lunes 28 de febrero de 2011

La esperanza es para quien se la puede permitir

Esto es un esfuerzo individual. Un esfuerzo individual encaminado a nada. No tiene objetivo. Se justifica por sí solo. Como el arte, pero sin serlo. Existe para existir. No hay más motivos.

domingo 27 de febrero de 2011

Tetas y culos

París, 1944. El despacho de ALBERT PUEL, editor de la revista Tetas y culos. PUEL se masturba vigorosamente mirando una foto que sujeta con la otra mano. De pronto, llaman a la puerta.
PUEL: Adelante.
Entra SANDRINE, una bella muchacha. PUEL deja de masturbarse, aunque parezca contradictorio esto.
SANDRINE: Buenos días. Venía a hablar con usted.
PUEL: No me digas más: eres una pobre chica recién llegada a París. Vienes de un pueblo de Bretaña y la vida en la gran ciudad es muy difícil. Por eso has decidido probar suerte en el maravilloso mundo del desnudo. Apoyo tu idea, chica. De hecho, habría que reprocharte que no lo hayas pensado antes. ¡Qué piernas! ¡Qué nalgas! ¡Qué pechos! Y eso que estás vestida.
SANDRINE: Gracias, creo. Pero no he venido para eso.
PUEL: No seas tímida, aquí estás entre pornógrafos.
SANDRINE: No he venido a posar desnuda. Soy de la Resistencia.
PUEL: ¿Eso qué es? ¿Feminismo avant la lettre?
SANDRINE: ¿Es que no lee los periódicos?
PUEL: Yo sólo leo pornografía, querida.
SANDRINE: Sabrá al menos que estamos ocupados por los alemanes, espero.
PUEL: Por supuesto, son mis mejores clientes. Unos auténticos degenerados, como tiene que ser.
SANDRINE: Precisamente de eso quería hablarle. La pornografía que usted publica es antipatriótica.
PUEL: ¿Qué? Eso es mentira. Todas mis modelos son chicas francesas.
SANDRINE: Sí, pero aparecen confraternizando con el enemigo. Mire, en el último número.
SANDRINE saca una revista del bolso y le muestra las páginas centrales.
PUEL: ¿Qué problema hay? Una chica guapa; normanda, si no recuerdo mal. Con tetas como obuses. Obuses franceses, naturalmente.
SANDRINE: Tiene el vello púbico recortado en forma de esvástica.
PUEL: Ah, eso. Un pequeño detalle sin importancia. Fue una petición de los lectores de la Gestapo, y la pornografía consiste en cumplir fantasías.
SANDRINE: No queremos ver esvásticas en los pubis de las mujeres francesas, sino cruces de Lorena o flores de lis.
PUEL: Eso sería pornografía subversiva y yo soy un pornógrafo decente. Además, la chica se llama Marianne, ¿eso no cuenta?
SANDRINE: Eso lo hace peor. Este desnudo es un acto de traición y la traición se castiga con la muerte.
PUEL: Me parece exagerado fusilar a la pobre chica: sólo tiene dieciocho años.
SANDRINE: Le fusilaríamos a usted, no a ella.
PUEL: ¿A mí? Esto es censura de la peor clase. ¡Ejecutado por publicar pornografía!
SANDRINE: ¡Pornografía colaboracionista!
PUEL: También eleva el ánimo de los franceses. Te lo digo yo, que soy francés.
SANDRINE: Usted se refiere a los penes franceses, aunque dudo que esta basura fascista los levante. Lo cierto es que desmoraliza a nuestros hombres y ofende a nuestras mujeres.
PUEL: Vale, está bien, me rindo. Rectificaremos la línea editorial, ¿te parece bien?
SANDRINE: Qué menos.
PUEL: Bien. Ven el miércoles y te haremos unas fotos.
SANDRINE: ¿Qué? ¿Cómo dice?
PUEL: Es la mejor solución, ¿no crees? Una chica patriótica, de la Resistencia. Eso elevará el ánimo de los franceses, ¿no?
SANDRINE: Pero yo...
PUEL: Piensa que es por Francia.
SANDRINE: Por Francia...
PUEL: Eso es. Ya que estás aquí, podrías desnudarte. Así vemos el material.
SANDRINE duda unos instantes, pero acaba quitándose el vestido. Cae el telón, lo que provoca las protestas del público.

sábado 26 de febrero de 2011

Jaculatoria

Creo en ti, que existes y la chupas bastante mejor que Dios.

viernes 25 de febrero de 2011

La mirada del artista

La señora Yamenaskaia, la casera, le conminó nuevamente a pagar el alquiler de ese mes o lo denunciaría a las autoridades de Sífilis. Georg Kaminski, que aquella mañana se había levantado con una poderosa resaca, contestó como solía hacer: dándole largas. Sí, señora Yamenaskaia, estoy esperando un giro postal, no tardaré en pagarle, pero piense que todos somos camaradas, qué diría el Camarada Mayor si viera que no nos ayudamos entre nosotros, sí, por supuesto, le pagaré en cuanto tenga el dinero, se lo aseguro.
Y la cuestión quedaba zanjada por el momento, como de costumbre.
Kaminski no tenía dinero, ésa era la verdad. Ni para pagar el alquiler de ese mes ni para el alquiler de cualquier época del año. No tenía dinero porque no trabajaba, y no trabajaba básicamente porque no creía en la ética del trabajo. Creía en otras cosas. En el arte, que para él era un constructo un tanto difuso. El arte es la vida bohemia, contestaría él si le preguntaran. Y la vida bohemia es no dar golpe, añadiría después. Filosofía que él seguía a rajatabla, pero de un modo natural: había descubierto con regocijo que no era necesaria una fuerte autodisciplina para no levantarse de la cama.
Sin embargo, la amenaza de su casera no era algo a tomar en broma. La arpía podía crearle graves problemas. Bien podría ser que un día la vieja se cansara de tanta demora en el pago y le denunciara por vagancia, que era una actividad contrarrevolucionaria. Los trabajadores han de trabajar, por definición. Qué hacer, se preguntó Kaminski en la soledad de su cuarto. «Trabajar» parecía la respuesta obvia. Pero el empleo que buscar no era tan obvio.
Decidió probar en lo suyo, que era una vida dedicada al arte. Se dirigió a la Oficina de Orientación Laboral, donde le dijeron que ya tenían ocupados todos los puestos de diletantes. Sífilis era una ciudad pequeña, lo había sido siempre, desde su refundación por parte de caballeros cruzados que se dirigían a Tierra Santa y acabaron desembarcando en un villorrio a orillas del Mar Negro. Con diez diletantes había bastante, le dijeron. Él insistió: podría hacer sustituciones, dijo. ¿Y si algún diletante se ponía enfermo? Él podría desempeñar su labor mientras aquél estuviera de baja. El funcionario que atendía a Kaminski aplaudió su disposición, pero le informó de que no había presupuesto. Claro que si no le importaba trabajar gratis... Kaminski —cuyo amor por el trabajo, como se ha dicho, era de lo más interesado y repentino— declinó la oferta con la mejor de las sonrisas.
Sin embargo, había vacantes de informadores, le dijo el funcionario. Siempre hay que informar. ¿Informadores?, preguntó Kaminski, ¿quiere decir soplones? Eso es, confirmó el funcionario. ¿Y qué tiene de artístico eso?, preguntó Kaminski. Bueno, respondió el funcionario, un buen soplón siempre adorna sus informes. ¿Acaso no es un arte fabular? Kaminski tuvo que admitir que sí, que un buen artista está siempre dispuesto a la farsa y la invención y que quizá sería un buen aprendizaje delatar a sus conciudadanos.
El funcionario le hizo firmar un contrato a Kaminski y acto seguido le entregó su placa de soplón, para que pudiera identificarse ante las autoridades en caso de ser necesario.
Investido de su nueva y secreta autoridad, Kaminski salió a la calle. De pronto lo veía todo con otros ojos, ojos de delación. Ese borracho que duerme en el banco del parque bien podría ser un espía, se decía. Esa mujer que empuja el carrito de bebé podría estar conspirando para derrocar el gobierno. Quizá el bebé es el cabecilla de un grupúsculo terrorista. E iba redactando mentalmente informes sobre el semillero de contrarrevolución que de súbito le parecía la ciudad de Sífilis.
Primero denunció a su casera. El delito: alta traición. En su informe explicaba que la había descubierto rezando para que las condiciones del país mejorasen. Puede que sus intenciones fueran buenas, sí, pero era innegable que había estado conspirando con un poder extranjero y hostil como era Dios para que cambiara la nación. Los cambios en el país, por nimios que fueran, eran competencia del Camarada Mayor; si había que rezar a alguien, claramente era a él.
Luego denunció a los artistas de la ciudad por crear un arte degenerado y contrario a los principios de la revolución. El arte ha de ser revolucionario o no ser, escribió en su informe, que fue muy bien recibido por las autoridades, que por otra parte entendían que el gasto en artistas era desmedido. Quién quiere poesía cuando hace falta hormigón, pensaban.
Kaminski se había librado de sus principales enemigos, pero todavía quedaban muchos. Cada día le parecía tener nuevos. Ese vecino con halitosis que tanto asco le provocaba al cruzarse con él en las escaleras y tener que atravesar los miasmas que salían de su boca: higiene reaccionaria. Esa florista que rechazaba sus avances románticos: terrorismo sentimental. Alguien que cometía la osadía de cuchichear cerca de él: conspiración.
Kaminski pronto empezó a obsesionarse con los otros informadores. ¿Quiénes serían los otros soplones? ¿Los conocía? ¿Inventarían embustes sobre él? Todos son el enemigo, pensó, y quien golpea primero, golpea dos veces. Así que durante meses se dedicó a redactar informes de todos los ciudadanos. Denunció a la ciudad en pleno, pero no como masa, no como quiste canceroso que hubiera que extirpar del Estado, sino a cada uno de los habitantes de la ciudad como individuos. Todos tenían algún delito en su haber, arguyó. Todos menos él, que era el faro moral de la ciudad, el paladín de la justicia y del Camarada Mayor. Hubo multas, deportaciones, encarcelamientos, ejecuciones. Todos los ciudadanos pasaron a ser considerados enemigos del Estado.
Kaminski fue felicitado por su celo extremo en el cumplimiento del deber y condecorado por el mismísimo Camarada Mayor. Se sentía muy orgulloso de su trabajo, declaró Kaminski, pues pocos artistas pueden hacer de su ciudad natal una obra de arte de rectitud y orden social.

jueves 24 de febrero de 2011

La renuncia

En realidad, renunciar a algo que no se puede tener es un gesto absurdo. Digamos que renuncio a la Luna. Digamos que renuncio a ser campeón olímpico. Digamos que renuncio a vivir mil años. La diferencia, por supuesto, es que uno a veces cree en ello y se aferra a la idea. Como me pasaba contigo. Porque estaba loco, supongo. Así que renunciar a la idea de ti es renunciar a la locura.

miércoles 23 de febrero de 2011

El golpe

Sesión en el Parlamento. Tiene la palabra un DIPUTADO.
DIPUTADO: Por eso considero que los productos lácteos han de ser consumidos sólo en septiembre. Delenda est Carthago.
Entra un CORONEL seguido de varios SOLDADOS.
CORONEL: ¡Quieto todo el mundo!
Los diputados levantan las manos. El PRESIDENTE DEL CONGRESO habla por el micrófono.
PRESIDENTE DEL CONGRESO: ¿Es un atraco?
CORONEL: No, un golpe de Estado.
PRESIDENTE DEL CONGRESO: Ah, perdone, es la costumbre. Ya sabe, después de «quieto todo el mundo» suele ir: «esto es un atraco» Y el caso es que me he dejado la cartera en casa.
SOLDADO1: ¿Mato al Presidente, mi coronel?
CORONEL: No seas animal.
DIPUTADO: Oiga, que tenía yo el turno de palabra.
SOLDADO1: ¿Mato al diputado, mi coronel?
CORONEL: A lo mejor luego.
DIPUTADO: Bueno, bueno, cedo la palabra. Ya había terminado, en realidad.
CORONEL: Bien, escuchen atentamente, pues sólo lo diré una vez. Esto es un golpe de Estado. No se preocupen, lo hemos planeado todo al detalle, aquí no se improvisa nada. Es por eso que han de permanecer en silencio: para que no improvisen, ya que no se saben ustedes sus papeles.
SOLDADO2: Yo sugerí que ensayáramos con ustedes, pero el coronel opinó con buen criterio que eso haría que el golpe peligrara.
CORONEL: Efectivamente. Así que van a estar ustedes tranquilos y nos van a dejar actuar a nosotros, ¿de acuerdo?
DIPUTADO CON BIGOTE: Yo hice teatro en la universidad, ¿no puedo participar?
CORONEL: Si no tuviera usted bigote, ahora mismo le haría fusilar.
El DIPUTADO CON BIGOTE se sienta, amedrentado. Un DIPUTADO COMUNISTA se levanta y va hacia la salida.
CORONEL: ¡Usted! ¿Dónde cree que va?
DIPUTADO COMUNISTA: Hago mutis, para añadir dramatismo a la escena.
CORONEL: Ya lo ha estropeado al hablar, así que vuelva a su escaño.
El DIPUTADO COMUNISTA vuelve a sentarse.
CORONEL: Ahora vamos a esperar a que se presente la autoridad competente.
PRESIDENTE DEL CONGRESO: Autoridad militar, supongo.
CORONEL: En parte. Esperamos a la autoridad divina.
PRESIDENTE DEL CONGRESO: ¿Cómo dice?
CORONEL: Obedecemos la voluntad del Señor, que no quiere que el país esté en manos de filibusteros, maoístas, sodomitas, paganos, antitaurinos y demás gente de mal vivir.
PRESIDENTE DEL CONGRESO: ¿Entonces vamos a esperar a Dios o qué?
CORONEL: Esperamos la Segunda Venida de Cristo, eso es.
El PRESIDENTE DEL CONGRESO se vuelve hacia uno de los secretarios.
PRESIDENTE DEL CONGRESO: Martínez, haga café.

martes 22 de febrero de 2011

Los amores disfuncionales

Me escribe una chica de mi pasado para que la eche de menos a ella y no a otra. Es otra forma de tener una relación, pienso.

lunes 21 de febrero de 2011

Lao-Tsé y su fabuloso búfalo

Me despierto tarde, agotado por el insomnio. Tendido todavía en la cama, me acuerdo de pronto de una cosa. Me acuerdo de un día que me levanté tarde con ella, y es un recuerdo claro, como si hubiera pasado ayer y no hace tres años. Ella llevaba sólo un camisón negro, nos tumbamos en el sofá después de comer y cogí un libro que había sobre la mesa. Era el Tao Te Ching (de uno de sus compañeros de piso). Me puse a leer en voz alta varias cosas del prólogo y ella se reía, sobre todo con una frase que hablaba de «Lao-Tsé y su fabuloso búfalo». Y no sé por qué me acuerdo de repente de todo esto. ¿Será la falta de sueño, que me devuelve recuerdos? Porque luego me acuerdo con nitidez de un beso que me dio cerca de su casa. Ella, que siempre alegaba no saber besar bien. Y me levanto de la cama porque pensar en todo esto me está haciendo un daño terrible.
Luego, por la tarde, me empiezan a llegar mensajes al móvil. Son de ella, pero los mensajes están en blanco. Su móvil se ha vuelto loco, pienso. O será que el Tao trata de decirme algo.

domingo 20 de febrero de 2011

Lo tangible

Escribo para escapar de todo esto, pero no funciona. Daba mejor resultado tu cuerpo.

sábado 19 de febrero de 2011

Y no es amor

Y no es amor, me digo, pero tendría que serlo. Por todo lo que escribiré de ella. Y no es amor, repito, aunque podría serlo. Por los pasos de baile que dimos en la cocina. Por su forma de abrazarme «por el frío». Por todo.

viernes 18 de febrero de 2011

Mamadas

HOMBRE1: Me encanta que me la chupen.
HOMBRE2: Se creerá usted muy original.
HOMBRE1: ¿A usted también le gusta?
HOMBRE2: Naturalmente.
HOMBRE1: Sí, el francés natural es lo mejor.
HOMBRE2: Bueno, sí, también.
HOMBRE1: ¿Sabe usted algo que no soporto?
HOMBRE2: Dígame.
HOMBRE1: Cuando una mujer se las da de experta en las artes de la felación, llegando a afirmar que le encanta hacerlo, y luego, a la hora de la verdad, te dice que nada de correrte en su boca, que le da mucho asco.
HOMBRE2: Vaya. Es una desilusión importante, claro.
HOMBRE1: Más que eso: es incoherente. Es como afirmar que eres un gran director de cine y descuidar siempre el final de la película.
HOMBRE2: Entiendo.
HOMBRE1: No todo es técnica, también es importante la actitud. El mensaje. La felación es un arte complicado.
HOMBRE2: ¿El mensaje de la mamada?
HOMBRE1: Claro, hay un mensaje: «me encanta tu polla». Es lo que quiere ver uno en la mirada de la mujer. «Me encanta tu polla, sin condiciones». Es como el amor, pero mejor.
HOMBRE2: Es usted un romántico.
HOMBRE1: Un poco.

jueves 17 de febrero de 2011

El día de los desenamorados (y 4)

Una chica y un chico en un sofá. Son VIOLETA y DEMETRIO.
VIOLETA: Demetrio...
DEMETRIO: Ya, ya lo sé: que ya no me quieres.
VIOLETA: Exacto, eso es.
DEMETRIO: Siempre igual.

miércoles 16 de febrero de 2011

El día de los desenamorados (3)

Una chica y un chico en un sofá. Son VIOLETA y DEMETRIO.
VIOLETA: Demetrio, ya no te quiero.
DEMETRIO: ¿Así, de repente?
VIOLETA: No exactamente. He encontrado la solución al problema hoy, pero me ha costado años.
DEMETRIO: ¿Qué?
VIOLETA: Cariño, si me matriculé en matemáticas fue precisamente para determinar de forma objetiva cosas como nuestro amor. Y resulta que no te quiero.
DEMETRIO: ¿Y no podrías estar equivocada?
VIOLETA: Compruébalo tú mismo; las matemáticas no mienten.
VIOLETA saca de detrás del sofá una pizarra y se la da a DEMETRIO, que la mira durante unos segundos. Luego la muestra al público. Está llena de fórmulas matemáticas.
DEMETRIO: ¿Ustedes entienden algo?

martes 15 de febrero de 2011

El día de los desenamorados (2)

Una chica y un chico en un sofá. Son VIOLETA y DEMETRIO.
VIOLETA: Demetrio, ya no te quiero.
DEMETRIO: ¿Así, de repente?
VIOLETA: Sí, me he dado cuenta hace un momento.
DEMETRIO: Igual es por algo que has comido.
VIOLETA: No creo. El desamor me ha golpeado, sin más.
DEMETRIO: Me parece que es a mí a quien golpea, la verdad.
VIOLETA: Lo siento.
DEMETRIO: Ya. ¿Y ahora qué?
VIOLETA: No sé, ¿cuál es el protocolo de ruptura?
DEMETRIO: Creo que tenemos que dejar de hablarnos. Y de vernos.
VIOLETA: Qué triste, ¿no?
DEMETRIO: Sí.
VIOLETA: ¿Y si celebramos el día de los desenamorados?
DEMETRIO: ¿Eso qué es?
VIOLETA: Una compensación. Porque quiero que me recuerdes siempre con una sonrisa.
VIOLETA se arrodilla ante DEMETRIO y le abre la bragueta. Se escuchan murmullos entre el público. VIOLETA saca el pene de DEMETRIO y le hace una mamada. La policía detiene la obra.

lunes 14 de febrero de 2011

El día de los desenamorados

Una chica y un chico en un sofá. Son VIOLETA y DEMETRIO.
VIOLETA: Demetrio, ya no te quiero.
DEMETRIO: ¿Así, de repente?
VIOLETA: Más o menos. En algún momento inicié el proceso de dejar de quererte, pero no recuerdo cuándo fue.
DEMETRIO: Inténtalo; quizá pueda arreglarlo entonces.
VIOLETA: Ya no tiene remedio. No se puede volver atrás.
DEMETRIO: ¿Y si invento una máquina del tiempo?
VIOLETA: Bueno, entonces sí.
DEMETRIO: Pues dime el momento en que empezó a estropearse todo.
VIOLETA: Creo que era jueves.

domingo 13 de febrero de 2011

El desamor

Querida:
Me interesaba la posibilidad.
Besos.

sábado 12 de febrero de 2011

El espejismo

A veces, cuando voy por la calle, creo que voy a encontrarme contigo. Por suerte, se me pasa enseguida.

viernes 11 de febrero de 2011

Capítulo 2326

Siempre me como mi dolor solo. Es lo que hago. Quizá porque es lo que nos enseñan a los hombres desde pequeños: hay que ser fuerte, hay que aguantar, hay que superar las cosas. La vida es una competición de largo recorrido. No sé. Pero yo a veces no puedo con esto. No sé cómo solucionarlo. Apretar los dientes y mirar a otro lado. A veces funciona. A veces no. Siempre está la herida ahí, latente. Y duele cuando va a llover o algo así. Es una herida mal curada, nunca se cierra. Pero hay que hacer como que no importa. Disimular. Intentar engañarse. Autohipnosis.

jueves 10 de febrero de 2011

Last days of pottery

París (esto se sabe porque en el decorado está dibujada la Torre Eiffel). Hay un banco en el centro del escenario; en él están sentados el POETA y el ENTERRADOR. El poeta lleva una boina francesa y fuma compulsivamente. El humo es una metáfora del desarrollo salvaje de la sociedad occidental y la consiguiente polución, aunque esto es algo que ignora el público. Sin embargo, la subvención fue concedida a la obra porque este aspecto ecologista se desarrollaba profusamente en el dossier presentado al Ministerio. Una vez dicho todo esto (que el público sigue ignorando), empieza la acción.
POETA: La vida es como un perro que me muerde los tobillos... cuando voy a pasearlo.
ENTERRADOR: Un poco flojo, ¿no?
POETA: Todavía estoy trabajando el poema. El poema es como una mujer: puede no ser la cosa más bonita del mundo, pero si se maquilla bien...
ENTERRADOR: Qué romántico.
POETA: El romanticismo está demodé, amigo. Ahora hay que deconstruir el poema. Sumo un verbo y resto seis adjetivos. Me como un verso y cuento veinte. Y un treinta por ciento más de referencias al pene del autor.
ENTERRADOR: No sé si yo, como lector, quiero saber de la polla del autor.
POETA: Ah, pero el lector sólo existe para molestar. El lector está ahí fuera y se niega a comprar los libros del autor. Hay que hipnotizarlo. Hay que conquistarlo. Hay que violarlo, si se pone farruco.
ENTERRADOR: Es usted muy violento.
POETA: No es culpa mía, el lector es el enemigo. Es una lucha entre ellos y nosotros por su dinero. Bueno, y por su atención. ¿Qué hacen viendo la tele, por ejemplo? Que me vean a mí, que estoy fumándome un cigarrillo con este aire de perdición tan interesante y, sin embargo, no me mira nadie.
ENTERRADOR: Si usted lo dice.
POETA: Efectivamente, si yo lo digo, que para algo soy poeta. ¿A qué se dedica usted? Tiene también aspecto de derrota, como si no durmiera bien por las noches.
ENTERRADOR: Me paso el día en el cementerio.
POETA: ¿Como Edgar Allan Poe?
ENTERRADOR: No, soy enterrador.
POETA: Menos mal, que le repito que el romanticismo ya no se lleva. Ahora el poema ha de ser urbano. Ha de ser un perro callejero. Un perro callejero que me muerde los tobillos... cuando voy a patearlo.
ENTERRADOR: Sigue siendo bastante flojo.
POETA: Todavía no lo he terminado. Dígame, ¿entierra usted mucho?
ENTERRADOR: Todos los días muere alguien.
POETA: Sí, es una pena. Cada muerto es un lector menos. Ah, si los muertos leyeran. Si los muertos acudieran a lecturas de poesía... serían un público muy educado, escuchando en completo silencio.
ENTERRADOR: Pero no aplaudirían.
POETA: Uno podría convencerse de que es porque la emoción les embarga.
ENTERRADOR: Como Hacienda.
POETA: ¿Seguro que no es usted poeta?
ENTERRADOR: Yo no sé nada de versos.
POETA: No hace falta, todo es pura actitud. Yo me levanté una mañana y decidí que sería poeta. Mi padre quería que fuera ingeniero, imagínese. Y qué pasa con la gloria, le dije yo. Él entonces me habló de facturas o algo así. Facturas. No las fracturas del alma, sino las facturas. El poema es una factura, contesté yo, una factura que le muerde los tobillos a la sociedad y...
ENTERRADOR: Está usted obsesionado con tobillos que son mordidos.
POETA: Es la idea central del poemario que estoy escribiendo: Last days of pottery.
ENTERRADOR: Será poetry.
POETA: Sí, eso acabo de decir. Me gusta escribir de perros. Y de tobillos. Y de perros que muerden los tobillos. Y de los tobillos de los perros, aunque algo menos. Nadie se fija en los tobillos de los perros, como si no existieran. Yo estoy en el mundo para solucionar esto.

miércoles 9 de febrero de 2011

Síntesis

Escribo sin esperar nada. Lo mismo me pasa con el amor.

martes 8 de febrero de 2011

Encuentro telepático e intergaláctico de individuos elegidos al azar

Cuando cuente hasta diez, estarán en Europa.
Concretamente, en Rumanía, deportados por Sarkozy. Pero enseguida nos marchamos, antes de que nos roben todo lo que llevamos (aunque seamos sólo ectoplasmas). Cerramos los ojos, golpeamos los botines de rubíes y estamos en la Luna. Eso de la derecha es el universo. Eso de la izquierda es un cráter. Si avanzamos unos metros, nos encontramos un monolito negro. Es una señal. Una señal de tráfico. Circulen con cuidado. No queremos accidentes. No queremos problemas con el seguro.
Ahora estamos en lo oscuro, como en los bares. Pueden aprovechar para intimar. Eso sí, piensen que están siendo observados por la inmensidad del infinito. Y por los emisarios de Xenu, que no se pierden nada. Ahora mismo nos están viendo en lejanas civilizaciones. En horario de máxima audiencia. En alta definición. Con subtítulos. Somos como Belenes Esteban interplanetarias.
Pero nos marchamos antes de que traigan sondas anales.
Viajamos ahora a la velocidad de la luz. Recuerden que tenemos bolsas para el mareo. Si miran a la derecha, no verán nada. Si miran a la izquierda, tampoco verán nada. Pero nos detenemos un momento junto a trece millones de naves. Esto es el centro del universo. De ahí el atasco de tráfico. El gobierno no hace nada. La culpa es de ZP.
Ahora somos uno con el universo. Eso que sienten no es ardor de estómago: son supernovas. Ya hemos llegado. Fin de trayecto. Disfruten de su estancia. Procuren no tocar nada.

lunes 7 de febrero de 2011

Cosas mientras María fuma

De: Míchel Noguera
Para: Míchel Noguera
Fecha: 14 de enero de 2010 04:25
Asunto: Cosas mientras María fuma

María y sus andares felinos (que no gatunos, que suena peor). Su cuerpo de bailarina, que viene muy bien tenerlo cerca en noches frías, como tantas vividas sin ella (y otras cursilerías). Claro que ella permanece ajena a todo esto que escribo, pues lee ahora a Vila-Matas mientras fuma con su elegancia característica (y eso que a mí no me gustan las chicas que fuman).

domingo 6 de febrero de 2011

Sonia

Mario conoció a Sonia en una panadería. Ella había pedido una hogaza de pan moreno y llevaba una falda roja. Enseguida, Mario supo que estaba en un momento fundacional de su existencia. Aquello era el amor, se dijo. Henchido de este nuevo sentimiento, se acercó a ella y le preguntó su nombre. Ella, muy educada, se lo dijo. Acto seguido, Mario le declaró el amor sincero que es propio de los locos. Ella, no obstante, mantuvo la educación y le indicó que su historia era imposible, pues no se conocían de nada; luego abandonó la panadería, llevándose con ella la hogaza de pan moreno, la falda roja y el corazón de Mario, que, desolado, la vio marchar, quizá para siempre.
Mario se encerró en la soledad de su casa y en unos recuerdos que fue inventando del amor que pudo haber sido. Como terapia, decidió poner por escrito sus sentimientos. Así nació Una vida sin Sonia, libro que pronto se convirtió en fenómeno literario y social. Quién era Sonia, se preguntaban los críticos. ¿Era real o era una metáfora de la ilusión por vivir? Dónde estaba ella, debatían los tertulianos en programas de televisión. Falsas Sonias aparecían de tanto en tanto en portadas de revistas, pero nunca lograban convencer al público. «Todas somos Sonia», estuvo a punto de ser el lema de una campaña publicitaria de compresas, pero Mario lo evitó con una demanda.
Finalmente, un periodista dio con Sonia. Llevaba la falda roja, aunque esta vez iba sin hogaza de pan bajo el brazo. «Sonia, ¿por qué no quieres a Mario?», fue la pregunta que el periodista le hizo a la atónita muchacha. Pronto, su casa estuvo asediada por decenas de periodistas que la abordaban cada vez que intentaba salir. También se reunieron cientos de manifestantes frente a su hogar para pedir que le diera una oportunidad a Mario. «Sonia, ¿cómo puedes permanecer impasible frente a un amor así», decía una pancarta. «¿No has leído el libro, Sonia?», decía otra. «Sonia y Mario forever and ever», decía otra más.
No fue la presión popular la que directamente hizo que Sonia le diera una oportunidad a Mario, sino la familiar. Su padre sufría del corazón y todo aquel revuelo le venía fatal, así que Sonia anunció ante los medios que quería verse con Mario en un restaurante romántico, para cenar. La noticia abrió todos los telediarios de aquel día y la Bolsa registró una importante subida. Aquella noche, cuando Sonia y Mario entraron en el restaurante, los presentes se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Como en las películas, pensó Sonia. Durante la cena, todas las miradas estaban clavadas en ellos, que se derramaban la sopa constantemente, nerviosos ante tal escrutinio. La experiencia fue un desastre para Sonia, pero no sólo por esto: resultó que no tenían nada en común. A él le gustaban los perros, ella era de gatos; él era dualista, mientras que ella creía que el hombre está compuesto de una única sustancia; a Mario le gustaba veranear en la playa, Sonia prefería pasar el verano en el campo, en el pueblo de sus abuelos. Cuando salieron del restaurante, Sonia tenía planeado decirle a Mario que era mejor que fueran sólo amigos, pero en ese momento se acercaron unas chicas que, con lágrimas de emoción, les dijeron: «gracias a los dos por este amor». Sonia decidió que la ruptura tendría que esperar.
Pero nunca pudo romper con Mario. Había tanta fe puesta en ellos, en ella. Su amor era un ejemplo para todos los demás, una prueba de que el cinismo no se había apoderado de todo. Hay esperanza para todos nosotros, decía la gente. Sonia se guardó su infelicidad, su absoluta incompatibilidad con Mario. Se dijo que tenía que intentarlo. Por la presión de la sociedad. Tenía que honrar ese amor por todo el romanticismo del mundo.

sábado 5 de febrero de 2011

La experiencia

Hay una verdad en todo esto, una lección vital, pero siempre se me escapa.

viernes 4 de febrero de 2011

Un poeta

Ya está a la venta el nuevo poemario de Jimbo S. Fuller, poeta de Wisconsin que llamó la atención de la modernidad con su primera obra: Stalingrado está entre tus muslos. El nuevo poemario, editado por la Asociación Literaria de Pinares de Entretiempo, en Murcia, se titula: No me llames a casa, que he salido. Se trata de una obra de rebeldía juvenil, de rabioso inconformismo, de versos inconclusos porque «tenía algo mejor que hacer», como confiesa el autor en la nota a pie de página del poema Ya sé que estoy borracho. El poeta, que a sus cincuenta años se declara un romántico vocacional, desgrana el idealismo amoroso en versos como: «Y no te digo que no / ni que sí / pero me voy a la cama». En las mejores librerías, sólo siete euros.

jueves 3 de febrero de 2011

Suena el teléfono

Suena el teléfono, pero el señor López no contesta. Esto es algo que ha decidido hoy, de forma repentina, para proteger su intimidad. No contestar el teléfono, que bien podría estar pinchado por su ex mujer o por agentes de un refundado KGB. No quiere revelar detalles de su vida privada, aunque tiene que reconocer en la soledad de su casa que su vida privada es bastante aburrida. De hecho, tendría que inventarse una vida privada que contar. Y a lo mejor quien llama no quiere escucharla. Es por eso que no contesta el teléfono, decide finalmente.

miércoles 2 de febrero de 2011

Facebook

Sí, te vi en una fiesta. Estabas en otra ciudad, con otra gente.

martes 1 de febrero de 2011

MálagaCrea

MálagaCrea es como esa chica que siempre te rechaza y a la que sigues tirando los tejos porque... bueno, porque te aburres, para qué nos vamos a engañar.