sábado, 8 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
El blog fantasma (2)
Hoy publico esta entrada, pero la he escrito con antelación porque no creo que en Ancona tenga tiempo para actualizar el blog. Es, por tanto, una entrada programada y se me ocurre de pronto que podría ser por entero falsa, pues perfectamente podría estar yo aquí hablando de vete a saber qué cosa y estar en realidad muerto. Quién sabe. Podría estrellarse mi avión y sin embargo publicarse esto como si nada. El blog que engañaba a la gente haciendo creer que el autor estaba vivo. Si dejara suficientes entradas programadas, podría mantener el engaño durante un tiempo considerable. Yo estoy muerto, pero mi voz sigue viva. Esas cosas. Claro que igual no estoy muerto y estoy tranquilamente en Italia sintiéndome un impostor entre los jóvenes artistas que tienen tanto que ofrecer al mundo. Lo que quizá también sea la muerte, quién sabe.
jueves, 6 de junio de 2013
Leonard & Cohen, abogados
—Buenas tardes, estoy planeando cometer un crimen y me gustaría que me asesoraran legalmente.
—Perdone, pero esto no funciona así.
—¿Por qué no? Ustedes defienden a criminales todo el rato.
—Sí, claro, pero a criminales que no nos convierten en cómplices. ¿Sabe usted que los abogados lo pasan muy mal en la cárcel? Los otros presos siempre culpan a estos de sus condenas.
—¿Y si les pido ayuda para un crimen hipotético?
—Para su novela, por ejemplo.
—¿Qué novela?
—Usted podría estar escribiendo una novela de crímenes y nos pide consejo legal para enfocar la trama. ¿Qué le parece? Así no nos incrimina de ninguna manera.
—Ah, bien. Pues sí, digamos que el protagonista de mi novela quiere asesinar a su vecino.
—¿Por qué motivo?
—Es un maleducado.
—Eso es culpa del autor, que lo ha escrito así.
—¿Qué?
—Perdón, era una broma, no he podido evitarlo. Ya en serio, me parece un tanto drástico matar a alguien por su mala educación. Ni en Prusia eran tan estrictos.
—Ni en Esparta —interviene Leonard levantando brevemente la vista del periódico.
—Bueno, todo eso es lo de menos. Lo importante es acabar con él.
—¿Y si fuera una vieja usurera?
—¿Cómo dice?
—El vecino. Si fuera una vieja usurera, su protagonista podría asesinarla por dinero y por sentir que es un hombre extraordinario, como Napoleón.
—¿Eso haría que el asesinato fuera legal?
—¡Claro que no! Ningún asesinato es legal, amigo mío.
—Salvo en los países con pena de muerte —interviene de nuevo Leonard—. Y en las guerras, siempre que el asesinado sea el enemigo.
—Perdone, pero esto no funciona así.
—¿Por qué no? Ustedes defienden a criminales todo el rato.
—Sí, claro, pero a criminales que no nos convierten en cómplices. ¿Sabe usted que los abogados lo pasan muy mal en la cárcel? Los otros presos siempre culpan a estos de sus condenas.
—¿Y si les pido ayuda para un crimen hipotético?
—Para su novela, por ejemplo.
—¿Qué novela?
—Usted podría estar escribiendo una novela de crímenes y nos pide consejo legal para enfocar la trama. ¿Qué le parece? Así no nos incrimina de ninguna manera.
—Ah, bien. Pues sí, digamos que el protagonista de mi novela quiere asesinar a su vecino.
—¿Por qué motivo?
—Es un maleducado.
—Eso es culpa del autor, que lo ha escrito así.
—¿Qué?
—Perdón, era una broma, no he podido evitarlo. Ya en serio, me parece un tanto drástico matar a alguien por su mala educación. Ni en Prusia eran tan estrictos.
—Ni en Esparta —interviene Leonard levantando brevemente la vista del periódico.
—Bueno, todo eso es lo de menos. Lo importante es acabar con él.
—¿Y si fuera una vieja usurera?
—¿Cómo dice?
—El vecino. Si fuera una vieja usurera, su protagonista podría asesinarla por dinero y por sentir que es un hombre extraordinario, como Napoleón.
—¿Eso haría que el asesinato fuera legal?
—¡Claro que no! Ningún asesinato es legal, amigo mío.
—Salvo en los países con pena de muerte —interviene de nuevo Leonard—. Y en las guerras, siempre que el asesinado sea el enemigo.
miércoles, 5 de junio de 2013
El ego de escritor
Me hicieron una oferta para trabajar de negro literario en una importante editorial, pero antes tenía que desembarazarme de mi ego de escritor, pues era un obstáculo para esa profesión. Para hacerlo, fui a un bar y me emborraché como Hemingway, Dylan Thomas y otros escritores de renombre. Aturdido por el alcohol, mi ego no sospechaba nada de lo que maquinaba y pude deslizarme fuera del bar, donde esperé hasta que salió y le pegué un par de tiros. Ya está, era un escritor sin ego: de pronto era como Kafka. Pero no, esto no podía ser, era un pensamiento muy engreído por mi parte compararme con el genial escritor checo. Algo había ido mal, ¿a quién había asesinado yo? Y esto, señor juez, fue más o menos lo que pasó.
martes, 4 de junio de 2013
El programa espacial
—Nuestro país merece un programa espacial propio —dice el primer hombre—. No es tan caro, lo he estudiado al detalle: nuestros astronautas podrían entrenarse en la montaña rusa y otras atracciones. De esa manera experimentarían los efectos de la fuerza G.
—Yo nunca se lo encuentro a mi mujer. Si hubiera sabido que bastaba con llevarla a la montaña rusa...
—No, usted se refiere al punto G.
—¿Qué punto del día es el G? Pensaba que usábamos un sistema numérico en nuestras reuniones—interviene un tercero.
—Da igual, dejémoslo.
—¿Y qué tal la noria? —pregunta el segundo hombre.
—Hombre, como entrenamiento es bastante ligero.
—Pero podría contar como ascensiones. Horas de vuelo. Qué sé yo, órbitas. Así podríamos maquillar los informes oficiales y, de paso, ahorrar.
—Visto así...
—Podríamos contratar a algún hombre bala del circo, que ya tienen experiencia y eso que nos ahorramos también en entrenamientos.
—Yo nunca se lo encuentro a mi mujer. Si hubiera sabido que bastaba con llevarla a la montaña rusa...
—No, usted se refiere al punto G.
—¿Qué punto del día es el G? Pensaba que usábamos un sistema numérico en nuestras reuniones—interviene un tercero.
—Da igual, dejémoslo.
—¿Y qué tal la noria? —pregunta el segundo hombre.
—Hombre, como entrenamiento es bastante ligero.
—Pero podría contar como ascensiones. Horas de vuelo. Qué sé yo, órbitas. Así podríamos maquillar los informes oficiales y, de paso, ahorrar.
—Visto así...
—Podríamos contratar a algún hombre bala del circo, que ya tienen experiencia y eso que nos ahorramos también en entrenamientos.
lunes, 3 de junio de 2013
Capítulo 3000
Porque nunca fuiste la joven promesa de la literatura que un día creíste ser. Llegaste tarde, demasiado tarde a todo. Siempre con aspecto de despistado e, incluso, desvalido. Esperando que alguna mujer cuidara de ti. Creyéndote un antihéroe trágico y encantador. Sospechando siempre la verdad y enfureciéndote cuando alguien hablaba de ello. Todo para nada. Todo. Para. Nada. ¿Y ahora qué? Hace tiempo que agotaste las excusas. «Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde», que decía Marguerite Duras. Apenas te queda ya el gesto estético para ocultarte, como un telón raído que baja en una obra sin espectadores.
domingo, 2 de junio de 2013
Domingo de literatura
Truffaut está vivo y Godard está muerto, decía una pintada en el muro. Me pregunté si sería un error o algo deliberado y me acordé de Philip K. Dick y la realidad real. Lo cierto es que yo siempre me he sentido incómodo con la realidad. La realidad es un pantalón que me queda grande, aunque a veces trato de ajustármelo con el cinturón de la imaginación. En cualquier caso, no es una verdadera solución y siempre vas dando la nota. Pensé entonces en un hombre que va al sastre a quejarse de que el traje que le ha vendido no le queda bien y el sastre le contesta: la culpa es suya, que está usted mal hecho.
sábado, 1 de junio de 2013
viernes, 31 de mayo de 2013
El nombre
En nuestro glorioso país hay gente afortunada que comparte nombre y apellidos con el Gran Líder Supremo y estas personas se ven sometidas a una fuerte presión, ya que han de comportarse en todo momento de forma ejemplar. Se espera de ellos que honren el nombre que llevan. Nadie quiere que el nombre del Gran Líder Supremo aparezca en los medios relacionado con algún hecho negativo. Por eso, en caso de ser condenados por algún crimen, la ley es especialmente dura, por haber desaprovechado tal regalo e intentar manchar la imagen del Guía de la Nación.
jueves, 30 de mayo de 2013
La cana
Salgo de la ducha y pongo caras frente al espejo. De pronto, veo algo
blanco en lo alto de la cabeza, destacando. Será un hilo de la ropa, me
digo con tono sosegado. Pero no, sé perfectamente lo que es: una cana.
Es más, se trata de la cana. La madre de todas las canas, que
diría Saddam Hussein. Y está ahí para no esconderse, para clamar a los
cuatro vientos que existe. «Estoy aquí y estoy orgullosa de ser albina»,
me parece escuchar. La oveja blanca entre las negras. Me paso la mano por el pelo intentando disimularla, pero nada, sigo viendo el fulgor plateado. «No acallarán nuestra voz», parece decir la cana, «la revolución blanca ha comenzado». Así que me rindo y salgo del cuarto de baño mientras la cana continúa con sus enredos y propagandas, ganando adeptos, seguramente, a una velocidad endiablada.
miércoles, 29 de mayo de 2013
La sinopsis
—Es la historia de un ser humano al que le pasan cosas.
—Está poco definida la idea, ¿no?
—Es que no quiero sentarme a escribir la novela sin saber antes si están interesados o no.
—Está poco definida la idea, ¿no?
—Es que no quiero sentarme a escribir la novela sin saber antes si están interesados o no.
martes, 28 de mayo de 2013
Con receta mágica
«Con receta mágica», decía en el medicamento que había comprado mi mujer, que parecía un simple jarabe para la tos. La interrogué acerca de esto y se encogió de hombros, algo que siempre me ha resultado muy erótico, pero no me dejé llevar por la lujuria y le pregunté de nuevo. Me contestó que se lo había recetado una bruja nueva del barrio, una muy recomendada y que garantizaba un ciento diez por ciento de éxitos. Yo repuse que eso era una exageración, que es imposible superar el cien por ciento, pero ella contestó que ese diez por ciento adicional consistía en veces que triunfa sin haber intentado nada. Meneé la cabeza para aclarar mis ideas, aunque esto siempre me ha parecido que no funciona, pues acabo medio mareado, y le pregunté que para qué era el jarabe. «Para el corazón», me dijo suspirando, algo que también encuentro muy erótico. «Ve al cardiólogo entonces», musité mientras me encorvaba para disimular la erección. «Es que no es eso», dijo, «es que ya no te quiero; tengo desamor, una enfermedad incurable para la ciencia, pero que quizá la magia pueda solucionar».
lunes, 27 de mayo de 2013
Infantilismos matutinos
Despierto a Sonia cantando From her to eternity. Atónita, me dice: ¿qué haces? Yo contesto con seriedad: ¡Soy Nick Cave!
domingo, 26 de mayo de 2013
Colaborador freelance
Escribo colaboraciones alternativas para revistas. Siempre soy el último en entregar, claro, pues el sistema es el siguiente: leo la revista cuando sale, vuelvo a casa, escribo sobre el tema del mes y lo publico en mi página personal. Gracias a este sistema he participado en las revistas más prestigiosas del país, aunque sin saberlo ellas y sin cobrar nada, lo que me hace sentir como un agente secreto en una misión importantísima en la que tiene que valerse solo.
sábado, 25 de mayo de 2013
Semen de escritor
Hola, vengo a donar mi semen, pero creo que tendrían que pagarme más por ello. Al fin y al cabo, no están ustedes adquiriendo un semen normal y corriente, sino semen de escritor. Tantas historias contenidas en estos espermatozoides, que son grandes personajes en potencia, ¿no se dan cuenta? Serían niños bien construidos, con matices y conflictos interesantes. Con planteamiento, nudo y desenlace. Semen literario, lleno de posibilidades. Por no hablar de su sabor y bouquet, aunque entiendo que esto es irrelevante para el servicio que ustedes dan.
viernes, 24 de mayo de 2013
El crimen
En una galería de arte, aparece asesinado un artista. Al principio, la gente piensa que forma parte de la exposición: muerte de artista, artista muerto, la muerte en público, algo así. Pero no es una performance, sino otro tipo de crimen. Una señora pide que llamen a la policía, pero le contestan que la policía no tiene jurisdicción en este lugar: tiene que investigarlo el comisario de la exposición, que para algo es comisario. El comisario de la exposición diría que su título no le faculta para resolver crímenes, pero calla, que bastante poco le respetan los artistas ya.
jueves, 23 de mayo de 2013
La impostura capilar
Lidia se levanta y estira su cuerpo perfecto. De nuevo en casa extraña, piensa mientras mira a su compañero de cama, que duerme. Con pasos felinos, va al cuarto de baño, se sienta en el retrete y orina mientras mira de un lado al otro en busca de posibles cucarachas. Entonces su mirada se detiene en un secador de pelo. ¿Cómo hay un secador de pelo en esta casa?, se pregunta. Si el chico con el que se ha acostado está completamente calvo. Y vive solo, así que no pertenece a un compañero de piso. Podría pensar que es de alguna antigua novia o de antes de perder el pelo, pero descarta esas opciones por fáciles. No, este chico puede ser perfectamente un falso calvo, piensa. Seguro que lleva dos vidas: una con pelo y otra sin él. Igual es un asesino en serie, un asesino en serie imposible de identificar gracias a su camaleonismo capilar. Y ella podría ser su próxima víctima. Así que vuelve a hurtadillas a la habitación, se viste en silencio y sale despavorida de esa casa.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Los perros
Fuera, un perro ladraba insistentemente, como un muecín llamando a los fieles a orar y se me ocurrió de pronto que quizá los perros tenían reuniones secretas que los humanos ignorábamos. Reuniones para rezar a un dios que no conocemos. «Yo le rezo al dios de los perros», me imaginé diciendo en los actos sociales, para impresionar a mis interlocutores.
martes, 21 de mayo de 2013
El vacío
—¿Qué miras?
—Nada, miraba al vacío.
—Ah, muy bonito. Prefieres mirar al vacío antes que mirarme a mí.
—Nada, miraba al vacío.
—Ah, muy bonito. Prefieres mirar al vacío antes que mirarme a mí.
lunes, 20 de mayo de 2013
De nuevo, los fracasos tempranos
En Cádiz, en la presentación de Órbita 76, el más antiguo lector de este blog se acerca a la mesa y me da un ejemplar de Los fracasos tempranos para que se lo firme. Qué raro es todo, pienso con el librito en la mano. Hace cinco años que autoedité esto. El libro que le dediqué a una chica en un acto de ingenuo romanticismo (no es que ella se muriera de la ilusión). Y me planteo de pronto si mis ex amantes habrán comprado el cómic. Me las imagino comentando orgullosas: «Mira, esto lo ha escrito un chico con el que estuve (aunque lo ha dibujado otro tío)». Pero no, qué tontería. Seguramente no lo quieren, que les recordaría que se acostaron conmigo.
domingo, 19 de mayo de 2013
El soldado
Sentado a mi lado en el tren, va un soldado. Un poco estereotipado, que lleva un cinturón con la bandera española y lee un periódico ultraderechista. Le preguntan su destino y balbucea que va a Sevilla y luego a Madrid. Le informa la camarera de que entonces sólo tiene derecho a aperitivo, no a almuerzo. El soldado asiente. A mí me parece que ha metido la pata: en Sevilla no hace transbordo, sino que continúa en el tren, hacia Madrid. Sin embargo, no dice nada. Pasa hambre antes que discutir. Obedece. Durante unos segundos pienso en decirle algo, pero quién soy yo para meter duda y libre albedrío en su mundo.
sábado, 18 de mayo de 2013
Obituario
En la habitación de la residencia de estudiantes, Sonia tenía escrito en una pared: Love will tear us apart. Yo, para tomarle el pelo, traduje así: «Amor Guille lágrima Estados Unidos aparte». Coincidencia o no, el primer número de Obituario, la revista que nos hemos sacado de la manga, va sobre Ian Curtis.
viernes, 17 de mayo de 2013
En la ciudad del viento
En la ciudad del viento, las peluquerías se dedican sólo a cortar el pelo, pues los peinados duran un suspiro (un suspiro huracanado).
jueves, 16 de mayo de 2013
La traducción
Usted escribe raro, muy raro. Pero nosotros podemos convertir sus obsesiones en oro literario, pues somos traductores al bestsellerismo. Dominamos a la perfección esa lengua que usted ni balbucea. Piénselo.
miércoles, 15 de mayo de 2013
La feria del libro
Hoy firmo ejemplares del cómic en la feria del libro de Málaga, después de años de estar sólo en la periferia del libro. Es extraño. De todos modos, mi nombre no aparece en casi ningún sitio: se centran en el dibujante, que es lo que suele pasar en España con los tebeos. Es también extraño seguir siendo invisible en estas circunstancias, pero en realidad es algo común a los guionistas. En cualquier caso, la preocupación ahora es si estaremos sentados durante dos horas sin firmar ningún cómic. ¿Cómo irán las ventas? Yo soñaba con que fuera un objeto de deseo y que el título fuera de boca en boca como la nueva droga o algo así. ¿Y si no viene nadie? ¿Y si no vienen groupies para que les firmemos los pechos? Ser autor es estar necesitado de cariño.
martes, 14 de mayo de 2013
Los bichos
La ONU recomienda comer insectos como solución de futuro, comentan en la televisión. Eso está lleno de ventajas, dice mi mujer desde la cocina, así veríamos mejor la avalancha de cucarachas en verano: entenderíamos que es la época de cosecha y una oportunidad de ganar dinero. Sí, es verdad, contesto yo, y pienso en Nabokov persiguiendo mariposas. De pronto se convierte en una actividad lucrativa y de subsistencia. Mariposas como perdices, por ejemplo. Y fueron felices y comieron mariposas. «Cazar nínfulas está muy bien, pero las mariposas dan más dinero», me lo imagino diciendo. Luego pienso en Gregor Samsa, convertido en monstruoso insecto y su familia relamiéndose.
lunes, 13 de mayo de 2013
La comunicación de los espíritus
Los muertos lo sabemos todo, le dice Fontimbrás, el espíritu, a Marisa a través de la ouija. Por eso sé que tu marido te es infiel desde hace meses. La muerte en sí sería bastante aburrida, pero podemos dedicarnos al voyeurismo. Aunque no podemos aprovecharlo de forma plena, que ya no tenemos deseos sexuales. Sin embargo, podemos cotillear. Husmear en la vida secreta de la gente. Conocer sus más íntimos secretos. Es nuestra televisión, podría decirse. Que sí, que era tu marido, no me interrumpas. En un hotel, con una rubia. Él pensaba que estaba siendo muy discreto, pero no puedes esconderte de los muertos.
domingo, 12 de mayo de 2013
Las notas
Llevo en el teléfono móvil gérmenes de historias que escribir algún día. Las anoto en el tren, el autobús o cuando hago cola para algo. Esto podría ser bueno, pienso. Pero luego se quedan ahí, quizá incubando. Hasta que llegue el momento adecuado, supongo. Mientras tanto, las releo de vez en cuando y pienso que sí, que esto podría ser bueno, algún día.
sábado, 11 de mayo de 2013
A escondidas
Por el porte con el que pasea por la calle, al señor Matías se le presupone una obra literaria secreta que es objeto de tertulia en todos los cafés de la localidad.
viernes, 10 de mayo de 2013
Dando la cara o algo
Decía Kurt Cobain que él lo que quería era tocar la guitarra en la parte de atrás del escenario. A mí me pasa igual con esto de las presentaciones del cómic. Yo quería ser como Thomas Pynchon y cobrar los royalties sin tener que hablar ante el público. Al fin y al cabo, ¿de qué hablar ante el público? Sobre todo cuando el pánico te invade. Hola... yo... esto... pues que aquí traigo un cómic... está muy bien de precio, ¿eh? Y tiene dibujos.
jueves, 9 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
Las credenciales
Nadie me tomará en serio como escritor ahora con el cómic. Bueno, tampoco me tomaban en serio antes.
martes, 7 de mayo de 2013
Terrores nocturnos
«Cuando un niño llora en mitad de la noche es porque alguien ha muerto», dice de pronto mi mujer. Yo aparto la vista de la tele, alarmado. ¿Qué?, digo. Nada, contesta ella. De repente, rompe a llorar el bebé de los vecinos. Mi mujer sonríe como una bruja, yo musito una torpe disculpa y salgo corriendo a la calle.
lunes, 6 de mayo de 2013
En la estación de trenes
—Hola, quiero un billete.
—¿Para?
—Para viajar.
—Ya, pero dónde quiere ir.
—Ah, ¿se puede elegir?
—Claro. A ver si se cree que aquí nos dedicamos a deportar a la gente. Ni que fuéramos nazis.
—Entiendo. ¿Cuáles son mis opciones? ¿Puedo ir a América?
—Trenes transatlánticos todavía no tenemos, caballero. Quizá algún día.
—Vaya. Pues me interesaba visitar Nueva York. Y Boston.
—Muy loable, pero en tren no se puede. Al menos, desde este lado del océano.
—Me cuesta entender que se haya descuidado este sector del mercado. Seguro que hay miles de ciudadanos con mis mismas inquietudes viajeras. ¿Quién no querría ver el Gran Cañón del Colorado en tren?
—Seguro que se pueden tomar trenes en Colorado, caballero.
—Ya, pero hay que desplazarse hasta allí en avión, con lo caro que es. El tren, en cambio, ofrece un precio más asequible, además de un romanticismo que no tienen otros medios de transporte. Piense en el Transiberiano, por ejemplo.
—Tampoco vendemos billetes para ese tren aquí.
—Pues muy mal. Tendría que haber una línea ferroviaria mundial, un tren que recorriera el planeta sin límites, sin fin, sin pausa. Bueno, con pausa sí, que habría que apearse en las paradas. Pero piense en los paisajes exóticos que se contemplarían desde sus asientos. La tundra siberiana. Las ballenas en el Pacífico. Los Andes. El desierto del Sáhara. Las selvas de Tailandia. Y todo en un viaje interminable sentado cómodamente en el vagón restaurante.
—¿Para?
—Para viajar.
—Ya, pero dónde quiere ir.
—Ah, ¿se puede elegir?
—Claro. A ver si se cree que aquí nos dedicamos a deportar a la gente. Ni que fuéramos nazis.
—Entiendo. ¿Cuáles son mis opciones? ¿Puedo ir a América?
—Trenes transatlánticos todavía no tenemos, caballero. Quizá algún día.
—Vaya. Pues me interesaba visitar Nueva York. Y Boston.
—Muy loable, pero en tren no se puede. Al menos, desde este lado del océano.
—Me cuesta entender que se haya descuidado este sector del mercado. Seguro que hay miles de ciudadanos con mis mismas inquietudes viajeras. ¿Quién no querría ver el Gran Cañón del Colorado en tren?
—Seguro que se pueden tomar trenes en Colorado, caballero.
—Ya, pero hay que desplazarse hasta allí en avión, con lo caro que es. El tren, en cambio, ofrece un precio más asequible, además de un romanticismo que no tienen otros medios de transporte. Piense en el Transiberiano, por ejemplo.
—Tampoco vendemos billetes para ese tren aquí.
—Pues muy mal. Tendría que haber una línea ferroviaria mundial, un tren que recorriera el planeta sin límites, sin fin, sin pausa. Bueno, con pausa sí, que habría que apearse en las paradas. Pero piense en los paisajes exóticos que se contemplarían desde sus asientos. La tundra siberiana. Las ballenas en el Pacífico. Los Andes. El desierto del Sáhara. Las selvas de Tailandia. Y todo en un viaje interminable sentado cómodamente en el vagón restaurante.
domingo, 5 de mayo de 2013
Y las rosas secas colgando de la persiana
Ya han pasado dos años y Sonia aún no ha huido. Quizá sea una indecisa y se lo sigue pensando. Yo lo celebro y deseo que tarde todavía algunos años más.
sábado, 4 de mayo de 2013
Las fotos
—Se han quemado las palomitas.
—Qué asco, están negras.
—No seas racista.
—Perdón. ¿Qué peli vemos?
—Ninguna, tengo el dvd estropeado.
—¿Y si vemos la tele?
—No va la antena.
—Pues vaya planazo.
—Tengo fotos de mis vacaciones como niño. Podríamos verlas y comentarlas.
—«Mis vacaciones como niño». Suena a que en verano te conviertes en niño y te vas de vacaciones.
—No, lo que quiero decir es que son fotos antiguas, de cuando era niño y vacacionaba como es debido.
—No sé, ¿cuántos premios de la Academia se llevaron tus fotos?
—No te pongas sarcástica, que se te pone cara de bruja de cuento. Podríamos ver mis fotos e ir inventando una historia. Mi tío, por ejemplo, podría ser un asesino. Tenía bigote.
—Podría ser pedófilo.
—Podría, sí. Así serían más dramáticas mis apariciones en bañador.
—Qué asco, están negras.
—No seas racista.
—Perdón. ¿Qué peli vemos?
—Ninguna, tengo el dvd estropeado.
—¿Y si vemos la tele?
—No va la antena.
—Pues vaya planazo.
—Tengo fotos de mis vacaciones como niño. Podríamos verlas y comentarlas.
—«Mis vacaciones como niño». Suena a que en verano te conviertes en niño y te vas de vacaciones.
—No, lo que quiero decir es que son fotos antiguas, de cuando era niño y vacacionaba como es debido.
—No sé, ¿cuántos premios de la Academia se llevaron tus fotos?
—No te pongas sarcástica, que se te pone cara de bruja de cuento. Podríamos ver mis fotos e ir inventando una historia. Mi tío, por ejemplo, podría ser un asesino. Tenía bigote.
—Podría ser pedófilo.
—Podría, sí. Así serían más dramáticas mis apariciones en bañador.
viernes, 3 de mayo de 2013
Inflexiones
—Tiene usted voz de hombre de derechas, vecino.
—¿Y cómo es eso?
—Así, aflautada —responde ella—. ¿Trabaja en la radio?
—No.
—Pues podría hacerlo. Y hablar a favor de los recortes y esas cosas que se hace con esa voz.
—Yo sólo estoy a favor de recortes en las minifaldas.
—Ah, es usted un machista.
—¿Qué?
—¿Por qué no se recorta usted los cojones?
—Pero... perdone, sólo era una broma.
—¡Fascista!
—¿Y cómo es eso?
—Así, aflautada —responde ella—. ¿Trabaja en la radio?
—No.
—Pues podría hacerlo. Y hablar a favor de los recortes y esas cosas que se hace con esa voz.
—Yo sólo estoy a favor de recortes en las minifaldas.
—Ah, es usted un machista.
—¿Qué?
—¿Por qué no se recorta usted los cojones?
—Pero... perdone, sólo era una broma.
—¡Fascista!
jueves, 2 de mayo de 2013
El malditismo
Mi vecino, el señor Helmut, se medica para estar loco. Según dice, ha comprobado que los artistas locos están muy bien considerados por la sociedad, pues la locura se toma como un rasgo de genialidad. Durante años, me explica, fue un artista con una cordura anodina que no le permitía epatar a mecenas. Nadie sentía la necesidad de invertir en su arte, ya que no parecía un artista que necesitara ayuda económica a causa de una locura genial que le imposibilitase una vida normal. Ser un tipo centrado es contraproducente en esta profesión, afirma. Por eso empezó a tomar psicóticos que le preparan en un laboratorio de Hong Kong del que no puede decirme nada más, ya que esto seguramente sea ilegal, lo que, por otra parte, viene muy bien para ser un artista maldito.
miércoles, 1 de mayo de 2013
La madre
Mi madre es mi mejor amiga —dice la chica—: nos lo contamos todo, no tenemos secretos. Hasta nos damos consejos sobre chicos. Yo incluso le cuento mis experiencias sexuales. No te importa, ¿verdad? Que comparta con ella qué tal contigo, quiero decir. No pongas esa cara, tú piensa que un hombre, cuando se acuesta con una mujer, en realidad se está acostando también con sus amigas. Bueno, sin catarlas, es verdad, pero es como si estuvieran presentes en la habitación, valorando. ¿No decías que te ponía follar en público? Y esto sería como hacerlo delante de mi madre, no me digas que no te da morbo.
martes, 30 de abril de 2013
La negociación
—Buenos días, somos los extraterrestres —dice una voz por el teléfono.
—¿Cómo dice?
—Tenemos rodeado su planeta, salgan ahora mismo con las manos en alto.
—Pero esto es altamente irregular.
—Claro: es el elemento sorpresa.
—No sé si estoy autorizado a evacuar la Tierra, tengo que consultar con mi superior.
—Consulte, consulte.
—De acuerdo. Oiga —contesta al cabo de unos minutos—, dice que no puede ser, que no tenemos presupuesto ni medios.
—Eso es inaceptable.
—Resulta que harían falta cohetes espaciales, ¿sabe? En cantidades ingentes. Además, no tenemos jurisdicción sobre el resto de terrícolas.
—Vamos, que me está diciendo usted que tendremos que sacarlos nosotros.
—Lo lamento mucho, señor, pero así es.
—Bueno, no es culpa suya. Consultaré con mi superior el curso a seguir y ya me pondré en contacto con usted. Muchas gracias.
—A usted.
—¿Cómo dice?
—Tenemos rodeado su planeta, salgan ahora mismo con las manos en alto.
—Pero esto es altamente irregular.
—Claro: es el elemento sorpresa.
—No sé si estoy autorizado a evacuar la Tierra, tengo que consultar con mi superior.
—Consulte, consulte.
—De acuerdo. Oiga —contesta al cabo de unos minutos—, dice que no puede ser, que no tenemos presupuesto ni medios.
—Eso es inaceptable.
—Resulta que harían falta cohetes espaciales, ¿sabe? En cantidades ingentes. Además, no tenemos jurisdicción sobre el resto de terrícolas.
—Vamos, que me está diciendo usted que tendremos que sacarlos nosotros.
—Lo lamento mucho, señor, pero así es.
—Bueno, no es culpa suya. Consultaré con mi superior el curso a seguir y ya me pondré en contacto con usted. Muchas gracias.
—A usted.
lunes, 29 de abril de 2013
Así tenía que haber sido Rocky Balboa
Rocky Balboa malvive a sus sesenta años con una pensión mínima del estado, pues invirtió todo su dinero en negocios ruinosos. Por si esto no fuera bastante desgracia, todos esos golpes en la cabeza le han pasado factura. Así, vive en la creencia de que él personalmente acabó con el comunismo. Yo mismo tiré el Muro de Berlín a puñetazos, le dice a su avergonzado hijo, que no quiere saber nada de él. A veces va al cementerio y habla con la lápida de Adrian, su difunta esposa, aunque él cree que sigue viva y simplemente trabaja allí. Todo esto influye para que le parezca buena idea enfrentarse al joven campeón mundial de los pesos pesados, pero le deniegan la licencia de boxeo debido a su avanzada edad y estado mental. Sin embargo, Rocky no se rinde y lanza un poderoso alegato en el que asegura que Ivan Drago iba para presidente del Sóviet Supremo y él le paró los pies. Esto no cambia el dictamen de la comisión de boxeo, pero sí lo consigue la intervención de un representante de la Asociación Nacional del Rifle, que se queja: «Si no nos dejan boxear con sesenta años, lo próximo será prohibirnos los fusiles de asalto». Rocky se prepara concienzudamente para el combate. Se siente joven, podría pasar por un hombre de cincuenta y cinco. Por fin, el gran combate se celebra. La expectación es máxima y los nostálgicos aclaman al campeón de los años ochenta, aquella época de inocencia. Suena la campana, Mason 'the line' Dixon avanza y asesta un puñetazo tremendo al viejo boxeador, que, como es natural, cae al suelo, muerto. Pero no importa, ahora boxeará con Jesús, afirma un famoso predicador en su programa de televisión.
domingo, 28 de abril de 2013
The wire
El amor es un juego de espías, piensa ella. Por eso, aprovechando que su marido está en la ducha, le revisa el teléfono móvil. No encuentra nada sospechoso, pero esto no es concluyente: quizá es un experto en la cautela. Así que decide cambiar los números de sus contactos femeninos por el suyo. De ese modo, reflexiona, ella recibirá los mensajes intempestivos que su marido pueda mandarles a esas furcias que tan bien oculta por ahora.
sábado, 27 de abril de 2013
Las chicas espaciotemporales
—Hola —dice la chica—, ¿vienes mucho por aquí?
—De vez en cuando, algún sábado. ¿Y tú?
—Yo vengo siempre que quiero, que para algo soy una chica espaciotemporal.
—¿Perdona?
—Me cuelo por las rendijas del espacio-tiempo y aparezco aquí. Ya lo decía la canción: «hago chas y aparezco a tu lado». Fue la primera pista que tuve de que había otro mundo, ¿sabes? Sólo había que investigar cómo acceder a él.
—Eh... ¿y cómo descubriste el sistema?
—Sólo hay que girar muy deprisa sobre una misma, como un derviche turco. Bueno, y cerrar los ojos. También ayuda tararear alguna canción apropiada. A ser posible, que esté sonando en ese momento. Y nada más, sólo girar y girar hasta agotar el tiempo y subvertir las leyes de la física.
—De vez en cuando, algún sábado. ¿Y tú?
—Yo vengo siempre que quiero, que para algo soy una chica espaciotemporal.
—¿Perdona?
—Me cuelo por las rendijas del espacio-tiempo y aparezco aquí. Ya lo decía la canción: «hago chas y aparezco a tu lado». Fue la primera pista que tuve de que había otro mundo, ¿sabes? Sólo había que investigar cómo acceder a él.
—Eh... ¿y cómo descubriste el sistema?
—Sólo hay que girar muy deprisa sobre una misma, como un derviche turco. Bueno, y cerrar los ojos. También ayuda tararear alguna canción apropiada. A ser posible, que esté sonando en ese momento. Y nada más, sólo girar y girar hasta agotar el tiempo y subvertir las leyes de la física.
viernes, 26 de abril de 2013
La vida desencadenada
Mi abuelo padece la enfermedad de Alzheimer y vuelve a creerse un adolescente. Me toma por un compañero de correrías y siempre me está pidiendo que demos una vuelta por ahí, pero en secreto, no sea que se entere su padre, que es muy estricto y le castigaría. Este fenómeno de regresión me fascina, pues me da por pensar que todo eso de la madurez no es más que un fraude. Resulta que no evolucionamos moldeando con la experiencia nuestra forma de ser, sino que saltamos de una personalidad definida a otra personalidad completamente distinta y nuestras antiguas vidas quedan almacenadas en algún lugar oscuro de la mente. Encadenadas en el inconsciente y porfiando por volver a ser, por retomar el control.
jueves, 25 de abril de 2013
La nomenclatura
Como alcalde vuestro que soy os prometí ser siempre sincero y la verdad es la siguiente: la crisis está siendo durísima para Pinares de Entretiempo. Por eso hemos tenido que tomar decisiones audaces, pues sólo con audacia se puede salir de una situación tan complicada como la nuestra, que estábamos al borde del abismo. Ya habréis escuchado los rumores y son ciertos: hemos aceptado la oferta de una importante multinacional para cambiarle el nombre al pueblo. Durante cinco años (renovables), nos llamaremos Pinares de Coca-Cola. Y el gentilicio de los habitantes será «refrescante». Todo esto, claro, implicará cambiar carteles, el escudo de la villa, etcétera. Pero creemos que es una solución muy beneficiosa para todos y, seguramente, atraerá al turismo.
miércoles, 24 de abril de 2013
El desconocimiento
Soy el mejor de los escritores desconocidos. Aunque todos los autores secretos decimos eso, ya que tampoco nos conocemos entre nosotros.
martes, 23 de abril de 2013
Al principio, Sonia pensó que yo era alguien importante
Al principio, Sonia pensó que yo era alguien importante. Creía que era respetado, publicaba libros y estaba metido de lleno en el mundillo. Seguramente fue este malentendido lo que propició nuestro primer encuentro. Imagino que, cuando por fin descubrió que no era nadie, pensó algo como: bueno, no es famoso, pero es divertido. No fue la única ocasión en que se formó una imagen de mí que se alejaba de la realidad: cómo eres tan lanzado, tan descarado, me preguntó una vez. Qué dirían mis amigos si vieran esto, pensé. Un tipo cuya timidez sería legendaria si en general no pasara desapercibido. Pero sonreí y me dije: me gusta esta chica. Me gusta esta chica y su forma de verme.
lunes, 22 de abril de 2013
Al final, él apagó la tele
—¿Otra vez estás viendo viejas jugadas de Michael Jordan? No sé qué tiene de interesante ver a un montón de tipos corriendo de un lado para otro y dando saltos para meter un balón por un aro.
—No lo entiendes. Mira qué agilidad, qué movimientos tan gráciles. Es como ver ballet. Y la lucha, la lucha sin cuartel. Es un guerrero, un guerrero bailarín.
—Eso es un poco gay.
—¿Qué?
—Bailarines, hombres que pelean, el sudor... Qué quieres que te diga, a mí me parece bastante homoerótico todo.
—Nada de eso. Es una cuestión de habilidad, de maestría en una disciplina deportiva.
—Es una cuestión de aplaudir al macho alfa que impone su dominio a la manada, claro que sí. No sé, entendería que te gustase volver a ver tus hazañas de vez en cuando, ¿pero las de otro hombre? Pensaba que tenías más autoestima.
—No lo entiendes. Mira qué agilidad, qué movimientos tan gráciles. Es como ver ballet. Y la lucha, la lucha sin cuartel. Es un guerrero, un guerrero bailarín.
—Eso es un poco gay.
—¿Qué?
—Bailarines, hombres que pelean, el sudor... Qué quieres que te diga, a mí me parece bastante homoerótico todo.
—Nada de eso. Es una cuestión de habilidad, de maestría en una disciplina deportiva.
—Es una cuestión de aplaudir al macho alfa que impone su dominio a la manada, claro que sí. No sé, entendería que te gustase volver a ver tus hazañas de vez en cuando, ¿pero las de otro hombre? Pensaba que tenías más autoestima.
domingo, 21 de abril de 2013
La bella muerte
Yo quiero suicidarme, dice el artista. Quiero que mi muerte sea una obra de arte de la que todo el mundo hable. Y en realidad es difícil, ¿sabe? Porque la muerte es muy desagradable. Esos olores, esos fluidos, ese cadáver en la habitación. Por suerte, el público sólo sabrá de ella de lejos y así podrá imaginarla como un objeto estético más que inspirará a artistas venideros.
sábado, 20 de abril de 2013
El malentendido como nueva lengua
El hombre moderno es un hombre con prisa, prisa en llegar a un lugar que no conoce, pero que sabe cuándo será: mañana. Hay que darse prisa en llegar a mañana; sobre todo, hay que impedir que lleguen otros antes que nosotros. Es un hombre, por tanto, sin tiempo para descansar. No hay pausa, hay que seguir en esta carrera sempiterna contra la inmovilidad. Con tanta prisa, sin embargo, es muy común que se cometan errores y malentendidos, pues no hay tiempo para explicaciones adecuadas. Es por esto que una profesión en auge hoy en día es la de traductor de malentendidos. Este cuerpo de funcionarios se encarga de quedarse rezagado para enmendar los desmanes cometidos por el hombre moderno en su prisa, explicando al detalle lo sucedido por el bien de la concordia social. Hay quien critica a los traductores de malentendidos acusándoles de típicos funcionarios vagos que se empeñan en no seguir el ritmo de los tiempos y retrasarnos puesto que, al fin y al cabo, dicen, no necesitaremos que nadie nos explique nada en el futuro, mañana, cuando finalmente lleguemos.
viernes, 19 de abril de 2013
Los pies
La chica tenía los pies muy grandes y esto era problemático. ¿Cómo disimularlos? Probó con faldas muy largas, pero iba arrastrándolas, se ensuciaban enseguida y trastabillaba todo el rato al pisarlas. Probó entonces con faldas muy cortas, para atraer la atención a sus muslos y no a sus pies. Pero las miradas lascivas de los hombres la intimidaban. ¿Qué hacer? Estaba claro que no existía Dios, pues la habían diseñado mal: ella podría haberse movido por el mundo con unos pies menores sin que en ningún momento peligrara su equilibrio. Pero no. Si al menos le hubieran dado unas tetas grandes, pensó, entonces habrían estado justificados los pies.
jueves, 18 de abril de 2013
La guerra del teatro
Altavoz y Clochard estaban de nuevo desempleados, pues el país había abandonado el provechoso belicismo para dejarse llevar por esas modas pacifistas que tanto perjudican a los héroes de guerra. Así, se pasaban el día en casa cazando cucarachas con el arcabuz, deporte que no era todavía olímpico. Un día, sin embargo (de bienes), se presentó en casa un emisario del gobierno. Quería encargarles una misión peligrosa, lo que de inmediato interesó a ambos amigos (más a Altavoz, que disfrutaba arriesgando el pellejo): tenían que infiltrarse en un país enemigo y espiar las diversas actividades que allí se cometieran. Para ello, se enrolarían en una compañía de actores itinerante.
—Pero Clochard es tartamudo —adujo Altavoz—; ¿cómo va a hacerse pasar por actor?
—Podría hacer papeles mudos —contestó el enviado del gobierno—. O bien ser figurante.
Decidieron finalmente que sería mejor tapadera que Clochard fuera maquillador y bebieron toda la noche para celebrar el acuerdo. Al día siguiente, fueron contratados por la compañía teatral Luces de Bohemia y Moravia, que tenía una larga tradición admitiendo borrachos en sus filas, y partieron enseguida al extranjero. Entre ensayo y ensayo, Altavoz se enamoró de una bellísima actriz. Se llamaba Violeta, lo que le fascinaba. Tiene el nombre de un color, pensó. Luego se preguntó por qué no habrá chicas que se llamen Azul, por ejemplo. Aunque sí las hay llamadas Blanca. Chicas de colores, pero no las suficientes.
Mientras Altavoz se dedicaba a seducir a Violeta, Clochard redactaba detallados informes de las actividades de la ciudadanía enemiga. Era gente extraña, sin duda. Se empeñaban en hablar en otro idioma, en tener otras costumbres (muy raras), en rendir homenaje a otra bandera. A toda esta gente habrá que fusilarla algún día por traidora, apuntaba.
Un día, cuando preparaban la representación de El pato silvestre en la capital enemiga, estalló la guerra. Altavoz fue informado de esto en la cama de Violeta y de inmediato salió de entre las sábanas dispuesto a batirse contra el enemigo, con su pene como única arma si era necesario. Pero Clochard pidió calma, lo que siempre era muy efectivo, pues el tiempo que tardaba en pedirla ya sosegaba los ánimos. Había que actuar con cautela y regresar a su país con toda la información recopilada y, si era posible, con la compañía de actores en perfecto estado. Pero cómo regresar. Este debate fue interrumpido por la llegada de un alto funcionario del gobierno enemigo, que impuso un cambio en la función de esa noche: representarían una obra patriótica, explicó, para elevar el espíritu de la nación en estos momentos terribles en que nuestros jóvenes pierden la salud en el campo de batalla. Se cuadró y les dejó con el nuevo libreto, que era inadmisible: en él se hacía mofa y escarnio del país de Altavoz y Clochard. No podemos representar esto, dijo con firmeza Altavoz. Entonces seremos fusilados, gimió Violeta. Mejor fusilados que traidores, afirmó Altavoz, aunque Clochard meneó la cabeza en señal de desaprobación, ya que tenía planes para el futuro.
Finalmente, acordaron representar la obra patriótica, pero con matices. Salieron al escenario y llevaron a cabo un remedo de Romeo y Julieta en el que Altavoz pertenecía a un país y Violeta al otro. Al final, ambos morían trágicamente por culpa de una guerra absurda que, seguramente, era cosa de judíos, masones y comunistas. ¡Podíamos haber sido felices juntos, pero se impuso la conspiración judía mundial!, clamó Altavoz antes de expirar en brazos de Violeta. Bajó el telón, pero el público sólo murmuraba. De pronto, se levantó el Káiser en su palco y, con lágrimas en los ojos, empezó a aplaudir con fuerza. Todo el público se apresuró a imitar a su monarca. Los actores salieron a saludar y enseguida se firmó la paz entre las dos naciones, recibiendo Altavoz, Violeta y Clochard varias condecoraciones militares, así como importantes premios teatrales.
—Pero Clochard es tartamudo —adujo Altavoz—; ¿cómo va a hacerse pasar por actor?
—Podría hacer papeles mudos —contestó el enviado del gobierno—. O bien ser figurante.
Decidieron finalmente que sería mejor tapadera que Clochard fuera maquillador y bebieron toda la noche para celebrar el acuerdo. Al día siguiente, fueron contratados por la compañía teatral Luces de Bohemia y Moravia, que tenía una larga tradición admitiendo borrachos en sus filas, y partieron enseguida al extranjero. Entre ensayo y ensayo, Altavoz se enamoró de una bellísima actriz. Se llamaba Violeta, lo que le fascinaba. Tiene el nombre de un color, pensó. Luego se preguntó por qué no habrá chicas que se llamen Azul, por ejemplo. Aunque sí las hay llamadas Blanca. Chicas de colores, pero no las suficientes.
Mientras Altavoz se dedicaba a seducir a Violeta, Clochard redactaba detallados informes de las actividades de la ciudadanía enemiga. Era gente extraña, sin duda. Se empeñaban en hablar en otro idioma, en tener otras costumbres (muy raras), en rendir homenaje a otra bandera. A toda esta gente habrá que fusilarla algún día por traidora, apuntaba.
Un día, cuando preparaban la representación de El pato silvestre en la capital enemiga, estalló la guerra. Altavoz fue informado de esto en la cama de Violeta y de inmediato salió de entre las sábanas dispuesto a batirse contra el enemigo, con su pene como única arma si era necesario. Pero Clochard pidió calma, lo que siempre era muy efectivo, pues el tiempo que tardaba en pedirla ya sosegaba los ánimos. Había que actuar con cautela y regresar a su país con toda la información recopilada y, si era posible, con la compañía de actores en perfecto estado. Pero cómo regresar. Este debate fue interrumpido por la llegada de un alto funcionario del gobierno enemigo, que impuso un cambio en la función de esa noche: representarían una obra patriótica, explicó, para elevar el espíritu de la nación en estos momentos terribles en que nuestros jóvenes pierden la salud en el campo de batalla. Se cuadró y les dejó con el nuevo libreto, que era inadmisible: en él se hacía mofa y escarnio del país de Altavoz y Clochard. No podemos representar esto, dijo con firmeza Altavoz. Entonces seremos fusilados, gimió Violeta. Mejor fusilados que traidores, afirmó Altavoz, aunque Clochard meneó la cabeza en señal de desaprobación, ya que tenía planes para el futuro.
Finalmente, acordaron representar la obra patriótica, pero con matices. Salieron al escenario y llevaron a cabo un remedo de Romeo y Julieta en el que Altavoz pertenecía a un país y Violeta al otro. Al final, ambos morían trágicamente por culpa de una guerra absurda que, seguramente, era cosa de judíos, masones y comunistas. ¡Podíamos haber sido felices juntos, pero se impuso la conspiración judía mundial!, clamó Altavoz antes de expirar en brazos de Violeta. Bajó el telón, pero el público sólo murmuraba. De pronto, se levantó el Káiser en su palco y, con lágrimas en los ojos, empezó a aplaudir con fuerza. Todo el público se apresuró a imitar a su monarca. Los actores salieron a saludar y enseguida se firmó la paz entre las dos naciones, recibiendo Altavoz, Violeta y Clochard varias condecoraciones militares, así como importantes premios teatrales.
miércoles, 17 de abril de 2013
Marianne Jensen
Ayer estaba escuchando una versión de So long, Marianne y pensé que tuvo que ser muy bonito (y triste) para ella escuchar la canción original por primera vez. Pero también tuvo que ser raro oír la primera versión de otro cantante. ¿Por qué ese tipo que no conozco de nada canta sobre mí?, se preguntaría. Porque has dejado de ser una persona, Marianne. Ahora eres un símbolo y representas a muchas mujeres. Todos tenemos nuestra Marianne (algunos, varias) y tienes que entenderlo. Ya no es una canción sobre ti, salvo cuando la cante Leonard Cohen (y tampoco, que cada uno estará pensando en esa persona a la que, por un motivo u otro, dijo adiós).
martes, 16 de abril de 2013
Nosotros descubrimos internet
Y era un erial, se lo digo yo. Había que esperar largos minutos para bajarse una foto de Laetitia Casta y masturbarse se convertía en una actividad paciente. Y no se podía hablar con mujeres, era como un club masculino, un club en el que algunos hombres se hacían pasar por féminas en los chats para reírse de ti. Sin embargo, nos quedamos. Éramos jóvenes y optimistas y no nos asustaban las duras condiciones de vida. No es que le viéramos un especial potencial a la cosa, pero de alguna manera nos convencíamos de que saldríamos adelante e incluso, con suerte, llegaríamos a prosperar.
lunes, 15 de abril de 2013
La aventura de lo real
En otra realidad, todo salió según el plan: publiqué antes de los treinta, en una pequeña editorial que confió en mí. Ahí iba yo, paseando con orgullo en ese universo paralelo. Días de (pequeña) gloria. La satisfacción de encontrar mi libro en alguna oscura librería. Mamá, soy escritor. Yo haciéndome el interesante con alguna chica: porque mi libro esto, porque mi libro aquello. Ahora el libro estaría ya descatalogado y sería imposible de encontrar, lo que me parecería genial, pues pensaría: en el futuro será una obra de culto de lo más solicitada y se subastarán ejemplares por cantidades desorbitadas de dinero y blablablá (la imaginación desaforada tiene estas cosas). Pero esto es así en una realidad alternativa, repito. En la realidad oficial las cosas han salido de otro modo y ni siquiera voy a conseguir el objetivo de publicar antes de los treinta y cinco. No he convencido a nadie. A nadie le ha parecido lo bastante bueno mi rollo. O interesante. O comercial. Recuerdo ahora una cosa que hacía cuando me sentía solo en mis años de adolescencia y primera post-adolescencia: escribía y pensaba que, en fin, el talento podía salvarme. Porque yo era especial, claro. Artista. Y mi sufrimiento valía más que el de los demás, que para algo estaba mejor destilado. Qué consuelo más tonto, pero efectivo, encontraba en aquello. Ya no puedo engañarme con trucos baratos; he aprendido a tratarme como si fuera un borracho que aborda a los transeúntes para contarles delirantes hazañas: Claro, claro, ¿y después qué? Habrá que ir pensando en conseguirlo antes de los cuarenta, aunque sea por seguirme la corriente.
domingo, 14 de abril de 2013
Te llamo para recordarte
—Te llamo para recordarte —dice ella.
—Qué tontería —contesta él—. Si me llamas es precisamente porque me recuerdas.
—Pero no bien. Hay un vacío, una imagen desvaída que, creo, se parece a ti, pero cómo saberlo. Es como un cuadro que hay que restaurar y por eso te llamo, para devolver el recuerdo a su estado original.
—Imposible, yo tampoco soy el mismo de entonces.
—¿No?
—Claro que no: he cambiado, como todo el mundo. Y también tengo un recuerdo difuso de mí, seguramente muy poco fiel a la realidad. A ti por, el contrario, te recuerdo muy bien, aunque tampoco serás ya la misma, claro. Pero recuerdo bien la que eras; mucho mejor que el que fui, desde luego.
—Qué tontería —contesta él—. Si me llamas es precisamente porque me recuerdas.
—Pero no bien. Hay un vacío, una imagen desvaída que, creo, se parece a ti, pero cómo saberlo. Es como un cuadro que hay que restaurar y por eso te llamo, para devolver el recuerdo a su estado original.
—Imposible, yo tampoco soy el mismo de entonces.
—¿No?
—Claro que no: he cambiado, como todo el mundo. Y también tengo un recuerdo difuso de mí, seguramente muy poco fiel a la realidad. A ti por, el contrario, te recuerdo muy bien, aunque tampoco serás ya la misma, claro. Pero recuerdo bien la que eras; mucho mejor que el que fui, desde luego.
sábado, 13 de abril de 2013
La huella
Yo quería dejar huella en la vida de alguien, pero siempre fui de puntillas, por no hacer ruido. Me creía un ninja que se movía silenciosamente por la existencia de la gente, lo que era sin duda una equivocación: había que pisar con fuerza, como el caballo de Atila y que luego fuera fácil seguir mi sendero de destrucción. Pero lo entendí todo mal.
viernes, 12 de abril de 2013
El encuentro
—Buenas tardes, señorita. Soy extranjero en este país y no conozco la legislación amorosa, pero la amo. No sé si será un delito.
—Un poco: así, sin presentarnos.
—Nuestros nombres no son importantes, son tan sólo etiquetas. Y es mejor un amor sin etiquetas, ¿no cree?
—Las etiquetas son muy prácticas a veces: para saber la talla, por ejemplo.
—Le garantizo que doy la talla. Soy un tipo versado en las artes amatorias. Cinturón negro en coito, décimo dan.
—No sé yo si ese título está homologado por la federación internacional.
—Iba a ser un deporte olímpico, pero el Vaticano votó en contra. También Arabia Saudí.
—Un poco: así, sin presentarnos.
—Nuestros nombres no son importantes, son tan sólo etiquetas. Y es mejor un amor sin etiquetas, ¿no cree?
—Las etiquetas son muy prácticas a veces: para saber la talla, por ejemplo.
—Le garantizo que doy la talla. Soy un tipo versado en las artes amatorias. Cinturón negro en coito, décimo dan.
—No sé yo si ese título está homologado por la federación internacional.
—Iba a ser un deporte olímpico, pero el Vaticano votó en contra. También Arabia Saudí.
jueves, 11 de abril de 2013
101 días de 2013
Aquí, en la periferia de la literatura, en mi chabola mental. Hace un rato ha pasado un pájaro, yo lo he saludado. Desde aquí a veces se ve la ciudad, cuando la polución lo permite. Imagino en ella a los escritores de verdad: conduciendo cochazos de lujo, con estrellas de cine al lado y drogas de diseño en la guantera. Quizá el cuerpo de algún crítico en el maletero. Vete a la gran ciudad, hazte un nombre, susurra una voz en mi cerebro. O quizá haya sido esa rata de allí que me mira de forma insistente.
miércoles, 10 de abril de 2013
El hombre bala
Soy hombre bala y no sé hacer otra cosa. La vocación me viene de familia, pues mi padre también fue hombre bala y mi madre trabajaba como ayudante de un lanzador de cuchillos. Era lógico que se encontraran y de ese encuentro nací yo. Es común creer que esta disciplina se aprende por transmisión familiar, pero hay que formarse correctamente si uno quiere destacar en este arte. Yo estudié mucho: parábolas, física, leyes gravitatorias internacionales, etc. Me licencié con honores en Balística Humana por la universidad de Krupp. De nada me sirvió, claro, pues el mundo conspiraba contra nosotros. Primero, los pacifistas dijeron que había que abolir los cañones porque eran una imagen belicista y fálica. Probamos entonces con catapultas, pero no era lo mismo y encima seguían quejándose de que lanzar gente por los aires no era algo apropiado para los niños. Decidimos entonces hacer sesiones sólo para adultos, pero el público quería ver por los aires a alguna mujer ligera de ropa, no a un avezado hombre bala. Por otra parte, cada vez iba menos gente a los circos. Éramos fósiles de otra época, pero nos negábamos a verlo. Pronto estábamos todos en el paro (prueben a presentarse en la oficina de empleo y digan que buscan trabajo de hombre bala). He intentado desempeñar oficios criminales para subsistir: aprovechando la oscuridad, mis compinches dirigen el cañón contra un balcón al que me disparan para desvalijar el apartamento. Pero es todo demasiado aparatoso, siempre nos para la policía por llevar un cañón por la calle y no tener licencia de armas.
martes, 9 de abril de 2013
La mañana
Aprovechando el insomnio, salgo a pasear bajo la luz del amanecer. Me cruzo con personas que corren como si huyeran de alguna desgracia. El fin del mundo es madrugador, pienso. Pero no es así, es gente que hace deporte. Corren de forma sostenida para huir de los kilos de más, la mala salud, la vida estática de las estatuas. Todo eso ha quedado en la cama, parecen pensar mientras sudan. Nómadas de una hora en lucha contra el sedentarismo. Si yo pudiera dejar en la cama el insomnio y dormir mientras deambulo por las calles, pienso.
lunes, 8 de abril de 2013
El desvelo
Tiene el insomnio, aunque sea contradictorio, algo de ensoñación: la realidad aparece extraña, con los bordes difusos y uno se mueve en ella como dentro de melaza. También tiene mucho de fracaso, de no saber hacer bien las cosas, pues la idea era dormir, dormir mucho, incluso, y sin embargo la habitación se va llenando de luz sin que uno pueda hacer nada para remediarlo.
domingo, 7 de abril de 2013
Poemas para alcohólicos
Era un buen poeta, pero su timidez le impedía recitar en público. Temía el rechazo, el juicio severo, la crítica. Por eso, para estar en un entorno confortable donde no se juzgara a nadie, iba a las reuniones de alcohólicos anónimos y se hacía pasar por uno de ellos. Decía que escribía poemas como forma de terapia y preguntaba si podía leerles alguno. Ellos le animaban a ello, le daban palmaditas en la espalda y luego, invariablemente, aplaudían a rabiar sus versos.
sábado, 6 de abril de 2013
Verano
Treinta y ocho grados en la calle. Fiebre. Un perro ladra repetidas veces. Al rato, otro perro le contesta. Atiendo al diálogo de los perros oculto tras las persianas. Luego saco un refresco del frigorífico y me lo paso por la frente. La televisión está encendida, pero sólo emite estática. Fiebre en la calle, nieve en el televisor. Vuelvo a sentarme a esperar que pase algo. En un cajón tengo una foto de ella dormida y siempre la miro en silencio, como si temiera despertarla.
viernes, 5 de abril de 2013
El hombre que creía ser Paul Auster (6)
Ha sonado el teléfono esta mañana, pero no era Siri, sino mi agente. Quería advertirme de un suceso extraño: alguien se hace pasar por mí en internet. Al parecer, firma con mi nombre extrañas crónicas que los lectores toman por la vida real de Paul Auster. A mí todo esto, la verdad, me ha encantado. Siempre me ha interesado el tema de la identidad, si somos quienes somos o si en realidad somos el vecino y nos hemos equivocado de casa. Le he preguntado a mi agente si no podríamos contratar a esa persona para hacerse pasar por mí en eventos. De esa forma, le he dicho, ahorraríamos en seguridad y, en ocasiones especiales, podríamos hacer presentaciones en dos sitios distintos a la vez.
jueves, 4 de abril de 2013
La estabilidad institucional
Se tambalean las instituciones en este país, dicen los medios. «Lo que es un engorro para todos», declara un político; «sobre todo para los becarios, que no hacen más que derramar el café».
miércoles, 3 de abril de 2013
Por aquí se rompe España (2)
«Por aquí se rompe España», dice un honrado labriego mientras señala el suelo. «A mí me viene muy bien, pues así no tengo que roturar las tierras».
martes, 2 de abril de 2013
El lector anónimo
Con el espíritu del escritor primerizo, me pasé el otro día por una librería para disfrutar de la visión de Órbita 76 en sus estantes, pero habían vendido el ejemplar que tenían. Me pregunté entonces por ese lector anónimo. Quién sería, qué motivo le había llevado a adquirir el cómic, si nos conocía de algo o simplemente le había convencido la obra. Lo imaginé yendo por la calle con el cómic bajo el brazo, orgulloso de su compra. Seguro que era una buena persona, pensé, llena de virtudes.
lunes, 1 de abril de 2013
Ya se han acabado los mejores años
Ya se han acabado los mejores años. Lo han dicho en la tele, hace un momento. Han decidido anunciarlo de pronto, como quien se quita una tirita de un tirón para que duela menos. Todos teníamos planes y de repente hay que abandonarlos. Dicen que ya no pasará nada, que ocupemos nuestro tiempo de la mejor manera posible, que nos distraigamos de alguna manera, pues no queda nada por vivir. Podrían haberlo comunicado con antelación, pero no querían alarmar a nadie. Es mejor así, dicen, cuando ya es tarde.
domingo, 31 de marzo de 2013
Tú también podrías hacerlo
Tú también podrías hacerlo, me dice ella. Así que la pregunta es por qué no lo haces. Porque tienes excusas, claro. Dices que tú no funcionas así, que tú escribes de otras cosas, cosas raras que no le interesan a nadie. Pues es fácil: escribe de cosas que le interesen a otros. Ah, claro, es que entonces no te interesaría a ti, muy bien. Eres un egocéntrico y pretendes que la realidad se pliegue a tus intereses. Sigue intentándolo, sí, seguro que algún día se tendrá que rendir.
sábado, 30 de marzo de 2013
viernes, 29 de marzo de 2013
Alba, diez años después
A principios de los años noventa, teníamos a Kurt Cobain, a Michael Jordan, a Miguel Indurain. Después sólo nos quedó Jordan, que se retiró en 1998 con su sexto anillo de campeón de la NBA y, de alguna manera, terminaron los noventa. Ese año conocí a Alba, lo que supuso un momento fundacional de mi vida. Fue por ella por la que empecé a escribir «en serio» (y a fracasar en serio también). Fue por las ganas de ella, por acceder a ella, que me abrí al mundo, aunque el mundo me cerró sus puertas. La perseguí como un loco hasta finales del año dos mil y, un buen día, me dijo que también me quería. Así, sin más. Luego me acostumbré a estar con ella y no me parecía posible otra cosa. Recuerdo que, como un demente, iba de la más absoluta confianza a pensar cosas como: un día se dará cuenta de que es mucho mejor que yo y la perderé. En realidad, lo que me preocupaba era no moverme lo suficientemente deprisa en la vida, quedarme atrás mientras ella tomaba el mundo que por derecho le pertenecía. Qué de noches sin dormir por la idea de no estar haciendo las cosas lo bastante bien (podemos comprobar ahora, diez años después, que no era una idea descabellada, no). El 29 de marzo de 2003 me dijo que ya no estaba enamorada de mí y se acabó lo nuestro. De pronto, sin previo aviso. Es fácil hablar del dolor diez años después, pero entonces me era insoportable el peso de los días. Lloré, me quedé en los huesos, envejecí prematuramente. Tenía entonces veinticuatro años y la sensación de que la vida, sin duda, había terminado (jocosamente decía que todo lo que escribiera a partir de ese momento sería mi obra póstuma). Mantuvimos una sombra de amistad después, una amistad coja y contrahecha en la que ella actuaba como si nunca hubiera existido nada más y yo me dedicaba a reprocharle esta amnesia. Sin embargo, después hubo escarceos, conatos, tonteos. Yo sospechaba, me parecía que jugaba conmigo cuando se aburría o cuando pensaba que la sustituía por otra en mi panteón particular. Y debajo de todo esto estaba siempre presente la herida infligida. Sin darme cuenta, me había convertido en un cartesiano: dudaba metódicamente siempre que estaba con una chica. He estado con mujeres preciosas y fascinantes y nunca me lo creía: siempre pensaba que algo iba mal, que estaban fingiendo o algo así, como si recibieran dinero por estar conmigo o hubiera algún plan secreto para hacerme daño. O bien estaban equivocadas, no se habían dado cuenta de que yo era yo, indigno de ser amado. No sé, una locura total siempre oculta en el inconsciente y jodiendo a la confianza. El autosabotaje sempiterno. Las secuelas por las que culpar a Alba, pero esto en realidad era una tontería: Alba tenía veintiún años cuando me dejó, ¿qué sabía ella de nada? Aunque esto no lo vi hasta pasados bastantes años, cuando ya me había obsesionado con otras. Con Babeth, con María, con Susana, con Sonia (que en unos pocos meses se convertirá en mi relación más larga, quizá sí haya un orden cósmico después de todo). Pero ya sólo queda el vértigo de los años pasados. Eh, diez años ya, parece mentira, éramos tan jóvenes, éramos completamente otros y, sin embargo, creo que sigo siendo el mismo; al fin y al cabo, apenas he aprendido nada de la vida.
Michael Jordan, curiosamente, se retiró de forma definitiva en abril de 2003.
Michael Jordan, curiosamente, se retiró de forma definitiva en abril de 2003.
jueves, 28 de marzo de 2013
El abandono del humorismo
Últimamente sólo escribo cosas serias para los concursos. Me disfrazo, vamos. Me peino, me pongo corbata, me calzo unos zapatos tan bruñidos que reflejan la luz de esperanza de mis ojos. No les defraudaré, les digo, soy de fiar. Miren qué relatos les traigo, todos rollizos y criados de forma natural. Y tengo más en casa, si es que no les sirven estos, aunque estos se los dejo a muy buen precio.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Las lecturas poéticas
Sentado en una esquina en un recital poético. Esto es el anonimato, pienso. Toda esta gente existe en su imaginario colectivo. Yo soy un forastero, siempre lo he sido.
martes, 26 de marzo de 2013
Los fracasos tardíos
El atardecer inundaba el local con su luz de herrumbre mientras el señor Matías, al fondo, entre el sombrero y los zapatos, tomaba café. Pensaba en las oportunidades perdidas, pero le costaba recapitular. Han sido tantas, suspiraba; pero al suspirar derramaba el café, así que depositó la taza en la mesa. De pronto entró una bella señorita por la puerta de la cafetería (pues por la ventana habría sido «alunizaje») y todos los atrofiados sentidos de Matías se despertaron, incluso su sexto sentido: la premonición. Me hará feliz, pensó con una sonrisa. Aunque esto se lo decía el séptimo sentido: el autoengaño.
lunes, 25 de marzo de 2013
De la literatura de espías
Cuando escribo para concursos me siento como un espía que manda informes a su agencia de inteligencia, pues el texto sólo lo leerá el jurado y, en principio, jamás llegará al público. A veces me entran ganas de poner en la portada de los relatos, en letras rojas: «for your eyes only». Pero luego decido que no, que no tengo por aquí mujeres peligrosas ni martini con vodka.
domingo, 24 de marzo de 2013
It came from outer space
—Padre, ¿qué opina la Iglesia sobre la lluvia de meteoritos?
—Es un problema científico, no religioso. Ya pasó la época en que podríamos decir algo como que son las lágrimas de Cristo.
—Yo lo veo más como un asunto sexual, por eso le pregunto, que la Iglesia está obsesionada con la sexualidad.
—¿Un asunto sexual? ¿La lluvia de meteoritos?
—Claro. Mírelo así: la tierra es un óvulo y los meteoritos son espermatozoides que quieren fecundarlo.
—¿Qué?
—¡Imagine que en los meteoritos vinieran alienígenas! ¿Qué dice la Iglesia acerca de esto? ¿Podríamos defendernos de los extraterrestres matándolos o sería un aborto?
—Es un problema científico, no religioso. Ya pasó la época en que podríamos decir algo como que son las lágrimas de Cristo.
—Yo lo veo más como un asunto sexual, por eso le pregunto, que la Iglesia está obsesionada con la sexualidad.
—¿Un asunto sexual? ¿La lluvia de meteoritos?
—Claro. Mírelo así: la tierra es un óvulo y los meteoritos son espermatozoides que quieren fecundarlo.
—¿Qué?
—¡Imagine que en los meteoritos vinieran alienígenas! ¿Qué dice la Iglesia acerca de esto? ¿Podríamos defendernos de los extraterrestres matándolos o sería un aborto?
sábado, 23 de marzo de 2013
Dios
Dios te quiere, hermana. Está enamorado de ti, se obsesiona contigo, te sigue siempre a todas partes. Necesita que pienses en él a todas horas, igual que él piensa en ti. No puedes mirar a otro dios por la calle o te castigará, pero lo hará porque te quiere, porque es justo, porque es bondadoso.
viernes, 22 de marzo de 2013
La locura
En las entrevistas nunca digo la verdad cuando me preguntan por las cosas que me inspiran, que me importan, que me hacen escribir. Lo cierto es que me interesa la locura, la locura y nada más. Bueno, y los culos de las chicas, claro.
jueves, 21 de marzo de 2013
Una historia de amor
—¡Hola, Clara! ¿Qué tal?
—Perdona, ¿nos conocemos?
—Claro que nos conocemos: ¡fuimos novios en la adolescencia!
—A ver, hazme una sinopsis de nuestra historia de amor.
—¿Qué?
—Un resumen, que tengo prisa. Venga, rápido. ¿Fuimos felices? Yo diría que no, pues no te recuerdo y la adolescencia es una etapa importante en la vida de toda mujer. Tampoco pareces mi tipo, pero quizá te hayas ajado con los años (yo, como puedes ver, me mantengo en excelente forma). ¿Hicimos algo significativo? ¿Hubo conflictos en nuestra historia? Yo, como ya te he dicho, no recuerdo nada; seguramente fue otra historia banal más.
—Perdona, ¿nos conocemos?
—Claro que nos conocemos: ¡fuimos novios en la adolescencia!
—A ver, hazme una sinopsis de nuestra historia de amor.
—¿Qué?
—Un resumen, que tengo prisa. Venga, rápido. ¿Fuimos felices? Yo diría que no, pues no te recuerdo y la adolescencia es una etapa importante en la vida de toda mujer. Tampoco pareces mi tipo, pero quizá te hayas ajado con los años (yo, como puedes ver, me mantengo en excelente forma). ¿Hicimos algo significativo? ¿Hubo conflictos en nuestra historia? Yo, como ya te he dicho, no recuerdo nada; seguramente fue otra historia banal más.
miércoles, 20 de marzo de 2013
Poco a poco
Hace dos años, una editorial me pidió cinco mil euros para publicarme. Ayer, otra editorial me pidió dos mil euros a cambio de lo mismo. Es una mejora.
martes, 19 de marzo de 2013
Órbita 76
Ya es un hecho. Órbita 76, la obra con la que ganamos José Pablo y yo el Desencaja de cómic de 2012, está ya en librerías. Compradlo, que quizá no me publiquen nunca más.
lunes, 18 de marzo de 2013
Informe militar mensual
El balance de las operaciones militares, un mes después de iniciadas, es el siguiente:
—Se fijaron sesenta objetivos editoriales para ser tomados.
—Doce respondieron a los disparos y repelieron el ataque. El resto, dentro de sus confortables búnkeres, ni siquiera consideró necesaria una respuesta militar.
—El sentido común recomienda la retirada, pero el Alto Mando se muestra inflexible al respecto: «¡Ni un paso atrás!», reza la orden recibida hoy. «Los desertores serán fusilados». Estamos cavando trincheras, aunque el enemigo no da señales de moverse en esta dirección.
—Se fijaron sesenta objetivos editoriales para ser tomados.
—Doce respondieron a los disparos y repelieron el ataque. El resto, dentro de sus confortables búnkeres, ni siquiera consideró necesaria una respuesta militar.
—El sentido común recomienda la retirada, pero el Alto Mando se muestra inflexible al respecto: «¡Ni un paso atrás!», reza la orden recibida hoy. «Los desertores serán fusilados». Estamos cavando trincheras, aunque el enemigo no da señales de moverse en esta dirección.
domingo, 17 de marzo de 2013
El novelista en el castillo
Bajo la sombra ominosa de las murallas, se arrastra una figura encorvada. Es un novelista prematuramente envejecido que pide audiencia. Va a reclamar justicia, dice el brillo orgulloso de sus ojos. Ya es hora de exigir lo que es suyo, ha llegado el momento de romper las cadenas. Sin embargo, cuando lo llevan ante el gran señor, lo único que sale de sus labios es esto:
—Señor editor, le traigo un pollo, mi único pollo, para darle las gracias por tantos años de justo gobierno. ¡Me ha concedido tantas oportunidades! Mi mujer pregunta todos los días por usted.
—Señor editor, le traigo un pollo, mi único pollo, para darle las gracias por tantos años de justo gobierno. ¡Me ha concedido tantas oportunidades! Mi mujer pregunta todos los días por usted.
sábado, 16 de marzo de 2013
Microrrelato
Era una mujer tan pobre, que en el funeral de su marido se peinó el pelo por delante de la cara a modo de velo.
viernes, 15 de marzo de 2013
La lucha
Da un poco de pena cuando terminas un relato y lo envías a un certamen de literatura. Has cuidado de él, lo has entrenado con mimo para finalmente mandarlo a pelearse con otros relatos. Relatos despiadados con más experiencia. Y todo para nada, que la categoría de quince páginas de peso no tiene tanto interés. No es el campeonato de pesos pesados, que es donde está el dinero.
jueves, 14 de marzo de 2013
Volver a amar
En el tren, mira el reflejo de la ventana y durante un segundo piensa: qué mujer tan guapa es esa de allí. Luego se da cuenta de que está sentada junto a él, pues es su novia. «Te quiero», le dice sinceramente, enamorado de nuevo.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Una epifanía
—Padre, he visto a la Virgen.
—¿Cómo es eso?
—Yo estaba en mi cuarto, dormido, cuando de pronto todo se llenó de luz. Y ahí estaba ella.
—¿Qué te dijo?
—Me dijo que el mundo está lleno de pecado, padre.
—Claro, es así.
—Que tenemos que impedir que los maricas se casen o iremos al infierno.
—¡Eso es, eso es!
—Pues el verdadero matrimonio es entre un hombre y una mujer.
—¡Justo lo que digo siempre en misa!
—Luego me dijo que no hay nada más bello que la expresión del amor entre un hombre y una mujer.
—Exacto. Tenemos que llamar al obispado y contarles este milagro.
—Y entonces la Virgen empezó a quitarse la ropa.
—¿Qué?
—Se metió en la cama conmigo, me quitó los calzoncillos y...
—Espera, espera, es imposible que pasara todo eso.
—¡Tal y como se lo cuento, padre!
—Lo soñarías, hijo, lo soñarías.
—¿Cómo es eso?
—Yo estaba en mi cuarto, dormido, cuando de pronto todo se llenó de luz. Y ahí estaba ella.
—¿Qué te dijo?
—Me dijo que el mundo está lleno de pecado, padre.
—Claro, es así.
—Que tenemos que impedir que los maricas se casen o iremos al infierno.
—¡Eso es, eso es!
—Pues el verdadero matrimonio es entre un hombre y una mujer.
—¡Justo lo que digo siempre en misa!
—Luego me dijo que no hay nada más bello que la expresión del amor entre un hombre y una mujer.
—Exacto. Tenemos que llamar al obispado y contarles este milagro.
—Y entonces la Virgen empezó a quitarse la ropa.
—¿Qué?
—Se metió en la cama conmigo, me quitó los calzoncillos y...
—Espera, espera, es imposible que pasara todo eso.
—¡Tal y como se lo cuento, padre!
—Lo soñarías, hijo, lo soñarías.
martes, 12 de marzo de 2013
La influencia
Cuando me preguntan en las entrevistas por mis influencias literarias, siempre evito hablar de tu cuerpo.
lunes, 11 de marzo de 2013
Firmas
—Perdone, ¿puede firmarme su libro?
—Claro. ¿Qué le pongo?
—Ah, no, ya no quiero que me lo firme.
—¿Por qué no?
—Porque veo que no es usted un artista, sino que trabaja por encargo.
—Claro. ¿Qué le pongo?
—Ah, no, ya no quiero que me lo firme.
—¿Por qué no?
—Porque veo que no es usted un artista, sino que trabaja por encargo.
domingo, 10 de marzo de 2013
Estafando al mundo
—No te vas a creer lo que me acaba de pasar en la parada de autobús. Se me ha ocurrido una historia y tengo que contársela al mundo: es una necesidad vital.
—¿Pero la historia que se te ha ocurrido es real?
—No, es ficticia.
—Entonces eso sería como mentir.
—¿Pero la historia que se te ha ocurrido es real?
—No, es ficticia.
—Entonces eso sería como mentir.
sábado, 9 de marzo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
La ciudad
La ciudad siempre ha sido mía. Bueno, no, pero suena bien. Sería una excelente forma de comenzar una historia, aunque fuera una historia falsa como la mía. Porque ella no me quiso, así que tuve que inventarme nuestro amor, que jamás pisó estas calles, aunque a mí me gusta pensar que sí y que todavía se puede oír el eco de aquellos pasos imaginados cuando uno da un paseo al final de la tarde.
jueves, 7 de marzo de 2013
Las naranjas
Estaba yo esta mañana exprimiendo naranjas (con la idea de beberme luego el zumo resultante) y pensaba: eh, esto es una metáfora de tu vida. Pero mi vida no es tan dulce, me respondí enseguida. Mira, ahí has estado rápido de reflejos, concedí, la verdad es que lo que dan las naranjas de tu talento es más bien un icor. Sí, se me ha ido la vida en nada y no lo conseguiré. Esto es como la magdalena de Proust, pero viendo tu futuro en vez de tu pasado. Oye, pero Bolaño se tiró años antes que le hicieran caso. No vayas a comparar; además, eran otros tiempos: ahora hay internet, facebook, blogs. Sí, tienes razón. Pues claro que tengo razón; por cierto, cambia ya de naranja, que estás exprimiendo la cáscara.
miércoles, 6 de marzo de 2013
La marioneta
Conocí a mi marioneta en un mercadillo ambulante. Enseguida supe que no era una marioneta corriente, puesto que me miraba con un brillo notable de inteligencia en los ojos. El vendedor aseguró que eso era cosa del barniz, pero yo no me dejé engañar: era una marioneta sabia. La llevé a casa con el corazón en un puño, expresión que siempre me ha parecido desagradable, por lo que me di prisa en llegar. Senté a la marioneta en el sofá y le pregunté su nombre, pero no me dijo nada. Igual era una marioneta tímida, pensé. «La de cosas que habrás visto», le dije para empezar a hacernos amigos. «Yo también soy artista, ¿sabes? Y de los buenos, lo que pasa es que disimulo. Me pasa como a ti, que me puede la timidez». La marioneta no reaccionaba, algo estaba haciendo mal. ¿O acaso mentían todas esas historias de marionetas con vida? Porque lo cierto es que a mí me había parecido distinta y confiaba en mi criterio. Quizá era una marioneta autista, pensé, y decidí consultar cuanto antes a un médico.
martes, 5 de marzo de 2013
El blog fantasma
Si me muriera de pronto, sin avisar —como pasa a menudo con las muertes—, este blog se quedaría aquí, como un barco fantasma que recorrería eternamente la red. Sería un blog ya callado, lleno de historias muertas, sin ninguna catarsis. Quedaría inconcluso, no habría ninguna entrada final en la que me despidiera de mis lectores (los dos o tres) con una victoria redentora o la asunción por fin de la derrota. Quizá la última entrada hablara de alguna tontería (lo que es habitual aquí) y quedara una despedida propia de un gilipollas. O tal vez dijera algo como «hoy no me encuentro demasiado bien, pero tengo cosas importantes que decir; quizá mañana». Qué manera de mantener el suspense por siempre.
lunes, 4 de marzo de 2013
Más vida y miserias del ya no tan joven escritor tercermundista
Mi nuevo asalto al mundillo editorial empezó un lunes. Ya era hora, determinaron las fuerzas vivas de la nación, hace bastante tiempo de la última vez y quizá ahora caigan las defensas. En realidad, no se pareció a esto, sino a una horda bárbara que sin orden ni concierto se lanza contra un parapeto enemigo simplemente porque algo habrá que hacer antes de cenar. Le escribí a cincuenta y cinco editoriales, pero añadí otra unos días después para que no hubiera rima. Me respondieron once. Alguna se limitaba a reproducir el clásico mensaje de rechazo en el que me informaban de que tenían cerrado el catálogo para este año y el siguiente. Y los que vengan siempre que se trate de usted, les faltó añadir. Hubo una, sin embargo, que me envió una respuesta bastante extensa en la que se mostraban muy interesados en leer una novela mía. La novela, el Santo Grial, la piedra filosofal, la panacea. Valoré la posibilidad de improvisar una novela en una tarde, pero no parecía factible; ni siquiera tengo la barba de Dostoievski. Así que prometí intentarlo en el futuro, la vida es bastante larga. Casi tanto como una novela.
domingo, 3 de marzo de 2013
El final del amor
—Cuándo vas a escribir la novela —me pregunta mi mujer—. Antes siempre te las dabas de gran escritor, decías que serías el próximo Dostoievski y sin ser ruso, lo que tenía más mérito, pero no escribes una palabra desde hace meses.
—Es un proceso lento, hay que dejar madurar la idea.
—Creo que esa idea ya está podrida, ¿eh?
—No seas borde.
—A ver, cuéntame esa famosa idea.
—Pues... es una novela sobre parejas.
—Sobre las guarras de tus ex novias, seguro.
—No, no, sobre parejas anónimas. Una novela sobre el amor y su fin.
—¿El final del amor?
—El motivo, más bien.
—Vaya una mierda de novela, eso no le interesa a nadie. A estas alturas de la película. Tendrías que escribir, qué sé yo, sobre sexo, que está de moda. Sexo duro y violento. Con vampiros, a ser posible. Y zombis.
—Es un proceso lento, hay que dejar madurar la idea.
—Creo que esa idea ya está podrida, ¿eh?
—No seas borde.
—A ver, cuéntame esa famosa idea.
—Pues... es una novela sobre parejas.
—Sobre las guarras de tus ex novias, seguro.
—No, no, sobre parejas anónimas. Una novela sobre el amor y su fin.
—¿El final del amor?
—El motivo, más bien.
—Vaya una mierda de novela, eso no le interesa a nadie. A estas alturas de la película. Tendrías que escribir, qué sé yo, sobre sexo, que está de moda. Sexo duro y violento. Con vampiros, a ser posible. Y zombis.
sábado, 2 de marzo de 2013
Pollos
—Ayer mi abuelo estuvo matando pollos. Me dan muchísima pena. ¿Sabes cómo los mata? Les abre el pico y les mete un cuchillo.
—Bueno, un pollo faquir se salvaría.
—Bueno, un pollo faquir se salvaría.
viernes, 1 de marzo de 2013
La actriz
Yo no soy feliz, dijo la actriz al recoger el premio. Y no lo soy porque soñaba con otra cosa. ¿Saben ustedes que tuve que acostarme con el productor para conseguir este papel? Luego, cuando estuvo terminada la película, tuve que acostarme también con el director, que amenazaba con eliminar mis escenas del montaje final. Así que hoy se premia mi talento, pero para que ustedes pudieran juzgar mi talento antes tuve que acostarme con un par de seres despreciables; a uno de los cuales, por cierto, también han nominado ustedes. En su momento, tomé esas decisiones porque pensé que valdría la pena la recompensa, pero ahora que tengo el premio en las manos... tengo muchas dudas. Me pongo paranoica, no sé si se premia mi talento o si se corrió la voz y me premian como broma o como consuelo. No sé si se ríen ustedes de mí o si se solidarizan o si, podría ser, se reconoce de verdad mi trabajo como actriz. Es tan difícil saberlo.
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