. Me gusta mirarte y ya está, remata ante la expresión de incredulidad de la chica, que no se siente especialmente atractiva por las mañanas. Qué raros son los románticos —piensa ella—, no se enteran de nada.
lunes, 19 de diciembre de 2011
La imaginación desbordante
Yo, señoras y señores, no sé hacer la vida. La realidad nunca me satisface, ya que siempre me la imagino mejor de lo que es. Una mujer fascinante, un viaje a un lugar exótico, un trabajo con condiciones inmejorables... son todas cosas que me decepcionan. En mi cabeza es todo más interesante, funciona siempre a mi gusto. Por qué la vida no podrá ser como mi imaginación, me pregunto. Y se me ocurren motivos mucho mejores que los reales.
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